Ho Chi Minh: Vietnam será uno solo

Temprano en la mañana del 20 de julio de 1965 nos recibe en su jardín florecido de “mar pacíficos” y rosas que embellecen la Casa de Gobierno. Vestido como los campesinos vietnamitas, con una modesta camisa gris y pantalón del mismo color, Ho Chi Minh es la imagen de la sencillez.

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Fumando incesantemente cigarrillos hasta casi quemarse los dedos ya ensombrecidos por la nicotina, habla pausadamente mezclando en la conversación muchas frases en español y quejándose del sofocante calor de 35 grados centígrados.

Me acompaña el compañero Gabriel Molina y en la conversación con el líder vietnamita igualmente se encuentra Mauro García Triana, embajador en Vietnam en esa época y Le Trang, director prensa de la cancillería.

Con la visita a Vietnam concluíamos con Molina un recorrido por Asia que comenzamos en la Republica Democrática de Corea donde fuimos recibidos por Kim Il Sung, en compañía de nuestro embajador Lázaro Vigoa. De ahí pasamos a China donde comenzaba la Revolución Cultural y permanecimos poco tiempo. Finalmente, llegamos a Vietnam.

Me he encontrado con muchas personas en el transcurso de mi carrera profesional, pero Ho Chi Minh me impresionó de manera muy especial.

Las personas religiosas acostumbran a hablar de los santos apósteles. Pues bien, por el modo en que vivía y por la manera en que impresionaba a los demás, Ho Chi Minh era como uno de esos santos apóstoles. Fue un apóstol de la Revolución.

Durante la conversación con el presidente vietnamita, fuerte aún en sus 75 años, no dejó un momento de observarnos con toda la intensidad de sus impresionantes ojos.

Nunca olvidaré el aspecto de sus ojos, la manera como su mirada brillaba con un tono especial de sinceridad y pureza. Era la sinceridad de un comunista incorruptible y la pureza de un hombre entregado en idea y en obras a la causa.

Podía ganarse a cualquiera con su honradez y su convicción de que la causa comunista era la justa para su pueblo. Cada una de sus palabras parecía subrayar su creencia en que todo los comunistas son hermanos de clase y, por consiguiente, que todos los comunistas deben ser sinceros y honrados en su trato reciproco. Ho Chi Minh fue una de las figuras extraordinarias de su época.

Para la mayoría de los campesinos vietnamitas es el símbolo de su existencia, de sus esperanzas y luchas, de sus sacrificios y victorias.
Para el pueblo es la divisa que éste necesitaba: el vietnamita benévolo, humilde, de palabra suave que vestía invariablemente con sencillez hasta el punto que era difícil distinguirle entre los campesinos más pobres.

Un campesino, un hombre puro e incorruptible en un mundo en corrupción, un hombre con las sencillas virtudes del país. Con su brillantez y sus dotes de mando, Ho ayudó a transformar una era.

Deliberadamente no ambicionaba las solemnidades del poder y de la autoridad, como si estuviera tan seguro de sí mismo y de su relación con el pueblo y la historia que no necesitase estatuas ni puentes, libros ni fotografías, monumentos, uniformes de mariscal y estrellas de general.

Es un hombre muy discreto. En cierta ocasión le expresó a Bernard Fall, periodista e historiador austriaco:

-Con que usted es el joven tan interesado en todos los pequeños detalles de mi vida.

-Señor presidente -expresó Fall-, usted es, al fin y al cabo, una figura pública, y ciertamente no sería la violación de un secreto el saber si usted tiene familia,

Ho le manifestó:

-¡Bah, usted ve que yo soy un hombre viejo, muy viejo! Y a los ancianos nos gusta conservar un cierto aire de misterio. Yo estoy contento con mis pequeños secretos, y estoy seguro de que me comprenderá.

Observando su irradiante personalidad, se comprende que el propio general Eisenhower haya confesado en sus memorias que impidió las elecciones para la unificación de Vietnam como estipulaban los acuerdos de Ginebra, pues sabía que el 80 por ciento de los vietnamitas votarían por Ho Chi Minh.

Desde 1961 hasta 1973, el Pentágono arrojó sobre Vietnam y el vecino Laos más de siete millones de toneladas de bombas y 100 mil toneladas de sustancias químicas tóxicas. Sobre Vietnam descargaron más bombas que las arrojadas durante la II Guerra Mundial.

En la guerra murieron cinco millones de vietnamitas y 58 mil invasores estadounidenses. Tres millones de personas padecen los efectos del agente naranja, un potente defoliante que tenía como objetivo arrasar por completo la jungla del país para aislar a los guerrilleros vietnamitas. Washington lanzó sobre un cuarto del territorio del país unos 80 millones de litros de defoliante y napalm.

El territorio fue convertido en campo de experimentación de armas sofisticadas y de criminales bombardeos contra la población indefensa. Varias décadas después de la humillante retirada de Estados Unidos de Vietnam el 30 de abril de 1975, el país aún sufre las secuelas de la agresión.

David Halberstam, Premio Pulitzer en su libro Ho narra el siguiente diálogo entre el dirigente vietnamita y el periodista norteamericano David Schoebrun:

-¿Qué harían ustedes si los franceses no le conceden alguna forma de independencia, presidente Ho? -preguntó el periodista.

-Tendremos que luchar -contestó Ho.

-Pero, presidente -prosiguió Schoebrun-, los franceses constituyen una poderosa nación. Disponen de aviones, tanques y moderno armamento. Ustedes carecen de armas modernas y no tienen aviones ni tanques. Ni siquiera poseen uniformes. Son simples campesinos. ¿Cómo piensan luchar contra Francia?

-Seremos como el elefante y el tigre. Mientras el elefante sea fuerte y está descansando cerca de sus dominios, nosotros permaneceremos retirados. Porque, si el tigre vacila, el elefante lo empala con sus poderosos colmillos. Pero el tigre no vacilará, y el elefante morirá de agotamiento y desangrándose lentamente -respondió Ho.

Ho Chi Minh murió en Hanoi el 3 de septiembre de 1969 sin poder ver culminada la obra de toda una vida dedicada a la revolución. En su testamento dejó escrito: “Durante toda mi vida, he servido con todas mis fuerzas y con todo mi corazón a la Patria, a la Revolución y al Pueblo. Ahora, si debo partir de este mundo, no hay nada que sienta más que no poder servirlos más tiempo”.

El proceso liberador, que concretaría sus esperanzas de siempre, continuó. Cuando seis años después de su muerte, los combatientes derrotaban a los invasores norteamericanos, los tanques llevaban una pancarta: “Tú siempre marchas con nosotros”, Tío Ho.

-¿Dónde nació?

-En Annam el 19 de mayo de 1890.

-¿Quién era su padre?

-Un médico herborista de Nghe An que ya luchaba contra el colonialismo francés, que había invadido Vietnam en 1860.

-¿Cuál es su verdadero nombre?

-Nguyen Sinh Cung (en el lenguaje local Nguyen Sinh Coong),

-¿Cómo surge el nombre Ho Chi Minh?

-La clandestinidad en que viví me obligó a cambiar el nombre en numerosas ocasiones para escapar la persecución policial.

-¿Qué significa Ho Chi Minh?

-Significa “El que ilumina”; otras veces me hice llamar Nguyen Ái Quoc, “El patriota”, o Nguyen Tat Thanh.

-¿Dónde cursó sus estudios?

-En Hue y posteriormente fui profesor en la aldea de pescadores de Phan Thies.

-¿Cuáles fueron sus primeros trabajos?

-En el año 1911 trabajé como camarero en el vapor de línea francesa “Latouche-Tréville”. Fue un largo viaje de dos años de puerto en puerto. Hasta que en 1912 emigré a Londres donde laboré como ayudante de repostero en el hotel “Carlton”.

-¿Qué actividades realizó después de la Primera Guerra Mundial?

-Bajo el nombre de Nguyen Ai Quoc, participé en actividades radicales y en la fundación del Partido Comunista Francés. Posteriormente me trasladé a Moscú para recibir formación y, a finales de 1924, soy enviado a Guangdong (China), donde formé la Liga de la Juventud Revolucionaria.

-¿Hasta cuando permaneció en China?

-Tuve que dejar China tras ser acusado por las autoridades locales de protagonizar actividades comunistas.

-¿Al abandonar China para donde fue?

-A París, donde trabajé como retocador de fotografías. Conocí a Chu En Lai, León Blum, Marcel Cachin y Longuet (sobrino de Carlos Marx), entre otros destacados dirigentes del movimiento obrero internacional. También me afilié al Partido Socialista Francés, en cuyo congreso de Tours vote con la mayoría internacionalista que decidió la adhesión del Partido a la Internacional Comunista.

Comencé a escribir en “L’Humanité”, y luego fundé el periódico “El Paria”, donde escribirían los dirigentes revolucionarios de los países coloniales.

-¿Cuál fue su próximo paso?

-De París me traslado a Moscú, donde participo en varios Congresos de la Internacional Comunista. Más tarde viajo a China como traductor y ayudante de Borodin, consejero del Guomindang en sus relaciones con el Partido Comunista de China.

Por encargo de la Internacional me incorporo en la escuela militar de Huangpu, cerca de Guangzhou, para enseñar a las organizaciones comunistas asiáticas el arte de la guerra revolucionaria. El director era el coronel Chiang Kaishek y el jefe del departamento político era Chu En-lai.

En la noche del 3 de abril de 1927, cuando Chaing Kaishek traicionó a los comunistas con una enorme matanza, logré huir y permanecí en la clandestinidad organizando la revolución en Birmania, en China, en Siam, pasando de cárcel en cárcel, de tortura en tortura, impulsando huelgas, motines y levantamientos armados.

-En 1930 se produjeron importantes acontecimientos.

-Ocurrió el levantamiento de Yen Bai, poniendo de manifiesto la necesidad de un destacamento revolucionario capaz de dirigir la lucha popular hasta la victoria. Igualmente fundé el Partido Comunista Indochino (PCI).

Ese mismo año creamos en Hong Kong el Tanh Nien o Partido Comunista de Vietnam, pero fui detenido una vez más.

-¿Hasta cuando permaneció en prisión?

-Hasta 1940 que fui liberado por los aliados.

-Ya en libertad, ¿Para donde marchó?

-A mi país después de 28 años de ausencia.

-¿Y que hizo?

-Me incorporé durante cinco años a la lucha guerrillera contra la ocupación japonesa.

Para liberar al país de la nueva invasión, fundé el Vietnam Doc Lap Dong Minh Hoi, más conocido por Vietminh, o Frente para la Liberación de Vietnam. También creamos un ejército guerrillero dirigido por Vo Nguyen Giap, uno de los generales revolucionarios más prestigiosos del mundo.

-¿A que se dedicó terminada la guerra?

-Concluida la guerra y derrotados los japoneses, los planes imperialistas para la región no contemplaban la independencia sino un nuevo reparto del mundo, que en el caso de Vietnam suponía que los nacionalistas chinos del Kuomintang ocuparan el norte del país, mientras los ingleses harían lo propio con el sur. Pero los franceses querían recuperar sus dominios coloniales y volvieron a ocupar el país, mientras los guerrilleros vietnamitas rechazaban a los chinos en el norte y liberaban aquella zona

-Es cuando usted hace el 2 de septiembre de 1945 el famoso llamamiento en el que denuncia: “Desde hace más de 80 años la banda de colonialistas franceses, bajo los tres colores que simbolizan la libertad, la igualdad y la fraternidad, ha ocupado nuestro territorio y oprimido nuestro pueblo […] Los franceses no nos han dado ninguna libertad política, han instituido una legislación bárbara, han creado más prisiones que escuelas, han ahogado en sangre todas nuestras revueltas, han pisoteado la opinión y utilizado la sangre y el alcohol para embrutecer a nuestro pueblo”. Ahí comienza una dura lucha.

Al retornar los colonialistas franceses se desató una nueva y cruenta lucha del pueblo vietnamita que se prolongó nueve años. El 24 de noviembre de 1946 los franceses bombardearon Haiphong asesinando a más de seis mil personas y el pueblo reaccionó el 19 de diciembre con una insurrección en Hanoi.

Los imperialistas comenzaron a retroceder: cae Dong Khi, evacúan Cao Bang, luego Lao Kay, y posteriormente Dinh Lap. Francia claudicó y tuvo que pedir el apoyo de los Estados Unidos.

Entonces, se producen las declaraciones del presidente Eisenhower.

Esas confesiones se originan en 1953 cuando plantea: “Admitamos ahora que perdemos Indochina. Sucederían varias cosas. La península sería difícilmente defendible. El estaño y el tungsteno de esta región, a los que concedemos tanta importancia, dejarían de llegarnos”.

-¿A los franceses le sirvió el apoyo norteamericano?

-El apoyo norteamericano no les sirvió de nada.

-Al siguiente año se produce la debacle francesa.

-Efectivamente. En 1954 los franceses son derrotados en la batalla de Dien Bien Fu. Poco tiempo después de finalizar la guerra contra Francia siguió la agresión de Estados Unidos.

En la lucha patriótica contra la agresión norteamericana, en realidad tendremos que soportar más dificultades y sacrificios, pero estamos seguros de que obtendremos la victoria total al igual cuando derrotamos a los japoneses y franceses.

-¿Cómo marcha la guerra?

-El fracaso que está sufriendo el imperialismo yanqui en la “guerra especial” en el sur y la “guerra escalonada” de destrucción contra el norte de Vietnam, se debe, antes que nada, a la unidad estrecha y a la lucha resuelta de mas de 30 millones de vietnamitas por la defensa de la independencia, la unidad de integridad territorial de mi patria.

-¿Qué nos puede decir sobre la reunificación del país?

-El sur de Vietnam será inevitablemente liberado, el sur de Vietnam será independiente, democrático conforme al programa del Frente Nacional de Liberación del Sur. Norte y Sur avanzarán paso a paso hacia la reunifación del país sin intervención extranjera.

-¿Por qué se negó a recibir la máxima condecoración que le otorgo la Asamblea Nacional de su país?

-No la recibiré hasta que el Sur sea liberado.

-¿Qué opina de las últimas declaraciones del presidente norteamericano Lyndon Johnson?

-Esas alegaciones de negociación pacífica del mandatario yanqui no engañan a nadie, porque sus actos van en contra de sus palabras. Mientras pregona las negociaciones pacíficas, se afana en impulsar la guerra de agresión en el sur de Vietnam e intensifica sus incursiones aéreas de destrucción contra el norte. Él mismo se ha quitado la careta ante el mundo.

-¿Cómo valora la dimisión del Maxwell Taylor como embajador en Vietnam del Sur?

-Taylor, ex jefe del estado mayor conjunto de Estados Unidos y autor del famoso plan Taylor-Staley para “pacificar” sudvietnam reemplazó a Henry Cabot Lodge porque este fracasó. Ahora Lodge sustituye a Taylor que también fracasó. Es un círculo vicioso que está apretando el cuello de los imperialistas yanquis, haciendo que finalmente sean totalmente derrotados en Vietnam.

-Hay un gran respaldo mundial a la lucha de su pueblo.

-La solidaridad y el apoyo internacional son muy importantes en nuestra lucha frente al imperialismo yanqui. Con el respaldo y la ayuda calurosa de los países socialistas hermanos y de los amantes de la paz en el mundo inclusive el pueblo progresista de Estados Unidos, el pueblo de Vietnam tiene aun más fuerza moral y material y se fortalece aún más nuestra decisión de vencer a los agresores. Y en esa solidaridad debemos destacar el cálido y valioso apoyo del pueblo hermano de Cuba.

-Ya que ha mencionado Cuba le puedo decir que les tenemos un gran cariño a los vietnamitas.

-Yo sé que allá se preocupan por Vietnam, desde el compañero Fidel hasta los niños, de los cuales he recibido muchas cartas de ellos recogidas en un álbum.

-¿Se encuentra satisfecho como marchan las relaciones entre los dos países?

-En los años pasados, las relaciones fraternales de amistad y colaboración entre ambos países se han desarrollado continuamente. El apoyo mutuo de los dos gobiernos ha sido un gran estímulo para la lucha revolucionaria de nuestros pueblos contra el enemigo común: el imperialismo agresor y belicista. Las posibilidades de incremento de las relaciones amistosas en todos los aspectos están abriendo perspectivas muy buenas.

Después de más de una hora de interesante conversación en la que nos relató algunos datos de su vida y nos habló ampliamente de la resistencia de su pueblo frente a la agresión norteamericana, cuando comenzaba a retirarse el sol de la mañana vietnamita Ho Chi Minh se despidió y sus últimas palabras:

Puedo asegurarle al pueblo cubano que a pesar de todas las dificultades, el pueblo de Vietnam vencerá a los agresores extranjeros y a sus sirvientes. Vietnam será uno solo.

Por favor, transmítale en especial al compañero Fidel Castro nuestro agradecimiento más profundo por su ayuda solidaria que constituye un gran estímulo en nuestra lucha y díganle a los niños cubanos que el Tío Ho los quiere mucho.

Hanoi, 20 de julio de 1965.

Ho Chi Minh falleció en Hanoi, Vietnam, el 2 de septiembre de 1969, a la edad de 79 años.

Tomado de argenpress.info
Por Luis Báez

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