Chile rojo y negro: MIR, una memoria que acuna proyectos emancipadores

Hace 55 años nació el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

En un local del Sindicato de los Trabajadores del Cuero y el Calzado, ubicado en la calle San Francisco N° 264 de Santiago, se congregaron alrededor de 60 revolucionarios y revolucionarias chilenos, procedentes de diversos lugares del país, con el propósito de dar nacimiento a una organización revolucionaria de nuevo tipo. Era el 15 de agosto de 1965.

En el congreso fundacional confluyeron organizaciones y personas de variados orígenes: sindicalismo clasistas, partido socialista revolucionario, partido socialista popular, vanguardia revolucionaria marxista, fracción autónoma juventud comunista, anarquistas libertarios, izquierda socialista sin filiación; el congreso eligió como miembros del primer Comité Central a los compañeros: Enrique Sepúlveda (elegido a su vez Secretario General), Humberto Valenzuela, Clotario Blest, Oscar Waiss, Gabriel Smirnow, Luis Vítale, Jorge Cereceda, Martín Salas, Dantón Chelén, Miguel Enríquez, Luciano Cruz, Bautista van Schouwen, Patricio Figueroa, Edgardo Condeza y P. Zapata. Entre la generación de fundadores destacan las compañeras Herminia Concha Gálvez, Carmen Pérez y María Concha. También formaron parte de la primera generación de militantes miristas las compañeras Magaly Honorato, Yolanda Schwartz, Lili Rivas, Ingrid Zucarrat, Lumi Videla, Gladys Díaz y otras luchadoras.

Hoy, aquél Movimiento de Izquierda Revolucionaria ya no existe. Pero ¿qué hace que siga vivo en la memoria del pueblo?

Puede ser el hecho de que el MIR fue protagonista fundamental del período más álgido de toda la historia de Chile en el siglo XX. Puede ser el hecho de que la radicalidad revolucionaria del accionar del MIR remeció hasta los cimientos a la política chilena. Puede ser el hecho de que el MIR resistió y combatió a la dictadura con vocación rebelde y decisión revolucionaria inclaudicable. Puede ser el resultado simple de toda una historia plena de ejemplos de entrega, de solidaridad, de compromisos, de sacrificios.

Puede ser el hecho de que siguen pendientes de solución las causas sociales profundas de injusticia y desigualdad que dieron origen a su creación.

La explotación usurera de los trabajadores, la expoliación de los mineros y de las riquezas de la tierra, el sometimiento endémico de los campesinos, el abandono despiadado de los pobladores urbanos marginados, la proliferación de los desposeídos, eran algunas de las plagas que azotaban sin solución visible a la sociedad y al pueblo chileno de los años 60. Cada intento de los oprimidos en pos de aglutinar fuerzas para luchar por conquistas que significaran mejoras en sus condiciones de vida, era rápida y ferozmente reprimido por los guardianes de los dueños del poder y la riqueza.

Este escenario de injusticia, opresiones, desigualdades y represiones tenía como telón de fondo una clase política chilena ocupada en proteger los intereses de las clases dominantes.

Algunos, la derecha conservadora, se esforzaban por mantener las condiciones de miseria y de pobreza de la mayoría para garantizar el enriquecimiento y opulencia de su clase poderosa y decadente.

Otros, la llamada derecha liberal y de centro, trataban de lograr mayores o mejores cuotas en el reparto del botín y de los privilegios de explotación que los gobiernos de la época debían moderar. Pero también otros, la izquierda tradicional, con más de 60 años de vida política activa, eran ya parte inherente de esa clase política institucional, es decir, complaciente consigo misma y conviviente sumisa del sistema de dominación imperante.

Para mantener las apariencias de democracia y dirimir sus diferencias en el usufructo del poder, cada cierto tiempo, las clases dominantes nos ofrecían participar de procesos electorales haciéndonos tragar la ilusión de que por esa vía se realizarían las aspiraciones populares.

Es en ese contexto que algunos grupos revolucionarios de la izquierda se proponen iniciar un camino de articulación política para luchar contra el sistema dominante. Este camino tiene su expresión primaria en la realización del Congreso fundacional del MIR.

Desde su nacimiento, el MIR se define como una organización de izquierda revolucionaria. Eso quedó inicialmente expresado en los postulados programáticos y definiciones teóricas, y se ve reafirmado en las precisiones y lineamientos de los primeros años:

– Caracteriza la lucha que el proletariado y el pueblo deben llevar adelante como una lucha por la conquista del poder y por la realización de la revolución socialista (cuestiones desechadas de los análisis y de los objetivos de los partidos de la izquierda tradicional).

– Define un programa que identifica y expresa los contenidos proletarios, nacionales y populares de la propuesta revolucionaria, proletaria y socialista.

– Se define como una organización marxista-leninista y adherente del internacionalismo proletario.

– Introduce el concepto de la lucha armada al definir que la estrategia de los revolucionarios debe ser político-militar y tener como objetivo el derrocamiento del sistema capitalista mediante una guerra revolucionaria de carácter prolongado.

– Integra el concepto de ‘pobres del campo y la ciudad’, para definir a los aliados del proletariado sobre quienes el Movimiento de Izquierda Revolucionaria concentra su preocupación fundamental.

– Incorpora el uso de la acción directa y la violencia revolucionaria de las masas como un elemento legítimo y esencial de las luchas populares.

– Proclama que el MIR se funda con el fin de preparar y organizar, rápida y seriamente, la revolución socialista en Chile.

– Y, en función de todo ello, le imprime al partido una concepción de organización político-militar, caracterizado por militantes comprometidos con la causa, con una sólida formación política y una entrega sin restricciones a las exigencias de la lucha.

Estas simples cuestiones, que hoy día pueden parecer obvias, en esa época fueron un elemento innovador, transgresor y subversivo. Además, prefiguraba al movimiento rebelde como una entidad potencialmente peligrosa para la estabilidad de las clases dominantes y para el predominio de las posiciones tradicionales en la izquierda. Pero, en todo caso, hasta aquí no se trataba más que de un conjunto de formulaciones teóricas.

A partir de allí se inicia un largo, áspero y persistente proceso por tratar de convertir a esta naciente organización de izquierda en una verdadera fuerza revolucionaria. Fuerza revolucionaria que no solo debía ser la manifestación de una voluntad o de un deseo de desarrollar una actividad política más radical, sino que debía convertirse en el genuino partido de vanguardia de la clase obrera y el pueblo. Sin embargo, de las posturas teóricas había que pasar a la práctica.

En este arduo andar es donde representan un papel preponderante la generación joven entre los miembros fundadores. Nos referimos al grupo encabezado por Miguel, Luciano, Baucha y varios otros (Sergio Zorrilla, Sergio Pérez, Ricardo Ruz, Edgardo Enríquez, Jorge Grez, Jorge Fuentes). En el tercer congreso, de diciembre de 1967, Miguel asume la secretaría general del MIR.

Es bajo la preeminencia de estos hombres que se forja realmente el MIR.

Es entonces cuando comienzan a surgir y a plasmarse los elementos distintivos que le dieron vida, fuerza y carácter al MIR.

El más importante de estos elementos tal vez sea la nueva manera de hacer política que introdujo el Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

No bastaba con tener un correcto análisis de la realidad, un acertado diagnóstico político y una extraordinaria declaración de intenciones: había que transformar todo eso.

No bastaba con postular que se era revolucionario: había que demostrarlo.

No bastaba con proclamar que se quería hacer la revolución: simplemente había que empezar a hacerla.

Y el MIR se abocó a esa tarea en cuerpo y alma.

El MIR sacó la política de la izquierda del impasible molino de viento de los cíclicos procesos electorales y la llevó a la bullente caldera de la lucha de clases cotidiana. Es cierto que la mayor parte del núcleo fundador estaba constituido por jóvenes profesionales, intelectuales y estudiantes, y eso no era tan diferente de la conformación de las cúpulas de los partidos de izquierda o de otros grupos radicales también auto denominados revolucionarios. La diferencia está en que los nuestros no se quedaron allí, ni adormecidos en la comodidad de su origen ni abanicándose con los clásicos del pensamiento socialista. Se fueron a donde estaba el pueblo.

Nuestros dirigentes y forjadores fueron al pueblo armados de una profunda decisión de hacer parir una revolución de verdad.

Fueron con la convicción de que la acción directa de las masas abriría el camino de real solución a las demandas populares.

Se fueron a las calles a generar acciones y conducir movilizaciones del pueblo.

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4 de Septiembre de 1970: Historias de Alegrías y Esperanzas

Crédito foto: Fernando Velo

La alegría, la esperanza y el miedo. Esos eran los sentimientos que se apoderaron del país aquel 4 de septiembre de 1970. Alegría porque por fin había llegado a La Moneda quien prefería que lo llamaran “compañero Presidente”. Esperanza, porque su programa de gobierno, aquellas 40 medidas por las que votó el pueblo, serían sin lugar a dudas, un cambio real para los chilenos. Y miedo, que sólo lo sentían quienes tenían mirada larga y pensaban en qué harían la derecha y Estados Unidos. Este último sabía -entre otras cosas- que el cobre volvería  a ser chileno.

“Esa noche fue inolvidable”

Rebeca Chamudes, profesora de la ex Universidad Técnica del Estado y que para el 4 de septiembre de 1970, estudiaba en el Pedagógico de la Universidad de Chile. Era comunista. Esta es su historia, que ella misma titula “Ahora le toca al Pueblo”:

“Allende y la Alameda están íntimamente unidos en mi memoria “Allende, Allende, el pueblo te defiende”… hasta sus palabras finales. Recuerdo ese lejano año 1952 en que desfilamos los liceanos con las juventudes populares de Ñuñoa  en el cierre de la campaña presidencial. Eran  compañeros del Manuel de Salas y otros ñuñoínos;  recuerdo a  Rodrigo Cabello, Luz Osorio, Poli Délano, Leo Fonseca, Mario y Gustavo Pueller;  éramos dirigidos por jóvenes del Pedagógico, entre los que destacaba por su entusiasmo el compañero Armando Cassígoli: Rayo era su chapa, ya que el Partido Comunista, al cual pertenecía, estaba aún en la clandestinidad, producto de la “Ley Maldita” de González Videla”.

“Desfilábamos casi de a uno por una increíblemente despejada Alameda, siempre  parecía  domingo:    “Exigimos Reforma Agraria”, “El Cobre para Chile”, “que vuelva Pablo Neruda” se leía en nuestras pancartas, otras denunciaban la tuberculosis en los niños, la carestía de la vida  o la falta de viviendas dignas. Eso fue durante todas las campañas de Allende.

Y esta vez igual trabajamos por Allende gracias a sus planteamientos y de los partidos que lo acompañaban, pero, por sobre todo, gracias  el entusiasmo contagioso del pueblo.   Los universitarios izquierdistas nos la jugamos una vez más.

Y llegó el día histórico

Hasta que llegó esa noche del 4 de septiembre de 1970 donde ya confirmado el triunfo de Allende  salimos a la calle.  Iban grupos y autos gritando “A la Alameda”… A la Alameda”…      Todos queríamos estar allí.  Fuimos a la calle dispuestos a llegar de alguna forma: sentíamos que la Historia nos esperaba.   Una camioneta nos llevó, cargada de personas con ojos brillantes y una gran sonrisa.  Un amigo de los tiempos ñuñoínos  al verme me dijo “ahora sí, compañera, ahora sí”….

A medida que avanzamos por Vicuña Mackenna nos juntamos con camiones, autos, bicicletas, carretelas tiradas por caballos cargadas con racimos de gente eufórica,  “Todos a  la Alameda”, era el grito.

Al  bajarnos de la camioneta, cerca de Plaza Italia, entrar a la Alameda  era ya muy difícil, alguien dijo “está así hasta Brasil”, otro aseguró, “no,  está lleno de gente hasta Estación Central”…..

Mi hija Paula se asustó,” tanta gente, mamá, volvamos a la casa”.

Pero no, ni por nada del mundo nos perderíamos esa fiesta.  Tomamos a  la niña  en brazos y seguimos decididos, éramos parte  de esa multitud con la que compartíamos la misma emoción. Entre un verdadero mar humano lleno estandartes y consignas en carteles de cartón. Tantos abrazos, gargantas apretadas, sonrisas, cantos,  banderas flameando. Todos queríamos escuchar al compañero Allende que iba a hablar desde el balcón de la Fech.  Un estallido de felicidad colectiva era lo que se reflejaba  en las caras de personas que nunca había visto ni volvería a ver, pero en  aquella noche inolvidable, éramos uno solo. Estábamos seguros que  empezaba otro Chile, que todo sería mejor, más justo, el hombre  y la mujer nueva estaban naciendo y le dije a mi niña algo que repetí muchas veces “ crecerás en el socialismo”.  Estaba equivocada, pero esa noche no lo sabíamos,  no pensábamos más que en celebrar cantar, bailar, toda la noche si fuera posible.

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“Con toda la fuerza de la Historia”

Que medio siglo no es nada…para el pueblo la rueda de la Historia sigue girando y la verdad brilla incluso bajo las sombras del fascismo.”

Puedo estar equivocado, pues no soy historiador, aunque sí soy profesor de Historia, lo que dista mucho de ser un experto en interpretaciones de los hechos acaecidos años ha, y en historiografía. Lo dicho, puedo estar equivocado, pero creo que en 1965 Chile vivía bajo dos realidades indesmentibles. Una de ellas era la débil carcasa del sistema socioeconómico y político que caracterizaba al país…y la otra realidad estaba dada por la abierta injerencia estadounidense en América Latina, y por lógica consecuencia, en Chile.
Ese año yo había ingresado a estudiar Historia y Geografía en la Facultad de Filosofía y Educación de la Universidad de Chile.  Allí, en el Instituto Pedagógico de aquella época, esos eran calendarios de libertad absoluta y creatividad desatada. Quizás, por lo mismo, algunas personas del entonces mundo adulto industrioso nos motejaban de revolucionarios sin destino, ya que cuestionábamos todo, incluso nuestras propias actuaciones. Con mayor dureza y razón criticábamos la estructura sociopolítica de la época, a la que no trepidábamos de acusar de feble, clasista e injusta, amén de impuesta por medios coercitivos a través de la rendición y entrega histórica de nuestros productos realizadas por autoridades nacionales en beneficio de intereses foráneos. Norteamericanos, para mayor abundamiento. “Yanquis”, para mejor comprensión.
En esos años, la sociedad chilena, en verdad, esperaba algo mejor de nosotros pues al interior de los planteles universitarios circulaba un rezo que se transformó en un compromiso tomado unilateralmente por sólo uno de los estamentos participantes. El nuestro, el del alumnado. “Somos la generación de recambio –decíamos- transformaremos el país dándole al factor Trabajo el sitial que nunca se le ha reconocido”. Para ello nos preparábamos….discutíamos y luchábamos.
Es que no ha habido otro momento como ese en nuestra Historia…y difícilmente habrá  mujeres y hombres como aquellos, con un nivel de conciencia de clase que asombra, que emociona y que obliga no sólo a la nostalgia, sino también a tomar el ejemplo y a seguir la huella trazada por ellos.
Curicó Ubilla, Mito Rocuant, la Tuca, Chico Pérez, Turco Coloma…Carolo…Peta Kurkovic…Marcia…Nene Urrejola… Flaco de la Maza… todos ellos (y quien escribe estas líneas) fueron aprendices de lo hecho, construido y dicho por líderes de la talla de Luciano Cruz, Miguel Enríquez, Pascal Allende y otros que no me han autorizado a dar sus nombres…todavía.
Quizá usted, querido lector, es demasiado joven para aquilatar en su esencia aquella declaración hecha por Miguel Enríquez cuando arreciaba la brutalidad sanguinaria de militares desquiciados, de fascistas y de empresarios predadores: “el MIR no se asila…el MIR luchará en Chile para derrotar al fascismo, al golpismo, y llevar a nuestro pueblo hacia un socialismo verdadero”.
Lo había adelantado Miguel poco antes del golpe militar, el 17 de julio de 1973, ante un Teatro Caupolicán lleno hasta las banderas. Estuve allí esa jornada y se me erizó la piel con las palabras finales del discurso del jefe del MIR, Miguel Enríquez, cuando gritó a toda voz frente a miles de asistentes: <<Compañeros, el pueblo debe prepararse para resistir, debe prepararse para luchar, debe prepararse para vencer. ¡¡Adelante, con todas las fuerzas!! ¡¡Adelante con todas las fuerzas de la Historia!!
Recuerdo que al terminar el acto multitudinario me invitaron a participar en una breve reunión en ese mismo Teatro. Asistí con el orgullo de saberme parte de aquel movimiento audaz, revolucionario y coherente. ¿Usted, compañero, es nuestro ‘redactor’ en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la U’?, preguntó Miguel estrechándome la mano, mientras Marcia y el Nene asentían con sus cabezas.  “Es mi forma de lucha, compañero, no soy de acción directa”, respondí. Y lo que Miguel me dijo lo he llevado prendido a mi corazón desde entonces: ”el golpe es cosa cierta y segura…viene,  y viene con todo, con sangre, con ira contra el pueblo; por ello, revolucionarios como tú, compañero, serán de vital trascendencia luego que el fascismo  incendie Chile”.
Recordé las proféticas palabras de Miguel cuando me enteré, muchos años después, de lo que mi querido presidente –Salvador Allende- le dijo a uno de sus acompañantes en la Moneda esa trágica e histórica mañana del martes once de  septiembre de 1973: “vete de aquí y cuéntale al mundo lo que acá ha sucedido”. Ello me ha hecho reflexionar respecto de por qué he seguido vivo a pesar de los pesares. Seguramente porque alguien tenía que relatar –medio siglo después- los hechos acaecidos en aquellos años virtuosos del gobierno popular, como también delatar las masacres y criminales acciones de cobardes agentes del estado fascista militar. 
Miguel murió tal como anticipó tantas veces silenciosamente, sin los aspavientos propios de los demagogos y falaces. Luchando, combatiendo por la libertad, por la democracia sin ambages…por el pueblo, por ese pueblo que siempre le animó a continuar en la brega aún si las circunstancias fuesen tremendamente adversas. El MIR no se asila…
Miguel, aun hoy, a cuarenta y siete años de aquellos hechos, tu figura, tu ejemplo y tu acción señalan el camino. Espero no haber fallado como “redactor”. Espero que el viejo MIR, mi amado grupo, piense lo mismo…que no he fallado. Así como espero, de alguna manera, haber contribuido a dignificar la huella trazada por todos ellos.

Por: Arturo Alejandro Muñoz

Operación Colombo: A 45 años del escandaloso encubrimiento de la dictadura y los medios

No ha habido condena alguna para los periodistas que formaron parte activa del montaje de la Operación Colombo, omitiendo el rol criminal jugado por la prensa proclive a la dictadura.

El operativo civil y militar buscó encubrir mediante un montaje comunicacional la desaparición forzosa de 119 chilenos y chilenas.  En el presente texto hacemos un balance de los avances en materia de justicia y en las formas de levantar memoria, entendiendo estas dos luchas como fundamentales para la construcción de una sociedad que no dé lugar al olvido ni a la impunidad.

Esta semana se conmemoran 45 años de Operación Colombo o caso 119, operativo civil y militar llevado a cabo en 1975 por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), cuyo fin fue encubrir mediante un montaje comunicacional la desaparición forzosa de 119 chilenos y chilenas. Considerada como la primera acción informal de la Operación Cóndor, la desaparición de estas 119 personas contó con la colaboración de los servicios de inteligencia de Brasil y Argentina, que, a través de publicaciones en falsos periódicos, divulgaban listas de chilenos, hasta ese momento desaparecidos, que habrían perecido asesinados en diferentes países. 

Sin lugar a duda, el caso 119 resultó ser un operativo impresionante en cuanto a la capacidad de coordinación entre diversos actores civiles, militares, nacionales e internacionales para falsear la realidad. El camino plagado de montajes, omisiones y mentiras ha hecho de la búsqueda de justicia una tortuosa experiencia para los familiares, que, en base a fuerza, lucha y compromiso han sabido construir, mucho antes de que los criminales fuesen condenados, la senda de la memoria.

En el presente texto hacemos un balance de los avances en materia de justicia y en las formas de levantar memoria a partir del caso 119, entendiendo estas dos luchas como fundamentales para la construcción de una sociedad que no dé lugar al olvido ni a la impunidad. De esta manera, memoria y justicia aparecen como caminos que se entrecruzan y dialogan, cimentados paso a paso por los familiares, compañeros y compañeras de los 119 que han hecho de la lucha su vida. 

La Guerra Sicológica: Operación Colombo

Desde su inicio, el 11 de septiembre de 1973, la dictadura aplicó entre sus actos criminales la desaparición forzada de personas, práctica que según diversos estudios ha sido considerada como la más cruel de las formas de violación de derechos humanos, pues impide a los familiares procesar el respectivo duelo psicológico y material, lo que se traduce en un daño permanente, definido como cronificación del daño[1].

Esta práctica, según consigna el informe Rettig, consistió en la aprehensión y secuestro de la persona para ser trasladada a algún lugar clandestino de reclusión, “acción acompañada o seguida de medidas de ocultamiento y negativas oficiales” a reconocer la detención, impidiendo “la disposición de sus restos de modo que no pudieran ser encontrados”[2]. Dicha fórmula, implica además una compleja situación desde el punto de vista jurídico, y de aplicación de justicia, o más bien, de imposibilidad de su aplicación. En efecto, al no haber pruebas materiales de los hechos, se depende sólo de los testimonios de las personas que estuvieron con el prisionero y/o de testigos. A lo anterior, debemos sumar el hecho que a los detenidos se les aplicó legislación en tiempos de guerra, lo cual configura una ilegalidad que contraviene todos los principios y tratados internacionales referentes a los Derechos Humanos (DD.HH.).

Para atender el desarrollo del caso 119, se debe comprender la estrategia de guerra psicológica desplegada por el régimen, en su afán de “conquista del espacio interior de las personas al cual se penetra a través de mensajes. Tales mensajes actúan sobre los sentimientos y pensamientos de los individuos con el fin de cambiar sus conductas y comportamientos[3], es decir, en su intento por encubrir la acción represiva y desmoralizar la resistencia al régimen, manipulando la opinión pública y el sentido común.

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La calle y el mural

Caminando por las calles de la ciudad de Chicago, de visita en el lugar donde hace años estaba un mural de Martin Luther King y Bob Marley me encontré con la sorpresa que lo habían borrado para crear otro, otro que alentaba a las mujeres a seguir luchando: por sus espacios, por hacer escuchar sus voces, por exigir sus derechos, por defender su existencia, sus cuerpos…

En un día a día donde el odio se reproduce como polvareda, cuando las armas son lo común, encontrarse a personas que eligen crear en lugar de cortar, estancar, arrancar y estorbar es algo maravilloso. Porque crear es sembrar una semilla que germinará es como reforestar.

Quien crea a veces pasa desapercibido como todas las cosas simples de la vida que por hermosas ya se han asimilado como algo habitual. Como el oxigeno que respiramos, ya es algo habitual que no se percibe, pero si un día nos falta entonces ahí se va a valorar su importancia. Es deslumbrante un atardecer de cielo rojizo, pero deslumbrante son también los pétalos de las flores silvestres que crecen a la orilla del asfalto, entre los zacatales o como monte maligno en los jardines de decoración con flores importadas.

A veces es así, se ven lindas las manos de un oficinista con su manicura y lo tomamos como señal de limpieza y señalamos las manos de los campesinos que trabajan todos los días la tierra nutriéndonos con los frutos y vegetales que llevamos a la boca, a ellos los llamamos sucios por sus pies grietados y zanjeados entre tierra, cansancio y sol.

Así sucede con las cosas simples, las cosas sencillas. Las cosas hermosas. La belleza está en todos lados y en todo momento, es un instante a veces pero aparece y está ahí solo tenemos que alertar los sentidos y observar, escuchar, sentir, tocar, respirar… Soltar lo voluble de nuestra consistencia humana para dejarnos acariciar por la belleza de lo simple, de lo natural, de lo extraordinario.

Caminando por las calles de la ciudad de Chicago, de visita en el lugar donde hace años estaba un mural de Martin Luther King y Bob Marley me encontré con la sorpresa que lo habían borrado para crear otro, otro que alentaba a las mujeres a seguir luchando: por sus espacios, por hacer escuchar sus voces, por exigir sus derechos, por defender su existencia, sus cuerpos, sus opiniones, sus pensamientos, sus creaciones, su género.

Un mural que no está terminado aún y tuve la oportunidad de conocer al artista que lo está pintando. Me llamó la atención el artista pero mucho más su amigo, el amigo alentador, el alero, el que carga los botes de pintura, el que le pasa el marcador, el que le sostiene el vaso de café. Ese amigo que cree en el talento del artista. Crucé la calle y me acerqué, sorprendida por el nuevo mural y mientras lo observaba se acercó un joven afro para decirme que el artista era su amigo, está ahí, me dijo, señalando un automóvil estacionado, volteé a ver y adentro en el lugar del piloto estaba otro afro, fumándose un cigarro y me saludó con la mano.

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Winnipeg, 81 años después


“Que la crítica borre toda mi poesía, si quiere, pero este poema del Winnipeg que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie” (Pablo Neruda)

COMO SIEMPRE OCURRE, el tiempo se encarga de transformar en leyenda todo evento importante en el desarrollo histórico de una nación. De la leyenda al mito hay un par de pasos, y del mito a la fantasía anecdótica sólo un pequeño salto.

La epopeya del vapor Winnipeg no debe arrumbarse jamás en el arcón del olvido, aunque tampoco podemos permitir que comience a ser fraguada en las fuentes de las leyendas épicas, ya que se trató solamente de un trabajo bien hecho…muy bien hecho…solidario, valiente, oportuno, decidido y eficaz. Una labor con nombres y apellidos: Pedro y Pablo…Aguirre Cerda y Neruda, respectivamente.

Al comenzar el año 1939, Europa se debatía entre dos escenarios de ferocidad bélica sin igual. Por un lado, la Guerra Civil española que ya llegaba a su fin, y por otra parte, el régimen nazi de Adolf Hitler se preparaba para dar -el uno de septiembre de ese año- los primeros zarpazos al oriente de la frontera alemana desencadenando la Segunda Guerra Mundial.

En España, miles de republicanos huían hacia Francia desesperadamente, arrastrando hijos pequeños y esperanzas vanas, escabulléndose a como diese lugar de las tropas nacionalistas de Francisco Franco, triunfadoras en el sangriento conflicto y dueñas de una mano durísima aplicada contra los vencidos, a quienes juzgaban (cuando los juzgaban, ya que mayoritariamente no había juicios) en cosa de minutos para enviarlos directo al paredón o, en el mejor de los casos, a un calabozo en el que permanecerían el resto de sus vidas.

El mundo había sabido de algunos horribles entretelones de la guerra civil hispánica, conmoviéndose, entre tantos otros hechos, ante el vil e inútil asesinato del gran poeta granadino Federico García Lorca, amigo personal de Pablo Neruda, quien volvió a Europa en 1939, en calidad de Cónsul Especial para la Inmigración Española con sede en París, para organizar el legendario viaje que hoy recordamos luego de 81 años de su realización.

¿Por qué se interesó Neruda en regresar a España para poner sus esfuerzos en beneficio de  algunos españoles prófugos de las hordas franquistas?

A comienzos de 1939, mientras Neruda está trabajando en Isla Negra, en el “Canto General”, recibe una carta de su amigo, el poeta español Rafael Alberti, quien le informa de los problemas que tienen los civiles partidarios de la República para escapar de la avanzada nacionalista. Neruda vislumbra la pronta caída de la capital española y pide ayuda al Presidente Pedro Aguirre Cerda.

El poeta es nombrado cónsul especial para la Inmigración y se funde en un duro trabajo de oficina en París, recortando fotos para pasaportes y recogiendo cientos de solicitudes de refugiados para poder ir a Chile.

Entre 1937 y 1939, la embajada chilena en Madrid acogió a una gran cantidad de refugiados. Cuando la capacidad del recinto no fue suficiente para los 700 asilados, las legaciones de Guatemala y El Salvador colaboraron.

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Chile resistencia: Manifiesto por los Derechos del Pueblo.

CODEPU y la  Memoria Histórica de las Organizaciones Populares.

Revisando material de los años 80 encontré un documento elaborado por del Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo, Codepu V Región – el cual fue publicado en el Boletín N°4 de dicha organización popular- y me parece pertinente darlo a conocer como una manera de contribuir a la fragmentada Memoria Histórica que día a día vamos construyendo y,  además,  porque hace ya 37 años algunos de los puntos que se plantean en dicho Documento tienen plena vigencia hoy en día.

Recuperar la Memoria Histórica de las Organizaciones Populares que se crearon al calor de la lucha contra la Dictadura en Chile es una tarea compleja, pero necesaria de llevar a cabo para poder así  dejar testimonio de este quehacer.

Mural del Codepu V Región en Jardín Infantil Sol.

Pequeños fragmentos que son rescatados quedarán así  a disposición de las nuevas generaciones, para ir conformando un todo mayor a partir del cual puedan sacarse las enseñanzas y conclusiones de dichas experiencias.

EL CODEPU:

La formación del Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo, CODEPU, fue impulsada por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR )  a fines del año ’80, inserto en su política social de masas como parte del desarrollo de las Organizaciones Democráticas Independientes (ODIS), destinado a insertarse y fortalecer la organización popular de base, concordante con la implementación de la estrategia político-militar del MIR  de Guerra Popular Prolongada.

Rayado en muro ubicado frente al cementerio Santa Inés año 85,

El Comité se constituye como una estructura de carácter “legal” en noviembre de 1980, de acuerdo a los conceptos y características generales de lo que el MIR denominó la “Línea Democrático Independiente (LDI)”.  Por su parte,  el Codepu V región inicia su funcionamiento en Abril del año 1983, como una sede regional del CODEPU NACIONAL , el cual fue creado el año 1980 en Santiago, como expresaba anteriormente.

El CODEPU V Región se inserta en la estructura nacional del CODEPU, participando con su Secretaria Ejecutiva en el Consejo Nacional, instancia en donde se discuten, elaboran y proponen las líneas programáticas, tácticas y estrategias para implementar en la defensa, lucha y conquista de los Derechos del Pueblo. Entiende los Derechos Humanos desde un punto de vista global, más allá de los aspectos meramente represivos (defensa jurídica, denuncia nacional e internacional de las violaciones de los Derechos Humanos, etcétera), incluyendo los derechos políticos, sociales, económicos y culturales.

Acto del Codepu V Región en la sede del Sindicato de Estibadores año 84.

En el ámbito técnico-jurídico desempeña su tarea específica de defensa sin discriminar las formas de lucha empleadas en contra de la dictadura, sean estas de carácter pacífico, legales, semi-legales, clandestinas o violentas, desarrollando asimismo una línea de defensa político-jurídica, contextualizando el accionar de los luchadores  y luchadoras populares dentro de la lucha democrático-popular encaminada a derrocar a  la dictadura.

La creación del CODEPU V Región nace de la necesidad de contar con un instrumento que permita, por una parte, coordinar distintas organizaciones sociales identificadas con la línea democrático independiente (de trabajadores, de pobladores, estudiantes, mujeres, familiares de víctimas de la represión ) y, por otro lado, desarrollar una tarea de defensa activa, de promoción y de lucha por los Derechos del Pueblo, a través de la implementación de Equipos Técnicos.

El Comité Regional constituye una organización popular, democrática e independiente que cumple dos funciones principales: Defensora de Derechos Humanos e  Instancia de Coordinación de distintas Organizaciones Sociales.

Rayado en muro vecino a la Universidad Santa María año 84.

Asimismo impulsa una política social de alianzas, pero esta sólo se concretiza en la práctica, en momentos y acciones concretas, pero no en la formación de una coordinación permanente, pese a los intentos desplegados en ese sentido, donde  el Codepu V Región elabora una plataforma de lucha denominada “Pacto de Lucha Contra la Impunidad” propuesto para impulsar un trabajado coordinado,  unitario y permanente con otras organizaciones populares (sociales y políticas). Cabe destacar, eso sí que, en este aspecto, el Comité participa activamente en la formación y desarrollo de la Asamblea de la Civilidad de la V Región.

Formaron parte del Codepu V Región la ODEPO (Organización de Defensa de los Derechos Poblacionales), la  UNED (Unión Nacional de Estudiantes Democráticos), el CODEM ( Comité de Defensa de los Derechos de la Mujer), el CCT ( Comité Coordinador de Trabajadores, que posteriormente pasa a denominarse  Frente de Trabajadores Democráticos – FTD ), la  AFPP ( Agrupación de Familiares de Presos Políticos), la AFDD ( Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos ) y la Agrupación de Profesionales Democráticos  (APD).

CODEPU V Región orientaba su quehacer en la promoción y defensa de los Derechos Humanos, con una concepción global de los mismos y, en el plano  político ideológico, validaba como legítimas todas  las formas de lucha empleadas en contra de la Dictadura. De esta manera, el planteamiento del Equipo Jurídico iba más allá de la defensa técnico jurídica, implementando una línea de defensa político jurídica de los luchadores y luchadoras populares encarceladas, sin hacer distinciones de ningún tipo para asumir su defensa, hubieran participado o no en acciones armadas.

Uno de los aspectos principales para cualquier Organización es poder dar a conocer sus planteamientos ideológicos a través de distintos Medios de Difusión.

En el caso del CODEPU V Región, el Boletín, la Educación Popular,  las Jornadas de Capacitación, los Actos artísticos político-culturales,  las cartillas, los afiches, los documentos y las movilizaciones fueron parte de este proceso.

Precisamente en el Boletín N° 4 de julio del año 1983, Codepu V Región publica el MANIFIESTO POPULAR que transcribo a continuación:

MANIFIESTO POPULAR

“La oposición busca fórmula de acuerdo para un recambio político. Se discute sobre la Constitución: Si ésta, supuestamente aprobada por la ciudadanía en 1981, o si la del Consejo del Estado, o si la vuelta a la del 25 con algunas modificaciones. Se lanza la idea de un plebiscito convocado por la Junta Militar, y un Manifiesto Democrático que cuenta con el apoyo de los sectores de centro y de derecha opositora, y hasta algunos grupos de centro-izquierda. Las exitosas jornadas de protesta aceleraron el ritmo de las conversaciones políticas de todo nivel, e incluso algunos personeros, de posiciones muy poco democráticas  antaño, se han adherido al Comando Nacional de Trabajadores y a la Protesta, enfatizando el carácter pacífico, en un claro intento de aprovecharla para obtener la continuidad del Régimen, a través de un recambio a nivel de Gobierno y modificación de alguna de sus políticas.

En medio de la efervescencia de opiniones, discusiones, conversaciones, hay un sector que no puede ser olvidado sin pecar de falta total de realismo, y este es, lisa y llanamente, el pueblo. Precisamente el pueblo, formado por el conjunto de aquellos sectores más golpeados no sólo por la crisis económica a que el régimen nos ha conducido, sino por sus políticas mismas, a partir del golpe militar de 1973, y que ha sido drásticamente silenciado y reprimido durante todos estos años. Es el mismo pueblo que hoy se levanta con fuerza en las movilizaciones de protesta para exigir ser escuchado. Son los pobladores, los trabajadores, los estudiantes, las mujeres, campesinos y sectores medios, profesionales y otros que hoy levantan el MANIFIESTO POPULAR POR LA DEMOCRACIA Y LOS DERECHOS DEL PUEBLO, con los siguientes objetivos:

1.-CONVOCAR A UNA ASAMBLEA CONSTITUYENTE REPRESENTATIVA DE TODOS LOS SECTORES DE LA CIUDADANÍA SIN EXCEPCION, Y QUE, A TRAVÉS DE PROCEDIMIENTOS DEMOCRÁTICOS DE PLENA GARANTÍA A TODOS LOS CHILENOS.

2.-REFORMAR LOS TRIBUNALES DE JUSTICIA EN SU GENERACIÓN Y FUNCIONAMIENTO, DE MODO DE ASEGURAR SU INDEPENDENCIA.

3.-ESTABLECER LAS LIBERTADES PÚBLICAS, GREMIALES, SINDICALES E INDIVIDUALES.

4.-GARANTIZAR EL RESPETO EN FORMA IRRESTRICTA A LOS DERECHOS HUMANOS, PONER EN LIBERTAD A LOS PRESOS POLÍTICOS Y RELEGADOS, ESCLARECER TODOS LOS CASOS DE DETENIDOS DESAPARECIDOS, RESTABLECER EL PLENO DERECHO A VIVIR EN LA PATRIA, DISOLVER LA C.N.I. Y LOS DEMÁS APARATOS SECRETOS, REPRESIVOS, SOMETER A JUICIO Y SANCIONAR A LOS RESPONSABLES DE CRÍMENES, TORTURAS, SECUESTRO Y DETENCIÓN ARBITRARIA Y DEROGAR TODAS LAS DISPOSICIONES DE CARÁCTER POLÍTICO REPRESIVO.

5.-RESTABLECER LA VIGENCIA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS Y EL DERECHO A ACTUAR ORGANIZADAMENTE EN LA VIDA CIUDADANA.

6.-RESTABLECER LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA Y PENAL DE LAS AUTORIDADES ADMINISTRATIVAS Y LA PLENA VIGENCIA DEL JUICIO POLITICO.

7.-ESTABLECER EL PLENO EJERCICIO DEL DERECHO A LA SALUD, VIVIENDA DIGNA, TRABAJO, EDUCACIÓN GRATUITA Y CULTURA DE TODOS LOS CHILENOS.

8.-RECONOCER LA IDENTIDAD CULTURAL Y DEMÁS DERECHOS, PATRIMONIALES Y SOCIALES DEL PUEBLO MAPUCHE.

9.-PONER EN MARCHA UN PROGRAMA ECONÓMICO Y SOCIAL DE INVERSIONES PÚBLICAS Y DE APOYO A LA INDUSTRIA NACIONAL, QUE PROPORCIONE EMPLEO Y EVITE LA HAMBRUNA Y MISERIA GENERALIZADA.

10.-PONER AL SERVICIO DE TODOS LOS CHILENOS EL CAPITAL Y RIQUEZAS, ACTUALMENTE EN MANOS DE LOS GRUPOS MONOPÓLICOS-FINANCIEROS.

11.-IMPLEMENTAR UNA POLÍTICA EXTERIOR AMPLIA, DE NO ALINEAMIENTO QUE RECUPERE NUESTRA INDEPENDENCIA Y SUPERE EL GRAVE AISLAMIENTO EN QUE SE ENCUENTRA NUESTRO PAÍS.

En la página siguiente del Boletín N°4 se agrega:

“Más de 300 organizaciones han suscrito el “Manifiesto Popular por la Democracia y los Derechos del Pueblo”, documento elaborado por iniciativa del CODEPU frente a los graves problemas que amenazan la estabilidad y la paz de la nación.

CODEPU postula la urgente puesta en práctica de las 11 medidas que aparecen en esta página y que corresponde a este Manifiesto, que deben ser analizados, discutidos y enriquecidos con el aporte de todas las organizaciones de base.”

Algunas partes de lo planteado hace 37 años por el Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo, pareciera que estuvieran escritos hoy en día, asimismo como algunas de las demandas planteadas en el “Manifiesto Popular” continúan completamente vigentes.

Nunca está de más mirar hacia atrás con los ojos del presente y recoger algunas enseñanzas de experiencias pasadas de nuestra realidad histórica, pero obviamente para ser analizadas bajo un contexto político totalmente diferente del de entonces.

Tomado de: cctt.cl

Por: Guillermo Correa Camiroaga.

A 37 años de un suceso histórico. Las jornadas de Protesta Popular y la invisibilización de la Fuerza Pobladora

A partir de la segunda mitad de la década del 60 del siglo XX, comenzó un periodo de ampliación de la organización popular hasta un punto nunca antes visto en Chile. Va en aumento progresivo la organización autogestionaria ahora como poder popular constituyente, para integrarse y para cambiar la sociedad, aunque se trataba de un proceso en disputa intentado conducir desde arriba por los partidos políticos de masas.

La década del 60 vio surgir un nuevo fenómeno político, la Democracia Cristiana (DC) y su proyecto de Revolución en Libertad, la que además de orientarse por la doctrina social de la iglesia católica, se hacía eco de la norteamericana e imperialista Alianza para el Progreso, esto en el marco de la Guerra Fría. No muy diferente a la matriz populista latinoamericana, la DC, para conjurar la “amenaza” marxista apelaba al pueblo desde el liderazgo carismático, las políticas redistributivas y las reformas económicas, lo que inevitablemente desató el conflicto con la vieja oligarquía de raíz agraria. Ello agudizó las tensiones internas del partido entre un ala reformista y una conservadora generando hacia fuera el clásico zigzagueo ideológico de la DC. Pero tal ambigüedad también desencadenó procesos de fortalecimiento de la autonomía y espíritu autogestionario del movimiento antisistémico popular, abriendo espacio a nuevos actores y movimientos, los cuales llegaron a tomar distancia crítica de la DC y consolidar su propio ethos y reivindicaciones (Garcés, 2002). Así, el programa de Promoción Popular de la DC resultó ser una caja de pandora, que después no pudieron cerrar, no sin ayuda militar.

Por abajo, van convergiendo progresivamente obreros, campesinos, estudiantes y pobladores. Comienza una nueva transformación identitaria e ideologizante al darse una convivencia intensa entre pobladores/as y militantes partidarios de la llamada nueva izquierda 1/. Es el 68 chileno, expresión local de la revolución mundial de 1968. Con el arribo de la Unidad Popular, surgen los Cordones Industriales, los Comandos Comunales y diversos frentes de pobladores, estudiantes y campesinos (Gaudichaud, 2016).

En concordancia con la tónica política mundial de aquellos días, la expresión chilena de lo que llegaría a ser el 68 chileno quedó plasmada en la ampliación y diversificación de los movimientos antisistémicos, así, a las luchas clásicas de los obreros, que de 1.500 socios de sindicatos a principios de la década pasó en 1970 a más de 100 mil, se unieron las vigorosas movilizaciones estudiantiles, las de los grupos eclesiales de base, los movimientos feministas, y por supuesto, los movimientos de pobladoras/es, que agrupados en Comités de Sin Casa, comunal e intercomunalmente articulados, se expandieron ampliamente por la capital y regiones. Dado lo cual, es posible decir que el proceso autogestionario de ampliación galopante del poder popular constituyente precede, y en alguna medida funda, las condiciones de posibilidad del gobierno de la Unidad Popular.  Entonces, no sólo sería ésta la época de mayor movilización social, sino, además, la de “mayores transformaciones en las relaciones sociales de poder que organizaban la sociedad civil en Chile.” (Garcés, 2012: 117).

Al enfocarse, exclusivamente, en el campo de acción de las y los pobladores, se tienen los siguientes datos; sólo considerando Santiago, las y los pobladores pasaron de autogestar 4 tomas de terrenos en 1968, a 35 en 1969 y a 103 en 1970 (Garcés, 2002). Para el periodo 1969-71 Duque y Pastrana (1972) constataban en el Gran Santiago un total de 312 tomas de terrenos en las que habitaban 54.710 familias. Según muestra Garcés (2002), las movilizaciones se expandieron vigorosamente en regiones, siendo reconocibles por los registros de prensa al menos 1000 movilizaciones de pobladores entre el 70 y el 73, con una alta incidencia en la región del Bío Bío donde las tomas específicamente alcanzaron las 172. 

Desde esa perspectiva, el golpe de Estado del 73 habría sido no sólo el fin de la UP y la democracia, sino principalmente la forma de conjurar la revolución popular que se venía gestando en ese tiempo.

En el periodo 1973-1990 la tónica fue represión brutal, transformación urbana con erradicación de pobladores/as a la periferia, segregación espacial y abandono a su suerte de los sectores populares por parte del Estado dictatorial. En esos años las y los pobladores son el motor de las luchas contra la dictadura, pero son instrumentalizados por las vanguardias reformistas (Iglesias, 2011). Se da una radicalización de la violencia popular en respuesta a la represión. En el periodo 1983-89 gatillado por el ciclo de movilizaciones contra la dictadura militar que sumaron 22 Jornadas de Protestas Nacionales, los sectores movilizados fueron diversos: estudiantes, trabajadores, mujeres, profesionales de clase media, pero sobre todo, fueron las y los pobladores los que tuvieron una audaz acción protagónica, por la que pagaron un alto precio (Iglesias, 2011). En la población, las protestas no eran mero toque de cacerolas ni bocinazos como en barrios clase medieros, también barricadas, marchas, cortes de luz, paralización del transporte y sobre todo enfrentamientos con la policía y hasta el ejército.

Esta importancia de la fuerza pobladora en la lucha contra la dictadura, especialmente su protagonismo en las Jornadas de Protesta Nacional, ha sido ampliamente documentado, entre otros por Iglesias (2011), así como por Garcés (2012; 2019), quien afirma:

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Vuelve a Chile la “olla común”, símbolo de la pobreza en tiempos de Pinochet

Una vecina de la comuna de Puente Alto fue registrada estes martes al recibir cajas con comida, en la comuna de Puente Alto, en Santiago de Chile. EFE

La crisis económica derivada de la pandemia por coronavirus ha traído imágenes que no se veían en Chile desde los tiempos de la dictadura: miles de personas que viven en barrios con menos recursos comen cada día gracias a las “ollas comunes”, símbolos del hambre y la pobreza que acechan de nuevo al país.

En la periferia de Santiago, este tipo de asistencia se ha multiplicado durante las últimas semanas, a medida que más familias se han quedado sin ingresos tras el cierre de muchos comercios, obras de construcción y la ampliación de la cuarentena obligatoria.

En el imaginario popular chileno, el “recuerdo más inmediato” de las “ollas comunes” se remonta a la crisis que golpeó el país austral a partir de 1982, bajo la junta cívico-militar de Augusto Pinochet (1973-1990), explicó este martes a Efe el sociólogo de la Universidad de Chile Nicolás Angelcos.

Casi 40 años después, en Puente Alto, una de las comunas más pobres de la región Metropolitana, Susana Castillo, dirigente vecinal de la villa Marta Brunet, prepara junto con tres compañeras 250 raciones de arroz con pollo.

“Siempre van saliendo más familias, sobre todo ahora que nos extendieron la cuarentena. Hay cada vez más gente que se está quedando sin trabajo”, relató a Efe Castillo con un ojo puesto en tres grandes cacerolas hirviendo.

Este es uno de los 14 puntos que, con la ayuda de la municipalidad de Puente Alto, entregan comida a unos 5.000 vecinos.

Daniel Pezoa, coordinador de las organizaciones comunitarias de la comuna, destacó que la “olla común” siempre surge en episodios de “catástrofe” y que dan prioridad a las personas mayores y a las discapacitadas, para que no tengan que salir de casa, y a familias numerosas.

Puente Alto es la segunda localidad de Chile con mayor número de casos de coronavirus (1658), solo por detrás del centro de Santiago (1873), según datos del Ministerio de Salud del 10 de mayo.

La pandemia por COVID-19 elevó el desempleo en Chile hasta el 8,2 % en el primer trimestre de 2020, su mayor cifra en una década, y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe estima que la economía caerá un 4 % este año y que la pobreza podría aumentar hasta el 13,7 %.

“Es la muestra del fracaso o la ineficiencia de un modelo de protección oficial que todavía se resiste a políticas de bienestar de mayor y más largo alcance”.

“AL MENOS ME ASEGURA QUE TENDRÉ ALMUERZO”

A la hora de comer, una camioneta reparte las raciones a domicilio, adaptando el formato tradicional de la “olla común”, que solía juntar a los vecinos en un acontecimiento social, a lo que permite el confinamiento.

Guacolda Bueno, madre de cinco, lamentó el momento complicado que atraviesa su familia: “Nosotros vivíamos con el sueldo de mi pareja, que era comerciante, y ahora nos hemos quedado sin nada, no tiene dónde trabajar”.

“A mí la olla común me ha ayudado mucho, así al menos me asegura que voy a tener almuerzo”, dijo a Efe desde la puerta de su edificio, donde recibió siete porciones.

Unos bloques más al sur de la villa Marta Brunet, Álvaro Muñoz declaró que el pasado octubre perdió su trabajo de chófer por las protestas que sacudieron el país y que desde entonces no encuentra nada más.

“Ojalá pase la cuarentena para poder salir a buscar algo, porque así uno no puede estar”, aquejó.

“Por el terremoto de 2010 hicimos ollas durante una o dos semanas, pero ahora necesitamos mucha más organización. Y esto irá para largo”, auguró Alina Sandoval, coordinadora de la Asamblea de Organizaciones Sociales y Políticas de Provincia Cordillera, que suministra manutención a casi mil personas cada día.

En otras partes de la comuna de Puente Alto, los vecinos se organizaron para que la comida no dejara de entrar en casas donde “ni el Estado ha llegado”.

“Nos hemos convertido en cadenas solidarias, recibimos desde 1 quilo de patatas a 10 de tallarines. Solo el pueblo ayuda al pueblo”, agregó.

EMBLEMA DE AUTOGESTIÓN, SOLIDARIDAD Y DIGNIDAD

Aunque las “ollas comunes” aparecieron en Chile tras la crisis de 1929, fue durante los años 1980 cuando se crearon cientos organizaciones para “enfrentar colectivamente la pobreza”, afirmó el sociólogo Nicolás Angelcos.

El también investigador de la Universidad Andrés Bello resaltó que permitieron la “participación activa” de las mujeres fuera de su casa, facilitando la formación de dirigentes sociales, y la politización de muchas poblaciones que luego se erigieron como “espacios de resistencia contra la dictadura”.

“Es una iniciativa que está directamente relacionada con la autogestión, la solidaridad y la dignidad. Años después, con el estallido social empezaron a brotar de nuevo en algunos barrios periféricos, algunos de los cuales ya fueron emblemáticos durante la dictadura”, señaló Angelcos.

Para el investigador, la reaparición de las “ollas comunes” no solo son un indicador de la pobreza, sino que evidencian algo más profundo: “Es la muestra del fracaso o la ineficiencia de un modelo de protección oficial que todavía se resiste a políticas de bienestar de mayor y más largo alcance”.

Tomado de: eldiario.es

Por: Arnald Prat Barnadas

¿ESCUCHARON? Es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el del nuestro resurgiendo*

No nos esperábamos el tremendo remezón, de verdad, todo el rato tratando de inyectar energía para incitar la conversa y el análisis en la organización popular, apoyando las movilizaciones, editando libros-herramientas para los de abajo y a la izquierda, el espacio al que sabemos que pertenecemos, y en muchas ocasiones nos quedamos con el sabor amargo de estar declamando al viento. Pero a veces nos paramos en la marcha o dentro de la organización del Yo me Libro, y sabíamos que había que seguir intentándolo.

Y el ¡Despierta! no llegó como un estruendo, fue el murmullo de los y las pingüinos/as que evadían los torniquetes del Metro, corriendo en masa por esas puertas siempre limpias y correctas ante un alza de pasaje que colmó el vaso de agua de las eternas desigualdades y abandonos de un Estado cincelado a fuego y sangre por el neoliberalismo.

De ahí al cacerolazo, a la ocupación del espacio público, al ¡Ya Basta! al ritmo de batucadas, tinkus y “al que no salta es paco”, fue como un volcán botando toda la mierda acumulada en 30 años de seudodemocracia, o tal vez de 500 años soportando la bota del invasor… y nos conmueve hasta la última fibra, ver que sí se podía, que los loquitos lindos no éramos tan raros, y que la alegrerebeldía se cultiva y crece como la malahierba, aún en las peores condiciones.

Sabíamos que desde arriba no lo iban a permitir, y llegó el toque de queda, y la bota asesina, y los fusiles tratando de matar la primavera. Pero aunque los que aparecen en la tele con el logo de gobierno son los mismos que estaban atrás del dictador hace 40 años, los que hoy copamos las calles y hacemos sonar nuestras ollas no somos los mismos del ’73, nos quitaron todo que hasta el miedo perdimos, y que tal vez esta es la gran oportunidad para que las cosas cambien, porque nadie soporta tanta esclavitud, aunque venga vestida de vacaciones al Caribe en 36 cuotas.

Sabemos que el momento es difícil, los muertos de nuevo los pone el pueblo, ante la mirada soberbia de quienes gobiernan y de una clase política tan desconectada con la realidad, que tiran a los milicos a la calle esperando que todo siga igual, y de quienes dicen estar al lado nuestro, se mueven al ritmo del arriba al que pertenecen. Y a pesar de que lo hemos dicho de muchas formas, parece que todavía no creen que nada será igual desde el 18 de octubre de 2019.

El “no es la forma” habla de no tener idea de lo que está pasando en las vidas de los y las humildes, con sueldos de miseria, jubilaciones que permiten seguir trabajando, con servicios privados que deberían ser un derecho, con todos nuestros recursos sobreexplotados y vendidos al mejor postor, salud para quien la pueda pagar y educación y derechos “en la medida de lo posible”.

La respuesta del arriba suena a paracetamol para calmar el dolor de un cáncer, pero el despertar ya no cree en sus soluciones ni en sus respuestas, por lo que lo único que les queda es ponerse a la altura, bajar la cabeza y retirarse, ya es la hora de que se vayan todos.

Hoy nos queda la organización popular, crear una y mil asambleas territoriales para conversar y sacar propuestas del otro Chile que queremos construir, tomar la mano de nuestros/as vecinos/as y preguntarnos qué queremos, denunciar cada injusticia, protegernos como comunidad de la bota asesina y desconfiar de lo que venga desde arriba, ya han demostrado que las personas somos un número y que actúan para que, de nuevo, los empresarios ganen a costa de la sangre del pueblo.

Y nos ponemos a disposición, desde nuestro trabajo editorial, del ser bisagra de montón de otras organizaciones que, como nosotros, han aportado por años para crear un tejido social nuevo, uno rebelde y afectuoso, apañe y manos para lo que se necesite y hasta donde la imaginación alcance.

Sabíamos que no éramos pocos, sólo estábamos dispersos, ahora estamos unidos viviéndonos en nuestra diferencia, no nos perdamos con el voladero de luces que trata de cegarnos, a fuego y sangre, que incita a ponernos unos contra otros, a medidas dentro de lo posible, culpándonos por tener rabia.

Porque todavía hay un Chile que se construye a pulso, sólo tenemos que intentarlo.

Abrazos rebeldes

En los días de la pueblada, octubre de 2019

* Comandancia General del EZLN, 

Tomado de: quimantu.cl