Memoria visual y social: imágenes y emociones.

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Estamos rodeados de imágenes que se van incorporando en nuestros registros personales, imágenes que configuran nuestro mundo y que son parte de lo que entendemos por realidad. En las marchas y movimientos masivos vemos la transformación de la voz en carteles, memes para redes sociales, lienzos, intervenciones artísticas, ilustraciones y bailes callejeros. Todas las formas de expresión son válidas para hacer sentir el malestar o la necesidad de cambios.

Un ejemplo es el movimiento de Ilustradores y artistas plásticos de Guerrero quienes acordaron realizar un retrato de los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa en México,
se reunieron en la plaza de la ciudad y cada uno con sus atriles plasmaban en los lienzos la esperanza de encontrarlos con vida.

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Las imágenes no son un azar, son fragmentos de la historia que quedan para siempre en la memoria visual de una sociedad, retratando sus matices e intensidades, integrando las técnicas contemporáneas y la emoción de una comunidad, una vibración constante que une nuestras vidas a los espacios compartidos.

Los soportes quedan anclados en la historia.

El espacio que se define para plasmar la historia es tan relevante como el contenido y la expresión, se influencian y potencian en conjunto. El soporte es un representante de su época, por ejemplo, el estilo de los murales de la Brigada Ramona Parra que marcaron un tiempo, la presencia de los afiches de la Polla Chilena de Beneficencia en los temas sociales, el despertar de la creación de Tipografías Nacionales, los bailes y pancartas en las marchas estudiantiles, el humor gráfico político, las imágenes compartidas en redes sociales y las historietas; cada uno en su tiempo y contingencia son fragmentos y representación de una sociedad.

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Es mucho más que líneas, colores y formas, todos estos elementos intencionan una lectura, integran al lector, lo hacen parte y lo transportan a lo largo de una historia. Un contenedor que interactúa y que está en transformación permanente impulsando y provocando la detonación de las emociones plasmadas, enfatizando la intensidad de la época que el narrador define y propone. Traducir esas emociones espacio-temporales, sintetizadas y coloreadas de los matices comunitarios ilustra la realidad del presente y define la historia.

La marcha ha comenzado

Si pensamos en marcha, obreros, salitre, desierto, injusticia, familias, la pampa, explotación… rápidamente nuestros sentidos lo estarán asociando a imágenes y sensaciones de los propios registros experimentados.

Ahora si observamos las siguientes imágenes:

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Nuestras asociaciones comienzan a ser mucho más corporales, va precisando y determinando conceptos y sensaciones. Nuestro estado de involucramiento cambia al comenzar a sentir esa conexión con lo que vemos, más aún en una tarde calurosa como hoy.

Las ilustraciones de Pedro Prado en “Santa María 1907, la marcha ha comenzado” proporciona una temperatura y sequedad especial a cada escena, la tonalidad de los amarillos genera una atmósfera térmica, transformando la lectura en una experiencia corporal sintiendo el sol y la ausencia de brisa en la piel. Las largas caminatas, las expresiones jadeantes y los planos generales con la monotonía característica del desierto de Chile, contribuyen con el viaje al interior del libro.

Mientras sentimos la sensación de la arena en la piel vamos acompañando a estos obreros del salitre en su peregrinación hasta Iquique, sintiendo por un lado, la injusticia y maltrato que los moviliza y por otro, la amable inocencia en las conversaciones de los personajes e incluso el tiempo para confeccionar su propio volantín para jugar con los niños aprovechando el viento terroso que no les permitía continuar el camino.

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La exploración del libro es sensorialmente estimulante, los distintos valores del trazo, algunos más gruesos y otros más delgados, el cromatismo presente en la mayor parte del libro me conectó en cada hoja con el calor seco de la pampa y con la tierra en suspensión por la caminata masiva por el desierto y calles de Iquique. Los diferentes colores aplicados en algunos cuadros, evidenciaba el ritmo de la historia y la emoción que inunda cada escena.

Ilustrando realidades

Siempre he comprendido que las expresiones y técnicas gráficas están en una permanente vinculación con la sociedad: la narrativa, el estilo, los colores, las formas, la diagramación y composición total son configurados y enriquecidos por el entorno. Hoy es mucho más evidente la plasticidad y movilidad gráfica con la posibilidad, en tiempo real, de ver los trabajos que desarrollan otros artistas y profesionales del mundo.

La eliminación de las fronteras del acceso al conocimiento es un gran avance en general, para los artistas, ilustradores, diseñadores y profesionales creativos es un desafío adicional, no sólo somos observadores de lo que sucede en otros lugares del mundo, sólo por el hecho de encontrarlos pasan a ser parte de nuestro mapa de referencias visuales que alimenta y amplia las posibilidades de creación. Extraer los rasgos pertinentes, aquellos que están anclados en nuestro adn, en la historia de un país y de sus ciudadanos en el tiempo y convertirlos en características afines y coherentes con nuestra realidad y cultura chilena es el valor que cada trabajo posee. Observar y seleccionar referentes que pueden ser impulsores y activadores de la creatividad, en el caso de esta novela gráfica me puedo imaginar el moodboard de referencia que utilizó Pedro, una mezcla de temperatura, colores, emociones y expresiones que están presentes en cada cuadro, haciéndonos partícipes e integrándonos en la historia.

Valoro a quienes se han dedicado a contribuir en el tejido de esa memoria visual social transformando en gráficas o imágenes un hecho, la emoción colectiva y el sentir de una comunidad. Pedro Prado con Santa María 1907 está reconstituyendo una parte de esa historia, haciéndola accesible y configurando desde el presente una contribución sustancial al tejido social. Transitando por ese espacio tiempo que inspira a una nueva forma de observar la historia y sentir la emocionalidad de aquellos chilenos y vecinos que impulsaron la huelga en Tarapacá.

Pedro remueve y evidencia la historia, dando un segundo aire a un suceso lleno de dolor para insertarlo en nuestro presente, cristalizando un estilo gráfico contemporáneo que se inspira en un hecho específico para ser un referente a futuro. Es un libro de inspiración para diseñadores e ilustradores que busquen conectar la emocionalidad con la expresión y la técnica, para contribuir sustancialmente a ese tejido social en el que todos los creadores somos parte.

Tomado de sitiocero.net
*Comentario en la presentación del Libro “Santa María 1907, la marcha ha comenzado” de Pedro Prado realizada en el Café Literario Parque Bustamante. Agradecimiento a LOM Ediciones por la invitación.

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