Chile 2013: la necesidad de desobedecer a la injusticia

Tomado de El Clarín
Por José Venturelli

20130102-071612.jpg Desde Chile, al observar la realidad de nuestra sociedad tan inequitativa, injusta y centrada en el lucro de pocos con una exclusión creciente de tantos, busco como poder contribuir a que juntemos nuestros esfuerzos para que en Chile se respeten los valores de los derechos humanos de todos.

Porque nuestros hermanos puedan vivir en un marco de equidad y de fraternidad. Por la prevalencia primera y asegurada de las necesidades del pueblo y nunca más de los magnates que bajo la represión y leyes inmorales han asegurado sus ganancias y el abuso contra nuestros hermanos.

Al establecer prioridades, estas deben buscar una sociedad justa, con leyes dignas y no como la “Constitución” actual. Esas nacieron en dictadura y han sido reforzadas por un aparato represivo que nada resuelve y aumenta a cada momento. Debemos asegurar tener justicia y leyes que sí sean el resultado (por vez primera en nuestra historia) de una Asamblea Constituyente, socialmente relevante, justa y no del aparato injusto, sin equidad, prevalente. Ya no debemos más aceptar estar en manos de un poder autoritario que está dispuesto a matar, torturar, detener y destruir comunidades y riquezas de un país centrado por diseño social en el lucro inmoral que ahoga al país. Ser desobediente en un estado como el Estado actual se ha tornado una obligación moral. No hay que obedecer ciegamente, mucho menos cuando las leyes no respetan los principios básicos de fraternidad entre nuestros pueblos. Necesitamos solidaridad ante todo, de cooperación real. Los pueblos de Chile y la sociedad civil han identificado que no será mediante el divisionismo ni los circos electorales que lograremos avanzar en los caminos de la justicia para todos y cada uno. Los gobiernos deberán identificar que la democracia y la Justicia no pueden ser limitadas. Los derechos no se tranzan y las riquezas del país, de ayer, hoy y mañana, debemos asegurarlas para todos y para las generaciones futuras. La reparación al despojo del pasado, el actual y el del futuro que impide a las nuevas generaciones desarrollarse en forma democrática y fraternal deberán implementarse pronto. Ahora.

La amenaza de estos días a los sectores de derechos humanos, que el Ministro del Interior y el Presidente promueven debe ser denunciadas, las acciones de las fuerzas de policía deben ser detenidas. Esa tarea, entre otros, le corresponde a un sistema de justicia, valga la redundancia, que sea efectivamente justo. Pero también debemos denunciar a quienes, de modo oportunista, nada dicen o buscan sumarse a las ganancias de procesos electorales que no solo no representan las necesidades de nuestro país sino que han demostrado ser parte del progreso nulo y negativo en la calidad de vida de la gran mayoría de nuestros hermanos. La binominalidad electoral y las normas establecidas por el dictador han hecho del Parlamento una entidad irrelevante. Por mucho que tenga parlamentarios comprometidos, no logran ser relevantes. Nada cambia en forma significativa. Y, desgraciadamente, hemos vivido tiempos de colusión que han estado cerca de la inmoralidad, más a menudo que lo deseado. El fraude que se esconde tras el lucro, en todos los campos de la economía nacional debe terminar. Para siempre.

Por esto, trabajemos por un 2013 de nuevos avances y por la derrota del espíritu represivo que sigue predominando en el poder establecido. La justicia debe retornar a ser justa y no ser un ente que justifica las mentiras de este estado inmoral y represivo. Hoy, los sectores más retrógrados de nuestra historia reciente vuelven a las prácticas de los peores momentos de la dictadura. Por un país que respete los derechos sin sesgos racistas, clasistas, sexistas: que promueva respuestas reales, prácticas para nuestros pueblos y comunidades que las necesitan y las exigen con justicia y decisión. No podemos aceptar que nos enrostren, merecidamente, en el Parlamento de cualquier lugar del mundo, como ocurrió en Europa este año, el que aceptamos actos que son una vergüenza cuando se atropella, golpea y encarcela a nuestros hermanos Mapuche. Nunca más. El poder económico debe entender que su pretensión de ser quienes deciden y que son sus valores los determinantes del curso de todo el país no es aceptable. Ya nunca más. La historia no se mueve en la dirección del lucro: estas últimas décadas han demostrado a nivel mundial, claramente, que es el tiempo de las luchas por la libertad y la justicia. Y a esas debemos sumarnos.

Un abrazo fraternal y solidario.

José Venturelli

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