Las crecientes olas de las masas populares a la dictadura chilena

Tomado de http://libresdelsur.cl
Por Daniel Bensaid

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Daniel Bensaïd, es uno de los más importantes intelectuales orgánicos de los últimos tiempos. En Chile sus libros son escasos, su nombre es desconocido por gran parte de las izquierdas y su política se encuentra reducida a los círculos académicos e intelectuales de la academia. Por lo anterior, hemos querido traducir un documento inédito de fecha 19 de septiembre de 1983, donde Daniel Bensaïd realiza un exhaustivo análisis de las protestas populares, las cuales fueron el pilar fundamental de la caída de la dictadura de Pinochet. Con el seudónimo de Daniel Jebrac, se publicó en el N° 36 de la revista International Viewpoint el artículo denominado “Las crecientes olas de oposición de las masas a la dictadura chilena”.

Todos los meses desde el 11 de Mayo de 1983, la dictadura chilena encabezada por el General Pinochet, ha tenido un enfrentamiento con sus opositores. Hubo uno el 14 de Junio, uno de nuevo el 12 de Julio, y una vez más el 11 de Agosto, a pesar de los 18.000 policías y militares patrullando la capital, Santiago.

En cada ocasión, ésos “Días de Protesta Nacional” han sido marcados por la paralización del tráfico, junto a los golpes de las cacerolas. Las manifestaciones y los enfrentamientos callejeros con las fuerzas represivas.

A través de la acción, resistiendo toda intimidación, el movimiento de las masas ha comenzado a disipar la manta de miedo en el país: éste ha comenzado a consolidarse, se ha movilizado una y otra vez, levantándose indomablemente cada vez más, como el movimiento de masas en Irán que reprimió al régimen de “Los Shah”.

Ésta creciente ola de protestas se originó de los días de lucha en Diciembre de 1982 y Marzo de 1983, las cuales fueron una especie de ensayo general que sirvió para mostrar el grado de exasperación con el régimen.

Marcando esta propagación de protestas, están los profundos efectos de la crisis económica que explotó al final de 1981:

– El desempleo, ha aumentado más del 30% de la fuerza laboral. La mitad de los desempleados han sido cesantes por más de dos años, y el 75% por más de 12 meses. Aquellos que tienen trabajo, han visto cercenar su poder adquisitivo en al menos un 20% desde 1970. La producción de cereales ha bajado, cayendo de 1.3 millones de toneladas por año a 690.000 toneladas el año pasado, y la cosecha de esta estación no va a pasar las 350.000 toneladas.
– El saldo del comercio exterior está reiteradamente “en rojo”, y la deuda externa se aproxima a los 20 billones de dólares, aunque el número de habitantes del país es de 11 millones. Las quiebras de pequeñas y medianas empresas están aumentando.

– Los intentos para aplicar soluciones económicas parciales, han finalmente dado un camino a formas de intervención drásticas dentro de la economía. La deuda impaga por los chilenos afectados ha sido centralizada en las manos del Estado. El Fondo Monetario Internacional y los bancos privados internacionales han asegurado el remache de sus condiciones.
Bajo esta limitación, los índices económicos para la primera mitad de 1983, han sido marcados por una relativa estabilización.
– La reducción de las importaciones ha hecho posible mejorar el balance del comercio. Ha habido un ligero descenso en la tasa de desempleo, aunque en este sentido, los planes de ayuda han cambiado la manera de mantener las estadísticas más que la realidad social. La renovación de inventarios ha traído una leve mejora en algunas industrias.

Sin embargo, en general, estas medidas han mantenido la actividad económica a un nivel muy bajo. Esto ha hecho que sea imposible cumplir con las demandas esenciales del FMI; Sólo ha profundizado aún más las tensiones entre el gobierno y las principales facciones de la burguesía.

Al término de su segundo viaje de inspección, el FMI tuvo que reconocer que los objetivos no fueron logrados, y sólo en el mes de Enero, el gobierno gastó los créditos que habían sido asignados para el año entero, 600 millones de dólares, para financiar la banca privada.

Todos estos factores económicos y sociales, por lo tanto, explican el retraimiento y desgaste del régimen militar.

Una Oposición Variada

.Los días de protesta, que comenzaron con la del 11 de Mayo, son el resultado de una convergencia de la oposición hacia el régimen desde varios sectores. Siendo los principales:

– Las organizaciones “patronales”, tales como los Productores y Comerciantes de la Confederación y Sociedad de Fomento Fabril, las cuales han condenado el acuerdo con el FMI, sin proponer una alternativa.
– Los partidos burgueses de oposición, tales como la Democracia Cristiana, quienes han sido conducidos hacia la acción por la intransigencia de Pinochet y la inquietud de sus propios partidarios. Ésta sección de la oposición, busca fundamentalmente crear un ambiente de desobediencia civil, con el fin de sacar a los militares a compartir el gobierno con los civiles, y aceptar una gradual transición hacia “un estado con derechos constitucionales limitados.”
– Los pequeños y medianos hombres de negocios que habían sido golpeados fuertemente por la crisis y los cuales están arduamente en quiebra. Esto incluye camioneros y comerciantes, cuyo rol es importante en esta etapa de la protesta.
– El movimiento sindical, el que ha combinado más y más sus demandas económicas con las democráticas. Después de ser aplastados tras el Golpe de Estado de Septiembre de 1973, éste ha sufrido un proceso de recomposición en los últimos años, pero se mantiene bastante dividido en las líneas comerciales. Los mineros del Cobre jugaron un rol importante en las movilizaciones de la primavera de 1983.

La ausencia de un organizado liderazgo de todas estas fuerzas heterogéneas ha limitado su eficacia. No obstante, el gobierno inicialmente subestimó su capacidad, efectivamente, para organizar y coordinar las jornadas de protesta.

Otra debilidad de este movimiento de protesta, yace todavía en las estructuras débiles del movimiento sindical a nivel de masas. Mientras los líderes sindicales han participado en los llamados a movilizaciones, sus vínculos con el real proceso de reorganización sindical y los movimientos de masa permanecen tenues. El Paro General del 27 de Junio confirmó esto una vez más: Los camioneros salieron masivamente, pero los trabajadores en las industrias eran a menudo mal informados y se aislaron, luego del arresto de algunos líderes sindicales. Así que, frente a la amenaza de represión, las industrias no se unieron a la huelga.

En la izquierda, algunos habían visto esta inoportuna iniciativa como una maniobra de los sectores moderados, para asestar una derrota a un movimiento de trabajadores mal preparados y crear condiciones más favorables para un diálogo con la dictadura.

Independientemente de qué podría haber yacido detrás de ésta decisión, el admitir el semi-fracaso de esta huelga, no evitó que la jornada de protesta de Julio, convocada dos semanas después, dejase de ser un éxito, ni evitó, ésa jornada de protesta de tomar una forma más política en respuesta a la prisión preventiva de el líder demócrata cristiano Gabriel Valdés.

La oposición burguesa, además de las autoridades eclesiásticas -quienes han ocupado el escenario central-, han apresurado “distinguir la legítima protesta pacífica, del vandalismo y la violencia”. Ellos están, por supuesto ansiosos de encontrar una solución a la situación, antes de que el movimiento de masas reviva, además de ser sensible a las presiones de los proveedores internacionales de fondos.

Al hacer dichas declaraciones, éstas fuerzas burguesas responsabilizan directamente a la izquierda, más específicamente al Partido Comunista y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), por los bombardeos de piedras y las barricadas hechas de neumáticos, para las primeras formas de defensa personal en los barrios marginales.

En un largo alcance, sin embargo, ésta violencia básica fue la expresión espontánea de la exasperación masiva, por la pobreza y el desempleo. No hay, por lo tanto, la necesidad de mirar sombras instigadoras. Aún así, la oposición burguesa quiso hacer del asunto de la violencia una línea divisora entre la “oposición responsable” y la “izquierda subversiva”.

Paralelo a esto, siguiendo con el 14 de Junio de 1983, los grandes capitalistas también han cambiado su actitud y han aceptado el acuerdo con el FMI, como un mal inevitable. Ellos se han definido así mismos como “la oposición económica” hacia el gobierno.

Por su parte, el gobierno hizo algunas concesiones económicas para asegurar sectores, por ejemplo:

– Acordó el retraso de la deuda, y la renegociación de ésta para los camioneros.
-Proveyó alivio a las deudas de propiedades.
– Acordó re-contratar a parte de los 2.000 mineros del cobre que se ordenó despedir en Junio, cuando se movieron para romper la huelga.

Pero el remache represivo de la dictadura no ha aflojado. Al final de Junio, el toque de queda fue extendido y las patrullas callejeras fueron reforzadas. En el momento de la huelga del 27 de Junio, la censura fue impuesta a la prensa. En la primera mitad de 1983, más de 3.000 personas fueron arrestadas, en contraste con las 500 que fueron detenidas en el primer semestre de 1981 y 1982.

Casi todos los arrestados fueron tomados en “detenciones grupales”, como en manifestaciones o movilizaciones. Junto con esto, la selectiva represión en contra de la vanguardia ha continuado, en particular en contra del MIR, el cual fue duramente golpeado en Marzo.

Las Soluciones Burguesas

En el comienzo de Agosto, los esquemas políticos de las diferentes fuerzas emergieron más claramente. Primero, Pinochet confirmó la fecha fijada por el referendo de la Constitución de 1980: Los partidos no-marxistas podrían ser legalizados, por supuesto, ¡pero en 1989!

Al mismo tiempo, un civil, Onofre Jarpa, el ex presidente del Partido Nacional de la extrema derecha, fue designado a la cabeza del Ministerio del Interior y Policía.

El nombramiento de Jarpa fue presumido para facilitar el diálogo con la oposición civil, con la simple perspectiva de ajustar el calendario impuesto por Pinochet. Es decir, el parlamento sería electo en 1986, con una modificación en las reglas sobre los partidos de base en el referéndum para modificar la constitución.

La Alianza Democrática, una coalición compuesta por Demócratas Cristianos -la principal fuerza burguesa de oposición- y el Partido Socialista, respondieron inmediatamente al llamado para la renuncia de Pinochet: La formación de un gobierno militar-civil para presidir por un período de 18 meses de transición, y el llamado durante éste período a una asamblea para redactar una nueva constitución.

La viabilidad de cada fórmula, depende en gran medida de la habilidad en la oposición burguesa para ganar la confianza de los sectores militares, para romper con el General Pinochet y asegurar su colaboración. Esta solución había sido vista favorablemente en la prensa norteamericana. Y en cierta operación, el General Leigh, uno de los líderes del Golpe de Estado de 1973, quien renunció de la junta en 1978, podría servir como el puente entre civiles y militares.

Un punto débil en la burguesía alternativa, es la fragmentación del Partido Socialista en varias fracciones públicas, con el fin de hacer posible un diálogo con los militares. Eso fue primordial para excluir al Partido Comunista y al MIR de la coalición de oposición, bajo el pretexto de excluir fuerzas que se avoquen a la lucha armada. Pero es igualmente importante incluir la suficiente fuerza del PS, y así servir como un puente para revivir a los movimientos de masas.

Esta es la precondición para una nueva alineación de las fuerzas políticas, para prevenir la inmediata repetición de la polarización de los ’60 entre los demócratas cristianos y los otros partidos burgueses en un lado, y los antiguos componentes de la coalición Unidad Popular (el PC, PS y los cristianos de izquierda), entre otras.

En efecto, mientras ha salido oficialmente en apoyo a la lucha armada, el PC apenas parece haber ido más allá de las acciones simbólicas. Ha dedicado la mayor parte de sus fuerzas a la reconstrucción de los movimientos de masas, el cual está en un proceso de recomposición. Aunque aún continúan golpeando en las puertas de la Alianza Democrática y la corte de los Demócratas Cristianos, el PC está preocupado por establecer una relación de fuerzas. Así, se ha formado un reagrupamiento con el actual PS, MIR y el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU), el principal grupo cristiano de izquierda.

En este contexto próximo a grandes maniobras políticas, con sólo unos días después del nombramiento de Onofre Jarpa, la protesta del día 11 de Agosto fue la más sangrienta desde Mayo. Varias unidades militares recibieron órdenes para “disparar al vientre”. Represiones extremadamente brutales fueron llevadas a cabo en los barrios pobres: el resultado fue que varias docenas de manifestantes fueron asesinados.

El régimen quiere al mismo tiempo hacer una nueva demostración de fuerza y recuperar la base social. De este modo, las matanzas fueron seguidas inmediatamente por nuevas promesas de Pinochet (trabajos públicos, reforestación, la creación de 80.000 empleos). Fue anunciado que al comienzo de Septiembre las protestas serian toleradas con la condición de que los organizadores garantizaran el orden y la disciplina.

Esta fue una concesión, pero al mismo tiempo fue un desafío para la oposición burguesa de demostrar la capacidad de llevar las riendas en los sectores más radicales de las masas, en las movilizaciones en contra de la dictadura.

Esta engañosa “liberalización”, es designada para fomentar las divisiones en la oposición y aumentar pretextos para la “unidad”, maniobra de la armada que lanzó una cruzada en contra del “caos” hace 10 años, mediante la organización del Golpe de estado en contra del gobierno de Allende.

La única manera de evitar estas trampas, es reforzar la unidad y ampliar las movilizaciones en masa en torno al objetivo de expulsar a Pinochet, quien hoy en día es el meollo de la dictadura y el obstáculo primario para restaurar los derechos democráticos.

Sólo la reorganización del movimiento de los trabajadores en las bases, de la unidad, de la independencia de todo aparato político burgués, puede proveer un sólido liderazgo y una red central al movimiento para derrocar al tirano. Diez años de dictadura, miseria y asesinato son más que suficientes.

[1] Traducido por Laura Muñoz Masson.

Twitter https://mobile.twitter.com/verde_olivo

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