Sistema de AFP: Usurpación, Abuso y Pobreza

Tomado de http://www.Elrastro.com
Por csandoval in Economía, Reportaje Central

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“Con el sistema de AFP un 27,2% percibe una pensión por menos de $ 100.000; y un 53,4% por menos de $145.000″

El negocio del sistema de AFP no es un régimen de seguridad social (aunque se disfrace de tal), es un seguro privado donde el único que pierde, por asumir todos los riesgos, es el trabajador (riesgos de desempleo, de baja renta, de familia numerosa, de malas inversiones de las AFP, de no pago de cotizaciones, de longevidad). También pierde el Estado, es decir, de nuevo todos nosotros, pues con nuestros impuestos el Estado debe dar el aporte previsional solidario a la mayoría de las pensiones, al 55% que están bajo los 261.758 pesos mensuales, cifra a la que no se llega porque la forma como está estructurado el sistema de AFP no lo permite para los chilenos. Y las únicas que ganan son las AFP, entidades con fines de lucro (lo que vulnera convenios internacionales suscritos y ratificados por Chile, y no denunciados), que siempre tienen altísimas rentabilidades y nunca responden por las pérdidas de los fondos de pensiones por sus erradas inversiones, lo que es una inmoralidad (falta a la ética, diría alguien dado a los eufemismos). También ganan los otros dueños del negocio, las compañías de seguros, por la baja siniestralidad de los afiliados, los ingresos que reciben por las primas del seguro de invalidez y sobrevivencia, y la negativa de las comisiones evaluadoras a reconocer la invalidez que presentan las personas.

El sistema de AFP no es más que un seguro privado porque tiene todos los elementos del mismo y ninguno de un régimen de seguridad social. En efecto, funciona sobre la lógica de la justicia conmutativa (tanto cotizo tanto recibo), no de la justicia distributiva que es esencial a la seguridad social; tampoco se dan los principios básicos de todo verdadero régimen de seguridad social, como son el de solidaridad y el de suficiencia de las prestaciones (aquí pensiones), y entonces, ni las personas ni el riesgo de éstas están cubiertos.

¿No resulta curioso que las fuerzas armadas y de orden, no obstante haber impuesto el sistema de AFP a todos los chilenos, no se metieron en él?, pues las Fuerzas Armadas siguen en CAPREDENA y las de Orden en DIPRECA, ambas Cajas de Previsión de un sistema que garantiza pensiones mucho mejores y de más expedito acceso. ¿Cómo lo que es bueno para el resto de los mortales no lo es para ellos? Seguramente la respuesta está en que la ineficacia social y perversidad del sistema de AFP ya se vislumbraba hace 30 años por quienes la impusieron.

El sistema de AFP ha resultado un fracaso como medio para garantizar pensiones decentes para la mayoría de la población, según lo indican las estadísticas oficiales (un 27,2% percibe pensión por menos de $100.000; y un 53,4% por menos de $145.000), y según la experiencia cotidiana de los jubilados mismos o de los trabajadores que se atreven a pedir se lo anticipan cuando pide una simulación de su pensión en su AFP, y eso que usan aquí supuestos ideales que no siempre se cumplen. Lo que es o será su pensión representa muchísimo menos que sus últimas rentas. Más que un fracaso, el sistema de las AFP es un desastre socioeconómico de proporciones, es un camino a la pobreza, un drástico descenso en su poder adquisitivo. Una de las mayores tragedias socioeconómicas de la historia de Chile, sino la mayor.

“Con el sistema de AFP un 27,2% percibe una pensión por menos de $ 100.000; y un 53,4% por menos de $145.000″

Seguramente quienes se cambiaron del sistema antiguo al sistema de AFP, muchas veces obligados a hacerlo, estarán arrepentidos todos los días de su vida por haberlo hecho.

La razón de las miserables jubilaciones que da el Sistema de AFP está, para la mayoría de las pensiones (las de vejez que son un 70% del total), en que la única fuente de financiamiento es la cotización del trabajador que en la generalidad de los casos se compone del 10% de un sueldo que mayoritariamente es una remuneración muy baja (50% de los trabajadores gana menos de 220 mil pesos mensuales). Por lo tanto, el fondo que se acumula es insuficiente para financiar la pensión durante el tiempo de jubilación. Debieran cotizar también el Estado y el empleador para que el fondo sea más voluminoso. Este problema de escasez de fondos ha sido reconocido incluso por los partidarios del sistema de AFP, por ejemplo, cuando la Ministra Matthei señala que hay que estudiar subir la cotización obligatoria del 10% y el Presidente de la Asociación de AFP, Guillermo Arthur, indica que el problema de las bajas pensiones no es del sistema sino del mercado laboral que da bajas remuneraciones. Ambas interpretaciones muy equivocadas: por un lado, no se puede seguir exprimiendo a la gente disminuyéndole sus ingresos al subir la cotización obligatoria y, por el otro, es el sistema el que debe adecuarse al mercado laboral, a la realidad de un país subdesarrollado con una inmensa mayoría con sueldos bajos y una de las mayores inequidades en la distribución del ingreso. Debieron haber pensado antes de imponer el sistema de AFP que no funcionaría por lo obvio: no se financia con sólo las modestas cotizaciones del trabajador. No menos exiguas son las pensiones de invalidez y sobrevivencia.

Las causas expuestas son suficientes para situarnos en la pobreza.

Pero además hay otras circunstancias que atentan contra una idónea acumulación de fondos, a saber:

Altísima evasión previsional -un 50% permanente- es decir, para cerca de la mitad de los trabajadores no se enteran sus cotizaciones.

-En relación con la mujer: i) tradicionalmente gana un 30% menos que el hombre, entonces acumula 30% menos de fondos.; ii) es más longeva que el hombre, por lo que vive más, hay más meses de sobrevida que cubrir, entonces cada mensualidad de pensión será menor mientras más vive; iii) si la mujer se dedica a criar personalmente los hijos y no trabaja o lo hace a media jornada, no recibe renta o recibe la mitad, por lo que o no cotiza o lo hace menos. Este sistema desincentiva el desarrollo y fortalecimiento de la familia.

-También es un desincentivo a la formación de una familia otra circunstancia que contribuye a una menor pensión: si tengo eventuales beneficiarios de pensión de sobrevivencia (hijo inválido de cualquier edad; hijos que estudien hasta los 18 años o 24; cónyuge; madre o padre de un hijo de filiación no matrimonial) se reservan fondos para una eventual pensión de éstos y entonces los fondos que tengo disponibles para financiar mi pensión de vejez serán menos y, por lo tanto, más baja mi pensión en relación con alguien que tenga menos familiares beneficiarios o no los tenga.

-Riesgos financieros del Sistema: los fondos de los afiliados se invierten en el mercado, y el mercado es esencialmente riesgoso. No pocas veces hay rentabilidad negativa, y la positiva que pudiera haber no incidirá mucho si el capital –léase el fondo acumulado- es muy bajo, debido a que se construye solo con las cotizaciones del trabajador. También resulta muy injusto que el sistema sólo sea riesgoso para el trabajador, pues las AFP y las compañías de seguros, ambas en manos de los grandes grupos económicos, no pierden nunca, ganan siempre aunque pierda el trabajador. El afiliado asume todos los riesgos: de desempleo, baja renta, familia numerosa, malas inversiones de los fondos que trae rentabilidad negativa, longevidad, crisis económica, etcétera.

En definitiva este sistema, que además genera un gran gasto social para el Estado puesto que es éste el que debe suplir las falencias del Sistema de AFP (hoy cubre el 60% de las pensiones tanto de vejez como de invalidez), no tiene nada de seguridad social, que busca evitar o disminuir a las personas los riesgos sociales, y aquí la gente carga con ellos en beneficio de los dueños del negocio.

¿Qué han hecho los políticos durante estos 32 años del sistema por corregir de verdad este desastre social, aparte de asegurarse ellos adquiriendo acciones de las AFP que impusieron, o ya en democracia aumentándose sus ingresos parlamentarios? Cuando aparezca uno, sólo uno, que se la juegue por la cirugía mayor que se requiere para corregir esta tragedia socioeconómica, tendrá probablemente el voto del 60% que normalmente se abstiene de votar en las elecciones. Aquí están las claves del problema: jugársela por una transformación del sistema que lo haga suficiente para financiar pensiones dignas. Pero para que eso se apruebe, en el Congreso debe haber una mayoría de políticos interesados en servir a la gente, no en servirse a la gente. Saquémoslos al pizarrón antes de votar, el voto debe ser nuestra arma que marque la diferencia entre sobrevivir en la miseria y vivir dignamente.

Por Carlos Rivadeneira

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