Cacique Yare: El cultivo de una comuna

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“Mija, desde que yo tengo uso de razón y recordando a mis antepasados, el guarapo de toronjil, orégano y malojillo son buenísimos para la gripe y cualquier malestar que se sienta en el cuerpo”, es el cuento que echa la abuelita Numa.

Todos los días, Numa Orense está atenta a las visitas que se realizan en la aldea integral del adulto y la adulta mayor, desde donde relata los beneficios de la siembra de plantas medicinales, frutales y ornamentales.

La granja -como le dicen l@s abuel@s- es parte de un proyecto que la comuna “Cacique Yare” comparte con otras cuatro comunas de la Parroquia San Francisco de Yare, en el estado Miranda.

“Una fecha importante para todos nosotros”, cuenta en una exhalación Epifanio Lares al recordar ese 26 de marzo que da nombre a la Aldea Integral. “Me agrada que la granja tenga plasmada esa fecha, para que se recuerde la salida del comandante Chávez de la cárcel de Yare. Eso fue en el año 1994, claramente lo recuerdo. Desde ahí mi pueblito de San Francisco no deja de conmemorarlo”.

Al ritmo cauteloso de Epifanio -único abuelo que visita el lugar- y Numa se recorre la granja. El aroma de la albahaca morada, el malojillo, el jengibre y el orégano generan la atmósfera acompañada por las frondosas guayabas, naranjas, lechugas y la siembra del maíz que llena la vista. “¡Esto sirve para esto, esto sirve para aquello!”, continuaba contando la abuelita.

“La mitad de esa cosecha va a manos del pueblo y la otra parte se le dona a la granja”, agrega Numa sobre la distribución. “Cada vez que se puede, se realiza un mercado para vender los rubros”.

El pueblito de San Francisco queda a pocos kilómetros de la granja. En muchas ocasiones sus habitantes disfrutan de lo cultivado por los abuelitos. Resaltan de este quehacer la ausencia de intermediarios, no venden a empresas para que estas distribuyan. Las mismas manos sabias que siembran son las encargadas de hacer llegar lo producido a la comunidad.

La alimentación, ejercicios rutinarios, caminatas y los ensayos del Alegre Parrandón Corazón de mi Patria forman parte de la dinámica diaria de las abuelas y abuelos de la aldea, punto esencial en la transformación humana que se va instaurando.

El propósito es que los adultos mayores sigan teniendo esa atención, que hace que sus caras expresen paz. Mientras ellos hacen de sus últimos años una experiencia vivida en tranquilidad, dentro del municipio Simón Bolívar emerge el cambio transformador de lo

nuevo, reflejado en el trabajo conjunto de cinco comunas: “Cacique Yare”, “Fortaleza Yarense”, “Aguacapairy”, “Impulsores Comunitarios” y “Quri Quire”.

***

“A pesar de todas las pruebas que se ha tenido que pasar, muchas veces no se ve tan papita”, suelta Ana en tono optimista, sin dejar a un lado el esfuerzo que implica ser parte de la vocería de la comuna “Cacique Yare”.

En sus manos lleva un cuaderno, rayado de notas y de números, con el cual muestra orgullosamente los resultados de la Carta Fundacional que aprobaron a través del voto el 24 de noviembre, al igual que las otras cuatro comunas de la zona.

“Eso fue la locura –expresa Ana entre risas- pero el resultado fue placentero. El ministerio nos pedía un 15% de participación y entre todos sacamos el 97.8%, solamente en Cacique Yare logramos obtener 1.994 votos favor del sí”.

“Fuimos como granitos, uno detrás del otro, pues ya estábamos bastante avanzados en el tema”, señala Ana sobre el registro de las comunas. El mayor esfuerzo no recae solo en las comunas. Dentro de la organización comunal, los entes ministeriales y las alcaldías deben ser parte del trabajo, aportando de alguna manera en la transformación de ese espacio.

En esencia, el apoyo de los entes municipales es primordial para el andar del trabajo comunal. Para estas comunas eso no ha sido obstáculo alguno, su mancomunidad fue marcada por el apoyo absoluto del alcalde municipal, ejemplo alguno de lo que realmente está contemplado en el Plan de la Patria.

“Las voceras comunales no nos conocíamos, pero una vez que el alcalde nos reconoce, nace nuestra unión. Desde ahí hemos trabajado en aras de buscar mejoras para nuestro municipio, a través de la comuna”.

***

José Cisneros, un luchador social convertido ahora en uno de los principales integrantes de la comuna “Cacique Yare”, llegó a San Francisco queriendo ser parte de los cambios que en el tiempo se han hecho presente en su comunidad. Durante los 22 años que lleva en la localidad, siempre ha estado manos a la obra: participando en la creación del consejo comunal Casa Blanca, involucrándose permanentemente en el comité de tierras.

José sabe que “cumplir con la gente a veces es complicado”. Pero es optimista al hablar de la labor: “Se cumple, porque a uno le gusta andar en este ajetreo todo el tiempo”.

A unos 10 km de la granja, se encuentra el complejo procesador de plástico, que incorpora parte de sus excedentes al desarrollo de obras sociales en las comunidades, como forma de apoyo al trabajo que las comunas locales vienen haciendo.

Entre el 2% y 5% es lo que aportan a estas obras, en respuesta a las necesidades de las cinco comunas. “En este caso se hace enlace con la comuna cercana que no haya recibido recursos y aporta en la mejoría de la misma comunidad”, cuenta José.

“Desde ahí comienza el punto y circulo del socio productivo en la ruta comunal –que cuenta con dos unidades de transporte-, un proyecto de responsabilidad social aprobado por la misma empresa”.

De nuevo entre las plantas ornamentales, José camina mirando al horizonte y agrega que ser vocero al principio no es fácil, pues “los poderes constituidos siempre han tenido el celo de ser desplazados, pero una cosa no tiene que ver con la otra”.

Para Ana y José, el trabajo comunal forma parte de sus vidas, es el sentir, la posibilidad de poder transformar el espacio y la manera de actuar de su pueblo a través del plan socialista e integrador.

“Fíjate en algo, la vida del comunero es de perseverancia, hay que nacer con eso, tiene que gustarnos, tenemos en nuestras manos la solución de nuestros problemas, el luchador social se lleva en el alma”. Así se va haciendo en sus propias palabras el comunero que es José, bajo el atardecer que se asoma entre las montañas, y delante del cual agrega: “Es difícil ser indiferente a los problemas de la comunidad, no podemos dejar perder lo que tanto esfuerzo nos dejó el gigante, no sería justo”.

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Tomado de noticiasmk.com

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