La idiotez del conformismo

Tomado de etcheverry.info
Por Nieves y Miro Fuenzalida

    ¿Por qué, entonces, las mayorías están dispuestas a apoyar y contribuir a mantener un sistema injusto que las empobrece? ¿A conservar una estructura social que solo beneficia a una minoría? ¿A mantener la pasividad y no la rebelión?

La democracia es un sistema político bastante popular. Y más aun cuando se sufre su ausencia. En el momento en que ahora su existencia se hace más precaria, cuando se transforma en una grotesca caricatura de sí misma en aquellos países que dicen ser su paradigma necesitamos someterla a una constante interrogación. La relación entre cuestionamiento y poder es algo que encontramos en el corazón mismo de la democracia.

El cuestionamiento del gobierno, sus instituciones, la educación, la justicia, la economía, los partidos y nosotros mismos. La razón es bastante simple. Parte del poder que el ciudadano tiene en un sistema democrático viene de su habilidad y deseo de preguntar. El mero hecho de preguntar ¿Por qué? inicia un proceso de descubrimiento, análisis, evaluación y aproximación de cómo las cosas funcionan en la sociedad en que se vive.

Esta práctica hoy día la reemplazamos por la certidumbre que nos dan los medios de información, el gobierno, los políticos, los sacerdotes, los gurus, las celebridades y Google. Preferimos ubicar la verdad, no su descubrimiento. La respuesta, no el proceso que lleva a ella. Lo primario es como navegar el sistema, no como cambiarlo. La pregunta que aquí cabe es si, después de todo, solo aprendemos a obtener información y no a interpretarla… ¿como podríamos llegar a pensar nuevos pensamientos?

La rigidez ideológica, el pensamiento grupal, la relación con solo aquellos que comparten nuestras ideas nos protege del riesgo de la crítica y nos asegura la corrección de nuestras creencias que podemos seguir repitiendo con absoluta confianza porque son la verdad… ¿para qué investigar mas? Además, el cuestionamiento pone en peligro el orden de las cosas y socava su estabilidad. La Inquisición tuvo su razón de ser.

Pero… ¿Si vivimos en ghettos ideológicos… de donde podría venir la motivación para investigar? El cuestionamiento social y el ejercicio del pensamiento crítico, lejos de ser una mera cuestión de curiosidad intelectual, tiene directa relación con la forma en que arreglamos nuestras vidas. En los últimos treinta años las políticas neoliberales han dirigido un ataque total al sistema de bienestar y a las organizaciones obreras y a pesar de que su fracaso económico ha causado desempleo, pobreza, miseria y desesperación continúan imponiéndose como las únicas alternativas realistas ¿Podría ser esto posible sin el apoyo de las mismas masas que sufren sus consecuencias? Si la respuesta es no… ¿Por qué, entonces, las mayorías están dispuestas a apoyar y contribuir a mantener un sistema injusto que las empobrece? ¿A conservar una estructura social que solo beneficia a una minoría? ¿A mantener la pasividad y no la rebelión?

La cultura del consentimiento es bastante compleja y no hay una sola explicación que de cuenta de ella.

La más obvia sería la referencia a los aparatos represivos y su sistema legal que funcionan para preservar el sistema de relaciones económicas que privilegia la propiedad privada y la estratificación social. Toda su estructura está organizada para aumentar las ventajas de los grupos de poder. La amenaza y acción coersiva brutal que esta maquinaria estatal ejerce fomenta el miedo y el consentimiento y lleva a pensar que la desigualdad es natural y no el resultado de una mala construcción social.

Menos obvia que la amenaza legal y la violencia física ilimitada de los agentes del orden es la presión social que se ejerce a través de la desaprobación, la pérdida de influencia de las amistades, riesgo de desempleo y el ostracismo. Esta presión no es nunca para cambiar el orden, sino para adaptarse a él, para hacer y decir lo que todos hacen y dicen. Muchos, incluso, llegan a negar la evidencia de sus propios sentidos para ajustarse a lo que todos dicen.

Ciertamente que hay elecciones, pero solo dentro del círculo de lo común.
Otra forma de conformismo mucho más común que la violencia y el ostracismo, decía Marx, es la monótona compulsión de las relaciones económicas. La necesidad de alimento, techo y ropa requiere reproducir diariamente las relaciones de producción, porque ellas, a pesar de que nos succionan toda nuestra energía, también nos sostienen.

Nuestras vidas están llenas de rutinas, obligaciones y tareas necesarias. Ocupados como estamos para mantenernos ¿quién tiene tiempo y energías para rebelarse? ¿O, más aún, para arriesgar lo poco que nos sostiene? La inseguridad laboral y el desempleo son una amenaza y preocupación constante de los trabajadores. Los agitadores rápidamente son eliminados de sus empleos y reemplazados por otros desesperados por ser contratados. Por eso el capitalismo siempre se asegura de tener un excedente de mano de obra junto a una clase laboral fragmentada y micro jerarquizada.

En un estudio bastante citado en Norteamérica a un número de sujetos se les mostró la fotografía de un grupo de personas en el metro. Un hombre blanco sostenía una pistola. Cuando, posteriormente, se les pregunto quién sostenía el arma, la gran mayoría identificó a un negro como el malhechor… ¿No es la osificación de las creencias que adquirimos en nuestra infancia las que luego forman el núcleo de nuestros prejuicios y creencias básicas que juegan un papel crucial en la forma en que apreciamos la realidad social? Su tenacidad hace casi imposible erradicarlas. Son el lente que distorsiona la percepción y la memoria. Una tendencia humana, que según el cognotivismo científico, reinterpreta la experiencia de acuerdo a nuestras creencias fundamentales. Aquí no sería exagerado decir que el mensaje al que sucesivas generaciones, desde la segunda guerra mundial, han venido recibiendo a través del cine, la radio, la prensa, la televisión, la escuela o la iglesia es el de que el capitalismo es el mejor sistema socio económico que el mundo ha conocido. A nivel subliminal en Europa y Norteamérica este mensaje ha adquirido el estatus de creencia fundamental. Aquí es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo.

El productor de cine norteamericano Samuel Goldwyn una vez dijo… “Cuando yo quiera tu opinión, yo te la daré” ¿No es esta exactamente la fuerza y poder de los medios de información? Seis conglomerados dominan el ambiente informativo (General Electric, Time Warner, Walt Disney, News Corporation, CBS y Viacom controlan la radio, la televisión, el cine y la industria de la prensa escrita) Estas megacorporaciones, que son parte de las elites dirigentes, manipulan los deseos y las noticias con el fin de reproducir el sistema y obtener la máxima ganancia. En un mundo caótico y lleno de información queremos respuestas fáciles y rápidas para ocupar nuestro lugar en el orden de las cosas. La investigación y el cuestionamiento del poder pasan a segundo término. Las personalidades y los expertos que nos dicen lo que tenemos que pensar reemplazan el reportaje y análisis de las últimas noticias. Su popularidad, si las encuestan indican algo, es índice de que preferimos la opinión y el info entretenimiento a la pregunta del “por qué” de las cosas.

La era del Internet nos ha obligado a cambiar la forma en que vemos la información y el mundo que nos rodea. ¿Cuándo hubiéramos pensado que todo el conocimiento imaginable del mundo iba a estar en la punta de nuestros dedos? Navegar la autopista de la información, sin embargo, no es lo mismo que navegar la biblioteca de nuestra ciudad. Si pensamos que la sabiduría es algo que descubrimos por nosotros mismos después de una larga jornada llena de dificultadas y no algo que recibimos, uno podría preguntar… ¿es esta jornada a la que la cultura del Internet nos invita? No, realmente. A lo que nos invita es a creer que la sabiduría es accesible si somos capaces de encontrar la página Web adecuada. Y para ello ya no necesitamos la jornada intelectual. Es mucho más rápida la habilidad de recuperar información. En el 2008 hubo cerca de 550 millones de búsquedas en el Internet, cifra que ha continuado aumentando. Uno podría decir que este ya no es solo un instrumento, sino todo un ambiente. . Pero, si este es un ambiente… ¿es uno que valora el cuestionamiento? La información ciertamente esta ahí…. ¿Y la habilidad para evaluar la información? En Google confiamos. Su infinita sabiduría sabe lo que queremos y nos lo da.
¿Es este cambio de hábitos mentales que la Web trae una amenaza a nuestra habilidad de cuestionar? Los investigadores del proyecto “La Generación Google” del Colegio Universitario de London, después de rastrear millones de huellas dejadas por visitantes de las bibliotecas virtuales, llegaron a la conclusión de que los usuarios del Internet buscan información horizontal más que vertical, muestran escasa concentración y un mínimo intento para involucrarse con el contenido. Lo que se busca es la gratificación instantánea de la respuesta… ¿Y que? ¿Hay algún problema con esto?… Depende. Si queremos un sistema democrático, y no su caricatura, entonces necesitamos ciudadanos que puedan procesar, interpretar y cuestionar la credibilidad de la información que reciben. Esta habilidad es básica para influir en el sistema y ejercer cambios sociales.
¿Como se podría responder al conformismo? La respuesta pareciera ser bastante simple. Disentir. Rehusar el apoyo a lo que todos apoyan. Una de las formas más efectivas de socavar el poder siempre ha sido la de unir al agitador con otros agitadores. Si el consentimiento tiende a reproducir el consentimiento, por la misma razón, el disentimiento tiende a reproducir disentimiento. No importa cuan grande sea la mayoría, la presencia de un agitador siempre reduce la conformidad.

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