Silvio en San Agustín: Hasta para Esperanza

Tomado de http://www.cubadebate.cu

Presentación de Silvio Rodríguez en San Agustín, La Lisa; con Omara Portuondo y sus músicos (Rodney Barreto, Gastón Joya, Coayo Junior y Rolando Luna), y Víctor Casaus como invitados.

20130201-082854.jpgPaisaje de San Agustín, “el mejor barrio que tiene La Lisa”, comenta un vecino. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

Esperanza es alcohólica y no tiene dientes.

Ya sé. Es un inicio pesimista, acaso pésimo también. Pero así es Esperanza.

La vimos una hora antes del concierto, ya “contenta”, “curda”, “en nota”, discutiendo con alguien a unos metros de la tarima donde ensayaban los cuatro músicos que vienen con Omara. Entonces no reparé demasiado en ella. Pero una vez comenzado todo, era imposible no hacerlo: estaba en primera fila, cantando, gritando, gesticulando con exageración; provocando a su alrededor las veces risa, las veces disgusto. Poniendo a prueba paciencia, tolerancia, sentido del humor y del ridículo.

“¡Silvio, tírame Unicornio!”, reclamaba, mezclada como estaba con los argentinos, chilenos, brasileños, uruguayos… de la brigada de solidaridad que llegaron expresamente a ver a Silvio –y así lo hacían constar: “Pan y vino, pan y vino, pan y vino. El que no vino a ver a Silvio, ¿para qué carajo vino?”–.

La música tiene que estar al lado de quienes la inspiran, al lado del pueblo, ha dicho el trovador. Al lado, pues, de la alcohólica desdentada que molesta al resto de la concurrencia. Como un río es todas sus gotas y cada gota es el río, ella es el pueblo; aunque haya otros, muchos; aunque ella no represente, ni menos, la mayoría. No es que Silvio cante para ella: Silvio canta hasta para ella. Hasta para la que sale de todo canon de buen comportamiento, de civismo elemental y respeto al otro. Hasta para la que llaman “borracha”, como Narciso el Mocho, que hacía papalotes, como tantos otros cuyos dramas no nos son –no pueden sernos– ajenos. Y allá quien pretenda negarlo.

Hasta para Esperanza, con nada más que su guitarra, cantó Solo el amor, inspirada en una frase del “ideólogo fundamental que tenemos los cubanos, a mi juicio”, dijo refiriéndose a José Martí.

Hasta para Esperanza sonó la oportuna Tonada del albedrío:

Dijo Guevara el humano

que ningún intelectual

debe ser asalariado

del pensamiento oficial.

Debe dar tristeza y frío

ser un hombre artificial,

cabeza sin albedrío,

corazón condicional.

Hasta para Esperanza cantó con Omara Demasiado. Y la diva interpretó luego con “los niños”, como se refería a los músicos talentosos que la acompañaban, Lágrimas negras, Veinte años, Amigas, Dos gardenias… Y al final en dúo, claro, La era está pariendo un corazón; esa canción extraordinaria, de título “pornográfico”, como ha contado Silvio que se le acusó alguna vez.

El domingo no hacía 48 horas desde que hubiéramos estado en un concierto con los mismos intérpretes, con repertorio similar. Pero fueron muy diferentes los dos. Y, en todo caso, basta que sea distinto el público para tener una marca de singularidad suficiente: en los ojos de los que escuchan se vive siempre un concierto nuevo. En los ojos de todos, hasta en los de Esperanza, a quien complació Silvio con Unicornio, y dio Omara su voz poderosa, deferencias que les merecieron, casi al final, un estridente y sincero “¡Esperanza, de San Agustín, los ama!”

20130201-083133.jpgCarretilleros. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

20130201-083247.jpgPiquera de bicitaxis. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

20130201-083415.jpgGranizado web. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

20130201-083529.jpgNorbis y Rodolfo. Norbis ha estado un año sin “bicitaxear” porque “es un trabajo muy duro. Y esta zona no rinde mucho dinero. No es como en La Habana Vieja”. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

20130201-083724.jpgAnuncio ambulante. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

20130201-083829.jpgEspera en reposo. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

20130201-083930.jpg“Los niños” de Omara: de izquierda a derecha, Rolando Luna, Rodney Barreto, Gastón Joya y Coayo Junior. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

20130201-084030.jpgEl teclado: la niña de sus ojos. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

20130201-084145.jpgNorbis, bicitaxista: “Silvio se ha ganado el respeto del pueblo. Me gustan sus canciones porque tienen un sentido. Dicen algo”. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

20130201-084316.jpgLa guitarra del joven soldado. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

20130201-084439.jpgLa divísima. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

20130201-084556.jpg“Se me han perdido canciones”, dice Silvio hojeando en el atril. Aparece entonces El reparador de sueños, conocida como “la del enanito”. “Y las enanitas”, añade su autor. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

20130201-084702.jpgEs el cuarto concierto de la gira en que participa Omara. “Mucha gente quiere sumarse. Hasta gente que baila se nos ha propuesto para venir; pero bueno, tenemos un escenario muy pequeño. No caben aquí bailando…, a menos que sea danzón o algo de eso”, bromea Silvio. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

20130201-084859.jpgPúblico internacional. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

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