Testimonio en memoria de Marco Antonio

Tomado de: http://www.memoriaviva.com

(testimonio recibido por correo electronico el 28/4/02 – por el hermano de Marco Antonio)

Cuando ocurrió el golpe de estado me encontraba en el Norte del país. Mi hermano menor y mis padres vivían en San Bernardo. Mi hermano hacía su servicio militar el año 1973. Con dificultades me informaron que Marco Antonio no aparecía por la casa desde hacía semanas. Mi madre lo pudo ver sólo unas horas un año después del golpe. Cuando llegó a ver a mis padres estaba enfermo. Tenía casi todo el cuerpo lleno de erupciones y heridas mal cicatrizadas. Esto me lo contó mi madre en Mayo de 1975 cuando llegué a Santiago para dejar el país. Unas semanas atrás yo había salido de un campo de concentración donde estuve cerca de 14 meses. En esos pocos días que estuve en San Bernardo vi a mi hermanito y pude conversar con él.

Ya no era el joven alegre y lleno de planes que guardaba en la memoria y recordaba mientras estaba en el campo de concentración. Me confronté con un hombre callado y nervioso y palido que miraba siempre hacia la puerta de calle como un paranoico. Traté de hacerle hablar y desahogarse de las cosas que no había contado a nadie. Se mordía los uñas, las yemas de sus dedos estaban casi deformadas. Me dijo como susurrando: « Yo estuve en lo de « La Moneda ».. Dos semanas antes del golpe nos tenían casi sin dormir. Cada noche había alarma y simulacros. No había hora fija. Cuando ya estábamos en los camiones listos para salir del regimiento nos hacían bajar y nos mandaban a dormir. Y siempre nos repetían el mismo discurso.

– “ No confien en nadie. Si alguien se acerca a darles un café o pan o una fruta, no lo reciban, puede estar envenenado. El enemigo está en todas partes. No confíen ni en tu hermano. El único que cuida por ustedes soy y el sargento. “

El día 11 , el día del golpe, nos despertaron como a las 5 de la mañana. No subimos a los camiones. Nos dieron una arenga: Que no confiáramos en nadie. Sólo en el oficial de la compañía y en los compañeros. Antes nos dieron un desayuno de pan , bistec con huevos fritos y tazón de leche con un líquido rojo sobrenadando en ella. Sabía a remedio pero nos ordenaron beberla. Esta vez no era un simulacro nos dieron armas y mucha munición.

El oficial decía que estábamos en guerra. Yo pensaba y me preguntaba con quien?. ¿Argentina ?. Como a las 6 de la mañana subimos a los camiones y nos hicieron esperar.

Cuando llegó la orden nos dirigimos al centro de Santiago.

Cuando le pregunté , ¿ dónde en Santiago ? Me dijo: frente a La Moneda y el Hotel Carrera. Parecía que todos los recuerdos se le agolpaban en el mente y agregó:

– El líquido que habíamos bebido con la, leche había empezado a surtir efecto.

Todos estábamos nerviosos casi no podíamos estar quietos, la respiración era corta y agitada. Cuando comenzamos a disparar contra los civiles el oficial que se movía detrás de nosotros y nos gritaba: – Al que no dispara le pego un tiro !.

Mi hermano soltó una carcajada burlona y me dijo: – No sé cuantos magazines disparé contra los ventiladores del Hotel Carrera . Pero, eso fue como un destello de vida, porque su rostro volvió a tomar el color pálido y nervoso de antes, como envejecido y su mirada volvió a ser nerviosa como si esperara que en cualquier momento le vendrían a buscar.

Para que siguiera contando le dije nuevamente. Tu sabes que me voy mañana y tal vez no te veré por mucho tiempo y yo no voy a contar a nadie estas cosas mientras tu vivas. Te lo juro y tu vivirás más que yo.

Dime ahora que pasó después del golpe. ¿ Dónde estuviste todo el tiempo que no podías volver a casa ?

– Una vez que los aviones bombardearon la Moneda y cuando ya no había mas disparos. Nos mandaron a vigilar a los que se rendían. Todos pegaban, el que no pegaba quedaba mal con nuestro sargento.

Agrego como buscando disculpas : – No conocíamos a nadie y todos los detenidos se cubrían la cabeza mientras les golpeábamos con las culatas en las costillas y la cabeza si podíamos. Así que empezamos a golpear y apresar a la gente que salía.

Mi hermano me miró sonriendo y me dijo : yo siempre pensaba en ti y me preocupaba de lo que podría estar pasando en el Norte.

Cuando le dije. – Mamá dice que no podías volver casa. Me contestó lacónicamente : – Sólo vine una vez. Creo que fueron dos horas.

Y luego continuó: – Más permiso no me dieron. Un jip me vino a recogerme. Luego agregó:- Mi mamá me contó que tu estabas preso, pero que no sabían donde. Desde ese día planeé como hacer para salirme del ejercito sin cometer un error y que mataran como a otros.

– ¿Cómo así no mas ?. Contesto como ricordando : – A dos de mi compañia se los hecharon cuando un capitán nos pregúnto una vez en los simulacros. ¿ Los que tengan un pariente socialista o comunista que den un paso al frente ? ustedes no tienen la culpa si sus parientes se han pasado para el otro lado. Todos teníamos miedo. Dos concriptos dieron un paso al frente y los apresaron por semanas incomunicados. Después del golpe supimos que los habían matado.

Volví a insistir: – ¿ Pero qué hiciste después del golpe?

– En las noches nos sacaban a apalear a los presos que traían los camiones de los barrios industriales. Matamos mucha gente. Los traían en camiones de los transportistas de Villarin, o como se llamaba el jefe de ellos. En la madrugada enterrábamos los muertos con escavadoras detrás del Cerro Chena. Muchos de los compañeros de la compañía no aguantaban se pegaban un tiro. La cosa era o matabas o te mataban los oficiales.

¿A cuántos mataron mas o menos? Mi hermano respondió mirando para otro lado : – A muchos.

¿ Puedes decirme cuántos ?, ¿ Cincuenta, cien, mas de cien ?

– Muchos.más que eso, cien no es nada.

¿Y cuántos días duró eso? Me miró como para dejarme callado y no atormentarlo mas y respondió:

– Al comienzo todos los días. Después nos llevaban a otras ciudades y hacíamos lo mismo.

Mi hermano me dijo sollozando: – Estoy feliz de haberme salido de esa mierda. Mi teniente quería que me quedará , el quería mandarme a la escuela de suboficiales. Yo no quise. Me presionó mucho. Para mi eso de quedarme en el ejercito era peor que estar en una cárcel. No podías salir. Los otros soldados y los suboficiales nos tenían miedo. Y no podíamos hablar con nadie. Ni salir a la calle. Siempre estábamos vigilados por los del SIM.

Mi hermano me dijo antes de irme al exterior que se iría al Norte para olvidarse de todo. No sólo se fue él. También se fue mi familia. Vendieron su negocio, la casa. Se fueron todos. Dijeron adiós a San Bernardo , pensando poder olvidar.

En 1991 volví a Chile , después que Pinchet había dejado el gobierno. Cuando visité a mi madre. Mi padre había muerto en 1987. Después de casi 16 años

de ausencia, mi hermano ya no estaba . Había muerto en 1988. No lo volví a verlo nunca. El único rostro que recuerdo es su cara de niño cuando me fuí a trabajar al norte a las minas del Salvador. El no fue feliz. Cuando estuvo en el Norte no pudo encontrar trabajo estable. Se había casado tuvo hijos. Aún estando en el Norte, cada vez que había movimientos de tropas lo iban a buscar a la casa y lo tenían por días acuartelado. Mi madre me contó que se ponía como loco y luego no podía dormir. A mi hermano lo mataron y robaron el futuro y la vida el día del golpe. Cuando murió en aquel accidente de tráfico fue su instante de descansar finalmente.

Mi madre me contó que ella y mi cuñada., la mujer de mi hermano, se conformaron y pensaron que la tragedia había finalmente terminado.

Cuando volví por primera vez a Chile en 1991, fui a Antofagasta. Durante el gobierno de Alwyn , Pinochet movilizó las tropas. Esa noche estaba invitado a comer en casa de unos amigos. No nos dimos cruenta de lo que pasaba. Cuando me fueron a dejar a la casa de mi madre estaban todas llorando y pegadas a la ventana. Esperando por mi. Cuando bajé del auto me abrazaron. Mi hermana me dijo : _- ¿ Cómo que no sabes lo que hapasado ?. Yo las miraba incrédulo y mi amigo estaba también extrañado. Luego me contaron que Pinochet había sacado las tropas a la calle. Ya en la casa , mi madré me contó llorando que esa noche los soldados habían vuelto a la casa a buscar a mi hermano. Se metieron en la casa y lo revolvieron todo, como en los tiempos del golpe. Mi hermana me dijo que les gritaban que estaba muerto. Que ya no estaba. Las empujaron y se reían.. Sólo cuando mi madre pudo mostrarles el certificado de defunción las dejaron tranquila .

El oficial ni siquiera dio las gracias. Dijo Mierda ! y se marcharon.

Mi padre y mi madre murieron tristes y llenos de sufrimientos . Mi querido hermano descansa finalmente y ya nadie lo busca para quedarse callado, Ya no podrán amenazarlo. El no podrá contar los secretos que ellos temen.

Yo ahora sólo rompo la promesa que le hice a mi hermano porque murió antes que yo y porque también mis padres ya están muertos. Ya no sufrirán la angustia de no poder una respuesta a tanta maldad, desgracia y a la sin razón de los sufrimientos de mi hermano. Ellos tampoco sufrirán cuando yo diga estas cosas que ahora cuento.

Yo no hice ninguna promesa con los que le robaron la vida y le mataron en vida el día 11 de Septiembre de 1973 cuando sólo tenía a penas 18 años.

Yo ya estoy viejo y siento que me estoy muriendo y a esta altura de mi vida quedan pocas cosas para empezar, pero me quedan cosa por dejar bien terminadas. Son muchas las cosas que he visto y muchos sufrimiento y los amigos que vi sacar de las celdas y que nunca volvieron o que desaparecieron. Ahora ya no tengo más miedo y en la memoria de mi hermano digo ahora las cosas que el no pudo decir por miedo.

Sólo lamento no estar seguro de que el mundo que voy dejando atrás a mis nietos sea ya como el que siempre he deseado y quiso vivir mi querido hermano.

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