«Si las causas se solucionan, las armas pierden vigencia»

Tomado de http://prensarural.org
Por Ainara Lertxundi

Marco León Calarcá, miembro del Estado Mayor de las FARC y natural de Cali, forma parte de la mesa de diálogo de la guerrilla en La Habana. Ha participado también en los procesos de paz anteriores con los presidentes César Gaviria y Andrés Pastrana, en Tlaxcala (México) y en el Caguán, respectivamente. En 2002, fue expulsado de México por el Gobierno de Vicente Fox
Marco León Calarcá es uno de los delegados de las FARC en la mesa de diálogo con el Gobierno. Estuvo también presente en la constitución formal de la mesa el 18 de octubre en Oslo. En 2002 fue expulsado de México a petición del entonces presidente colombiano Alvaro Uribe. Calarcá llevaba diez años residiendo allí y en ese periodo encabezó una oficina pública de interlocución de las FARC con el Gobierno mexicano, partidos políticos y grupos sociales para explicarles la realidad colombiana.

En la entrevista concedida a GARA, remarca la apuesta por la paz de la guerrilla porque «la guerra no es el objetivo ni el fin para nosotros» y por el actual proceso que, según advierte, «el militarismo, de civil y de uniforme intentará romper». Califica de «provocaciones todas las acciones militares contra la insurgencia». Sobre la marcha de la mesa en Cuba, señala que «se construye confianza», aunque no oculta que «estamos frente a frente y en igualdad de condiciones dos visiones diferentes del país y su problemática».

¿Qué razones le llevaron a ingresar en la guerrilla?

A finales de la década del 70, la situación de crisis en todos los aspectos, los fenómenos típicos de un capitalismo dependiente y subdesarrollado, la indignidad patria de un Estado arrodillado a los intereses imperiales, la impunidad, la corrupción y ante todo la represión violenta a quienes considerábamos necesario darle otro rumbo al país para poder vivir con dignidad en los valores de la justicia y el bienestar social, marcaron la voluntad de continuar la lucha pero en un mayor equilibrio, sin desconocer la asimetría del conflicto.

Si se mira, la descripción ajusta al momento actual, porque los problemas siguen siendo los mismos, no se ha hecho nada por resolverlos, al contrario, las políticas del Estado los han agravado. La lucha armada en Colombia tiene absoluta vigencia, no se puede de otra manera por el carácter violento y sanguinario de la clase dominante, eso sí, siguiendo las directrices de la Casa Blanca.

El inicio del diálogo en La Habana el 19 de noviembre se vio marcado por el anuncio de alto el fuego unilateral. ¿Qué les ha llevado a las FARC a decretarlo?

El anuncio del alto el fuego unilateral se hizo en esa fecha como forma de ambientación de los diálogos. Como demostración del compromiso y voluntad política de las FARC-EP con la construcción de la paz. Es la forma práctica de allanar el camino. Desafortunadamente desde la orilla contraria se niega a la ciudadanía la posibilidad de un fin de año más tranquilo sin las zozobras del conflicto.

El Gobierno de Juan Manuel Santos sigue insistiendo en la vía militar. Las FARC han denunciado simulacros de acciones militares por parte del Ejército para dar a entender que la guerrilla no está cumpliendo con sus compromisos. En este periodo, ha habido incluso un bombardeo, que ha dejado al menos una veintena de muertos, y Bogotá ha anunciado la compra de aviones drones y material militar. ¿Cómo se puede gestionar el alto el fuego en estas circunstancias? ¿Cómo valoran este bombardeo y las reacciones del Gobierno?

Es preocupante la actitud demencial de algunos señores de la guerra, sin embargo quedan en evidencia y se demuestra quiénes son los enemigos de la paz, ahora no tan agazapados como históricamente han estado. En este orden de ideas todas las acciones militares contra la insurgencia pueden verse como lo que son, provocaciones.

¿Cuáles son las líneas rojas de las FARC? ¿Cómo ven el día después al 20 de enero, fecha en la que expira la tregua unilateral?

No tenemos líneas rojas, si hay algo que se le parezca es donde empiezan los intereses de las mayorías nacionales, los derechos de la gente del común, eso es lo que implica el …¡hasta aquí!! Después del 20 de enero de 2013, quisiéramos ver que la razón empieza a imponerse y que se abre camino el cese de fuego bilateral, de pronto es soñar, pero ese es el anhelo de todos. Si eso no es posible será volver a la realidad de la confrontación. No hay duda de nuestra voluntad y capacidad política para, al menos, amainar los efectos de la confrontación; para enrumbarnos por los caminos de la paz con justicia social. Mantenemos también la propuesta de regularizar la guerra para evitar sufrimientos innecesarios. Mientras del otro lado nuestras manifestaciones de paz sean vistas como muestras de debilidad, será imposible avanzar en la búsqueda de salidas incruentas a la guerra que vivimos.

Iván Márquez ha afirmado en reiteradas ocasiones que «hay que ver crudamente la realidad para que a partir de esa realidad, tratemos de buscar las soluciones». ¿Cómo describen esa «cruda realidad»?

Basta mirar las noticias y escuchar los comentarios de las comunidades. En lo militar miles de muertos, desaparecidos, mutilados. En los social miseria a niveles insospechados. En lo político, exclusión, democracia de mentiras, corrupción e impunidad. En lo cultural, pérdida de valores y sufrimiento, injusticia, dolor de patria y arrodillamiento en lo internacional. En lo general terrorismo de Estado, despojo, violencia, represión y mentiras. Dolor y sufrimiento para la gente del común, ese sentimiento prevalece y se suma a la impotencia por el deseo de corregir la situación y la imposibilidad de hacerlo.

En el anuncio de los diálogos exploratorios con las FARC en setiembre, el presidente Juan Manuel Santos insistió en que no estamos ante un nuevo Caguán, que no va a haber zona de despeje y que no cometerá «los errores del pasado». Para las FARC, ¿qué supuso aquel proceso y su ruptura? ¿Y qué errores no están dispuestos a cometer?

En el Caguán se perdió una excelente oportunidad para llegar a acuerdos de paz. El carácter traidor de la clase dominante colombiana y las directrices de la Casa Blanca frustraron los anhelos nacionales. Gastaron tinta, papel, voz e imagen como nunca, para decir que las FARC-EP utilizaban el proceso para cosas diferentes a la paz, sin embargo el tiempo nos dio la razón, ahora está claro que fueron ellos los que hicieron la reingeniería de las Fuerzas Armadas, las crecieron a los niveles irracionales que ahora tienen y comprometieron la patria a los gringos a cambio de toda la parafernalia bélica de última generación.

Nos negamos a creer que la confianza, la voluntad y el compromiso con la paz sean un error. Que buscar salidas diferentes a la guerra de cara y con participación del país sea una equivocación. Ondeamos la bandera de la paz desde nuestra génesis, la guerra no es el objetivo, ni el fin para nosotros, es mantener la decisión de luchar por la revolución, como sea posible, como se pueda, y ante la decisión de la clase dominante de cerrar todos los espacios, pues tocó con la violencia revolucionaria.

Han transcurrido dos meses desde la constitución formal de la mesa de diálogo en Oslo y uno desde el inicio de las conversaciones en la capital cubana. ¿Qué avances y retrocesos ha habido? ¿Qué ambiente se vive en la mesa tras la tensión que se palpó en Oslo?

El inicio de cualquier proceso de conversaciones es algo complicado, es necesario acordar muchos detalles, que por sí solos y sin contexto parecen irrelevantes, sin embargo viéndolos vinculados a la realidad son esenciales. Que estemos ya en la discusión de la política de desarrollo agrario integral implica haber acordado la mayoría de esos detalles.

No podemos llamarnos a engaños, hay cordialidad, se construye confianza, pero estamos sentados frente a frente y en igualdad de condiciones, representantes del Gobierno y de la insurgencia fariana, es decir dos visiones diferentes del mundo, del país y su problemática, por tanto las posiciones son diametralmente opuestas, tanto que estamos en guerra. El arte de los diálogos es acercar esas posiciones, sin negociar, para construir alternativas viables para las partes y los intereses que representan, en nuestro caso los intereses de los pobres de Colombia, de quienes padecen los rigores del sistema expoliador.

De pronto la tensión en Oslo fue producto de la sorpresa de encontrar una guerrilla vital, propositiva, enterada de la problemática nacional e internacional, muy lejos de la guerrilla derrotada que tanto promocionaron y que suponían o mejor soñaban ellos con que llegaría a implorar prebendas, ávida de rendición.

El Gobierno quiere acelerar los diálogos, poniendo como fecha tope noviembre de 2013. Las FARC, en cambio, rechazan «una paz express». ¿Cómo se conjugan ambos ritmos?

Sostenemos de manera argumentada que colocar sobre la mesa una espada de Damocles con un plazo, que se convertirá en fatal, es un error garrafal, porque es un obstáculo. El Acuerdo General de La Habana es diáfano en este tema, trabajaremos con ahínco y denuedo en buscar y construir acuerdos, utilizando el tiempo necesario.

Si identificamos el objetivo fundamental, construir los caminos de la paz y dejamos de lado otro tipo de interés y ambiciones, podemos avanzar en los acuerdos.

Santos ha reconocido que «las conversaciones tienen unas implicaciones importantes; nos van a llevar a decisiones complejas». ¿Lo comparten?

Vista desde la óptica de resolver las causas económicas sociales y políticas del conflicto social y armado que vivimos hace tanto tiempo, claro que tiene implicaciones importantes y más aún las tendrá cuando avancemos. Podemos hacer realidad el anhelo de los colombianos, la paz.

En las últimas semanas, ha surgido cierta polémica en torno a los «prisioneros de guerra». Ricardo Téllez negó que las FARC tengan a nadie retenido y en una entrevista a Russia Today, Alexandra subrayó que «sería bueno que el Gobierno hiciera un cese el fuego y pudiéramos mandar a todos los frentes comisiones de la Cruz Roja o de derechos humanos a mirar cuáles son los retenidos y van a ver que no hay retenidos». El ministro de Defensa, sin embargo, sigue afirmando que ustedes mienten y les exige que digan la verdad al pueblo colombiano. ¿Cuál es esa verdad de las FARC? ¿Se han malinterpretado o sobredimensionado las declaraciones de Sandra Ramírez en un periódico cubano?

Creo que esa es la mejor forma de calificar las declaraciones de Sandra y en general todo eso que describes se sobredimensionó. Pensamos que ella explica la política general de las FARC-EP en torno a la permanente lucha por nuestros presos y se utiliza lo que dice para presentarlo como una afirmación que niega la realidad. Precisamente de eso hablamos cuando decimos que los militaristas aprovechan cualquier cosa para hostigar las conversaciones.

Ya está claro, lo reiteramos, en este momento las FARC-EP no tiene en su poder prisioneros de guerra, todos fueron devueltos por decisión soberana de la organización. Tampoco tenemos retenidos con fines económicos, no olvidar que desde febrero de este año y de manera autónoma tomamos la decisión de suspender esta forma de financiamiento.

En su intervención en Oslo, Humberto de la Calle dijo que «la fase tres es la oportunidad para los cambios; no para que las FARC depongan sus ideas. No se trata de eso, sino para que sigan luchando por ellas en democracia. Así sean como son contrapuestas a las nuestras». Pero, también está el precedente de la Unión Patriótica (UP). ¿Cómo ven las FARC su posible incorporación a la vida civil y cómo se podría impedir un nuevo genocidio como el de la UP?

Las FARC-EP siempre han manifestado que, resueltos los problemas de las mayorías nacionales, se resuelven los problemas de la guerrillerada. Nunca hemos exigido ni menos pedido nada para guerrilleros y guerrilleras. Si las causas que generaron el conflicto y lo alimentan actualmente se solucionan y hablamos del terrorismo del Estado, del carácter violento y pérfido de la clase dominante, de la increíble desigualdad social, de la acumulación económica de unos pocos a costa de la miseria de las mayorías, de la imposibilidad de vivir dignamente del trabajo, entre otras; las armas pierden su vigencia y no serán necesarias. Las afirmaciones del vocero del Gobierno Humberto de la Calle se escudan en esa apariencia magnánima de no cuestionar nuestra ideología para esconder el perverso propósito de impedir la interlocución de las FARC-EP con el pueblo colombiano. Pretenden escatimarnos el legítimo derecho y práctica cotidiana de intercambiar con Colombia y su gente.

¿Creen que el contexto internacional -además de la correlación de fuerzas de izquierda en Latinoamérica, el anuncio del Gobierno turco de que emprenderá conversaciones con el kurdo PKK o la decisión de ETA de decretar un alto el fuego definitivo- favorecen el diálogo?

Además de los casos que cita en su pregunta y que generan un espacio de interlocución en la búsqueda de soluciones diferentes a la guerra para los conflictos, en nuestra América se sienten los influjos de procesos que favorecen los intereses populares, unos más otros menos, pero todos dirigidos a construir y fortalecer la democracia basados en la soberanía, el bienestar y la igualdad social en desarrollo de la herencia libertaria de los padres de la patria encabezados por Simón Bolívar. Eso genera condiciones para construir caminos de paz.

El Gobierno estadounidense, que dijo apoyar el proceso abierto en Colombia, ha negado el indulto a Simón Trinidad. ¿Queda, después, de este anuncio algún resquicio para que pueda participar en la mesa?

Hicimos una solicitud especial al presidente Obama, esperamos su respuesta. De ser negativa seguiremos insistiendo por todas las vías posibles en la participación de Simón en La Mesa de Conversaciones, por sus cualidades será un importante aporte, además simboliza la firmeza y dignidad de prisioneros y prisioneras farianas.

Colombianos y Colombianas por la Paz ha pedido la creación de una comisión internacional para verificar la situación de los presos. ¿Qué papel deberían jugar junto a los exiliados?

Los prisioneros y prisioneras en Colombia requieren de la solidaridad, es inhumana y criminal la forma como los tratan o los maltratan. Les niegan sus derechos, el hacinamiento, la falta de atención médica, el hostigamiento y la persecución son lo cotidiano. La cárcel ha sido históricamente para los revolucionarios un lugar de lucha, un espacio para el estudio y la formación y eso hacen guerrilleros y guerrilleras. Como toda la guerrillerada están aportando, con sus opiniones y su lucha, en la medida de sus posibilidades al igual que otros presos políticos y sociales.

Factor importante para las conversaciones es la difusión de la realidad, la promoción de propuestas, porque los diálogos reciben insumos para la discusión de la sociedad y sus organizaciones; ese puede ser el importante papel de los exiliados, de los amigos de la paz.

La participación de la sociedad civil es otro de los puntos clave que las FARC vienen exigiendo.

Para nosotros, es muy importante la participación de la sociedad, por eso llamamos a todos los que sientan la patria en su corazón, a la solidaridad internacional e internacionalista a vincularse de la mejor manera, con creatividad y eficacia a las conversaciones, llegando a trascender los precarios mecanismos que existen.

Que funcionen todas las formas de concentración y de intercambio de opiniones, que las redes sociales sirvan de vínculo propositivo e informativo, que el tema se posicione de acuerdo a la importancia que tiene y no se vea como algo que raya en la ilegalidad opinar o participar, que los medios de comunicación de organizaciones, los blogs individuales, las columnas periodísticas, las emisoras comunitarias, locales… que se llenen todos los espacios informativos a los que tengamos acceso del tema, pues la paz en Colombia es triunfo de los pobres de la tierra, es victoria de todos, es avance de los pueblos del mundo.

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