Tres Mujeres: Luz, Alejandra y Carola

Tomado de http://www.dilemas.cl
Por Andrés Vera Quiroz

    Este año se conmemoran los 40 años del golpe militar, en ese marco ya se encuentran preparándose diversas actividades que tienen como acción principal recordar ese fatídico y oscuro período de nuestra historia. Desde el teatro, como una representación, también se recupera la memoria

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    Allí, no hubo espacio para opciones, ni libertad para elegir y decidir,

    todo se decidió al margen de nuestras voluntades

    y en contra de nuestros intereses

    (Marcia Merino Vega)

Este año se conmemoran los 40 años del golpe militar, en ese marco ya se encuentran preparándose diversas actividades que tienen como acción principal recordar ese fatídico y oscuro período de nuestra historia. Desde diversas disciplinas aparecen aproximaciones a la recuperación de la Memoria Histórica. Una de ella, es el Teatro, que en términos griegos es una representación del drama que acontecía a los personajes.

Mina Antipersonal, es parte de la trilogía nombrada “Sobrevivientes: para qué recordar… desde el margen de la memoria”, cuya primera parte “Soy tumba” fue estrenada con éxito el año 2012. Mina Antipersonal se montó desde un amplio proceso de investigación y se basa en la delación de tres mujeres en Villa Grimaldi, centro de tortura y exterminio que funcionó entre 1974 a 1978 aproximadamente, en el cual el sadismo, la degradación, la valentía y la solidaridad sólo es comparable a lo acontecido con la ESMA en Argentina.

La directora de la obra, Claudia Di Girolamo ha expresado que “hay una parte de la memoria histórica de la que nadie quiere hablar”, no cabe duda reafirmó, pues existen aún temas tabú. Recordemos que la Comisión Valech I, los testimonios y los nombres de los responsables sólo se podrán saber en 2 u 3 décadas más. El montaje se basa en la profunda reflexión de tres personajes femeninos, quienes luego de ser detenidas y torturadas, inician un recorrido dramático que va desde la fortaleza de la ideología hasta el oscuro y difícil quiebre de la identidad a través de la delación. Están los héroes y los otros. Los que dan su vida y los que no logran hacerlo. Y entre ellos, el delator.

En Chile, después de 40 años del golpe y la instalación de la dictadura militar, hablar, conversar, incluso escribir de acciones militares, lucha armada, tortura y particularmente la delación, son temas complejos porque instalan un halo de sospecha, mezclan decisiones y acciones de hombres y mujeres en la búsqueda de resistir desde sus propios espacios en una lucha desigual frente a esa dictadura y el poder del Estado.

“Una nueva reflexión sobre la delación y la idea de acercarse a ellas como víctimas también”, dice Di Girolamo, respecto a su obra, y profundiza “tiene que ver con un proceso donde se han perdido las lealtades y la fidelidad, donde pierdes el piso a tal nivel que terminas traicionando”.

La delación es una tema complejo de abordar, pues efectivamente existió durante la dictadura militar, pero existía en la medida que la tortura como recurso extremo buscaba anular rompiendo las capacidades identitarias del otro, que en sí mismo aquellos son los objetivos de la tortura. Además no debemos de olvidar que fue un proceso sistemático de aplicación, encierro y condiciones infrahumanas de sobrevivencia.

No cabe duda que en Villa Grimaldi, Londres 38 y José Domingo Cañas, por nombrar algunos lugares de la memoria hubo compañerismo, voluntad y resistencia. En un texto sobre “Mujeres Guerrilleras” que militaron en grupos armados argentinos, nos conmueve el siguiente relato:

“No hay palabras para poder explicar lo que es un campo de concentración. La tortura es un juego donde es establece claramente quien gana y quien pierde. Yo gane: no les di la información que querían, no revele la dirección de mi casa. Pero ellos me ganaron en algo. Ese es un tema que estoy tratando ahora de vencer, es mi condición femenina” (Diana, 2007: 50).

La instrucción partidaria en todos los movimientos políticos era resistir las primeras 48 horas, para luego entregar el domicilio y datos de menor cuantía, la gran mayoría, según relatos, estaban más preparados para morir que resistir la tortura, otra reflexión femenina interesante:

“Los militantes estaban preparados para torturas de uno o dos días, para la cárcel, para golpes, pero una tortura permanente, de aniquilamiento, donde el tiempo era de ellos, es imposible de resistir. O morís o hablas. La crueldad inédita sin límite ni tiempo no estaba contemplada en nuestra preparación… Hay que marcar también una diferencia importante. Una cosa es cantar en la tortura y otra es pasarse al enemigo, trabajando para él como agente infiltrado” (Diana, 2007: 114).

Al parecer el límite entre sobreviviente y quebrado es ínfimo, al parecer entre consecuente y traidor es un abismo que ha marcado la sobrevida de cierta manera entre héroes y no héroes. Los desaparecidos y muertos no pueden hablar se encuentran en silencio, los delatores también están en silencio. Los sobrevivientes generalmente están en silencio, que dolor tremendo y traumático es el silencio.

En un texto denominado “Ese infierno”, conversaciones entre mujeres militantes que estuvieron detenidas en la ESMA, ellas reflexionan y comparten una mirada común.

“Sobre cantar o no cantar, yo hago una diferencia. Creo que una cosa era quebrarse en la tortura, y otra, estar tomando mate con los marinos seis meses después de caer y decirles: “¿Sabes que me acuerdo de un Flaco que vivía en tal lugar y que quizá si vamos ahora lo enganchamos?”, es decir, colaborar realmente con ellos. Por otro lado, en los primeros días, todas las experiencias son diferentes, ningún proceso de tortura es el mismo” (72).

Muchos resistieron la tortura y pudieron seguir aportando a la lucha antidictatorial. Otros muchos pasaron a engrosar la larga lista de detenidos desaparecidos. Y muy pocos a la otra lista, de la cual poco se habla incluso en términos partidarios, si bien son los menos. Pero en esta dinámica desestructurante no existe partido político alguno que no tuviera entre sus filas un delator u colaborador. Delación, deslealtad, traición palabras sinónimas frente a un mismo hecho, cargadas de historia y de subjetividades.

En “Una mujer en Villa Grimaldi”, una sobreviviente recuerda:
“Había tres mujeres que se habían quebrado en la tortura y estaban colaborando con la DINA. Las ocupaban para reconocer y ablandar a sus camaradas, a fin de que delataran la identidad y el paradero de los militantes clandestinos. Estaban tan presas como nosotras, pero se movían sin venda, tenían asignada una pieza y se entretenían viendo televisión” (46).

De las colaboradoras poco o nada se sabe en la actualidad. Algunas siguieron haciendo carrera en los servicios de seguridad, teniendo los retiros y pensiones correspondientes.

“Hay un período de cuando uno está detenida en el cual no habla nada. Luego por la presiones y torturas, uno comienza a hablar, y posteriormente se produce un quiebre absoluto. Eso fue lo que me pasó a mí a fines de diciembre de 1974”, relató alguna vez María Alicia Uribe, más conocida como Carola por sus compañeros.

Leemos en una nota sobre Mina Antipersonal “La delación es un tema incómodo, complicado, políticamente incorrecto y difícil de tratar. Yo no hago un juicio sobre eso. Ellas también son víctimas. Yo trato de ponerme en el lugar, rescatar la desesperación, el dolor, la desconexión con la realidad, mostrar esa nueva realidad que las desestructura, donde todo se quiebra y pierden su identidad, su futuro, su utopía. Ellas están vivas, pero yo las retrato como muertas”, dice Di Girolamo.

Los escritos de Primo Levi, los estudios de Tzvetan Todorov, las reflexiones de Hannah Arendt, entre otros, nos muestran que la tortura, la desaparición y la muerte, en toda su demencial magnitud fueron establecidas y llevadas a cabo, con celo y disciplina, por oficiales, personas que en su mayoría no sobresalían del promedio en sus historias personales, como en sus aspectos éticos, sus infancias y sus vidas familiares.

Cuando la sociedad admita los alcances del terror y la barbarie se entenderá el pesado estigma de la traición, colaboración y/o delación. Cuando la militancia, de ayer y de hoy, se atreva a encarar autocriticas y extraiga–con sus aciertos y errores- todas las lecciones de las luchas pasadas y presentes, seguramente como nuevos y viejos constructores de sueños podremos avanzar a una sociedad justa, humana y solidaria.

En lo inmediato, quizá sea hora, 40 años después, de enfrentar algunos actos, algunas palabras, que encierren una sanación reparadora para poder expresar, decir, escribir y gritar un significativo y simbólico NUNCA MÁS.

Twitter https://mobile.twitter.com/verde_olivo

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2 thoughts on “Tres Mujeres: Luz, Alejandra y Carola

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