“El mundo está lleno de gobernantes hipócritas a los que hay que quitar la careta”

Mientras se debaten en la ONU las bases del futuro Tratado Internacional sobre el Comercio de Armas hemos hablado con Gervasio Sánchez, cuya larga y contundente trayectoria como fotoperiodista en conflictos armados, le permiten tener una visión clara y determinante del panorama internacional. Sus acusaciones, afiladas y directas, son el resultado de conocer un problema que para él tiene nombres y apellidos: la hipocresía de los políticos y el cinismo de los Gobiernos.

Desde 1998 se calcula que han muerto 5,4 millones de personas en la República Democrática del Congo (RDC) debido al conflicto en el país y sus consecuencias. En las regiones de Kivu Norte e Ituri persisten las luchas pese al acuerdo de paz alcanzado en 2002 y al embargo de armas obligatorio que la ONU implementó en 2003. Ello sucede, entre otras cosas, porque las armas y municiones procedentes de muchos países siguen llegando a la RDC. Usted que ha vivido de cerca estas situaciones como periodista, ¿quién cree que lo permite y por qué?

Mientras se debaten en la ONU las bases del futuro Tratado Internacional sobre el Comercio de Armas hemos hablado con Gervasio Sánchez, cuya larga y contundente trayectoria como fotoperiodista en conflictos armados, le permiten tener una visión clara y determinante del panorama internacional. Sus acusaciones, afiladas y directas, son el resultado de conocer un problema que para él tiene nombres y apellidos: la hipocresía de los políticos y el cinismo de los Gobiernos.Desde 1998 se calcula que han muerto 5,4 millones de personas en la República Democrática del Congo (RDC) debido al conflicto en el país y sus consecuencias. En las regiones de Kivu Norte e Ituri persisten las luchas pese al acuerdo de paz alcanzado en 2002 y al embargo de armas obligatorio que la ONU implementó en 2003. Ello sucede, entre otras cosas, porque las armas y municiones procedentes de muchos países siguen llegando a la RDC. Usted que ha vivido de cerca estas situaciones como periodista, ¿quién cree que lo permite y por qué?
Este tipo de situaciones no solo se han dado en la República Democrática del Congo. También han tenido lugar en Sierra Leona y Liberia, donde se produjeron crímenes por los que ha sido juzgado y condenado Charles Taylor y, aunque su condena es un éxito para los derechos humanos, ¿quién juzga al resto de personas que estuvieron implicadas en la venta de armas? Echo en falta que otros gobernantes, como Tony Blair, no hayan sido llamados a declarar ante el Tribunal Especial de la ONU para Sierra Leona . El Reino Unido violó el embargo de armas a Sierra Leona establecido por Naciones Unidas y ningún representante de ese país ha sido juzgado por ello. Lo que sí hubo fue un debate y una denuncia promovida por parte de la prensa británica que contribuyó a la dimisión de un ministro de Blair, pero nada más. ¿Quién se benefició de la venta de armas? ¿Qué pasó con el tráfico de diamantes que financiaron las guerras de Sierra Leona y Liberia? ¿Qué Estados estuvieron implicados? ¿Qué mandatarios consintieron? ¿Dónde acabaron los diamantes? ¿Quién hizo negocios con ellos? Yo nunca he visto fábricas de armas en el tercer mundo, ni he visto fábricas de armas en Sierra Leona, la RDC o Liberia. Las armas industriales se fabrican en Occidente. Los negocios se hacen en Occidente y quienes corrompen a los corruptos africanos son personas vinculadas a multinacionales que están en países occidentales donde “supuestamente” se respetan los derechos humanos. Esto debería denunciarse permanentemente, pero la prensa ya no vigila al poder sino que se ha convertido en su principal aliado. Hay que ir al fondo de la cuestión y dar golpes duros para que la opinión pública reaccione.

Un reciente informe de Amnistía Internacional recoge que la Federación Rusa es el principal proveedor de armas de Siria; alrededor de un 10 por ciento de sus exportaciones van a parar al país árabe. Precisamente, el Gobierno ruso ha bloqueado en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas una actuación internacional sobre Siria. ¿Un enérgico tratado sobre el comercio de armas aliviaría y protegería a la población civil siria de estas actuaciones?
Yo preferiría que se dejara de lado el cinismo. La Federación Rusa vende armas a Siria… ¡y Estados Unidos a Israel! Y Rusia sabe que perder a un aliado como Siria en Oriente Próximo beneficiaría a Israel. Es el triste conflicto de Oriente Medio. Lo que está pasando en Siria es un escándalo, pero ya pasó en Libia y en otros tantos países. Hacer creer a la opinión pública que el único problema de Siria es que la Federación Rusa apoya el régimen de Bashar Al-Assad, es de una hipocresía sin parangón. ¿Acaso Al-Asad no ha hecho negocios con otros países europeos? ¿No los hizo también Gadafi? Recuerdo cuando Gadafi llegó a España y plantó su haima en Sevilla. Un número importante de políticos y hombres de negocios, con el presidente del Gobierno a la cabeza, fueron a hacer negocios. ¿Estuvo bien? ¡Dejémonos de cinismo y dejemos de alimentar conflictos brutales con armas que matan a decenas de miles de ciudadanos civiles que sufren y mueren sin saber por qué! El negocio de la venta irresponsable de armas es vergonzoso. Se debería liderar una campaña contra la hipocresía de los políticos, y las ONG deberían tener un papel fundamental en todo esto.

Pero precisamente lo que acaba de explicar reafirma la necesidad de un tratado internacional que regule y controle las transacciones y transferencias de armas…
Sí y no. Tengo mis reservas. La Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersonales fue firmada por 155 países, incluidos varios Estados de la Unión Europea (UE). Pero ¿quieres saber por qué dejó realmente la UE de fabricar las minas antipersona? Porque los chinos y los indios las hacían tan baratas que era imposible competir con ellos. ¡Esa es la verdad! No lo hicieron por motivos humanitarios, lo hicieron por motivos económicos. Si les movieran los motivos humanitarios dejarían de fabricar aviones de combate, carros de combate y, sobre todo, armas ligeras, que es lo que más exportan y lo que más mata.

Pero eso no significa que estemos mejor sin un tratado sólido. Precisamente con él se podrá presionar a los Gobiernos que lo firmen y ratifiquen.
Sí, claro, entre una cosa y otra siempre voy a estar a favor de que exista. Lo que me molesta es que los tratados los hacen y los firman los mismos que después no los cumplen. Desde mi punto de vista, los tratados funcionarían si quienes los incumplen pudieran ser juzgados o, al menos, presentados ante la opinión pública como parte del problema y no parte de la solución. Para mí los verdaderos culpables de la venta irresponsable de armas son los Estados y sus representantes máximos. Sus parlamentos, las personas que están en las comisiones de defensa que evaden sus responsabilidades. Y vuestro papel como ONG de denuncia debería ser mucho más beligerante.

La Unión Europea, sin embargo, apoya un tratado sólido que regule el comercio de armas…
¡Menudo cinismo! La Unión Europea es la que más dinero da a la política del desarrollo y, por ello, muchas ONG se callan porque reciben las dotaciones económicas para sus proyectos. Pero lo cierto es que la Unión Europea es la máxima exportadora de armas ligeras del mundo, que son las que verdaderamente matan en las guerras. No matan los cohetes intercontinentales con cabezas nucleares, matan los fusiles de asalto que, para colmo, son cada vez más ligeros para que los niños soldados puedan utilizarlos.

España también apoya un tratado enérgico…
Sí, como también apoyó la Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersonales y el Tratado contra las Bombas de Racimo. En la guerra de 2006, en Líbano, y en la guerra de 2009, en Gaza, se utilizaron bombas de racimo españolas. Fueron dos conflictos muy mediáticos y fue la voz de la opinión pública la que obligó al presidente del Gobierno a dar marcha atrás. El mundo está lleno de gobernantes hipócritas a los que hay que quitar la careta, comenzando por nuestros propios representantes. La única manera de acabar con todo esto es denunciando estas arbitrariedades, así como los juegos de intereses. Debemos poner nombres y apellidos a los culpables y permitir que la sociedad sepa qué clase de gobernantes tenemos.

La Small Arms Survey calcula que en los últimos años la media anual mundial de fallecidos por violencia armada —en conflictos o por crímenes comunes— ha sido superior a las 700.000 personas. Si las armas pequeñas y ligeras causan la muerte de una persona cada minuto, ¿son estas las verdaderas “armas de destrucción masiva”?
Sin lugar a dudas. Estas son las armas que realmente matan en las guerras y las que pueden disparar los menores soldados. Estuve en un proyecto de rehabilitación de niños soldados en Sierra Leona durante cinco años y pude ver cómo niños de 11 años mataban con armas que, cuando yo hice la mili, pesaban el doble de lo que pesan ahora. Yo no soy un pacifista, pero me escandaliza la doble moral de las personas que piensan que, para que vendan armas los franceses o los alemanes, las vendemos nosotros. Si piensan así es porque no conocen las consecuencias. Pongamos un dispositivo electrónico a cada arma que se vende y, cuando se dispare, que se vea reflejado el número de muertos que ha causado con sus nombres y apellidos. El comercio de armas sin control ni transparencia es intolerable, puesto que puede acabar en las manos más inadecuadas con el beneplácito de los Gobiernos. Esa venta no es un negocio, es un crimen.

Hemos hablado de los Estados y su responsabilidad, pero no podemos olvidar que en el otro lado de la balanza está la población civil. ¿De que manera sufren y padecen ellos la falta de regulación? ¿Para transmitir ese sufrimiento hay que sentir el dolor de las víctimas?
Llevo 30 años cubriendo conflictos armados y todavía estoy esperando a que alguien sobre el terreno me diga por qué su país está en guerra. No saben responder a esa pregunta; y solo saben que están atrapados en medio de un conflicto, sufriendo sus consecuencias y siendo masacrados. Para muchas personas, la guerra llegó y se quedó. No saben lo que es vivir en un país en paz. Hemos convertido a las víctimas en un ejército de números. Los medios de comunicación solo saben hablar de cifras, de personas sin identidad, porque eso nos hacer sentir menos culpables. Mientras los muertos no tengan nombres y apellidos, el dolor será menos doloroso.

Los conflictos armados y la violencia armada afectan especialmente a mujeres y niñas. ¿Podría hablarnos de ellas desde su experiencia como corresponsal de guerra?
Una de las mecánicas de comportamiento de los soldados en los conflictos armados es la violación, por lo general de mujeres y niñas. En la RDC, Sierra Leona, Liberia, los Balcanes, Guatemala, El Salvador, Colombia… la violación ha sido y es utilizada como un arma de guerra. Cuando se hizo la desmilitarización de niños soldados en Sierra Leona se vio que solo el 5 por ciento de los combatientes desmovilizados eran niñas. ¿Dónde quedó el resto? Se llegó a la conclusión de que muchas habían muerto a consecuencia de los golpes y palizas, de las enfermedades venéreas, de las violaciones…; otras se habían desmilitarizado ya siendo mujeres con niños; otras habían sido sacadas de los grupos armados y llevadas directamente a la prostitución… Ese mísero 5 por ciento refleja hasta dónde puede llegar la violencia contra las mujeres y las niñas y cómo ellas acaban pagando el precio más alto en los conflictos.

El traficante ruso Viktor Bout, conocido como El mercader de la muerte, ha sido condenado a 25 años de prisión por un tribunal estadounidense. ¿Su caso es el recordatorio del coste de vidas que tiene el tráfico de armas?
Los traficantes son actores menores en este gran problema. No son más que meros intermediarios del negocio, los que dan la cara en vez del Estado de turno. Viktor Bouk se benefició del caos que se produjo tras la Guerra Fría. Los almacenes quedaron llenos de armas apiladas y un criminal como él las utilizó para enriquecerse. Pero detrás de estos negocios está la complicidad de los Estados.

Viktor no hubiera podido transferir las armas de la antigua Unión Soviética sin la orden o beneplácito de los mandos rusos. Si regulamos el mercado de armas y obligamos a los Estados a ser transparentes y a cumplir las reglas al cien por cien, lograremos que el papel de los traficantes de armas quede reducido a la nada.

La adopción de un tratado internacional que regule el comercio de armas está siendo posible gracias al trabajo de muchas personas. ¿Diría que la figura del periodista también ha aportado su granito de arena?
Pues sería muy interesante que Amnistía Internacional hiciera un informe de cuál ha sido el papel de los medios de comunicación españoles en este tema. ¿Qué han hecho determinados periódicos en determinados momentos? ¿Por qué no han publicado ciertos informes? ¿Por qué no dicen cómo se financia la industria armamentística? ¿Cuál ha sido el papel de los bancos y de las cajas de ahorro en esta financiación? ¿Dónde está la prensa vigilando al poder? ¿Dónde está su trabajo de rigor? ¿Dónde están las ONG que no denuncian estos silencios? Los periodistas han dejado de vigilar al poder y se han convertido en sus principales aliados… ¿Quizá porque están negociando contratos empresariales con los Gobiernos?

Publicado en Amnistía Internacional España
Julio 2012

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