Las mujeres de la Retaguardia chilena

Tomado de http://www.clarinet.cl

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    Los partidos políticos de la izquierda tradicional olvidaron al pueblo y por supuesto a las mujeres. Nosotras fuimos una legión de mujeres que expusieron su vida, la de sus hijos, para que la Resistencia chilena existiera. Ellas fueron el pilar que la sostuvo. Permitió que los compañeros se reunieran, conversaran. Los trabajos de solidaridad eran responsabilidad nuestra desde los primeros días en los estadios, centros de detenidos. La solidaridad femenina durante la Dictadura no ha sido reconocida por nadie y hay miles y miles de mujeres que merecerían o merecen un apretón de manos, un gracias por salvar vidas, por abrir las puertas a un compañero perseguido.

La siguiente entrevista fue concedida por una compañera de cordial sonrisa y voluntad. Como equipo no quisimos testimoniar a la mujer que cuidaba al bauchi, adelantando el testimonio que vamos a presentar, sino que quisimos ver a través de ella, de su cotidianeidad, la responsabilidad que había adquirido, pues no es esta mujer, sino que fueron y son muchas las compañeras que arriesgaron su vida por algún compañero o compañera que era necesario mantener en casas de seguridad.

La compañera Norma Silva. es una más de estas mujeres de retaguardia como la hemos querido bautizar, que en su trabajo se encontró conviviendo con dos de los máximos referentes políticos de la izquierda revolucionaria chilena como fue Bautista Van Schouwen y Edgardo Enríquez E, hermano de Miguel, secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile.

Sin ánimos de retrasar esto, presentamos para todos los lectores y las lectoras del blog: el-rojinegro, a la compañera Norma para que relate su panorama. Como última aclaración pedimos comprensión en algunos temas, pues la entrevista fue con el envío de preguntas a Francia, donde reside actualmente la compañera y ella nos respondió de la misma manera hacía Chile.

¿Cómo conoció el MIR y cuál era su relación y participación (si es que hubiese) en la organización?

Conocí el MIR como todo Chile lo conoció: por la prensa, revistas, radio y tv que habían en esa época y me alegré que jóvenes que parecían serios, inteligentes y capaces, plantearan una instancia más avanzada en ese tiempo. En principio no tuve ninguna participación en esa nueva organización, pero algún tiempo después se integró mi hermano que en ese tiempo estudiaba Sociología en el pedagógico de la Universidad de Chile en Santiago.

¿Cómo vive en lo particular, el periodo de acumulación de fuerza revolucionaria (1968-1973)? ¿Dónde desarrolla su vida social y política, en qué consistía esta?

En esos años 1968 al 70 soy militante del Partido Comunista chileno, después de la derrota de Salvador Allende, por segunda vez soy casada con un militante comunista y tengo 4 hijos, soy una joven mujer activa y también interesada en lo que pasa en Chile y en el mundo…

¿En qué contexto y momento conoce a Bautista?

Son años de cambios en el mundo. Nos estremece lo que pasa en el mundo, la Revolución de los estudiantes en Francia y más aún los efectos de la Revolución Cubana y su ejemplo en el mundo, entonces descubrimos que existe otra alternativa posible, además son jóvenes audaces que desafían lo establecido. Es en ese contexto y momento que conozco a Bautista y al resto del Comité Central por una casualidad. Ellos tenían una casa de reuniones en Ñuñoa y se dieron cuenta que estaba vigilada, era 1969 y ellos eran clandestinos; hablamos del gobierno de Eduardo Frei Montalva, entonces recurrieron a mi hermano que vivía con mis padres en una casa cercana a la mía, pero desgraciadamente no pudo prestársela por tener unas visitas y llegó a plantearme el problema. Entonces yo acepté, creo que eran seis o siete compañeros; fue una tarde, yo creo que era primavera. Mi hermano los comenzó a traer de a poco. Yo me puse a regar el jardín y estuvieron dos o tres horas conversando y se fueron yendo de la misma manera, quedándose dos para darme las gracias. Esos dos eran Miguel y Bautista. Reconocí a Miguel porque lo había visto por la tv, pero no conocía al otro. Me lo dijo después mi hermano: “era Bautista”. Tuve una emoción inmensa en conocerlos y los encontré maravillosos a los dos. Conocí otros dirigentes en el curso del tiempo: Edgardo Enríquez, el Gato Valenzuela, la Dra. Matamala y varios que conocí solo con sus chapas.

¿Qué rol era asignado dentro de la organización para con la mujer?

No podría contestarte la pregunta sobre el rol de la mujer porque conocí muy poco. Sólo sé lo que tuve que compartir con la Dra. Matamala y que creo era de gran importancia y ella una mujer extraordinariamente valiosa.

¿Cómo vivió el 11 de septiembre de 1973?

El 11 de Septiembre Jorge (Jorge era la chapa del Bauchi) estaba en casa. Estuvimos conversando la noche anterior hasta tarde y ellos ya tenían informaciones que el Golpe estaba en la puerta. El había dejado en la radio un discurso grabado que tendría que oírse el 11 a las 7 de la mañana y me lo dijo. Me pasó su radio y me la dejó sintonizada donde hablaría, sólo tenía que prender la radio. Al día siguiente (11/09) sonó el despertador como 10 minutos antes y yo desperté a mis hijos que iban al colegio a las siete en punto; la radio, nada. No quise cambiarla, la llevé y se la pasé: “no hay radio” le dije; él me miró intrigado y empezó a cambiarla, mientras lo hacía murmuraba “este es el día del golpe”. Se duchó rápido, se tomo un café y me ofreció llevar a mis hijos al colegio y se fueron. Quedó solamente mi hija menor, pues no tenía clases temprano. No volvería a ver a Jorge hasta después de las fiestas Patrias que no hubieron porque debían sacar los cadáveres de las calles adyacentes a la Moneda.

¿Cómo se llega a ser casa de seguridad del MIR?

Cuando me plantearon la posibilidad de ser casa de seguridad para dos compañeros no sabía quién vendría. Llegaron tarde y eso me lo habían avisado, pero entraron, se acostaron y durmieron y yo solo los vería al otro día. Llegarían obedeciendo un plano que yo les mandé, no había nombre de calle ni numero en las puertas, la reja exterior y la entrada estaban con candado, pero se podía abrir sin llaves. Eran dos, Jorge y Simón y permanecieron el 72 y 73, casi dos años.

¿Cuándo y cómo se gesta el plan de seguridad del MIR? si es que no tiene mayor antecedente, entréguenos su mirada y evalúe este plan de contingencia viendo aciertos y errores.

No conocí nunca ningún plan de Seguridad para ese día. Pero si existían muchas reglas a respetar. Se vivía diferente, pero tratando de dar una normalidad aparente. Ellos en eso eran escrupulosos, ellos tenían sus reglas como llegar a las horas, el otro trabajo era el mío: chequear el vecindario, notar algo raro, alguien extraño que pasara. Creo que tuvimos para ellos y ellos para nosotros solo aciertos, dos o tres errores fueron míos que debíamos solucionar de inmediato. No supe nunca que habría un Plan y esto era parte de la Seguridad: yo no sabía nada, “Mi deber era ser sorda, ciega y muda”.

¿Cómo era el día a día con el Bauchi en la casa?

Me levantaba a recibirlos de amanecida. Llegaban agotados, cansados y hambrientos. El desabastecimiento crecía y estuvimos pobres, pero su moral no bajaba y Simón que era el que hablaba más y bromeaba más me decía: “les vamos a volar la raja compañera”. Puede ser que estuvieran preparando algo, pero de todas maneras no habríamos ganado, éramos David contra Goliat.

¿Pensaba que la dictadura podía ser derrotada en lo pronto?

Nunca pensé que la Dictadura seria corta, por el contrario de lo que pensaba Jorge, que decía que las denuncias y reclamos a las organizaciones Internacionales cambiarían las cosas. No pasó nada y se los dije a los dos después de la Caravana de la Muerte, donde mataron a mi hermano y a un primo de él en el sur. Lo terrible estaba empezando. Siempre pensé que la Dictadura duraría mucho, pero nunca pensé todas las atrocidades cometidas y que en 40 años no se ha hecho justicia aún. Pienso en la Constitución que dejó. Pienso en el sistema de vida de Chile y me avergüenzo, pienso en los valores morales que ya no existen. Pienso en los sueños de Bautista, en los proyectos de Edgardo, pienso en Miguel, pienso en Chile sin el cobre y sus riquezas naturales, pienso en el mar privatizado, pienso en pascua lama, pienso en ustedes, los trabajadores y los estudiantes y la esperanza abierta.

¿Cuál es su opinión de: “el MIR no se asila”, que le comentaba Bautista al respecto, le aconsejó usted alguna vez el exilio?

Creo que si lo hubieras preguntado antes te diría que me costó casi cuarenta años comprender la decisión de “el MIR no se asila” y aceptarla. Tenia que perderlo todo: mi hermano, las torturas de mi hijo a los 16 años y su vida quebrada, la pérdida del Bauchi, de Miguel y Edgardo, los compañeros que siguieron, comunistas extraordinarios, socialistas, miristas y los heroicos muchachos del Frente, las acciones heroicas de todos los militantes, simpatizantes de la resistencia, gente del pueblo, obreros, pobladores, feriantes, las mujeres que sacábamos balas en los puestos médicos clandestinos, las que vimos morir a los niños, a los hombres, a las guaguas en las poblaciones, los que pudimos hacer en el 86 la revolución en Chile y nos vendieron y nos traicionaron y aquí estamos, en el mismo punto con un sistema corrupto con más de veinte años perdidos y no solo los años, tú lo sabes. Te digo todo esto porque aquí está el “NO” del MIR.

Debimos permanecer y la mayoría así lo hizo y murieron. Es lo único que es limpio, transparente como Bautista. Hoy se pueden abrir las banderas rojinegras con orgullo y decir: “nos quedamos, estuvimos con el pueblo que humillaron y no nos escondimos en embajadas”. Tenía razón Bautista, compañero. Yo le dije muchas veces que se asilara, se lo rogué, le lloré que lo hiciera y me decía: “Por qué no asilas a tu hijo” que tenía 14 años y era del FER, pero no era lo mismo le decía, y él me contestaba “mi vida vale tanto como la de él”. Deje de pedírselo, pero han pasado los años. Tuve que salir de Chile porque me fueron a detener y me arranqué. Me vine. Sabía demasiado. Huí porque era madre y sabía que me podían hacer hablar. Me arranqué por mis hijos y el riesgo de denunciar a otros que eran necesarios en la lucha.

¿Quién, cuándo y cómo se decide la salida del Bauchi de su casa?

La salida de la casa la decide él porque tiene cólicos renales y es preciso extraerle cálculos de forma urgente, la semana antes de su caída. Vuelve a casa el 11 de Diciembre con pinta nueva, camisas y ropa interior de verano. Me dice que volverá el sábado, a más tardar el domingo. No puedo creerlo. Nunca se ha alejado tanto y tengo miedo. Me dice que a la parte que va es segura, impecable. Le pregunto si es una embajada. No, no es una embajada responde. No conozco otra parte que pueda ser más segura. El jueves 13 moriría.

¿Cuándo y cómo se entera de su detención? ¿Piensa que Bautista habría tenido otra suerte de no haber salido de la casa de seguridad?

Ese mismo jueves me llama el compañero que se lo llevó de la casa y me pregunta: “está por ahí el amigo”. Yo le contesto que no y le pregunto que qué pasa. Te llamaré cuando lo ubique me responde. El sábado 15 se teme una hospitalización (caída). El domingo 16 tenemos confirmación. Y pienso que Bautista no habría caído entonces, de haber permanecido en mi casa, pero si habría caído un día. Había logrado arrancar a tiempo en dos oportunidades, no de mi casa sino de dos lugares de reunión.

¿Usted en lo personal, como vivió los años siguientes?

Me preguntas como viví los años siguientes. No lo creerás pero viví luchando .Yo no he sido nunca mirista, pero luché con ellos. Cuando ya casi se extinguía la fuerza central, golpe tras golpe, volví a mi partido y combatí con ellos. Me dieron la responsabilidad de trabajar con la dirección del frente y lo hice. Fue la época de mi reencuentro con los que había perdido años antes. La misma pureza, la misma entrega. Fue entonces que termina mi lucha y salgo en enero 1987. Llegamos a un foyer de emigrados con mi hijo. Un día llega con un diario y veo la matanza de corpus christi y la foto de mis hijos, así yo los llamaba. Me tuve que emborrachar para después aprender a vivir de nuevo. Meses después matarían a mi comandante José Miguel y Tamara.

¿Siente que están un tanto olvidadas las “mujeres de la retaguardia”, en una sombra que ellas mismas eligieron para mantener las casas de seguridad, servir de correo, enlace. Etc.?

Los partidos políticos de la izquierda tradicional olvidaron al pueblo y por supuesto a las mujeres. Nosotras fuimos una legión de mujeres que expusieron su vida, la de sus hijos, para que la Resistencia chilena existiera. Ellas fueron el pilar que la sostuvo. Permitió que los compañeros se reunieran, conversaran. Los trabajos de solidaridad eran responsabilidad nuestra desde los primeros días en los estadios, centros de detenidos. La solidaridad femenina durante la Dictadura no ha sido reconocida por nadie y hay miles y miles de mujeres que merecerían o merecen un apretón de manos, un gracias por salvar vidas, por abrir las puertas a un compañero perseguido.

Alguna experiencia particular, anécdota que nos quisiera contar.

Cuando no salía se ponía atrás, que era el living, acostado sobre una alfombra para leer. Pero cuando tenía que escribir era otra cosa. Escribía y después entraba en la cocina a leerme lo que escribía. Me leía cosas lindas y profundas sobre las relaciones humanas, sobre el Hombre y la búsqueda de Libertad, temas humanos siempre. Estudiaba, leía, consultaba y jugábamos ajedrez y damas donde yo era campeona de damas y le gané solo una vez al ajedrez. Edgardo era más hosco, más ruidoso, más extrovertido. Tenía una voz profunda, era barítono y de repente nos poníamos a cantar los tres, “volver”, ese tango increíble que nunca más lo pude oír sin ponerme a llorar a mares. El se fue de la casa los primeros días de diciembre, le pregunte a Bautista que pasaba y me dijo: “tiene algo que hacer” y no insistí, pero un día que el bauchi no estaba sentí un ruido de moto y venia Edgardo entrando en moto, parecía un adolescente con blue jeans y una polera rayada, le habían encrespado el pelo, se veía diferente. Llegó con la moto hasta mí. Me dijo si podía recorrer la casa, cuando entré lo vi mirando por una ventana con lagrimas en los ojos, no dije nada. Me pidió las fotos que le había guardado y yo había embarretinado en una caja, eran fotos de su familia, me pidió que lo fuera a dejar a la moto. Antes de subir me abrazó muy largo diciéndome: eres grandiosa mujer, eres grandiosa, estaba llorando. Comprendí que se iba y que no lo vería más. Se subió a la moto y volvió, tenía la cara mojada y me seguía gritando: mujer eres grandiosa. Es lo último que tengo de él. El último hermoso y triste recuerdo es cuando dijeron que lo habían matado y que habían mandado un dedo para reconocerlo, lloré varios días. Me cuesta recordar todo esto, pero el doctor dice que hace bien recordar, que tengo que sacarme la carga que llevo durante casi 40 años con mis muertos.

El Bauchi hoy, ¿Cómo se lo imagina? ¿En qué estaría?

Ahora recordar, suponer, decir, creer, inventar que es lo que pensaría, como saldría Bautista de todo esto, sólo les diría lo que me dijo cerca del 20 de septiembre aproximadamente cuando volvió a su casa, a nuestra casa: “aquí lo único que hay que hacer es unirnos, unidad antifascista, aquí ahora somos todos compañeros”. Me asombré de su voz, de su acento. Me fui acercando a él tímidamente porque de tal manera llegó su grito que le dije: ¿qué puedo hacer ahora yo compañero? Seguir luchando como lo has hecho hasta ahora, seguir luchando, me respondió.

Nunca lo he olvidado ningún día, ni un instante de mi vida. Tu sabias lo que estaba pensando cuando te fuiste para siempre y evitaste mirarme. Hiciste la elección perfecta, TRASCENDISTE A LA HISTORIA.

Que mensaje les quiere dejar a las nuevas generaciones que hoy retoman y continúan con el proyecto revolucionario en Chile.

Quisiera modestamente representar a las Mujeres chilenas que nunca abandonaron la Patria y a las que hemos conocido el exilio forzado en diferentes lugares del mundo y que constituimos durante 17 años la Resistencia y la Retaguardia en la lucha contra la Dictadura para mandar un mensaje de esperanza y fuerza a las Nuevas Generaciones que hoy renacen y toman en sus manos y en sus corazones la continuación del Proyecto Revolucionario inconcluso en nuestra Patria. El Proyecto de Edgardo, del Bauchi, de Miguel, de las luchadoras y los luchadores.

Creemos que ese legado les corresponde a ustedes los jóvenes chilenos, estudiantes o trabajadores, cesantes o marginados de un sistema cruel e injusto y es deber continuarlo y seguir impulsándolo. “La Historia es nuestra y la hacen los pueblos” dijo nuestro Presidente Salvador Allende. Esta historia les pertenece a ustedes porque son jóvenes y luchadores, porque no olvidan y porque son lo mejor de nuestra patria. Con todo mi cariño y con todo nuestro cariño: Las mujeres de la Retaguardia chilena.

Twitter https://mobile.twitter.com/verde_olivo

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