El escolar desaparecido el 73 que “vuelve” a los brazos de su madre

Esta es una historia de infamias, dolores profundos, búsqueda incansable hasta morir, errores garrafales y reencuentro para darse un definitivo adiós… un adiós, sin embargo, ya sin abrazos mutuos como los de esa tarde del 6 de octubre de 1973 que nadie en esta familia olvida cuando vio por última vez salir a uno de sus niños.

Hace 40 años, una patrulla militar que efectuaba redadas por el centro de Santiago a eso de las 16:00 horas irrumpió en un restaurante de la calle Santa Isabel cerca de Vicuña Mackenna y sacó a un grupo de personas, entre ellas el menor de 16 años, José del Canto Rodríguez

.El adolescente que había pedido hacía poco permiso para ir desde su casa del barrio Bustamante a encontrarse con compañeros de colegio para hacer una tarea, fue baleado en la calle junto a otros de los que estaban ahí y luego, muerto o agonizante, subido a un camión para desaparecer y no volver a los brazos de los seres que lo aman hasta recién este sábado 5.

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A 40 años desde que se le perdió el rastro y comenzó un largo calvario de sus padres Berta y Alejandro, y sus hermanos Alejandro y Janet, el Servicio Médico Legal entrega sus restos recién identificados tras un tortuoso proceso desde su hallazgo en el Patio 29 del Cementerio General.

El día de su muerte

El Informe Rettig publicado en marzo de 1991 supo de su caso, pero no pudo hacerse una convicción respecto de su suerte. Claro: el adolescente no tenía actividad política alguna que lo pudiera ligar a los muchos que murieron por su militancia cercana a la UP o por su oposición a Pinochet y escaseaban los testigos.

Sin embargo ese año, en paralelo, comenzaron las excavaciones en la macabra fosa común en que arrojaron a decenas de víctimas de la dictadura, y fue ahí donde finalmente, luego de una fallida identificación, se confirmó su destino fatal en manos de la dictadura.

los recuerdos de su hermano chico

A días de su reencuentro con José, su hermano Alejandro, que esa triste tarde tenía 7 años, conversó con LANACION.CL, y relató sus recuerdos del momento en que lo deja de ver para siempre, el extenso dolor en la familia y las emociones ante el reencuentro.

“Mi hermano era estudiante, se dirigía a la casa de un compañero de curso, en el camino se encuentra con un amigo y entran a un bar o café que estaba en Santa Isabel, esquina San Camilo, donde una patrulla de militares hizo una redada, los sacaron de ahí”, rememora.

Su relato a partir del aporte de un testigo clave que surgió años después, incluye detalles de la muerte: “Entiendo que fue a él y su amigo con un par de personas más, y los acribillaron. Posterior a esto los subieron al furgón en que venían. Iban muertos o agonizantes… es algo que no sé, creo que lo sabré cuando nos entreguen los restos. Por lo dicho por testigos, los subieron muertos”.

Alejandro enfatiza que estaban a la luz del día y no se sorprende de la brutalidad: “Esto fue en la calle, a vista y paciencia de toda la gente. Esto no fue en horario de toque de queda. No se sabe nada del amigo que lo acompañaba, también desapareció”.

“Lo sacaron de este lugar, cruzaron la calle, los llevaron hasta el muro (donde ahora hay edificios), ametrallaron contra esa pared y los subieron al furgón y nunca más se supo. Lo hicieron como lo hacían con toda la gente por esos días”, apunta con amargura.

meses viendo sangre y muerte en la morgue

¿Cómo supieron de su desaparición?. “Simplemente porque no llegó”, responde. Es el momento en que comienza un largo peregrinar especialmente de su padre, Alejandro del Canto, que envuelto en el terror, además de los múltiples centros de detención, debió llegar hasta la morgue.

“Papa falleció en 1986, Sin saber nada. Fue el que más lo buscó. Iba dos veces al día a la morgue a ver si encontraba los restos de Pepe. En un momento dijimos: ´vivo ya no está’ , era muy difícil. Mi papá iba en la mañana, en la tarde, cuando llegaban cuerpos”, relata.

Los crímenes de la dictadura y la posibilidad de esa suerte para José se hicieron evidentes en ese momento: “Él nos contó muchas historias, vio a gente muy mal, físicamente muy mal, destrozados. De todo, hombres, mujeres, niños”.

“Creo que esa es una de las razones para que mi viejo muriera tan temprano, a los 46 años. Se le declaró un cáncer a la próstata, pero ya había bajado su ánimo. Fue fuerte lo que vio, lo que vivió, la desesperación de mi madre”, describe.

la carta a doña lucía y el fin de la navidad

Recuerda que Berta incluso escribió una carta para pedir su ayuda a la esposa de Augusto Pinochet, Lucía Hiriart, tal como muchas de las madres de detenidos desaparecidos que creían que en su condición de madre podía sensibilizarse.. no hubo respuesta. Alguna vez sólo llegó una carta anónima, infame a la luz de los hechos, que aseguraba haberlo visto embarcado fuera de Chile.

Todo cambió en la familia Del Canto Rodríguez: “Después del golpe en mi casa no hubo más navidades. Además mi viejo murió un 26 de diciembre, entonces se sumó otro período de navidades que no existieron en mi casa”.

la doble desaparición, el segundo funeral

La entrega de este sábado además de cerrar 40 años de búsqueda, repara también una primera fallida identificación de José: La familia es parte de las muchas que sufrieron la entrega de osamentas en forma equivocada lo que se resolvió sólo con examenes finos en un laboratorio de Escocia.

En 1994 abrazaron, le dieron sepultura en el Cementerio Católico y luego por años, sin saber, le fueron a dejar flores a alguien que no era José. Un día se encontraron con la tumba vacía y la sorpresa de que un juez había asumido el error y ordenado un nuevo análisis de éste y muchos restos.

Un nuevo duelo, una nueva frustración, impotencia. Finalmente en agosto de este 2013 fueron informados con certeza de casi el 100% que José era el cuerpo que en 1994 había sido atribuido a Francisco Arnaldo Zuñiga Aguilera.

Alejandro, Berta y Janet, sus parejas y sus hijos, recién ahora, a 40 años del golpe y de la desaparición de José, sabrán como lo mataron, dónde lo arrojaron: “Los primeros restos que nos entregaron fueron restos entregados en la rotonda de Quilín con Grecia. Hoy no tengo la certeza de donde fueron encontrados los restos de mi hermano. Si en ese mismo lugar u otro. Son del Patio 29, fosas comunes, donde tomaban cuerpos de distintas partes, quizá desde camiones o calles y los tiraban allí y a otros los tiraban al mar”.

Pendiente quedará el saber quién lo hizo y quién lo mandó.

Tomado de http://www.lanacion.cl

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