Masacre de El Charco: el objetivo, aplastar la rebeldía indígena

La masacre del 7 de junio de 1998 en la comunidad de El Charco, municipio de Ayutla, Guerrero, no fue el único hecho violento en la región. En realidad, las comunidades na’saavi y me’phaa venían sufriendo una violencia sistemática generalizada que, si bien se remontaba a la época colonial, se había agudizado en las útimas décadas con la Guerra Sucia.

Con total impunidad, militares, empresarios y gobernantes habían hecho de la región una tierra de saqueo. Podían ir a tomar lo que quisieran. Constantemente recorrían las comunidades para asaltar mujeres, incluso niñas de 14 años, a quienes violaban y golpeaban antes de abandonar en los caminos terregosos. Tomaban también, casi por diversión y para amedrentar a los pueblos, las cosechas de maíz, las de jamaica y destruían trapiches y cañaverales de azúcar. Las esporádicas denuncias eran objeto de burlas. Y quien denunciaba podía terminar golpeado, asesinado o desaparecido. Cientos o acaso miles de víctimas no lograon contar su historia fuera de sus pueblos.

La organización “fue una necesidad”, señala Efrén Cortés Chávez, sobreviviente a la masacre de El Charco, a la tortura y al encierro en cárceles de máxima seguridad, acusado de rebelión y acopio de armas, entre otros delitos.

Al organizarse, las comundades impideron entonces el ingreso de militares y guardias blancas a sus territorios. Habían tomado la decisión de defenderse. “Si un pueblo no se puede defender no va a poder defender lo que construya. Por eso en esa zona aparece la experiencia del ERPI [Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente]”.

Explica que las comunidades decidían en asamblea: “Mujeres, ancianos, adultos, autoridades, diáconos, maestros, todos, sobre la necesidad del pueblo”. Presentaron denuncias y lograron hacerser escuchar en los medios de comunicación. También generaron la capacidad para impedir el ingreso de las Fuerzas Armadas al territorio. El gobierno dijo que las comunidades no querían que ingresara el Ejército ahí porque estaba la guerrilla.

“Sí existía, pero no era como de la época de la década de 1970, sobre el foquismo, la vanguardia, los intelectuales dirigiendo a los pobres indígenas. No. Era un movimiento que caminaba no adelante del pueblo, sino junto al pueblo. Ahí se rompe el aspecto de la vanguardia, pues el único que tiene la capacidad de ser vanguardia es el pueblo. Y todos los que tienen responsabilidad, conocimientos, en todos los casos, tienen que ir junto al pueblo, no adelante ni atrás del pueblo.”

La Masacre de El Charco interrumpió un proceso de emancipación de los pueblos indígenas que rodean los montes de Ayutla de los Libres. No lo derrotó porque las raíces estaban echadas y, además, pudo replicarse en otras regiones.

Pero a los sobrevientes, acusados de pertenecer al movimiento armado, les esperaban largas jornadas de tortura.

“Eso deja secuelas. La tortura tiene el objetivo de limitar la capacidad de tu conciencia. Fue tortura física y sicológica. Golpes, toques eléctricos en la zona genital… tardé mucho tiempo inflamado de los testículos, me quemaron. Eso no se olvida.”

Si bien no se olvida, sí se puede superar: “La única forma de sanar es no olvidarse de que la injusticia sigue y de que debemos de seguir luchando”.

Y señala: “Sigue el despojo de la minería. Siguen grupos ilegales atacando a las comunidades. Sigue el asesinato de luchadores sociales. Sigue el despojo de terrirorios por megaproyectos del gobierno y empresarios”.

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LA “PRIMERA LÍNEA” EN LA HEROICA LUCHA DEL PUEBLO CHILENO

¡VIVA EL PUEBLO CHILENO CARAJO!

LA “PRIMERA LINEA EN CHILE”: AQUELLO DEL PASADO QUE MANTIENE VIGENCIA

En la Primera Línea para proteger a los manifestantes que enfrentan a Piñera y el modelo neoliberal.
Escudos caseros para frenar la brutal represión de Carabineros. Al lado, los que abastecen con proyectiles para neutralizar la agresión, y los que lo hacen de líquido antigases (10% bicarbonato en cada litro de agua).
Más atrás, pero casi pegados, los compañeros pendientes de los arrestos, para intentar el rescate, protegidos por otros que dificultan la visión de los carabineros con emisiones láser.

Esta es la “Primea Línea”, a la cual apoyan equipos de primeros auxilios,o de alimentación, para afrontar las 50 largas jornadas que ya lleva la resistencia.
Recuerdo las bolitas de rulemanes, o el alambre que de calle a calle se elevaba para derribar a los cosacos y sus caballos en el Cordobazo. También a los “compañeros felinos”, que lanzados a la tropa enloquecían a los perros policiales. O las hondas de David, que triplicaban el alcance de proyectiles, entre tantos otros recursos que recorrieron de lado a lado la Argentina de los 60/70.
Nada se ha perdido cuando de defender el justo reclamo popular se trata. Hoy, vuelven las mejores tradiciones de autodefensa de masas, recicladas, actualizadas y modernizadas por la creatividad popular.

Acompaño estas líneas con una notable crónica que pude chequear y confirmar con mis veteranos compañeros chilenos. Aquellos que nos recibieron cuando fuimos brigadistas al Chile de Salvador Allende, los que resistieron a Pinochet, los camaradas con los que coordinamos acciones para enfrentar al Plan Cóndor.
Estamos con ustedes compañeros, y aquí repudiamos a los profetas mediáticos locales del neoliberalismo, los que se escandalizan ante la ineludible respuesta organizada y disimulan las decenas de muertos y los más de 2.200 heridos, entre ellos lxs 209 jóvenes que cegaron por haber abierto sus ojos.

ESTA ES LA NOTA DEL SITIO “DESINFORMEMONOS”:

La primera línea de las marchas en la capital chilena se ha convertido en el emblema de las movilizaciones. Con todo en contra, la conforman las y los héroes de la protesta. En los medios de comunicación los llaman vándalos, vagos, delincuentes. Adentro de la marcha les aplauden, los vitorean, casi los alzan en hombros. Existen.
Son cientos de hombres y mujeres, jóvenes en su mayoría, que enfrentan a los carabineros todos los días. Se colocan en los puntos estratégicos para impedir que los gases lacrimógenos, los disparos de municiones y los chorros de agua con químicos lleguen al resto de la movilización pacífica. Son las y los guardianes de las decenas de miles de personas que llevan más de 40 días protestando en las calles contra un sistema que los excluye.

La esquina de Ramón Corvalán con la calle Carabineros de Chile es uno de los campos de la desigual batalla. Piedras contra tanquetas desde las que disparan municiones que han dejado tuertas a más de 200 personas, o bombas lacrimógenas o los vehículos conocidos como guanacos que disparan chorros de agua con químicos lacerantes que dejan ardiendo la piel por días. Chile es experto en este tipo de miserias.
Las noches son un hervidero. De un lado grupos de jóvenes quiebran el pavimento con mazos para dotar de piedras a la primera línea. Hileras de chicos con costales de pedazos de concreto atraviesan las calles y se las dejan a quienes repelen los ataques frontales de los carabineros. “Gracias hermanos”, se escucha desde la refriega y el humo. Y es que sí, la primera batalla que se ganó fue contra el individualismo y el ego, aquí todo es colectivo.

Decenas, cientos de personas esperan a los manifestantes que corren con los ojos llorosos. “¡Agua con bicarbonato! ¡Agua con bicarbonato!”, gritan. Y los demás se acercan para que les rocíen el rostro, les digan palabras de aliento, los socorran. Por cada persona lesionada se acercan cuatro o cinco de inmediato. Es el desborde.
Sigue la primera línea. Al oscurecer se juntan manifestantes frente a los guanacos y tanquetas y los desconciertan con la luz verde de cientos de rayos láser en los parabrisas. El espectáculo de luz y sonido inunda la calle. El guanaco retrocede. Los muchachos gritan de júbilo.

De pronto la infantería carabinera se despliega a pie. Parapetada en los vehículos recibe la orden de atacar y corren detrás de los jóvenes y de todo el que se encuentran a su paso. Golpean y patean a todo el que se les atraviese, detienen a alguno y sus compañeros tratan de rescatarlo en una batalla cuerpo a cuerpo. A veces lo consiguen. Otras el chico o chica pasa a engrosar las filas en las comisarías. Se habla ya de más de 17 mil detenidos en 40 días de protestas.

A la primera línea llega Claudia Aranda, reportera y activista de tiempo completo. Durante nuestro encuentro recibe por whatsapp la imagen del ultrasonido de su próximo nieto. Está feliz. Hace 40 días lo dejó todo y se fue a vivir a una casa okupa para mantenerse disponible todo el tiempo. “La tía del agua”, le dicen sus miles de nuevos sobrinos en las calles. “¡Hidrátense cabros!”, les grita con su bidón de cinco litros en la mano. En su mochila carga el láser para cuando toca desorientar a los carabineros, y su libreta y cámara, para sus crónicas.

En otra esquina del escenario grupos de jóvenes intentan tumbar un semáforo. Lo jalan con un lazo para arrancarlo del concreto y formar con el poste una barricada. Decenas de esquinas ya no tienen semáforo, por lo que otro grupo de voluntarios dirige el tránsito, recibiendo como pago el sonido del claxon de los automovilistas que lo mismo le regalan una botella de agua o algo para comer.
Decenas de médicos, enfermeros y psicólogos cubren los puntos de salud. Llegan aquí luego de largas jornadas de trabajo en hospitales públicos y privados, y durante horas atienden a los heridos de la revuelta. Al parecer, dicen, cada vez le ponen químicos más agresivos al agua que avientan los carabineros, pues en los últimos días los chicos llegan con quemaduras severas de la piel.

Una joven que trabaja como productora de eventos es ahora la encargada de la logística en el centro de salud. Recibe y clasifica las bolsas de donaciones de la gente: tapabocas, analgésicos, vendas, sueros y un sinfín de artículos que se amontonan a un costado. La solidaridad, por ahora, es más grande que la emergencia.
En la primera fila los jóvenes se protegen con escudos hechos con láminas arrancadas de cortinas de tiendas, con tapas de tambos, con lo que tengan. Son unos gladiadores. Hay hombres y mujeres “bombers” cuya misión es “ahogar” las bombas lacrimógenas con garrafas de agua con bicarbonato y sosa caustica. Se llevan la peor parte, pues sus pulmones se llenan de tóxicos. El aplauso de sus compañeros es el único pago por cada bomba desactivada.

En la manifestación no se pasa hambre. Y menos en la primera línea, pues se organizan ollas comunes y se reparten gratos en carritos recuperados del supermercado. Lentejas y papas nunca faltan. A veces llegan contingentes de ciclistas con ayuda, otras veces son ellos los que la necesitan.

¿Qué pasaría si no existiera esta primera línea? Hace unos día intentó llegar a la Plaza de la Dignidad, antes conocida como Plaza Italia, el centro neurálgico de las movilizaciones, una marcha organizada por maestras de kínder, y contra ellas arremetió la policía con gases lacrimógenos. La primera línea sirve para que ellas y muchas como ellas puedan acceder a la plaza y manifestarse pacíficamente.

Las resorteras y bayonetas improvisadas son las armas de la primera línea. Barricadas de piedras, láminas, llantas, todo lo que sirva para obstaculizar el paso de los carabineros, cuya misión es cada tanto romper esa línea, atravesar las barricadas a como dé lugar e ir tras los manifestantes. Más de 40 días después la mecánica es clara. Rompen la línea, los jóvenes salen disparados, se dispersan y luego retoman sus lugares. Hasta el nuevo ataque. Y así.

“¡Encerrona! ¡Encerrona!”, gritan cuando vienen los guanacos de los dos lados. No hay mucho que hacer más que agacharse y protegerse con los cuerpos. Se avisan igual cuando uno de ellos con un cóctel molotov está a punto de arrojarlo. “¡Mecha, mecha!”, gritan para que sus compañeros abran cancha. La bomba artesanal vuela por los aires y cae cerca de los carabineros. El júbilo se expande, pues eso les da un tiempo para acercarse a los carabineros y continuar el combate con piedra.
La batalla es organizada. Unos enfrentan, otros hacen barricadas, otros juntan pertrechos, unos llevan comida y agua, y otros atienden las heridas. Todo para que el resto de la movilización contra un sistema que los privó de lo más elemental pueda caminar sin muchos tropiezos.

En medio del ataque no falta la batucada o un saxofonista que se acerca con “El derecho de vivir en paz” e inunda con sus notas el ambiente. Anochece y los bloqueos se van apagando. Por semioscuras calles aparecen grupos de carabineros patrullando. Y de entre las sombras, como fantasmas, se escuchan los gritos: ¡Milicos de mierda! ¡Cabros de mierda! ¡Asesinos! Una chica con una enorme piedra en la mano pasa junto a la hilera de carabineros. Los insulta de frente con la piedra escondida. Los carabineros se siguen. Y ella también.

Tomado de: ctacorrientestv.home.blog

Paine y su legado para seguir por la lucha de la liberación popular

Alrededor de doscientos compañeros y compañeras, incluyendo un grupo de muchachas y muchachos de la Unión Rebelde, con su corazón rojinegro palpitando de emoción llegaron hasta el Memorial del Cementerio General para rendir un homenaje a Miguel Cabrera Fernández, el compañero “Paine”, Jefe del Destacamento Guerrillero Toqui Lautaro, cuya estrella libertaria dejó de latir el 16 de octubre de 1981, en la localidad de Choshuenco, bajo las ráfagas asesinas de la dictadura cívico militar.

Los restos mortuorios de Paine habían sido exhumados desde el Cementerio de Padre de las Casas el 25 de marzo de 2015 y enviados al Servicio Médico Legal de Santiago, con el objeto de realizar peritajes forenses en ellos, y el día viernes 2 de agosto de 2019 fueron entregados a los familiares de Miguel Cabrera quienes, como había sido su voluntad y petición, después de efectuar una íntima ceremonia en el local del SML, los trasladaron a uno de los nichos del Memorial de los Ejecutados Políticos, ubicado en el Cementerio General de Santiago.

Posteriormente, a las 16 horas, se inició un acto de memoria y homenaje, el que fue conducido por Ibar Leiva, compañero de militancia y lucha de Paine, sobreviviente del Destacamento Guerrillero Toqui Lautaro.

El himno del MIR, “Trabajadores al Poder”, coreado por las y los presentes, resonó con fuerza delante del impactante muro de granito y mármol en donde están tallados los nombres de miles  de chilenas y chilenos asesinados, ejecutados y detenidos desaparecidos, testimonio gráfico de los horrores de la dictadura cívico militar.

Ibar Leiva, visiblemente emocionado, leyó una completa biografía y semblanza del compañero Paine, en donde se refirió a su destacada actuación militante en el mundo rural, con los campesinos y mapuche, siendo impulsor de la formación del Movimiento Campesino Revolucionario (MCR), participando en acciones directas de recuperación territorial, en donde Miguel Cabrera, que usaba el nombre político de “Sergio”, es denominado por un lonko del lugar como “Sergio Paine”, pasando desde ese momento a ser conocido como el compañero Paine por el resto de sus camaradas de lucha. Ibar, en relación con este aspecto, expresa: “El Paine, fiel a su tremenda humildad, disfruta y trabaja con mucha responsabilidad y alegría junto al mundo campesino y mapuche. Siempre se comportó con mucho cariño y respeto ante los niños, mujeres, ancianos…de la gente de campo. Añoraba volver al campo cuando las tareas partidarias lo obligaban a viajar a la ciudad.”

Más adelante, Ibar Leiva continúa agregando distintos relatos referentes a las características humanas, militantes y políticas de Paine, emitidos por compañeros y compañeras que compartieron con Miguel Cabrera, destacando:

 “Paine era un súper compañero, en todo sentido, muy humano y que sabía compartir sus conocimientos. Él tenía un gran cariño por sus compañeros y era muy entregado…”

“Siempre me asombró su capacidad política y estratégica, pues era muy joven”, señalaba una compañera.”

“Paine daba confianza, en el sentido que siempre se podía contar con él y que nunca se iba a echar para atrás.”

“Lo recuerdo siempre sonriendo…, me parecía muy optimista en todo lo que emprendía. En pequeñas y grandes acciones, parecía que con él todo resultaba más fácil y simple; debe haber tenido una sicología intuitiva porque sabía dirigirse afablemente a cada uno de nosotros, adaptándose bien a nuestra personalidad singular; incluso a través de sus bromas, bien dirigidas y pícaras, demostraba conocernos bien…”

“Siempre estaban presentes en él todos los personajes de las comunidades, evocando con cariño a niños, mujeres y ancianos…”

“Su forma sencilla de relacionarse y su distancia de las disquisiciones, lo convirtieron en un dirigente asequible. Querido y respetado por todos los compañeros…”

En otra parte del relato se refiere  a las tareas clandestinas asumidas por Paine durante el trabajo de resistencia post golpe de Estado, su captura y encarcelamiento, su posterior salida hacia el exilio y el retorno a luchar en forma frontal contra la dictadura, conformando el Destacamento Guerrillero Toqui Lautaro, de quien será su Jefe hasta su muerte violenta en la localidad de Choshuenco el 16 de octubre de 1981, cuatro meses después de que los combatientes que preparaban y acondicionaban el terreno en las montañas de Neltume fueran descubiertos y perseguidos por miles de efectivos militares buscando su aniquilamiento total.

Ibar expresa , respecto de Paine ante estas circunstancia que: “Durante toda esta gesta heroica él tuvo la capacidad de conducir una batalla perdida, en un combate sin cuartel, y sin haber perdido nunca la fe en la vigencia de nuestros principios y en el compromiso revolucionario asumido con nuestro Pueblo y el Partido. Paine durante esos días supo ser el compañero Comandante que vislumbraba: humano, sensible, dialogante, humilde, compañero, con voz serena de mando y, por sobre todas las cosas, consecuente hasta su último acto cuando ofrendando su vida, permite la retirada de los dos compañeros que lo acompañaban.”

Finalizando sus palabras, Ibar Leiva invitó a todos los compañeros y a todas las compañeras presentes en esta ceremonia, a levantar el puño y a decir con fuerza:

¡COMPAÑERO PAINE, PRESENTE! ¡HASTA LA VICTORIA, SIEMPRE!

¡PATRIA O MUERTE, VENCEREMOS! ¡PUEBLO, CONCIENCIA, FUSIL…MIR,MIR!

La ceremonia continuó desarrollándose con la participación de distintas compañeras y compañeros, quienes  fueron aportando otros testimonios y vivencias que permitieron profundizar en el conocimiento y la memoria de Paine.

El cantautor popular Juan Carlos Pino interpretó una canción con temática de derechos humanos y se recitaron dos poemas enviados desde Paris y Bélgica respectivamente. El primero de ellos, de autoría de Víctor, es un homenaje a Neltume y a todos los compañeros del Destacamento Guerrillero Toqui Lautaro, y el segundo, denominado “A Paine”,escrito el 01 de agosto 2019 por la compañera Mariela, está dedicado específicamente a Miguel Cabrera Fernández:

Si tuvieras que regresar,/ volver a tu escuelita, al /  primer cuaderno / regresar al banco de/ madera, a tu pueblo y sus  / hijos / a las primeras letras queiluminaron tus ojos, / a las primeras letras que / te mostraron el invierno./ Si volvieses a nacer / nacieras para / caminar por el mismo / sendero / tocando ese fusil / añorado / tu raíz volviese, vigorosa / te forjara / ¡Volverías a cumplir tu / compromiso! / ¡Volverías a correr el / mismo riesgo! /  Volverías a cantar al unísono! / Volverías con ellos, con / nosotros… / Volverías a ser el hombre/  nuevo, / Volverías a repetir tu / gesto heroico, para salvar / a tus / compañeros…Volverías / Paine a caminar por este / sendero.

La compañera Luisa, que fue parte del Destacamento Guerrillero Toqui Lautaro en las montañas de Neltume, en parte de su intervención manifestó:

“Quisiera rescatar solamente tres cosas, que son las que me parece a mí importantes que se actualicen hoy día en la lucha política. La primera es que Paine, al igual que muchos de nosotros, nacimos en medio de una contradicción política, entre reformismo y revolución, contradicción política que hoy día, en el escenario nacional, sigue vigente y que tenemos que resolver como movimiento revolucionario.

(…)El segundo elemento, desde mi perspectiva, son las formas de lucha y –  tal como es la historia del MIR –  siempre reivindicamos todas y cada una de las formas de lucha…

(…) Y hay un tercer elemento muy importante, porque yo me pregunto ¿hoy día el Paine, que fue un revolucionario y cuestionó profundamente la forma de hacer política, se permitiría, por ejemplo, que cantáramos sólo trabajadores al poder?…¿ dónde estamos las compañeras o los compañeres? ¿No estamos en esta historia? Siento que es importante también realizar una reflexión profunda en ese sentido, porque, desde mi perspectiva, con esta evolución histórica, que es una proyección para las luchas futuras, no hay ninguna posibilidad de revolución si en las orgánicas políticas no existe transversalidad por una postura revolucionaria clasista, feminista, anticapitalista y antiimperialista.”

Por otro lado, Jaime Castillo Petruzzi, ex integrante y sobreviviente del Destacamento Guerrillero Toqui Lautaro, que después de compartir los senderos de Neltume junto a Paine continuó la lucha como combatiente internacionalista en Nicaragua y Perú, expresó lo siguiente:

 “Pienso que cada uno de los que estamos aquí llevamos un guerrillero dentro, por eso estamos aquí, más allá que seamos viejos, jóvenes, niños, tenemos un guerrillero adentro. Pido un aplauso inmenso para Paine, que nos ha convocado a todos nosotros esta tarde acá.

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Un fotógrafo confronta el pasado trágico de su familia en el conflicto armado colombiano

Mi primo Aldemar Vargas júnior, cuyo padre

fue ejecutado en Colombia junto a mi padre y ambos fueron arrojados a

una fosa común. Mi madre también fue asesinada por fuerzas

gubernamentales y nuestra familia no sabe exactamente dónde está enterrada


Andrés Cardona recuerda las escenas en los álbumes de fotos de su familia,

pequeños rectángulos de memorias tan desvanecidas como las propias
imágenes: cumpleaños, bautizos, bodas, reuniones en Halloween y Navidad.
Con el paso del tiempo, estos momentos cotidianos que alguna vez
llenaron la vida de su familia en Colombia pasaron de mundanos a
morbosos.

“De un momento a otro, comencé a ver personas muertas, cadáveres”, dijo
Cardona. “El funeral de mi padre, el asesinato de un primo, fotografías
de personas que habían sido asesinadas durante el conflicto armado”.


Cuando era niño, tenía pesadillas recurrentes sobre ahogarme junto a toda mi familia.


Los cuatro niños criados por mi abuela, en1993: Aldemar, yo, Leidy Vargas y mi hermano, Hernando Cardona. Nuestra

infancia en el sur de Colombia fue tranquila. Sin embargo, después de

los asesinatos, nunca volvimos a ser los mismos.



Tuve tantos sueños en los que me ahogaba ome colgaban que no podía dormir solo. Compartía una cama con mi hermano,

pero nunca le dije sobre mis temores.


Hernando y Aldemar, los hijos mayores de mi

padre y mi tío, en una recreación del entierro de sus padres. Esta es

una representación de qué significa perder a un padre.

Como fotógrafo, Cardona, de 30 años, estaba acostumbrado a documentar la cruenta historia de Colombia a medida que un conflicto armado de varias

décadas afectaba a extraños. Sin embargo, como muchos de sus compatriotas, integrantes de su familia fueron asesinados después de acusaciones que señalaban que eran simpatizantes de los rebeldes. Su
bisabuelo, padre, madre, tío y otros familiares —la mayoría campesinos
que apoyaban la reforma agraria y los derechos laborales— fueron
sentenciados a ejecuciones sumarias en manos de militares.

Durante los últimos tres años, Cardona ha confrontado la historia de su
familia, inspirado por retratos, fotografías familiares y recreaciones
de escenas de asesinatos para crear un puente entre el pasado y el
presente con la esperanza de dar sentido y aceptar todo lo ocurrido.

“Es tan fácil documentar con la cámara el dolor de otra persona”, dijo.
“Pero cuando te documentas a ti mismo… es cuando comencé a sentir que
también viví a través de esto y lo escondí. Era o hacer esta historia o
dejar que se olvidara. No puedo permitir eso. Me dije a mí mismo que era
momento, incluso si dolía. Pero debía hacerlo”.

Para principios de la década de los cincuenta, el conflicto armado que
comenzó en 1945 entre conservadores y liberales había cobrado la vida de
su bisabuelo, dijo Cardona. Recuerda cómo su abuela, María Vargas, le
dijo que ella no pudo recuperar el cadáver de su padre porque los perros
despedazaron el cuerpo.

Cardona nació en San Vicente del Caguán, en el departamento de Caquetá, pero se
mudó varias veces durante su infancia después de que su padre, Hernando
Cardona Vargas, y su tío, Aldemar Vargas, fueron ejecutados y arrojados
a una fosa común. Estuvieron desaparecidos durante ocho días, hasta que
sus cuerpos fueron desenterrados.

“Mi abuela y mi madre nos llevaron con ellas a la base militar a recibir
sus cadáveres”, dijo. “Nos llevaron al batallón donde se les pidió a las
personas que los mataron que les dieran cristiana sepultura. Nadie
podía ver sus rostros porque estaban desfigurados por las balas y había
pasado mucho tiempo”.


Mi tío Euclides fue un comandante rebeldecon las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las Farc. Después

de cuarenta años como rebelde, en esta imagen muestra las cicatrices de

múltiples heridas.



Euclides, a la izquierda, envió esta

fotografía a mi abuela en 1999, y ella la enterró en el patio. Durante

cinco años, nos prohibieron mencionar esta foto porque nos podrían haber

matado si los militares la encontraban.


Después de los asesinatos de mis padres, mi

abuela María Vargas se embarcó en un camino peligroso en busca de la

verdad. El gobierno colombiano reconoció que mi padre y mi tío eran

inocentes, pero no sabemos nada de mi madre.

Mi hermano ya no vive en Colombia, pero cada vez que nos visita vamos a las tumbas de mi padre y mi tío.

Cardona aceptó que sus recuerdos de infancia eran turbios, pero que sus
memorias del funeral permanecieron vívidas, como lo hicieron los viajes

al cementerio donde él y su hermano se treparon al punto más alto de una
estatua de Jesús.

Cuando su madre, Luz Mercy Cruz, comenzó a indagar las circunstancias del
doble asesinato, también marcó su destino. Su único delito, dijo
Cardona, fue que apoyaba mejores condiciones laborales y garantizaba los
derechos humanos. Aun así, en muchas partes de Latinoamérica, esas
convicciones son castigadas con la muerte.

La madre de Cardona, quien cosía y elaboraba artesanías para mantener a
sus dos hijos, comenzó a recibir advertencias de que estaba siendo
seguida. Ocho meses después del asesinato de su esposo, ella encabezaba
un taller sobre derechos humanos en una reunión comunitaria en el campo,
cerca de las montañas donde las guerrillas se ocultaban.

“El ejército llegó y rodeó el lugar donde se reunían”, dijo. “Sacaron a los
líderes y a mi madre. Mataron a siete personas, porque dijeron que
estaban vinculadas con las guerrillas”.

Hasta la fecha, él no tiene idea de dónde está enterrada su madre.

Cardona fue criado por su abuela en Puerto Rico de Caquetá, donde las fuerzas
paramilitares —cuya mirada le habían enseñado que debía evitar— impuso
un toque de queda a las 18:00 durante varios años. Recuerda haber oído
el caos ruidoso de las bombas del gobierno que caían cerca de ahí.


Mi familia reunida para sepultar loscuerpos descompuestos de mi padre y mi tío en 1993. Mi madre, Luz Mercy

Cruz, a la derecha al centro, sostiene un ramo de flores blanco. Yo soy

el niño pequeño llorando a su izquierda.


El 3 de septiembre de 1993, mi madreimpartía un taller con campesinos cuando ella y muchos otros fueron

ejecutados después de ser acusados por los militares de ser parte de las

guerrillas.

Mi padre y mi tío fueron encontrados en una fosa común ocho días después de que fueron asesinados por los militares.

Uno de los temas que rodean a la obra de Cardona sobre el pasado de su familia se ocupa de las pesadillas que comenzó a tener de ahogamiento o

ser asesinado por un tirador en su hogar. A principios del proyecto,
descubrió fotografías Polaroid de su tío Euclides, un comandante de la
guerrilla, vestido con un uniforme militar de camuflaje. Las impresiones
estaban entre varias fotografías que la familia mantuvo enterradas en
el patio durante años.

“Muchas fotografías tuvieron que ser enterradas porque los paramilitares podían
ir a nuestra casa y buscar”, dijo. “Quién sabe cuántos habrían muerto
si hubieran encontrado estas fotografías”.

Cardona tiene la intención de continuar su proyecto. También seguirá buscando
el cadáver de su madre. Es un proceso doloroso, aceptó, pero uno que es
compartido con innumerables compatriotas que él dijo están a la espera
de que generaciones posteriores ayuden a darle sentido a la traumática
historia del país.

“Este proyecto no es sobre los muertos”, dijo. “Es para los vivos. Es una
lucha, pero también es terapéutico y puede sanar. Ya no puedo vivir con
este dolor. No soy un hombre de odio”.

La muerte no es solo el acto. También es la

consecuencia y, en este caso, su soledad, austeridad, falta de gozo y

tristeza que permanece durante años. Mis primos Jaider y Sara,

respectivamente.


Mi hermano y yo vestidos con disfraces.

Celebrar cumpleaños, Halloween y Navidad eran momentos familiares

importantes. Después de las muertes de mi padre y madre, el álbum

familiar se convirtió en un libro lleno con fotos de los muertos.

Tomado de: nytimes.com

Por: David Gonzalez

Fotografías de: David Carmona



Breve historia de la resistencia

“Un solo traidor puede con mil valientes”.

(Alfredo Zitarrosa, “Adagio en mi país”)

La historia de Mauricio Hernández Norambuena (Comandante Ramiro) es la historia de miles de hombres y mujeres que lucharon contra la dictadura. Pacíficos y anónimos ciudadanos, obreros, desempleados, estudiantes, pobladores, intelectuales, profesionales, dueñas de casa, jubilados, artistas, empuñaron las armas o apoyaron a quienes lo hacían para recuperar libertad, democracia y justicia social en nuestra Patria.

El Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), creado por el Partido Comunista, y la Resistencia Popular, generada por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), tenían diferentes concepciones estratégico-políticas. El primero, nacido en los años 80, era una organización militar clandestina apoyada en la extensa base social del PC cuya estrategia era la política de rebelión popular de masas. El MIR, fundado en 1965, tenía una estrategia insurreccional que hacía suya la tradición de las revoluciones proletarias. De ahí su consigna: Pueblo, Conciencia y Fusil que para 1973 alcanzaba notable incidencia en distintos sectores sociales.

El FPMR y el MIR compartían una irreductible vocación de rebeldía que les llevó a enfrentar la dictadura de las FF.AA. y del gran empresariado nacional y extranjero. Vista con la óptica de mesura y cálculo político de hoy, esa decisión aparece como una insensatez que rayaba en la locura. El estado terrorista disponía de 200 mil hombres en el ejército, marina, aviación, Carabineros y policía civil, armados hasta los dientes. Sus organismos de inteligencia contaban con el mejor instrumental operativo de la época (una basura comparado con el de hoy) y que, además, actuaban coordinados con los aparatos represivos de Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Brasil, entrenados y equipados por la CIA.

La fuerza de la resistencia consistía en la moral de nuestros militantes y en la justicia de nuestra causa. Teníamos absoluta confianza en la solidaridad activa de los pobres del campo y la ciudad y en el apoyo de la opinión pública internacional. La resistencia conoció las formas más altas del heroísmo y generosidad que puede alcanzar el ser humano. Pero también la expresión más perversa de la miseria moral: la traición. En junio de 1987 las “escuchas” radiales del MIR captaron los seguimientos que la CNI hacía a tres rodriguistas. Intentamos avisar al FPMR pero no fue posible tomar rápido contacto. Vivimos horas de impotente desesperación mientras en distintos puntos de Santiago se registraba la caída de doce militantes del FPMR. Siete sobrevivientes fueron torturados y llevados a una casa deshabitada en Pedro Donoso 582, donde fueron masacrados por los verdugos de la CNI.

En septiembre de 1983 el MIR ejecutó al intendente de Santiago, general Carol Urzúa, y la CNI respondió asesinando a cinco miristas en Fuenteovejuna 1330 y Janequeo 5707. El actor Daniel Alcaíno, entonces un muchacho que vivía cerca de la Plaza Garín, recuerda que la vivienda de Janequeo presentaba decenas de balazos pero en la casa del frente no se veía impacto alguno (1). Estos eran los “enfrentamientos” de la CNI –según la prensa cómplice- con los “terroristas” del MIR y FPMR.

En marzo de 1985 Carabineros degolló a tres militantes comunistas, Nattino, Guerrero y Parada, un crimen cuyo salvajismo pretendía aterrorizar a la población para restar apoyo a la resistencia. Ocurrió lo contrario: la indignación del pueblo multiplicó la solidaridad con la lucha clandestina.

El 7 de septiembre de 1986 el FPMR intentó ejecutar al dictador en el Cajón del Maipo. El tiranicidio fracasó pero la represalia fue automática: al siguiente día la CNI asesinó a dos miristas –José Carrasco y Gastón Vidaurrázaga- y a dos comunistas –Felipe Rivera y Abraham Muskatblit-, todos los cuales hacían una vida legal.

En 1987 el PC inició un viraje político y cortó el cordón umbilical que lo unía al FPMR. No obstante, el Frente Autónomo siguió adelante y proclamó la guerra patriótica nacional. La jefatura la asumió Raúl Pellegrin Friedmann (Comandante José Miguel), uno de los más talentosos dirigentes revolucionarios de ese periodo. En octubre de 1988 Pellegrin cayó en la toma del poblado de Los Queñes junto a su compañera, Cecilia Magni (Comandante Tamara). Los cadáveres de ambos, torturados, fueron arrojados al río Tinguiririca.

En septiembre de 1989 la dictadura iniciaba su repliegue, sin embargo la Dirección de Inteligencia del Ejército (Dine) asesinó a un joven dirigente del MIR, Jécar Neghme Cristi, que había destacado en la lucha abierta. El siniestro móvil del crimen fue cobrar “gastos operacionales” por “horas extras de trabajo” de los verdugos que temían quedar cesantes. (2)

En marzo de 1990 comenzó el gobierno del presidente Patricio Aylwin pero la sangre no cesó de correr. A “La Oficina” se le asignó la misión de desarticular los restos de la resistencia. En noviembre fue asesinado el militante del Mapu-Lautaro, Marcos Ariel Antonioletti, al que sus compañeros habían rescatado herido del Hospital Sótero del Río.

En abril de 1991 el FPMR decidió ajusticiar al senador Jaime Guzmán Errázuriz, prominente ideólogo de la dictadura y coautor de la Constitución Política aún vigente. Este crimen político -que tuvo alto costo para el FPMR Autónomo- hay que enjuiciarlo en el contexto de una época sangrienta. Aún estaban abiertas las heridas que causó el estado terrorista. Esos 17 años habían significado centenares de ejecutados políticos, más de 1.200 detenidos desaparecidos, miles de torturados, exiliados y cesantes. La justicia reclamada por miles de familias se estrellaba contra el apotegma de la “justicia en la medida de lo posible” que bloqueaba toda esperanza de inclinar la balanza a favor del pueblo.

Aún hoy, 30 años después, los resabios del horror no desaparecen. Se manifiestan en el lenguaje de los trogloditas defensores de la Constitución, las leyes y el “orden” heredados de la dictadura. En la super explotación de los trabajadores. En las vergonzosas franquicias al capital extranjero. En el enriquecimiento acelerado de los más ricos. En la destrucción del medio ambiente. En la represión a estudiantes, trabajadores, mujeres y pensionados que reclaman sus derechos. Y en la saña con que el estado trata al pueblo mapuche –ejemplo histórico de resistencia- que hoy mantiene viva la llama de la rebeldía.

(1) Entrevista en televisión, Vía X, agosto 2019.
(2) El capitán de ejército Luis Sanhueza Ross admitió que la Dine preparó dos alternativas de asesinato: Jécar Neghme y el director de la revista “Punto Final”, a quienes vigiló de cerca, decidiéndose finalmente por el primero.

Tomado de: radio.udechile.cl

Por: Manuel Cabieses

Miguel… tú no has muerto

A 43 años de su muerte combatiendo cara a cara a la dictadura, el tiempo le dio la razón. Miguel Enríquez sigue vivo en el corazón de la izquierda chilena y latinoamericana

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Miguel Enríquez –secretario general del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria)- fue enterrado el 7 de octubre de 1974, a las 07:30 de la mañana, en un nicho del Cementerio General de Santiago. La dictadura cívico-militar autorizó como acompañantes del sepelio sólo a diez miembros de su familia, vigilados por cientos de hombres y armas de enemigos temerosos. Aunque el pueblo no pudo estar presente, una mujer representó el sentir de miles de ausentes, fue su madre Raquel, quien en medio del silencio con voz fuerte y entera dijo:

“Tú no has muerto.
tú sigues vivo,
y seguirás viviendo
para esperanza y felicidad
de todos los pobres del mundo.”

No sólo no ha muerto, el ideario y el ejemplo de vida política entregado por Miguel Enríquez hoy tiene plena validez ya que el accionar –violento, clasista, criminal, expoliador- de la derecha política y la derecha económica ha demostrado, sin margen de duda, cuán profunda es la explotación y el desprecio que esa clase predadora ejecuta diariamente contra la sociedad civil chilena.

En esta hora en la que muchos dirigentes de la izquierda actual forman parte de una política deshilachada luego de haberse reconvertido a la fe neoliberal -traicionando al pueblo, a su propia historia y a sus valores de antaño- , la figura de Miguel se empina nítida por sobre las cofradías de un endeble y falso socialismo aplaudido por la prensa canalla, aquella perteneciente a los mismos grupos económicos que produjeron la masacre de miles de inocentes en las décadas del 70 y el 80.
Junto a compañeros como Luciano Cruz, Bautista Van Schouwen, Sergio Pérez y Danton Chelén, entre muchos otros, Miguel participó directamente el año 1965 en la fundación del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), involucrándose de lleno en la actividad política dejando de lado una existencia que bien pudo ser holgada y plácida, pues tal decisión (luchar por los más pobres, por los desposeídos, por Chile) la tomó tan sólo meses antes de haber obtenido el título profesional de Médico Cirujano. En el congreso fundacional del MIR (15 y 16 de agosto de 1965), presentó un documento a la discusión titulado “La conquista del poder por la vía insurreccional”, prolegómeno del pensamiento político de Miguel y del propio MIR.

Tuve en suerte conocerlo y departir con él algunos minutos. Ello ocurrió en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, el año 1968, cuando la inolvidable Reforma Universitaria germinaba sus primeros avances y la lucha por dominar la escena estudiantil universitaria –ergo, la FECH (Federación de Estudiantes de Chile)- contaba con dos poderosos oponentes: el partido comunista y la democracia cristiana, tiendas que a través de sus respectivos líderes, Alejandro Rojas y Jaime Ravinet, pretendían dirigir la reforma y gran parte del mundo universitario.
Recuerdo con perfecta certeza y claridad los planteamientos explicitados por Miguel en esos debates de entonces, dejando a veces sin argumentos a quienes optaban por defender el sistema imperante, así como desestibando a aquellos que creían que el simple reformismo podría cambiar Chile. “Esta reforma que tanto defiendes y que reconozco necesaria –me dijo esa vez- te la va a derribar el sistema, si es que a este no lo cambias primero”. Ese tipo inefable y viejo como el universo, llamado ‘tiempo’, le dio una vez más la razón. Cinco años después, las bayonetas y los dólares destruyeron completamente lo que con tanto esfuerzo habíamos construido.

Es oportuno recordar que durante el gobierno de la Unidad Popular, el presidente Salvador Allende reconocía y destacaba el liderazgo de Enríquez , y lo manifestó públicamente cuando intentó atraerlo a las filas del gabinete: “Yo quisiera, Miguel, que tú fueras el ministro de la Salud”, fue su petición, misma que Miguel rechazaría argumentando: “Doctor, me honra con su oferta, pero resulta que nosotros tenemos diferencias con usted y no queremos que esto se exprese dentro del gobierno. Nosotros nos vamos a jugar por usted, lo vamos a apoyar en la seguridad personal, vamos a defender este gobierno, pero a la vez queremos la libertad para plantear nuestras diferencias cuando sea necesario”.

Eran otros tiempos y era, por supuesto, otra estirpe de chilenos. Se debatía la política en la calle, en los sindicatos, en los claustros, cara a cara. Hoy se hace a través de las redes sociales, cómodamente sentados frente a un computador, sin necesidad de soportar diatribas ni argumentos sólidos, pues basta con apagar el equipo parta terminar la discusión.

Los de antes ya no somos los mismos, escribió Neruda… y por cierto que no lo somos. La comodidad que otorga la tecnología nos ha vuelto individualistas, e incluso pusilánimes en ciertos aspectos. Por ello, opinar respecto de las acciones políticas del pasado frente a adversarios de carne y hueso, requiere contar con la validación que ofrecen no sólo los documentos y libros, sino también la experiencia directa de haber vivido en la época que se analiza y haber conocido de primera mano los hechos que la caracterizan, lo cual otorga mayor grado de certeza al análisis respectivo.

Por tal motivo, cuando se desmenuza, por ejemplo, el último discurso de Miguel Enríquez en el mes de julio del año 1973 (en el Teatro Caupolicán), mismo que la derecha y el ‘progresismo’ concertacionista ningunean y desdeñan, es imperativo entender el contexto histórico en el cual se produjo, pues más allá de si se comulga o no con los planteamientos mencionados por Miguel Enríquez y el MIR, la lectura política de la situación por la que atravesaba el país era esencialmente correcta. Enríquez denunció el camino sedicioso y subversivo que la derecha había emprendido al no contar, luego de los comicios del mes de marzo de 1973, con votos suficientes para derribar el gobierno de la Unidad Popular.

Un sector del PDC junto a la derecha (y al brazo armado de esta, Patria y Libertad), habían intensificado la agitación en las FFAA, los atentados a la infraestructura del país (oleoductos, gaseoductos, etc.), y asesinatos de campesinos, obreros y estudiantes de izquierda, todo lo cual culminó con el tancazo del 29 de Junio, un intento golpista que la CODE (Confederación Democrática: formada por el Partido Nacional y el PDC) digitó junto a Patria y Libertad.

Miguel Enríquez, en ese histórico discurso del 17 de julio de 1973, denunció a la derecha y a un sector de la DC (liderado por Frei Montalva y Patricio Aylwin) acusándolos de pontificar vías institucionales de diálogo y negociación, los que en la rigurosa realidad no pretendían lograr acuerdos, ya que de manera paralela complotaban clandestinamente para provocar el quiebre de la institucionalidad a objeto de permitir que el poder y el gobierno fuesen asumidos por los militares.

En esa ocasión -como en tantas otras anteriormente- Miguel denunció el alzamiento sedicioso y golpista de la derecha y la DC, al tiempo que llamaba a las masas a prepararse para hacer frente a tal alzamiento.

Una vez producido el golpe de estado, en medio de la acentuación de la represión dictatorial, muchos dirigentes y militantes de la izquierda optaron por el exilio, en el caso del MIR desde el comienzo se definió un rechazo rotundo a esta práctica. “El MIR no se asila, lucha y resiste”, era la orden. De hecho, el propio Miguel se opuso a que parte de la dirección se replegara en el exterior: “si el MIR se exilia, de hecho deserta; lo que no sólo tiene valoraciones éticas negativas, sino que en el caso particular de Chile es renunciar a cumplir con tareas que son hoy posibles y necesarias”.

En las últimas líneas de esta nota, me parece oportuno transcribir lo que hace años escribiera Manuel Cavieses. Lea usted lo siguiente:

El Informe Rettig señala: “La primera prioridad de la acción represiva de la DINA durante el año 1974 fue la desarticulación del MIR. Esta continuó siendo una prioridad durante 1975. Durante estos dos años se produce el mayor número de víctimas fatales atribuibles a este organismo”. Matar al secretario general del MIR, un médico de 30 años que había burlado numerosas trampas y emboscadas, se convirtió en una obsesión para la DINA. Destinó para ello a la Agrupación Caupolicán, mientras la Agrupación Purén se dedicaba a perseguir al resto de la Izquierda. La DINA consiguió datos para localizar el sector de Santiago donde Miguel Enríquez vivía clandestino. Era en la calle Santa Fe #725, entre Chiloé y San Francisco, en la comuna de San Miguel. Una casa con apariencias de nada, con dos portones metálicos que todavía conservan más de treinta impactos de balas. El 5 de octubre de 1974 se libró allí un combate desigual, como el de La Moneda y otros durante 17 años en que hombres y mujeres de la Izquierda chilena dieron lecciones de honor y valentía

Miguel murió combatiendo. Sigue haciéndolo a través de quienes han tomado sus banderas y continúan una lucha que parece recién comenzar. Miguel no ha muerto, sigue vivo… y seguirá viviendo para esperanza y felicidad de todos los pobres del mundo.

Por: Arturo Alejandro Muñoz

Mapuches: “Se venden tierras con los indios adentro”

El pueblo originario tiene una historia milenaria de resistencia, atravesada por la conquista española de América y la batalla contra las empresas y grandes terratenientes del siglo XXI. En la actualidad, argentinos y chilenos cuestionan incluso su identidad y no son reconocidos por casi nadie. ¿Cómo lograron sobrevivir? ¿Cuál es su presente? ¿Dónde habitan? ¿Cuántos son? RT consultó a expertos, miembros del colectivo aborigen y al Gobierno de Macri para entender el conflicto territorial.

IMG_0561.JPG Un activista mapuche es detenido por policías durante una manifestación en Santiago de Chile el 6 de abril de 2016.
Ivan Alvarado / Reuters

Desde el arribo del imperialismo español al continente americano hasta hoy, los mapuches y sus siguientes generaciones pudieron mantenerse con vida. Sin embargo, para comprender cómo lograron subsistir a través de los siglos ante los embates de la conquista europea y, posteriormente, la conformación de Argentina y Chile como Estados nacionales, es necesario entender la composición de estas comunidades indígenas.

A diferencia de otros colectivos sociales multitudinarios donde la dirección recae en una sola persona, como por ejemplo el catolicismo con el papa, o en un país democrático con su respectivo presidente, canciller o primer ministro, en el pueblo mapuche no existe una voz de mando superior, por eso resultó imposible su desarticulación. O, mejor dicho, su exterminio.

Haciendo patria, antes que Argentina y Chile

El periodista argentino Adrián Moyano, autor del libro ‘Crónicas de la resistencia mapuche’, se inclina por esta idea: “El argumento que explica esa resistencia es la falta de centralización política, distinto a otros pueblos que residieron en lo que hoy conocemos como América. Cuando llegaron los españoles al territorio mapuche, aproximadamente en 1540, no encontraron cabezas que cortar. Al contrario, se toparon con un ejercicio multitudinario de la soberanía en muchas agrupaciones que no reconocían un liderazgo único. Los españoles podían pactar con algún ‘Lonko’ —referente de alguna comunidad—, pero había muchos más dispuestos a sostener su independencia y libertad”.

Este vasto y diverso grupo social se compone de cientos de comunidades que respetan sus propios sistemas de organización y representatividad, dispersas en Argentina y Chile. A priori, podría pensarse que sobrevivieron a la invasión europea porque los visitantes focalizaban su poder en Perú, debido a su claro potencial extractivo vinculado a la minería —de ahí la famosa frase regional, cuando se compra algún producto costoso de ‘me cuesta un Perú’—. Es frecuente escuchar que el Cono Sur no era muy trascendental en el marco militar para los planes de España, a pesar de haber conformado el Virreinato del Río de la Plata en 1776.

IMG_0562.JPG Manifestantes mapuches exigen justicia en Santiago de Chile para su comunidad, que se respeten sus derechos y la posesión de los territorios.

Sin embargo, Moyano desestima esta hipótesis y sostiene que la supervivencia fue el resultado de una serie de sangrientos combates con los españoles y estrategias guerrilleras de los indígenas: “La Corona española se diseminó también en sectores donde no había riquezas materiales, desde la perspectiva de la minería en aquellos tiempos. Esto se debió a su intento por conquistar el territorio mapuche, de hecho, se fundaron siete ciudades al sur de Biobío, región de Chile. También hubo expediciones puntuales desde Buenos Aires hacia el corazón del territorio mapuche, al este de la cordillera. Estas ciudades florecieron de forma importante y hasta una generación española creció allí, pero hubo una gran insurrección aborigen hacia 1598 que los expulsó al norte de Biobío, a sangre y fuego”.

En las escuelas y centros de estudios de Argentina poco se enseña sobre los enfrentamientos previos a la gesta revolucionaria de José de San Martín y Simón Bolívar, que comenzaba a vislumbrar la posterior independencia continental. Sean conquistadores o rebeldes que se opusieron al imperio, lo cierto es que la historia fue escrita por hombres blancos. Sin embargo, según relata el experto, que dedicó gran parte de su vida interiorizándose en la cultura mapuche, los indígenas tuvieron sus propias batallas patrióticas mucho antes de 1810, año en que se desató la Revolución de Mayo en Buenos Aires.

En 1553 tuvo lugar la primera victoria significativa mapuche. Incorporaron varias innovaciones tecnológicas, aprendidas del invasor porque uno de los referentes estuvo cautivo en buena parte de su niñez y adolescencia. En 1570, las propias crónicas españolas describen que el pueblo mapuche impuso un escuadrón de caballería y fueron cambiando las formas de combatir”, destaca Moyano. Además, agrega que “recién hacia 1620 los españoles, a casi un siglo de llegar, iniciaron una guerra donde estaban bien marcadas las fronteras indígenas”. “Más cerca en la historia, fueron valoradas por militares de Buenos Aires y de la nación las capacidades mapuches y su conocimiento del terreno”, añade.

IMG_0563.JPG Una mujer mapuche le grita a un efectivo policial durante una manifestación para conmemorar el aniversario de la muerte de Matías Catrileo, de 22 años, asesinado durante enfrentamientos con la Policía del sur de Chile.

Dos millones

El reportero explica que para mencionar a los mapuches “hay que hablar de pueblo, porque en el orden jurídico internacional los pueblos gozan de derechos distintos a las minorías y otros tipos de conformaciones societarias”. A su vez, opina que sufren “una situación de sujeción colonial que se plasmó sobre fines del siglo XIX” por parte de Argentina, “con la Campaña del Desierto”, y Chile, “con la Pacificación de la Auracanía”. Sigue leyendo

A décadas del asesinato del líder del MIR chileno, opinan Ramis, Echeverría, Amoros y Quesada

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La pregunta de Miguel

La figura de Miguel Enríquez despierta dos tipos de reacción. O se le descalifica en bloque, culpándole de un amplio conjunto de pestes políticas, o por el contrario, se la ensalza en un relato militante, que mezclando la hagiografía revolucionaria y el panegírico apologético tiene poco que ver con la personalidad y el talante del fundador del MIR.

Miguel no era un santo ni un demonio, sino un revolucionario que propuso una serie de preguntas políticas fundamentales al país, y estuvo dispuesto a debatirlas abiertamente durante toda su vida. Lejos del sectarismo o el dogmatismo, se le debe ubicar, dentro de la tradición del pensamiento crítico latinoamericano, entre los que buscan una alternativa emancipatoria adecuada a las condiciones específicas de nuestros pueblos. En este aspecto, Miguel Enríquez es una figura actual. Sus preguntas siguen siendo gravitantes y exigen ser tomadas en cuenta, de forma profunda y consistente.

El problema fundamental que identificó Miguel y el colectivo generacional que le acompañó en la fundación del MIR en 1965 era el siguiente: en América Latina se había hecho patente que la derecha histórica, agraria, conservadora y patronal, no disponía de un proyecto de desarrollo para la región. Incluso el Estados Unidos de Kennedy y la Iglesia Católica post-conciliar estaban de acuerdo en este diagnóstico. Tal como lo había demostrado el gobierno de Jorge Alessandri, la oligarquía más rancia y casposa estaba a la deriva, dispuesta a agarrarse a cualquier cosmético con tal de mantener un orden social anacrónico, que exigía una transformación radical y urgente. En respuesta a esta crisis se alzaban dos programas de reformas, aparentemente antagónicos, pero que en el fondo poseían amplias coincidencias de fondo: la “revolución en libertad” democratacristiana, aliada a la Alianza para el Progreso norteamericana, y la “vía chilena al socialismo” que postulaban los partidos Socialista y Comunista. En cada país del continente esta dicotomía asumía sus propias especificidades, pero se replicaba en lo fundamental, de acuerdo al dualismo Este-Oeste de la guerra fría.

La intuición fundamental de Miguel era que ambos proyectos tenían limitaciones estructurales que afectaban su viabilidad y deseabilidad. Ello no quiere decir que homologara ambas alternativas. Miguel y el MIR distinguían entre la derecha tradicional y el reformismo DC, y entre la DC y el proyecto del FRAP, que desembocaría en 1970 en la Unidad Popular y el gobierno de Salvador Allende. Pero su análisis crítico le llevó a descubrir en ambas alternativas una serie de contradicciones y aporías, inherentes a la naturaleza del orden internacional en el que estaban insertas y por sus propias insuficiencias de cara a las necesidades de las grandes mayorías, a las que definió como “los pobres del campo y la ciudad”.

LA INVIABILIDAD DE LOS REFORMISMOS
Para Miguel Enríquez los dos proyectos de reforma que se proponían a Chile en los años sesenta no eran viables a largo plazo. Arraigaba este convencimiento en un análisis muy detallado de las condiciones de la economía latinoamericana, situada en una relación de dependencia respecto a los grandes centros de poder del capitalismo global. Tanto el programa de la DC como el de la Izquierda apostaban a lograr una alianza histórica con los sectores progresistas del empresariado nacional en orden a promover una modernización industrializadora que permitiera cambiar el patrón productivo, para desembocar en una versión nacional del Estado de bienestar europeo. Pero este programa presuponía una serie de condiciones de posibilidad, que el MIR no lograba visibilizar, entre otras:

1. La inexistencia de un verdadero empresariado “progresista”, con vocación industrializadora. Más allá de algunas individualidades, los empresarios nacionales se veían a los ojos de Miguel como endémicamente arraigados a una tradición rentista, extractivista y agraria, incapaces de asumir el programa de sustitución de importaciones que preconizaba la Cepal, que debería crear los empleos de calidad que podrían incorporar a los excluidos del ciclo productivo.

2. A la vez, el mercado chileno era incapaz de absorber la nueva producción nacional que se debería llegar a generar. La inexistencia de una verdadera clase media constituía un obstáculo insalvable al proyecto reformista. La única forma de sortear este problema radicaba en la consolidación de un mercado ampliado, a escala latinoamericana, que por su dimensión pudiera absorber esa nueva oferta productiva.

3. Pero ese proyecto de integración latinoamericana, basado en un cambio en la matriz económica, era intolerable para Estados Unidos, que necesitaba mantener a la región como proveedora de recursos naturales a bajo precio y como mercado natural para sus productos elaborados.

4. Este escenario implicaba que ambos reformismos terminarían por chocar de forma violenta e insalvable con la elite económica y política nacional, reacia a abandonar su vocación rentista en aras de un proyecto de cohesión social que despreciaba profundamente. Y también chocaba con el capital transnacional, que necesitaba que América Latina permaneciera bajo la órbita de dominio norteamericano, en posición de dependencia económica y subordinación política. El ciclo de cambios reformistas llevaría inevitablemente a la necesidad de una ruptura abierta y decidida, y para liderar ese proceso construyó y articuló el Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

LA INDESEABILIDAD DE LOS REFORMISMOS
Si los programas reformistas aparecían como inviables sin un momento de ruptura radical, también eran criticables porque no lograban superar el nudo del dilema latinoamericano. En el caso del reformismo DC, Miguel Enríquez advertía el germen de una modernización capitalista, tanto a nivel agrario como minero, que originaría un nuevo ciclo de acumulación en beneficio de los sectores más cosmopolitas y mejor preparados del empresariado nacional. Y en el programa del FRAP y de la UP reconocía una voluntad redistributiva mucho mayor, pero que en el fondo mantenía la continuidad con la dimensión desarrollista del proyecto DC, cambiando los socios occidentales por nuevos socios de la Europa del Este. Su intuición era que se debía buscar de forma clara y decidida una orientación socialista, que permitiera el protagonismo popular, y que evitara las trampas burocráticas y autoritarias en las que cayeron los países del “socialismo real”.
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Aquí…, Radio Liberación

Para Fernando Vergara Vargas

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Fernando Gabriel Vergara Vargas, militante del MIR, era diseñador gráfico y publicista; pero sobre todo radiodifusor clandestino.

Trabajó en Walter Thompson y Veritas Publicidad. Diseñador Gráfico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Editorial Siglo XXI. Operador de la radio clandestina Liberación (1982/84) y dibujante de El Rebelde.

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Fernando Vergara Vargas fue un artista del diseño gráfico que ejerció clandestinamente el periodismo y la radiodifusión durante los años en que los medios opositores fueron silenciados por la dictadura. Eran tiempos en que los jóvenes «pateaban piedras», en la canción de Los Prisioneros, a la vez que encendían las protestas en barrios y poblaciones de Santiago, Valparaíso y Concepción.
Detenido en 1974 y expatriado a México en 1975, regresó clandestinamente en 1982 para entregarse a tareas de comunicación del MIR. Murió a los 36 años, el 15 de diciembre de 1984, acribillado con catorce impactos de bala en una emboscada en calle Santa Elvira que la Central Nacional de Información (CNI) presentó como «enfrentamiento». En su secreto equipaje de repatriado, cargaba lápices de colores prodigiosos para dibujar las cartas a su hija Barbarita, entonces de 7 años.

Circulaba como peatón, pero «recibió la respuesta que correspondía de parte de las fuerzas de seguridad» al resistir una supuesta revisión de …automovilistas, en la inverosímil versión «de inteligencia» del secretario general de Gobierno, Francisco Javier Cuadra. En el domicilio de la víctima (Carmen 1392), que tenía prohibición de ingresar al país desde 1980, la CNI incautó componentes electrónicos de los transmisores que Vergara fabricaba para las emisiones clandestinas de radio Liberación. Radiodifusión

Entre 1982/84, se entregó al desarrollo de las transmisiones clandestinas. El vespertino La Segunda registró esas actividades el 18 de mayo de 1982, en una nota titulada Gol con relato subversivo:

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Para no olvidar. Impactante testimonio-crónica de un exiliado chileno

caracas, venezuela, marzo de 2010

señores

comisión valech.

en primera instancia, me permito agradecerles la oportunidad de poder escribir por primera vez mi testimonio.

mi nombre es juan rafael ruilova maluenda, nacido en chile, en la ciudad de ovalle (iv región), el 25 de septiembre de 1946, de profesión ingeniero (graduado en la universidad técnica del estado), con cédula 5.280.772-7.

soy casado y tengo tres hijos. actualmente vivo con mi esposa en caracas- venezuela y mis tres hijos viven en chile.

este documento-testimonio, tiene como objetivo reseñar de forma lo mas clara, detallada, pormenorizada y con cierto rigor cronológico, la experiencia personal y colectiva, que me toco vivir durante los años de la cruel dictadura de augusto pinochet en chile y de la cual fui una de las tantas victimas; perseguido, arrestado, torturado, expulsado de mi país y buscado durante toda esa época por los organismos represores del régimen militar. por otro lado consignar este testimonio en la comisión valech, a objeto se me reconozca por el estado y gobierno de chile mi status de perseguido, encarcelado, exiliado y torturado por razones políticas.

caracas, venezuela, marzo de 2010

señores

comisión valech.

en primera instancia, me permito agradecerles la oportunidad de poder escribir por primera vez mi testimonio.

mi nombre es juan rafael ruilova maluenda, nacido en chile, en la ciudad de ovalle (iv región), el 25 de septiembre de 1946, de profesión ingeniero (graduado en la universidad técnica del estado), con cédula 5.280.772-7.

soy casado y tengo tres hijos. actualmente vivo con mi esposa en caracas- venezuela y mis tres hijos viven en chile.

este documento-testimonio, tiene como objetivo reseñar de forma lo mas clara, detallada, pormenorizada y con cierto rigor cronológico, la experiencia personal y colectiva, que me toco vivir durante los años de la cruel dictadura de augusto pinochet en chile y de la cual fui una de las tantas victimas; perseguido, arrestado, torturado, expulsado de mi país y buscado durante toda esa época por los organismos represores del régimen militar. por otro lado consignar este testimonio en la comisión valech, a objeto se me reconozca por el estado y gobierno de chile mi status de perseguido, encarcelado, exiliado y torturado por razones políticas.

1) universidad técnica del estado (ute).

el 11 de septiembre de 1973, me encontraba junto a una gran cantidad de compañeros, en los predios de la universidad técnica del estado en santiago y la razón de estar en ese lugar y ese día, obedecía en primer lugar a que era profesor de dicha universidad y además cursante del ultimo semestre de ingeniería mecánica, por otro lado, a razones ideológicas y militantes, pues era miembro activo del partido comunista de chile y en tan difícil situación política, era obligación moral defender con nuestra presencia no solo el gobierno legitimo y democrático del presidente allende, sino además, dejar clara demostración de nuestro repudio, como universitarios, a la violación del precepto constitucional democrático que ese fatal día era llevado a cabo por los militares golpistas.

las personas que nos encontrábamos en la universidad – calculo yo – éramos aproximadamente unos 3000, algunos en la zona de la casa central de la universidad y otros en la escuela de artes y oficios (eao); profesores, alumnos, empleados administrativos y obreros. la máxima autoridad de la universidad, el insigne rector enrique kirberg, encabezaba a ese nutrido grupo de patriotas universitarios que luchábamos por mantener la democracia en chile desde nuestra añorada casa de estudios.

en la madrugada del día 11 de septiembre, ya la universidad había recibido – como inicio de las crueles acciones en el país- una acción comando realizada contra las instalaciones de la radio de la ute, las que fueron tiroteadas, Sigue leyendo