Chile rojo y negro: MIR, una memoria que acuna proyectos emancipadores

Hace 55 años nació el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

En un local del Sindicato de los Trabajadores del Cuero y el Calzado, ubicado en la calle San Francisco N° 264 de Santiago, se congregaron alrededor de 60 revolucionarios y revolucionarias chilenos, procedentes de diversos lugares del país, con el propósito de dar nacimiento a una organización revolucionaria de nuevo tipo. Era el 15 de agosto de 1965.

En el congreso fundacional confluyeron organizaciones y personas de variados orígenes: sindicalismo clasistas, partido socialista revolucionario, partido socialista popular, vanguardia revolucionaria marxista, fracción autónoma juventud comunista, anarquistas libertarios, izquierda socialista sin filiación; el congreso eligió como miembros del primer Comité Central a los compañeros: Enrique Sepúlveda (elegido a su vez Secretario General), Humberto Valenzuela, Clotario Blest, Oscar Waiss, Gabriel Smirnow, Luis Vítale, Jorge Cereceda, Martín Salas, Dantón Chelén, Miguel Enríquez, Luciano Cruz, Bautista van Schouwen, Patricio Figueroa, Edgardo Condeza y P. Zapata. Entre la generación de fundadores destacan las compañeras Herminia Concha Gálvez, Carmen Pérez y María Concha. También formaron parte de la primera generación de militantes miristas las compañeras Magaly Honorato, Yolanda Schwartz, Lili Rivas, Ingrid Zucarrat, Lumi Videla, Gladys Díaz y otras luchadoras.

Hoy, aquél Movimiento de Izquierda Revolucionaria ya no existe. Pero ¿qué hace que siga vivo en la memoria del pueblo?

Puede ser el hecho de que el MIR fue protagonista fundamental del período más álgido de toda la historia de Chile en el siglo XX. Puede ser el hecho de que la radicalidad revolucionaria del accionar del MIR remeció hasta los cimientos a la política chilena. Puede ser el hecho de que el MIR resistió y combatió a la dictadura con vocación rebelde y decisión revolucionaria inclaudicable. Puede ser el resultado simple de toda una historia plena de ejemplos de entrega, de solidaridad, de compromisos, de sacrificios.

Puede ser el hecho de que siguen pendientes de solución las causas sociales profundas de injusticia y desigualdad que dieron origen a su creación.

La explotación usurera de los trabajadores, la expoliación de los mineros y de las riquezas de la tierra, el sometimiento endémico de los campesinos, el abandono despiadado de los pobladores urbanos marginados, la proliferación de los desposeídos, eran algunas de las plagas que azotaban sin solución visible a la sociedad y al pueblo chileno de los años 60. Cada intento de los oprimidos en pos de aglutinar fuerzas para luchar por conquistas que significaran mejoras en sus condiciones de vida, era rápida y ferozmente reprimido por los guardianes de los dueños del poder y la riqueza.

Este escenario de injusticia, opresiones, desigualdades y represiones tenía como telón de fondo una clase política chilena ocupada en proteger los intereses de las clases dominantes.

Algunos, la derecha conservadora, se esforzaban por mantener las condiciones de miseria y de pobreza de la mayoría para garantizar el enriquecimiento y opulencia de su clase poderosa y decadente.

Otros, la llamada derecha liberal y de centro, trataban de lograr mayores o mejores cuotas en el reparto del botín y de los privilegios de explotación que los gobiernos de la época debían moderar. Pero también otros, la izquierda tradicional, con más de 60 años de vida política activa, eran ya parte inherente de esa clase política institucional, es decir, complaciente consigo misma y conviviente sumisa del sistema de dominación imperante.

Para mantener las apariencias de democracia y dirimir sus diferencias en el usufructo del poder, cada cierto tiempo, las clases dominantes nos ofrecían participar de procesos electorales haciéndonos tragar la ilusión de que por esa vía se realizarían las aspiraciones populares.

Es en ese contexto que algunos grupos revolucionarios de la izquierda se proponen iniciar un camino de articulación política para luchar contra el sistema dominante. Este camino tiene su expresión primaria en la realización del Congreso fundacional del MIR.

Desde su nacimiento, el MIR se define como una organización de izquierda revolucionaria. Eso quedó inicialmente expresado en los postulados programáticos y definiciones teóricas, y se ve reafirmado en las precisiones y lineamientos de los primeros años:

– Caracteriza la lucha que el proletariado y el pueblo deben llevar adelante como una lucha por la conquista del poder y por la realización de la revolución socialista (cuestiones desechadas de los análisis y de los objetivos de los partidos de la izquierda tradicional).

– Define un programa que identifica y expresa los contenidos proletarios, nacionales y populares de la propuesta revolucionaria, proletaria y socialista.

– Se define como una organización marxista-leninista y adherente del internacionalismo proletario.

– Introduce el concepto de la lucha armada al definir que la estrategia de los revolucionarios debe ser político-militar y tener como objetivo el derrocamiento del sistema capitalista mediante una guerra revolucionaria de carácter prolongado.

– Integra el concepto de ‘pobres del campo y la ciudad’, para definir a los aliados del proletariado sobre quienes el Movimiento de Izquierda Revolucionaria concentra su preocupación fundamental.

– Incorpora el uso de la acción directa y la violencia revolucionaria de las masas como un elemento legítimo y esencial de las luchas populares.

– Proclama que el MIR se funda con el fin de preparar y organizar, rápida y seriamente, la revolución socialista en Chile.

– Y, en función de todo ello, le imprime al partido una concepción de organización político-militar, caracterizado por militantes comprometidos con la causa, con una sólida formación política y una entrega sin restricciones a las exigencias de la lucha.

Estas simples cuestiones, que hoy día pueden parecer obvias, en esa época fueron un elemento innovador, transgresor y subversivo. Además, prefiguraba al movimiento rebelde como una entidad potencialmente peligrosa para la estabilidad de las clases dominantes y para el predominio de las posiciones tradicionales en la izquierda. Pero, en todo caso, hasta aquí no se trataba más que de un conjunto de formulaciones teóricas.

A partir de allí se inicia un largo, áspero y persistente proceso por tratar de convertir a esta naciente organización de izquierda en una verdadera fuerza revolucionaria. Fuerza revolucionaria que no solo debía ser la manifestación de una voluntad o de un deseo de desarrollar una actividad política más radical, sino que debía convertirse en el genuino partido de vanguardia de la clase obrera y el pueblo. Sin embargo, de las posturas teóricas había que pasar a la práctica.

En este arduo andar es donde representan un papel preponderante la generación joven entre los miembros fundadores. Nos referimos al grupo encabezado por Miguel, Luciano, Baucha y varios otros (Sergio Zorrilla, Sergio Pérez, Ricardo Ruz, Edgardo Enríquez, Jorge Grez, Jorge Fuentes). En el tercer congreso, de diciembre de 1967, Miguel asume la secretaría general del MIR.

Es bajo la preeminencia de estos hombres que se forja realmente el MIR.

Es entonces cuando comienzan a surgir y a plasmarse los elementos distintivos que le dieron vida, fuerza y carácter al MIR.

El más importante de estos elementos tal vez sea la nueva manera de hacer política que introdujo el Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

No bastaba con tener un correcto análisis de la realidad, un acertado diagnóstico político y una extraordinaria declaración de intenciones: había que transformar todo eso.

No bastaba con postular que se era revolucionario: había que demostrarlo.

No bastaba con proclamar que se quería hacer la revolución: simplemente había que empezar a hacerla.

Y el MIR se abocó a esa tarea en cuerpo y alma.

El MIR sacó la política de la izquierda del impasible molino de viento de los cíclicos procesos electorales y la llevó a la bullente caldera de la lucha de clases cotidiana. Es cierto que la mayor parte del núcleo fundador estaba constituido por jóvenes profesionales, intelectuales y estudiantes, y eso no era tan diferente de la conformación de las cúpulas de los partidos de izquierda o de otros grupos radicales también auto denominados revolucionarios. La diferencia está en que los nuestros no se quedaron allí, ni adormecidos en la comodidad de su origen ni abanicándose con los clásicos del pensamiento socialista. Se fueron a donde estaba el pueblo.

Nuestros dirigentes y forjadores fueron al pueblo armados de una profunda decisión de hacer parir una revolución de verdad.

Fueron con la convicción de que la acción directa de las masas abriría el camino de real solución a las demandas populares.

Se fueron a las calles a generar acciones y conducir movilizaciones del pueblo.

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4 de Septiembre de 1970: Historias de Alegrías y Esperanzas

Crédito foto: Fernando Velo

La alegría, la esperanza y el miedo. Esos eran los sentimientos que se apoderaron del país aquel 4 de septiembre de 1970. Alegría porque por fin había llegado a La Moneda quien prefería que lo llamaran “compañero Presidente”. Esperanza, porque su programa de gobierno, aquellas 40 medidas por las que votó el pueblo, serían sin lugar a dudas, un cambio real para los chilenos. Y miedo, que sólo lo sentían quienes tenían mirada larga y pensaban en qué harían la derecha y Estados Unidos. Este último sabía -entre otras cosas- que el cobre volvería  a ser chileno.

“Esa noche fue inolvidable”

Rebeca Chamudes, profesora de la ex Universidad Técnica del Estado y que para el 4 de septiembre de 1970, estudiaba en el Pedagógico de la Universidad de Chile. Era comunista. Esta es su historia, que ella misma titula “Ahora le toca al Pueblo”:

“Allende y la Alameda están íntimamente unidos en mi memoria “Allende, Allende, el pueblo te defiende”… hasta sus palabras finales. Recuerdo ese lejano año 1952 en que desfilamos los liceanos con las juventudes populares de Ñuñoa  en el cierre de la campaña presidencial. Eran  compañeros del Manuel de Salas y otros ñuñoínos;  recuerdo a  Rodrigo Cabello, Luz Osorio, Poli Délano, Leo Fonseca, Mario y Gustavo Pueller;  éramos dirigidos por jóvenes del Pedagógico, entre los que destacaba por su entusiasmo el compañero Armando Cassígoli: Rayo era su chapa, ya que el Partido Comunista, al cual pertenecía, estaba aún en la clandestinidad, producto de la “Ley Maldita” de González Videla”.

“Desfilábamos casi de a uno por una increíblemente despejada Alameda, siempre  parecía  domingo:    “Exigimos Reforma Agraria”, “El Cobre para Chile”, “que vuelva Pablo Neruda” se leía en nuestras pancartas, otras denunciaban la tuberculosis en los niños, la carestía de la vida  o la falta de viviendas dignas. Eso fue durante todas las campañas de Allende.

Y esta vez igual trabajamos por Allende gracias a sus planteamientos y de los partidos que lo acompañaban, pero, por sobre todo, gracias  el entusiasmo contagioso del pueblo.   Los universitarios izquierdistas nos la jugamos una vez más.

Y llegó el día histórico

Hasta que llegó esa noche del 4 de septiembre de 1970 donde ya confirmado el triunfo de Allende  salimos a la calle.  Iban grupos y autos gritando “A la Alameda”… A la Alameda”…      Todos queríamos estar allí.  Fuimos a la calle dispuestos a llegar de alguna forma: sentíamos que la Historia nos esperaba.   Una camioneta nos llevó, cargada de personas con ojos brillantes y una gran sonrisa.  Un amigo de los tiempos ñuñoínos  al verme me dijo “ahora sí, compañera, ahora sí”….

A medida que avanzamos por Vicuña Mackenna nos juntamos con camiones, autos, bicicletas, carretelas tiradas por caballos cargadas con racimos de gente eufórica,  “Todos a  la Alameda”, era el grito.

Al  bajarnos de la camioneta, cerca de Plaza Italia, entrar a la Alameda  era ya muy difícil, alguien dijo “está así hasta Brasil”, otro aseguró, “no,  está lleno de gente hasta Estación Central”…..

Mi hija Paula se asustó,” tanta gente, mamá, volvamos a la casa”.

Pero no, ni por nada del mundo nos perderíamos esa fiesta.  Tomamos a  la niña  en brazos y seguimos decididos, éramos parte  de esa multitud con la que compartíamos la misma emoción. Entre un verdadero mar humano lleno estandartes y consignas en carteles de cartón. Tantos abrazos, gargantas apretadas, sonrisas, cantos,  banderas flameando. Todos queríamos escuchar al compañero Allende que iba a hablar desde el balcón de la Fech.  Un estallido de felicidad colectiva era lo que se reflejaba  en las caras de personas que nunca había visto ni volvería a ver, pero en  aquella noche inolvidable, éramos uno solo. Estábamos seguros que  empezaba otro Chile, que todo sería mejor, más justo, el hombre  y la mujer nueva estaban naciendo y le dije a mi niña algo que repetí muchas veces “ crecerás en el socialismo”.  Estaba equivocada, pero esa noche no lo sabíamos,  no pensábamos más que en celebrar cantar, bailar, toda la noche si fuera posible.

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Operación Colombo: A 45 años del escandaloso encubrimiento de la dictadura y los medios

No ha habido condena alguna para los periodistas que formaron parte activa del montaje de la Operación Colombo, omitiendo el rol criminal jugado por la prensa proclive a la dictadura.

El operativo civil y militar buscó encubrir mediante un montaje comunicacional la desaparición forzosa de 119 chilenos y chilenas.  En el presente texto hacemos un balance de los avances en materia de justicia y en las formas de levantar memoria, entendiendo estas dos luchas como fundamentales para la construcción de una sociedad que no dé lugar al olvido ni a la impunidad.

Esta semana se conmemoran 45 años de Operación Colombo o caso 119, operativo civil y militar llevado a cabo en 1975 por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), cuyo fin fue encubrir mediante un montaje comunicacional la desaparición forzosa de 119 chilenos y chilenas. Considerada como la primera acción informal de la Operación Cóndor, la desaparición de estas 119 personas contó con la colaboración de los servicios de inteligencia de Brasil y Argentina, que, a través de publicaciones en falsos periódicos, divulgaban listas de chilenos, hasta ese momento desaparecidos, que habrían perecido asesinados en diferentes países. 

Sin lugar a duda, el caso 119 resultó ser un operativo impresionante en cuanto a la capacidad de coordinación entre diversos actores civiles, militares, nacionales e internacionales para falsear la realidad. El camino plagado de montajes, omisiones y mentiras ha hecho de la búsqueda de justicia una tortuosa experiencia para los familiares, que, en base a fuerza, lucha y compromiso han sabido construir, mucho antes de que los criminales fuesen condenados, la senda de la memoria.

En el presente texto hacemos un balance de los avances en materia de justicia y en las formas de levantar memoria a partir del caso 119, entendiendo estas dos luchas como fundamentales para la construcción de una sociedad que no dé lugar al olvido ni a la impunidad. De esta manera, memoria y justicia aparecen como caminos que se entrecruzan y dialogan, cimentados paso a paso por los familiares, compañeros y compañeras de los 119 que han hecho de la lucha su vida. 

La Guerra Sicológica: Operación Colombo

Desde su inicio, el 11 de septiembre de 1973, la dictadura aplicó entre sus actos criminales la desaparición forzada de personas, práctica que según diversos estudios ha sido considerada como la más cruel de las formas de violación de derechos humanos, pues impide a los familiares procesar el respectivo duelo psicológico y material, lo que se traduce en un daño permanente, definido como cronificación del daño[1].

Esta práctica, según consigna el informe Rettig, consistió en la aprehensión y secuestro de la persona para ser trasladada a algún lugar clandestino de reclusión, “acción acompañada o seguida de medidas de ocultamiento y negativas oficiales” a reconocer la detención, impidiendo “la disposición de sus restos de modo que no pudieran ser encontrados”[2]. Dicha fórmula, implica además una compleja situación desde el punto de vista jurídico, y de aplicación de justicia, o más bien, de imposibilidad de su aplicación. En efecto, al no haber pruebas materiales de los hechos, se depende sólo de los testimonios de las personas que estuvieron con el prisionero y/o de testigos. A lo anterior, debemos sumar el hecho que a los detenidos se les aplicó legislación en tiempos de guerra, lo cual configura una ilegalidad que contraviene todos los principios y tratados internacionales referentes a los Derechos Humanos (DD.HH.).

Para atender el desarrollo del caso 119, se debe comprender la estrategia de guerra psicológica desplegada por el régimen, en su afán de “conquista del espacio interior de las personas al cual se penetra a través de mensajes. Tales mensajes actúan sobre los sentimientos y pensamientos de los individuos con el fin de cambiar sus conductas y comportamientos[3], es decir, en su intento por encubrir la acción represiva y desmoralizar la resistencia al régimen, manipulando la opinión pública y el sentido común.

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La calle y el mural

Caminando por las calles de la ciudad de Chicago, de visita en el lugar donde hace años estaba un mural de Martin Luther King y Bob Marley me encontré con la sorpresa que lo habían borrado para crear otro, otro que alentaba a las mujeres a seguir luchando: por sus espacios, por hacer escuchar sus voces, por exigir sus derechos, por defender su existencia, sus cuerpos…

En un día a día donde el odio se reproduce como polvareda, cuando las armas son lo común, encontrarse a personas que eligen crear en lugar de cortar, estancar, arrancar y estorbar es algo maravilloso. Porque crear es sembrar una semilla que germinará es como reforestar.

Quien crea a veces pasa desapercibido como todas las cosas simples de la vida que por hermosas ya se han asimilado como algo habitual. Como el oxigeno que respiramos, ya es algo habitual que no se percibe, pero si un día nos falta entonces ahí se va a valorar su importancia. Es deslumbrante un atardecer de cielo rojizo, pero deslumbrante son también los pétalos de las flores silvestres que crecen a la orilla del asfalto, entre los zacatales o como monte maligno en los jardines de decoración con flores importadas.

A veces es así, se ven lindas las manos de un oficinista con su manicura y lo tomamos como señal de limpieza y señalamos las manos de los campesinos que trabajan todos los días la tierra nutriéndonos con los frutos y vegetales que llevamos a la boca, a ellos los llamamos sucios por sus pies grietados y zanjeados entre tierra, cansancio y sol.

Así sucede con las cosas simples, las cosas sencillas. Las cosas hermosas. La belleza está en todos lados y en todo momento, es un instante a veces pero aparece y está ahí solo tenemos que alertar los sentidos y observar, escuchar, sentir, tocar, respirar… Soltar lo voluble de nuestra consistencia humana para dejarnos acariciar por la belleza de lo simple, de lo natural, de lo extraordinario.

Caminando por las calles de la ciudad de Chicago, de visita en el lugar donde hace años estaba un mural de Martin Luther King y Bob Marley me encontré con la sorpresa que lo habían borrado para crear otro, otro que alentaba a las mujeres a seguir luchando: por sus espacios, por hacer escuchar sus voces, por exigir sus derechos, por defender su existencia, sus cuerpos, sus opiniones, sus pensamientos, sus creaciones, su género.

Un mural que no está terminado aún y tuve la oportunidad de conocer al artista que lo está pintando. Me llamó la atención el artista pero mucho más su amigo, el amigo alentador, el alero, el que carga los botes de pintura, el que le pasa el marcador, el que le sostiene el vaso de café. Ese amigo que cree en el talento del artista. Crucé la calle y me acerqué, sorprendida por el nuevo mural y mientras lo observaba se acercó un joven afro para decirme que el artista era su amigo, está ahí, me dijo, señalando un automóvil estacionado, volteé a ver y adentro en el lugar del piloto estaba otro afro, fumándose un cigarro y me saludó con la mano.

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Winnipeg, 81 años después


“Que la crítica borre toda mi poesía, si quiere, pero este poema del Winnipeg que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie” (Pablo Neruda)

COMO SIEMPRE OCURRE, el tiempo se encarga de transformar en leyenda todo evento importante en el desarrollo histórico de una nación. De la leyenda al mito hay un par de pasos, y del mito a la fantasía anecdótica sólo un pequeño salto.

La epopeya del vapor Winnipeg no debe arrumbarse jamás en el arcón del olvido, aunque tampoco podemos permitir que comience a ser fraguada en las fuentes de las leyendas épicas, ya que se trató solamente de un trabajo bien hecho…muy bien hecho…solidario, valiente, oportuno, decidido y eficaz. Una labor con nombres y apellidos: Pedro y Pablo…Aguirre Cerda y Neruda, respectivamente.

Al comenzar el año 1939, Europa se debatía entre dos escenarios de ferocidad bélica sin igual. Por un lado, la Guerra Civil española que ya llegaba a su fin, y por otra parte, el régimen nazi de Adolf Hitler se preparaba para dar -el uno de septiembre de ese año- los primeros zarpazos al oriente de la frontera alemana desencadenando la Segunda Guerra Mundial.

En España, miles de republicanos huían hacia Francia desesperadamente, arrastrando hijos pequeños y esperanzas vanas, escabulléndose a como diese lugar de las tropas nacionalistas de Francisco Franco, triunfadoras en el sangriento conflicto y dueñas de una mano durísima aplicada contra los vencidos, a quienes juzgaban (cuando los juzgaban, ya que mayoritariamente no había juicios) en cosa de minutos para enviarlos directo al paredón o, en el mejor de los casos, a un calabozo en el que permanecerían el resto de sus vidas.

El mundo había sabido de algunos horribles entretelones de la guerra civil hispánica, conmoviéndose, entre tantos otros hechos, ante el vil e inútil asesinato del gran poeta granadino Federico García Lorca, amigo personal de Pablo Neruda, quien volvió a Europa en 1939, en calidad de Cónsul Especial para la Inmigración Española con sede en París, para organizar el legendario viaje que hoy recordamos luego de 81 años de su realización.

¿Por qué se interesó Neruda en regresar a España para poner sus esfuerzos en beneficio de  algunos españoles prófugos de las hordas franquistas?

A comienzos de 1939, mientras Neruda está trabajando en Isla Negra, en el “Canto General”, recibe una carta de su amigo, el poeta español Rafael Alberti, quien le informa de los problemas que tienen los civiles partidarios de la República para escapar de la avanzada nacionalista. Neruda vislumbra la pronta caída de la capital española y pide ayuda al Presidente Pedro Aguirre Cerda.

El poeta es nombrado cónsul especial para la Inmigración y se funde en un duro trabajo de oficina en París, recortando fotos para pasaportes y recogiendo cientos de solicitudes de refugiados para poder ir a Chile.

Entre 1937 y 1939, la embajada chilena en Madrid acogió a una gran cantidad de refugiados. Cuando la capacidad del recinto no fue suficiente para los 700 asilados, las legaciones de Guatemala y El Salvador colaboraron.

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Chile resistencia: Manifiesto por los Derechos del Pueblo.

CODEPU y la  Memoria Histórica de las Organizaciones Populares.

Revisando material de los años 80 encontré un documento elaborado por del Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo, Codepu V Región – el cual fue publicado en el Boletín N°4 de dicha organización popular- y me parece pertinente darlo a conocer como una manera de contribuir a la fragmentada Memoria Histórica que día a día vamos construyendo y,  además,  porque hace ya 37 años algunos de los puntos que se plantean en dicho Documento tienen plena vigencia hoy en día.

Recuperar la Memoria Histórica de las Organizaciones Populares que se crearon al calor de la lucha contra la Dictadura en Chile es una tarea compleja, pero necesaria de llevar a cabo para poder así  dejar testimonio de este quehacer.

Mural del Codepu V Región en Jardín Infantil Sol.

Pequeños fragmentos que son rescatados quedarán así  a disposición de las nuevas generaciones, para ir conformando un todo mayor a partir del cual puedan sacarse las enseñanzas y conclusiones de dichas experiencias.

EL CODEPU:

La formación del Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo, CODEPU, fue impulsada por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR )  a fines del año ’80, inserto en su política social de masas como parte del desarrollo de las Organizaciones Democráticas Independientes (ODIS), destinado a insertarse y fortalecer la organización popular de base, concordante con la implementación de la estrategia político-militar del MIR  de Guerra Popular Prolongada.

Rayado en muro ubicado frente al cementerio Santa Inés año 85,

El Comité se constituye como una estructura de carácter “legal” en noviembre de 1980, de acuerdo a los conceptos y características generales de lo que el MIR denominó la “Línea Democrático Independiente (LDI)”.  Por su parte,  el Codepu V región inicia su funcionamiento en Abril del año 1983, como una sede regional del CODEPU NACIONAL , el cual fue creado el año 1980 en Santiago, como expresaba anteriormente.

El CODEPU V Región se inserta en la estructura nacional del CODEPU, participando con su Secretaria Ejecutiva en el Consejo Nacional, instancia en donde se discuten, elaboran y proponen las líneas programáticas, tácticas y estrategias para implementar en la defensa, lucha y conquista de los Derechos del Pueblo. Entiende los Derechos Humanos desde un punto de vista global, más allá de los aspectos meramente represivos (defensa jurídica, denuncia nacional e internacional de las violaciones de los Derechos Humanos, etcétera), incluyendo los derechos políticos, sociales, económicos y culturales.

Acto del Codepu V Región en la sede del Sindicato de Estibadores año 84.

En el ámbito técnico-jurídico desempeña su tarea específica de defensa sin discriminar las formas de lucha empleadas en contra de la dictadura, sean estas de carácter pacífico, legales, semi-legales, clandestinas o violentas, desarrollando asimismo una línea de defensa político-jurídica, contextualizando el accionar de los luchadores  y luchadoras populares dentro de la lucha democrático-popular encaminada a derrocar a  la dictadura.

La creación del CODEPU V Región nace de la necesidad de contar con un instrumento que permita, por una parte, coordinar distintas organizaciones sociales identificadas con la línea democrático independiente (de trabajadores, de pobladores, estudiantes, mujeres, familiares de víctimas de la represión ) y, por otro lado, desarrollar una tarea de defensa activa, de promoción y de lucha por los Derechos del Pueblo, a través de la implementación de Equipos Técnicos.

El Comité Regional constituye una organización popular, democrática e independiente que cumple dos funciones principales: Defensora de Derechos Humanos e  Instancia de Coordinación de distintas Organizaciones Sociales.

Rayado en muro vecino a la Universidad Santa María año 84.

Asimismo impulsa una política social de alianzas, pero esta sólo se concretiza en la práctica, en momentos y acciones concretas, pero no en la formación de una coordinación permanente, pese a los intentos desplegados en ese sentido, donde  el Codepu V Región elabora una plataforma de lucha denominada “Pacto de Lucha Contra la Impunidad” propuesto para impulsar un trabajado coordinado,  unitario y permanente con otras organizaciones populares (sociales y políticas). Cabe destacar, eso sí que, en este aspecto, el Comité participa activamente en la formación y desarrollo de la Asamblea de la Civilidad de la V Región.

Formaron parte del Codepu V Región la ODEPO (Organización de Defensa de los Derechos Poblacionales), la  UNED (Unión Nacional de Estudiantes Democráticos), el CODEM ( Comité de Defensa de los Derechos de la Mujer), el CCT ( Comité Coordinador de Trabajadores, que posteriormente pasa a denominarse  Frente de Trabajadores Democráticos – FTD ), la  AFPP ( Agrupación de Familiares de Presos Políticos), la AFDD ( Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos ) y la Agrupación de Profesionales Democráticos  (APD).

CODEPU V Región orientaba su quehacer en la promoción y defensa de los Derechos Humanos, con una concepción global de los mismos y, en el plano  político ideológico, validaba como legítimas todas  las formas de lucha empleadas en contra de la Dictadura. De esta manera, el planteamiento del Equipo Jurídico iba más allá de la defensa técnico jurídica, implementando una línea de defensa político jurídica de los luchadores y luchadoras populares encarceladas, sin hacer distinciones de ningún tipo para asumir su defensa, hubieran participado o no en acciones armadas.

Uno de los aspectos principales para cualquier Organización es poder dar a conocer sus planteamientos ideológicos a través de distintos Medios de Difusión.

En el caso del CODEPU V Región, el Boletín, la Educación Popular,  las Jornadas de Capacitación, los Actos artísticos político-culturales,  las cartillas, los afiches, los documentos y las movilizaciones fueron parte de este proceso.

Precisamente en el Boletín N° 4 de julio del año 1983, Codepu V Región publica el MANIFIESTO POPULAR que transcribo a continuación:

MANIFIESTO POPULAR

“La oposición busca fórmula de acuerdo para un recambio político. Se discute sobre la Constitución: Si ésta, supuestamente aprobada por la ciudadanía en 1981, o si la del Consejo del Estado, o si la vuelta a la del 25 con algunas modificaciones. Se lanza la idea de un plebiscito convocado por la Junta Militar, y un Manifiesto Democrático que cuenta con el apoyo de los sectores de centro y de derecha opositora, y hasta algunos grupos de centro-izquierda. Las exitosas jornadas de protesta aceleraron el ritmo de las conversaciones políticas de todo nivel, e incluso algunos personeros, de posiciones muy poco democráticas  antaño, se han adherido al Comando Nacional de Trabajadores y a la Protesta, enfatizando el carácter pacífico, en un claro intento de aprovecharla para obtener la continuidad del Régimen, a través de un recambio a nivel de Gobierno y modificación de alguna de sus políticas.

En medio de la efervescencia de opiniones, discusiones, conversaciones, hay un sector que no puede ser olvidado sin pecar de falta total de realismo, y este es, lisa y llanamente, el pueblo. Precisamente el pueblo, formado por el conjunto de aquellos sectores más golpeados no sólo por la crisis económica a que el régimen nos ha conducido, sino por sus políticas mismas, a partir del golpe militar de 1973, y que ha sido drásticamente silenciado y reprimido durante todos estos años. Es el mismo pueblo que hoy se levanta con fuerza en las movilizaciones de protesta para exigir ser escuchado. Son los pobladores, los trabajadores, los estudiantes, las mujeres, campesinos y sectores medios, profesionales y otros que hoy levantan el MANIFIESTO POPULAR POR LA DEMOCRACIA Y LOS DERECHOS DEL PUEBLO, con los siguientes objetivos:

1.-CONVOCAR A UNA ASAMBLEA CONSTITUYENTE REPRESENTATIVA DE TODOS LOS SECTORES DE LA CIUDADANÍA SIN EXCEPCION, Y QUE, A TRAVÉS DE PROCEDIMIENTOS DEMOCRÁTICOS DE PLENA GARANTÍA A TODOS LOS CHILENOS.

2.-REFORMAR LOS TRIBUNALES DE JUSTICIA EN SU GENERACIÓN Y FUNCIONAMIENTO, DE MODO DE ASEGURAR SU INDEPENDENCIA.

3.-ESTABLECER LAS LIBERTADES PÚBLICAS, GREMIALES, SINDICALES E INDIVIDUALES.

4.-GARANTIZAR EL RESPETO EN FORMA IRRESTRICTA A LOS DERECHOS HUMANOS, PONER EN LIBERTAD A LOS PRESOS POLÍTICOS Y RELEGADOS, ESCLARECER TODOS LOS CASOS DE DETENIDOS DESAPARECIDOS, RESTABLECER EL PLENO DERECHO A VIVIR EN LA PATRIA, DISOLVER LA C.N.I. Y LOS DEMÁS APARATOS SECRETOS, REPRESIVOS, SOMETER A JUICIO Y SANCIONAR A LOS RESPONSABLES DE CRÍMENES, TORTURAS, SECUESTRO Y DETENCIÓN ARBITRARIA Y DEROGAR TODAS LAS DISPOSICIONES DE CARÁCTER POLÍTICO REPRESIVO.

5.-RESTABLECER LA VIGENCIA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS Y EL DERECHO A ACTUAR ORGANIZADAMENTE EN LA VIDA CIUDADANA.

6.-RESTABLECER LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA Y PENAL DE LAS AUTORIDADES ADMINISTRATIVAS Y LA PLENA VIGENCIA DEL JUICIO POLITICO.

7.-ESTABLECER EL PLENO EJERCICIO DEL DERECHO A LA SALUD, VIVIENDA DIGNA, TRABAJO, EDUCACIÓN GRATUITA Y CULTURA DE TODOS LOS CHILENOS.

8.-RECONOCER LA IDENTIDAD CULTURAL Y DEMÁS DERECHOS, PATRIMONIALES Y SOCIALES DEL PUEBLO MAPUCHE.

9.-PONER EN MARCHA UN PROGRAMA ECONÓMICO Y SOCIAL DE INVERSIONES PÚBLICAS Y DE APOYO A LA INDUSTRIA NACIONAL, QUE PROPORCIONE EMPLEO Y EVITE LA HAMBRUNA Y MISERIA GENERALIZADA.

10.-PONER AL SERVICIO DE TODOS LOS CHILENOS EL CAPITAL Y RIQUEZAS, ACTUALMENTE EN MANOS DE LOS GRUPOS MONOPÓLICOS-FINANCIEROS.

11.-IMPLEMENTAR UNA POLÍTICA EXTERIOR AMPLIA, DE NO ALINEAMIENTO QUE RECUPERE NUESTRA INDEPENDENCIA Y SUPERE EL GRAVE AISLAMIENTO EN QUE SE ENCUENTRA NUESTRO PAÍS.

En la página siguiente del Boletín N°4 se agrega:

“Más de 300 organizaciones han suscrito el “Manifiesto Popular por la Democracia y los Derechos del Pueblo”, documento elaborado por iniciativa del CODEPU frente a los graves problemas que amenazan la estabilidad y la paz de la nación.

CODEPU postula la urgente puesta en práctica de las 11 medidas que aparecen en esta página y que corresponde a este Manifiesto, que deben ser analizados, discutidos y enriquecidos con el aporte de todas las organizaciones de base.”

Algunas partes de lo planteado hace 37 años por el Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo, pareciera que estuvieran escritos hoy en día, asimismo como algunas de las demandas planteadas en el “Manifiesto Popular” continúan completamente vigentes.

Nunca está de más mirar hacia atrás con los ojos del presente y recoger algunas enseñanzas de experiencias pasadas de nuestra realidad histórica, pero obviamente para ser analizadas bajo un contexto político totalmente diferente del de entonces.

Tomado de: cctt.cl

Por: Guillermo Correa Camiroaga.

Vuelve a Chile la “olla común”, símbolo de la pobreza en tiempos de Pinochet

Una vecina de la comuna de Puente Alto fue registrada estes martes al recibir cajas con comida, en la comuna de Puente Alto, en Santiago de Chile. EFE

La crisis económica derivada de la pandemia por coronavirus ha traído imágenes que no se veían en Chile desde los tiempos de la dictadura: miles de personas que viven en barrios con menos recursos comen cada día gracias a las “ollas comunes”, símbolos del hambre y la pobreza que acechan de nuevo al país.

En la periferia de Santiago, este tipo de asistencia se ha multiplicado durante las últimas semanas, a medida que más familias se han quedado sin ingresos tras el cierre de muchos comercios, obras de construcción y la ampliación de la cuarentena obligatoria.

En el imaginario popular chileno, el “recuerdo más inmediato” de las “ollas comunes” se remonta a la crisis que golpeó el país austral a partir de 1982, bajo la junta cívico-militar de Augusto Pinochet (1973-1990), explicó este martes a Efe el sociólogo de la Universidad de Chile Nicolás Angelcos.

Casi 40 años después, en Puente Alto, una de las comunas más pobres de la región Metropolitana, Susana Castillo, dirigente vecinal de la villa Marta Brunet, prepara junto con tres compañeras 250 raciones de arroz con pollo.

“Siempre van saliendo más familias, sobre todo ahora que nos extendieron la cuarentena. Hay cada vez más gente que se está quedando sin trabajo”, relató a Efe Castillo con un ojo puesto en tres grandes cacerolas hirviendo.

Este es uno de los 14 puntos que, con la ayuda de la municipalidad de Puente Alto, entregan comida a unos 5.000 vecinos.

Daniel Pezoa, coordinador de las organizaciones comunitarias de la comuna, destacó que la “olla común” siempre surge en episodios de “catástrofe” y que dan prioridad a las personas mayores y a las discapacitadas, para que no tengan que salir de casa, y a familias numerosas.

Puente Alto es la segunda localidad de Chile con mayor número de casos de coronavirus (1658), solo por detrás del centro de Santiago (1873), según datos del Ministerio de Salud del 10 de mayo.

La pandemia por COVID-19 elevó el desempleo en Chile hasta el 8,2 % en el primer trimestre de 2020, su mayor cifra en una década, y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe estima que la economía caerá un 4 % este año y que la pobreza podría aumentar hasta el 13,7 %.

“Es la muestra del fracaso o la ineficiencia de un modelo de protección oficial que todavía se resiste a políticas de bienestar de mayor y más largo alcance”.

“AL MENOS ME ASEGURA QUE TENDRÉ ALMUERZO”

A la hora de comer, una camioneta reparte las raciones a domicilio, adaptando el formato tradicional de la “olla común”, que solía juntar a los vecinos en un acontecimiento social, a lo que permite el confinamiento.

Guacolda Bueno, madre de cinco, lamentó el momento complicado que atraviesa su familia: “Nosotros vivíamos con el sueldo de mi pareja, que era comerciante, y ahora nos hemos quedado sin nada, no tiene dónde trabajar”.

“A mí la olla común me ha ayudado mucho, así al menos me asegura que voy a tener almuerzo”, dijo a Efe desde la puerta de su edificio, donde recibió siete porciones.

Unos bloques más al sur de la villa Marta Brunet, Álvaro Muñoz declaró que el pasado octubre perdió su trabajo de chófer por las protestas que sacudieron el país y que desde entonces no encuentra nada más.

“Ojalá pase la cuarentena para poder salir a buscar algo, porque así uno no puede estar”, aquejó.

“Por el terremoto de 2010 hicimos ollas durante una o dos semanas, pero ahora necesitamos mucha más organización. Y esto irá para largo”, auguró Alina Sandoval, coordinadora de la Asamblea de Organizaciones Sociales y Políticas de Provincia Cordillera, que suministra manutención a casi mil personas cada día.

En otras partes de la comuna de Puente Alto, los vecinos se organizaron para que la comida no dejara de entrar en casas donde “ni el Estado ha llegado”.

“Nos hemos convertido en cadenas solidarias, recibimos desde 1 quilo de patatas a 10 de tallarines. Solo el pueblo ayuda al pueblo”, agregó.

EMBLEMA DE AUTOGESTIÓN, SOLIDARIDAD Y DIGNIDAD

Aunque las “ollas comunes” aparecieron en Chile tras la crisis de 1929, fue durante los años 1980 cuando se crearon cientos organizaciones para “enfrentar colectivamente la pobreza”, afirmó el sociólogo Nicolás Angelcos.

El también investigador de la Universidad Andrés Bello resaltó que permitieron la “participación activa” de las mujeres fuera de su casa, facilitando la formación de dirigentes sociales, y la politización de muchas poblaciones que luego se erigieron como “espacios de resistencia contra la dictadura”.

“Es una iniciativa que está directamente relacionada con la autogestión, la solidaridad y la dignidad. Años después, con el estallido social empezaron a brotar de nuevo en algunos barrios periféricos, algunos de los cuales ya fueron emblemáticos durante la dictadura”, señaló Angelcos.

Para el investigador, la reaparición de las “ollas comunes” no solo son un indicador de la pobreza, sino que evidencian algo más profundo: “Es la muestra del fracaso o la ineficiencia de un modelo de protección oficial que todavía se resiste a políticas de bienestar de mayor y más largo alcance”.

Tomado de: eldiario.es

Por: Arnald Prat Barnadas

“¡El neoliberalismo nace y muere en Chile, compañeras!”

Arrancó el segundo Encuentro Plurinacional de las que Luchan en Chile, una instancia preparatoria para la huelga feminista del 8 de marzo. Qué se dijo en su apertura rumbo a los debates en talleres.

En las paredes de Chile se respira lucha. Las paredes de todo Santiago avisan que hay un pueblo que despertó y que exige al presidente Sebastián Piñera que renuncie. Es rabia que denuncia la violencia de los pacos y desde donde se gritan, también las violencias estructurales que atraviesan a las mujeres y disidencias. Un paredón negro exige “aborto libre” y por cada callejón aparecen los carteles que convocan a un Encuentro histórico.

Es el segundo al que llegan más de cinco mil activistas de todos los territorios en lucha. El Encuentro Plurinacional de las que Luchan está en constante diálogo con el estallido social que comenzó el 18 de octubre del año pasado y que no se acaba: contra la precarización de la vida, que llama a hacer memoria por las que ya no están y que mira hacia adelante por un futuro mejor. En ese contexto, las feministas y activistas se darán la discusión sobre el lugar que ocupa el movimiento en la lucha social y que se prepara al mismo tiempo para el 8M.

La apertura, que se realizó en la tarde del viernes, congregó a cientas de activistas territoriales en el aula magna de la Universidad de Chile (USaCh) que colmada, dio inicio al Encuentro de las que luchan. Se presentaron a las colectivas que participan de la organización y que harán el esfuerzo de articular durante tres días los debates y las reflexiones de las más de 5 mil activistas inscriptas.

Con ellas en el escenario, la Orquesta de Mujeres de Chile, visibilizó la tarea de las músicas, quienes en cada inicio de canción, lírica o canto popular invitaron a hacer memoria. Por las asesinadas en femicidios desde 2018, a las que resistieron en los territorios: Macarena Valdéz (Chile), Berta Cáceres (Honduras) y Marielle Franco (Brasil), entre otras. Femicidios que llamaron territoriales.

La apertura se realizó mientras de forma simultánea, en la Plaza Dignidad, les estudiantes resistían las balas, gases y el agua contaminada por químicos de los guanacos (camiones hidrantes). Intentando devolver al pueblo la fiesta de murga, movilizaciones y alegría que la provocación diaria de parte del mal gobierno de Sebastián Piñera no permite emerger de las calles en Santiago.

Los feminismos de los pueblos en lucha

“Aleeeerta, aleerta, alerta antirracista / América Latina será negra y feminista”. Mujeres negras, lesbianas, travestis, trans se paran y llaman a cantar desde un escenario y acompaña todo un auditorio colmado.

“Este es un llamado a encontrarnos en la lucha, desde la heterogeneidad y diversidad de los recorridos, desde las diferencias de los feminsmos para que podamos ponernos de acuerdo. Hoy nos encontramos ante la posibilidad cierta de ese cambio radical que soñamos y para eso, no nos vamos a soltar más. (…) Este es un gobierno que nos quiere endeudadas, mutiladas, asesinadas. Pero sólo nos quitaron el miedo”, dijeron en voz y cuerpo rebelde que anima el sentir de las otras.

“Somos millones en las calles”, afirmaron, y priorizaron uno de los objetivos, el “balance de nuestra experiencia en la medida de lo posible. Porque lo posible es imposible de soportar”, señalando que los culpables a lo que llamaron un “sobrevivir violento” son “empresarios, cúpulas de las iglesias y partidos de la precarización”. “Este momento político nos coloca ante mayores desafíos”, dijeron. “No estábamos equivocadas. Levantamos una huelga general feminista (8 de marzo de 2019) para  interrumpir la normalidad en todas sus formas. Porque a la normalidad neoliberal no volvemos nunca más” y gritaron en ovación: “¡El neoliberalismo nace y muere en Chile, compañeras!”.

“Empezamos a construir la vida que queremos vivir”, afirmaron. “Este es un momento constituyente, porque de pasar de estar sujetas, estamos construyendo nuestros anhelos hasta que la dignidad se haga costumbre”. Y agregaron “ante la opacidad de las imágenes que devuelve el poder, levantamos este Encuentro como la luz de la memoria. Nos llamamos a sobrevivir juntas. Porque nuestros bailes hacen temblar las estructuras”. “Somos esperanza para pueblos de otras latitudes. Por eso somos plurinacional”.

Es que uno de los ejes más importantes del Encuentro de las que Luchan es la conformación de un “comité internacionalista”, que propone intercambiar experiencias de territorios en lucha a partir de la participación en redes feministas. “No estamos solas. Son múltiples las trincheras en Chile y Wallmapu. Somos marea verde en Argentina y defensa en Kurdistán. La insistencia de la vida de las defensoras. Las que nos organizamos para que migrar sea aparecer, no desaparecer”. Y al respecto prometen debatir durante el segundo día en las aulas de la USaCh.

“La primera línea es un lugar de lucha. Somos quienes corren el cerco de lo posible”, caracterizaron, por eso “levantaremos nuestras primeras líneas contra el terrorismo de Estado como lo hicimos durante la dictadura”. Y desde un escenario compartido llamaron a fortalecer las propuestas: “elaboraremos juntas un plan de lucha, articuladas en un esfuerzo por cambiar la vida y todo. No se trata de sumamos a la administración de lo impuesto. Somos y seremos semillas de rebeldía”, finalizaron.

Tomado de: marcha.org.ar

Por: Carla Perelló @carirupe y Laura Salomé Canteros @laurasalome

Adiós al oasis chileno

Enfrentamiento entre manifestantes y la policía en Santiago de Chile el 22 de noviembre de 2019. Foto: AP / Luis Hidalgo

Cuando se escriba la historia de la inédita revuelta del año 2019 que cambió el destino de Chile, destacará, sin duda, una frase pronunciada por el presidente Sebastián Piñera el 8 de octubre en un programa de televisión en Santiago: “En medio de una América convulsionada, Chile… es un verdadero oasis”.

Aquellas palabras trasuntaban una ceguera ilimitada y una soberbia impenetrable, no sólo del primer mandatario, sino de toda una clase dirigente que no entendía lo que pasaba en el país real que incubaba en esos mismos momentos el estallido social que ningún miembro de la élite había anticipado.

En efecto, mientras Piñera peroraba televisamente, miles de estudiantes chilenos se saltaban con júbilo los torniquetes del Metro de Santiago, rehusándose a pagar un alza de 30 pesos que el gobierno había decretado recientemente, tan sólo dos días antes de que Piñera se ufanara de que Chile fuera tan diferente del díscolo continente latinoamericano.

En vez de entender la desesperación que se agitaba detrás de esta forma de protesta pacífica, los ministros de Piñera (entre los que había una caterva de enriquecidos vilmente durante la dictadura de Pinochet) hicieron oídos sordos y respondieron con una violencia cada vez más salvaje, lo que, en vez de amenguar los desórdenes atizaron el descontento del que se valieron elementos anarquistas y lumpen, amén de grupos aliados a narcotraficantes para desatar saqueos y vandalismo. El presidente declaró que se trataba de una guerra a muerte contra el pueblo, impuso un estado de emergencia y toque de queda, y ordenó a los militares salir a la calle. Desde el tiempo de Pinochet no se veían tanquetas y soldados patrullando las ciudades.

El pueblo chileno no se dejó amedrentar. En forma mayoritariamente pacífica, millones de hombres y mujeres y niños salieron a desafiar la represión, embarcándose en un octubre liberador que recordaba la gesta de otro octubre, el de 1988, cuando el pueblo chileno derrotó a la dictadura en un plebiscito que dio comienzo al lento retorno a la democracia. Aquella epopeya de 1988 había sido lidereada por los políticos de centro-izquierda que supieron crear las condiciones para que el país pudiera respirar en paz después de tantos años de tiranía.

Aquellos líderes lograron, durante las décadas que siguieron, algunos notables progresos: una disminución importante de la pobreza, una serie de juicios a los más escalofriantes violadores de los derechos humanos de la época de Pinochet, algunas mejorías en la salud y la educación, proyectos de infraestructura y transporte, modernizaciones del aparato estatal. Pero no pudieron terminar del todo con los enclaves autoritarios que habían heredado de la dictadura ni supieron cuestionar la extraordinaria desigualdad de un Chile donde un pequeño y ávido grupo se había apropiado de una inmensa y obscena tajada de la riqueza nacional. El desparpajo con que estos aristócratas y nuevos ricos ostentaban sus franquicias y la impunidad de que gozaban alimentaba la rabia de los chilenos ordinarios para quienes el alza de los 30 pesos era una carga significativa y, por cierto, una provocación en un país donde la corrupción de los privilegiados rara vez se sancionaba.

Y sobrevino, entonces, una insurrección generalizada que sobrepasó las estructuras partidarias y los políticos desprestigiados que no habían sabido dar una solución a los problemas profundos de Chile, un movimiento que ha sacudido los cimientos del desigual modelo político y económico que ha regido al país durante las últimas décadas.

Cartón de Rocha

Menos de tres meses después de que los jóvenes se rebelaron contra una cúpula que no los incluía ni escuchaba, Chile ha cambiado en forma trascendental. Todas las fuerzas políticas han acordado un itinerario para dotar al país de una nueva Constitución que reemplace la que impuso fraudulentamente Pinochet en 1980, si bien la derecha se ha opuesto exitosamente a la paridad de género y la presencia necesaria de sectores independientes y de pueblos originarios en la constituyente. Y se están implementando medidas que comienzan a enfrentar –aunque en forma exigua– las graves deficiencias en pensiones y salud, en parques y viviendas y educación, que aquejan a la población en forma mayoritaria.

Queda por ver si esas reformas se efectuarán o si, de nuevo, se han de frustrar las ansias de un país más bello y equitativo. Queda por ver si los policías que respondieron a las demandas ineludibles de los jóvenes con balines y torturas van a ser juzgados y castigados. Queda por ver si la derecha chilena, acostumbrada a menoscabar la democracia con impunidad, aceptará una contracción de su poder y sus granjerías o si pondrá cada vez más trabas al proceso que llevará a una nueva Constitución. Queda por ver si las exigencias de políticas sustentables para enfrentar la crisis climática, derechos de sindicalización de los trabajadores, control de las aguas urbanas y rurales (Chile es el único país en el mundo donde el agua se encuentra en manos privadas), serán postergadas otra vez más. Queda por ver si los políticos de centro-izquierda se darán cuenta de que no hay que temer la movilización del pueblo. Queda por ver si los sectores fascistas, nostálgicos de la mano dura de Pinochet, no aprovecharán el desorden y los saqueos, para revivir la quimera de una nueva tiranía. Queda por ver si los militares, contemplando un país dividido y cada vez más destrozado por el vandalismo criminal de unos pocos que aprovechan las protestas pacíficas de la mayoría, no decidirán que es hora de salir de los cuarteles. Queda por ver si los jóvenes chilenos que no tuvieron miedo a los golpes y las balas y las violaciones y los gases lacrimógenos tendrán espacio protagónico para respirar tranquilos, que se les permita sacar todo el potencial creador que tienen adentro. Queda por ver si las eternamente pospuestas demandas de mujeres maltratadas y de pueblos originarios tendrán el reconocimiento que se merecen.

Queda por ver, queda por ver.

Pero hay algunos que no verán más, casi 300 jóvenes que quedaron ciegos debido a los disparos de la policía, aquellos que quedaron sin ojos para que los aislados dueños de Chile pudieran abrir los ojos a la realidad de un país al que han tratado con ignorancia y menosprecio, al que han querido olvidar. Otro sacrificio en la larga lista de sacrificios que han padecido tantos, las penas y pérdidas que nunca faltan para que nazca una patria nueva.

Lo que es seguro es que, en este sumamente convulsionado 2019, Chile despertó. Se ha cuestionado a fondo el modelo neoliberal consumista vigente, reivindicando un nuevo modelo donde prima lo humano y no el lucro desmedido.

No somos, mal que le pese a Piñera y los suyos, un oasis en América Latina, sino parte de la historia perpetua de nuestro vasto y rebelde continente que lucha desde siglos por un mundo más justo y participativo.

Dependerá del pueblo chileno cómo se escribirá la próxima página de esa historia.

Tomado de: proceso.com.mx

Por: Ariel Dorfman

Este comentario se basa, en parte, en el folleto Chile: juventud rebelde, que acaba de sacar el Fondo de Cultura Económica, que también ha publicado Allegro, la última novela de Ariel Dorfman.

LA “PRIMERA LÍNEA” EN LA HEROICA LUCHA DEL PUEBLO CHILENO

¡VIVA EL PUEBLO CHILENO CARAJO!

LA “PRIMERA LINEA EN CHILE”: AQUELLO DEL PASADO QUE MANTIENE VIGENCIA

En la Primera Línea para proteger a los manifestantes que enfrentan a Piñera y el modelo neoliberal.
Escudos caseros para frenar la brutal represión de Carabineros. Al lado, los que abastecen con proyectiles para neutralizar la agresión, y los que lo hacen de líquido antigases (10% bicarbonato en cada litro de agua).
Más atrás, pero casi pegados, los compañeros pendientes de los arrestos, para intentar el rescate, protegidos por otros que dificultan la visión de los carabineros con emisiones láser.

Esta es la “Primea Línea”, a la cual apoyan equipos de primeros auxilios,o de alimentación, para afrontar las 50 largas jornadas que ya lleva la resistencia.
Recuerdo las bolitas de rulemanes, o el alambre que de calle a calle se elevaba para derribar a los cosacos y sus caballos en el Cordobazo. También a los “compañeros felinos”, que lanzados a la tropa enloquecían a los perros policiales. O las hondas de David, que triplicaban el alcance de proyectiles, entre tantos otros recursos que recorrieron de lado a lado la Argentina de los 60/70.
Nada se ha perdido cuando de defender el justo reclamo popular se trata. Hoy, vuelven las mejores tradiciones de autodefensa de masas, recicladas, actualizadas y modernizadas por la creatividad popular.

Acompaño estas líneas con una notable crónica que pude chequear y confirmar con mis veteranos compañeros chilenos. Aquellos que nos recibieron cuando fuimos brigadistas al Chile de Salvador Allende, los que resistieron a Pinochet, los camaradas con los que coordinamos acciones para enfrentar al Plan Cóndor.
Estamos con ustedes compañeros, y aquí repudiamos a los profetas mediáticos locales del neoliberalismo, los que se escandalizan ante la ineludible respuesta organizada y disimulan las decenas de muertos y los más de 2.200 heridos, entre ellos lxs 209 jóvenes que cegaron por haber abierto sus ojos.

ESTA ES LA NOTA DEL SITIO “DESINFORMEMONOS”:

La primera línea de las marchas en la capital chilena se ha convertido en el emblema de las movilizaciones. Con todo en contra, la conforman las y los héroes de la protesta. En los medios de comunicación los llaman vándalos, vagos, delincuentes. Adentro de la marcha les aplauden, los vitorean, casi los alzan en hombros. Existen.
Son cientos de hombres y mujeres, jóvenes en su mayoría, que enfrentan a los carabineros todos los días. Se colocan en los puntos estratégicos para impedir que los gases lacrimógenos, los disparos de municiones y los chorros de agua con químicos lleguen al resto de la movilización pacífica. Son las y los guardianes de las decenas de miles de personas que llevan más de 40 días protestando en las calles contra un sistema que los excluye.

La esquina de Ramón Corvalán con la calle Carabineros de Chile es uno de los campos de la desigual batalla. Piedras contra tanquetas desde las que disparan municiones que han dejado tuertas a más de 200 personas, o bombas lacrimógenas o los vehículos conocidos como guanacos que disparan chorros de agua con químicos lacerantes que dejan ardiendo la piel por días. Chile es experto en este tipo de miserias.
Las noches son un hervidero. De un lado grupos de jóvenes quiebran el pavimento con mazos para dotar de piedras a la primera línea. Hileras de chicos con costales de pedazos de concreto atraviesan las calles y se las dejan a quienes repelen los ataques frontales de los carabineros. “Gracias hermanos”, se escucha desde la refriega y el humo. Y es que sí, la primera batalla que se ganó fue contra el individualismo y el ego, aquí todo es colectivo.

Decenas, cientos de personas esperan a los manifestantes que corren con los ojos llorosos. “¡Agua con bicarbonato! ¡Agua con bicarbonato!”, gritan. Y los demás se acercan para que les rocíen el rostro, les digan palabras de aliento, los socorran. Por cada persona lesionada se acercan cuatro o cinco de inmediato. Es el desborde.
Sigue la primera línea. Al oscurecer se juntan manifestantes frente a los guanacos y tanquetas y los desconciertan con la luz verde de cientos de rayos láser en los parabrisas. El espectáculo de luz y sonido inunda la calle. El guanaco retrocede. Los muchachos gritan de júbilo.

De pronto la infantería carabinera se despliega a pie. Parapetada en los vehículos recibe la orden de atacar y corren detrás de los jóvenes y de todo el que se encuentran a su paso. Golpean y patean a todo el que se les atraviese, detienen a alguno y sus compañeros tratan de rescatarlo en una batalla cuerpo a cuerpo. A veces lo consiguen. Otras el chico o chica pasa a engrosar las filas en las comisarías. Se habla ya de más de 17 mil detenidos en 40 días de protestas.

A la primera línea llega Claudia Aranda, reportera y activista de tiempo completo. Durante nuestro encuentro recibe por whatsapp la imagen del ultrasonido de su próximo nieto. Está feliz. Hace 40 días lo dejó todo y se fue a vivir a una casa okupa para mantenerse disponible todo el tiempo. “La tía del agua”, le dicen sus miles de nuevos sobrinos en las calles. “¡Hidrátense cabros!”, les grita con su bidón de cinco litros en la mano. En su mochila carga el láser para cuando toca desorientar a los carabineros, y su libreta y cámara, para sus crónicas.

En otra esquina del escenario grupos de jóvenes intentan tumbar un semáforo. Lo jalan con un lazo para arrancarlo del concreto y formar con el poste una barricada. Decenas de esquinas ya no tienen semáforo, por lo que otro grupo de voluntarios dirige el tránsito, recibiendo como pago el sonido del claxon de los automovilistas que lo mismo le regalan una botella de agua o algo para comer.
Decenas de médicos, enfermeros y psicólogos cubren los puntos de salud. Llegan aquí luego de largas jornadas de trabajo en hospitales públicos y privados, y durante horas atienden a los heridos de la revuelta. Al parecer, dicen, cada vez le ponen químicos más agresivos al agua que avientan los carabineros, pues en los últimos días los chicos llegan con quemaduras severas de la piel.

Una joven que trabaja como productora de eventos es ahora la encargada de la logística en el centro de salud. Recibe y clasifica las bolsas de donaciones de la gente: tapabocas, analgésicos, vendas, sueros y un sinfín de artículos que se amontonan a un costado. La solidaridad, por ahora, es más grande que la emergencia.
En la primera fila los jóvenes se protegen con escudos hechos con láminas arrancadas de cortinas de tiendas, con tapas de tambos, con lo que tengan. Son unos gladiadores. Hay hombres y mujeres “bombers” cuya misión es “ahogar” las bombas lacrimógenas con garrafas de agua con bicarbonato y sosa caustica. Se llevan la peor parte, pues sus pulmones se llenan de tóxicos. El aplauso de sus compañeros es el único pago por cada bomba desactivada.

En la manifestación no se pasa hambre. Y menos en la primera línea, pues se organizan ollas comunes y se reparten gratos en carritos recuperados del supermercado. Lentejas y papas nunca faltan. A veces llegan contingentes de ciclistas con ayuda, otras veces son ellos los que la necesitan.

¿Qué pasaría si no existiera esta primera línea? Hace unos día intentó llegar a la Plaza de la Dignidad, antes conocida como Plaza Italia, el centro neurálgico de las movilizaciones, una marcha organizada por maestras de kínder, y contra ellas arremetió la policía con gases lacrimógenos. La primera línea sirve para que ellas y muchas como ellas puedan acceder a la plaza y manifestarse pacíficamente.

Las resorteras y bayonetas improvisadas son las armas de la primera línea. Barricadas de piedras, láminas, llantas, todo lo que sirva para obstaculizar el paso de los carabineros, cuya misión es cada tanto romper esa línea, atravesar las barricadas a como dé lugar e ir tras los manifestantes. Más de 40 días después la mecánica es clara. Rompen la línea, los jóvenes salen disparados, se dispersan y luego retoman sus lugares. Hasta el nuevo ataque. Y así.

“¡Encerrona! ¡Encerrona!”, gritan cuando vienen los guanacos de los dos lados. No hay mucho que hacer más que agacharse y protegerse con los cuerpos. Se avisan igual cuando uno de ellos con un cóctel molotov está a punto de arrojarlo. “¡Mecha, mecha!”, gritan para que sus compañeros abran cancha. La bomba artesanal vuela por los aires y cae cerca de los carabineros. El júbilo se expande, pues eso les da un tiempo para acercarse a los carabineros y continuar el combate con piedra.
La batalla es organizada. Unos enfrentan, otros hacen barricadas, otros juntan pertrechos, unos llevan comida y agua, y otros atienden las heridas. Todo para que el resto de la movilización contra un sistema que los privó de lo más elemental pueda caminar sin muchos tropiezos.

En medio del ataque no falta la batucada o un saxofonista que se acerca con “El derecho de vivir en paz” e inunda con sus notas el ambiente. Anochece y los bloqueos se van apagando. Por semioscuras calles aparecen grupos de carabineros patrullando. Y de entre las sombras, como fantasmas, se escuchan los gritos: ¡Milicos de mierda! ¡Cabros de mierda! ¡Asesinos! Una chica con una enorme piedra en la mano pasa junto a la hilera de carabineros. Los insulta de frente con la piedra escondida. Los carabineros se siguen. Y ella también.

Tomado de: ctacorrientestv.home.blog