A décadas del asesinato del líder del MIR chileno, opinan Ramis, Echeverría, Amoros y Quesada

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La pregunta de Miguel

La figura de Miguel Enríquez despierta dos tipos de reacción. O se le descalifica en bloque, culpándole de un amplio conjunto de pestes políticas, o por el contrario, se la ensalza en un relato militante, que mezclando la hagiografía revolucionaria y el panegírico apologético tiene poco que ver con la personalidad y el talante del fundador del MIR.

Miguel no era un santo ni un demonio, sino un revolucionario que propuso una serie de preguntas políticas fundamentales al país, y estuvo dispuesto a debatirlas abiertamente durante toda su vida. Lejos del sectarismo o el dogmatismo, se le debe ubicar, dentro de la tradición del pensamiento crítico latinoamericano, entre los que buscan una alternativa emancipatoria adecuada a las condiciones específicas de nuestros pueblos. En este aspecto, Miguel Enríquez es una figura actual. Sus preguntas siguen siendo gravitantes y exigen ser tomadas en cuenta, de forma profunda y consistente.

El problema fundamental que identificó Miguel y el colectivo generacional que le acompañó en la fundación del MIR en 1965 era el siguiente: en América Latina se había hecho patente que la derecha histórica, agraria, conservadora y patronal, no disponía de un proyecto de desarrollo para la región. Incluso el Estados Unidos de Kennedy y la Iglesia Católica post-conciliar estaban de acuerdo en este diagnóstico. Tal como lo había demostrado el gobierno de Jorge Alessandri, la oligarquía más rancia y casposa estaba a la deriva, dispuesta a agarrarse a cualquier cosmético con tal de mantener un orden social anacrónico, que exigía una transformación radical y urgente. En respuesta a esta crisis se alzaban dos programas de reformas, aparentemente antagónicos, pero que en el fondo poseían amplias coincidencias de fondo: la “revolución en libertad” democratacristiana, aliada a la Alianza para el Progreso norteamericana, y la “vía chilena al socialismo” que postulaban los partidos Socialista y Comunista. En cada país del continente esta dicotomía asumía sus propias especificidades, pero se replicaba en lo fundamental, de acuerdo al dualismo Este-Oeste de la guerra fría.

La intuición fundamental de Miguel era que ambos proyectos tenían limitaciones estructurales que afectaban su viabilidad y deseabilidad. Ello no quiere decir que homologara ambas alternativas. Miguel y el MIR distinguían entre la derecha tradicional y el reformismo DC, y entre la DC y el proyecto del FRAP, que desembocaría en 1970 en la Unidad Popular y el gobierno de Salvador Allende. Pero su análisis crítico le llevó a descubrir en ambas alternativas una serie de contradicciones y aporías, inherentes a la naturaleza del orden internacional en el que estaban insertas y por sus propias insuficiencias de cara a las necesidades de las grandes mayorías, a las que definió como “los pobres del campo y la ciudad”.

LA INVIABILIDAD DE LOS REFORMISMOS
Para Miguel Enríquez los dos proyectos de reforma que se proponían a Chile en los años sesenta no eran viables a largo plazo. Arraigaba este convencimiento en un análisis muy detallado de las condiciones de la economía latinoamericana, situada en una relación de dependencia respecto a los grandes centros de poder del capitalismo global. Tanto el programa de la DC como el de la Izquierda apostaban a lograr una alianza histórica con los sectores progresistas del empresariado nacional en orden a promover una modernización industrializadora que permitiera cambiar el patrón productivo, para desembocar en una versión nacional del Estado de bienestar europeo. Pero este programa presuponía una serie de condiciones de posibilidad, que el MIR no lograba visibilizar, entre otras:

1. La inexistencia de un verdadero empresariado “progresista”, con vocación industrializadora. Más allá de algunas individualidades, los empresarios nacionales se veían a los ojos de Miguel como endémicamente arraigados a una tradición rentista, extractivista y agraria, incapaces de asumir el programa de sustitución de importaciones que preconizaba la Cepal, que debería crear los empleos de calidad que podrían incorporar a los excluidos del ciclo productivo.

2. A la vez, el mercado chileno era incapaz de absorber la nueva producción nacional que se debería llegar a generar. La inexistencia de una verdadera clase media constituía un obstáculo insalvable al proyecto reformista. La única forma de sortear este problema radicaba en la consolidación de un mercado ampliado, a escala latinoamericana, que por su dimensión pudiera absorber esa nueva oferta productiva.

3. Pero ese proyecto de integración latinoamericana, basado en un cambio en la matriz económica, era intolerable para Estados Unidos, que necesitaba mantener a la región como proveedora de recursos naturales a bajo precio y como mercado natural para sus productos elaborados.

4. Este escenario implicaba que ambos reformismos terminarían por chocar de forma violenta e insalvable con la elite económica y política nacional, reacia a abandonar su vocación rentista en aras de un proyecto de cohesión social que despreciaba profundamente. Y también chocaba con el capital transnacional, que necesitaba que América Latina permaneciera bajo la órbita de dominio norteamericano, en posición de dependencia económica y subordinación política. El ciclo de cambios reformistas llevaría inevitablemente a la necesidad de una ruptura abierta y decidida, y para liderar ese proceso construyó y articuló el Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

LA INDESEABILIDAD DE LOS REFORMISMOS
Si los programas reformistas aparecían como inviables sin un momento de ruptura radical, también eran criticables porque no lograban superar el nudo del dilema latinoamericano. En el caso del reformismo DC, Miguel Enríquez advertía el germen de una modernización capitalista, tanto a nivel agrario como minero, que originaría un nuevo ciclo de acumulación en beneficio de los sectores más cosmopolitas y mejor preparados del empresariado nacional. Y en el programa del FRAP y de la UP reconocía una voluntad redistributiva mucho mayor, pero que en el fondo mantenía la continuidad con la dimensión desarrollista del proyecto DC, cambiando los socios occidentales por nuevos socios de la Europa del Este. Su intuición era que se debía buscar de forma clara y decidida una orientación socialista, que permitiera el protagonismo popular, y que evitara las trampas burocráticas y autoritarias en las que cayeron los países del “socialismo real”.
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CARTA DE MIGUEL AL CARDENAL RAÚL SILVA HENRÍQUEZ

Cardenal Raul Silva Enriquez
Miguel Enriquez

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Chile, Abril de 1974.
Sr. Cardenal
Raúl Silva Henríquez
Presente.

Escuchamos con atención su homilía de Semana Santa y leímos en la prensa informaciones acerca de un supuesto atentado en contra suya, por parte de “extremistas de izquierda” (designación que comúnmente nos da la Junta).

A pesar de que nosotros estamos convencidos, y Ud. lo debe tener más claro aún, que todo eso no fue más que una farsa publicitaria que levantó la Junta Militar con el fin de disminuir el impacto de su homilía y de atemorizar a la Conferencia Episcopal de Punta de Tralca, o a lo más la preparación de un atentado que ellos mismos estuvieron preparando, nos decidimos a escribirle directamente a Ud., fijando nuestra posición y actitud.

Estamos en contacto con toda la Izquierda y no sabemos de fuerza alguna dentro de ella, que fuera partidaria del terrorismo individual y menos en contra suya.

Nosotros, separados de Ud. por importantes diferencias ideológicas, somos parte de los perseguidos de hoy, luchamos por los humillados y ofendidos de siempre, y hoy por la restauración de las libertades democráticas, la defensa del nivel de vida de las masas y el respeto a los derechos humanos, de cuya violación sangrienta y sistemática por parte de la dictadura gorila, han sido víctima varias decenas de nuestros compañeros y familiares.

A pesar de que también somos de los que creemos que a la dictadura gorila sólo se le derrocará organizando la Resistencia y el combate de todo el pueblo, y que sólo así los obreros y pobres de Chile conquistarán su verdadera emancipación, en un Gobierno de Obreros y Campesinos, aunque en ello se nos vaya la vida, no sólo no somos hoy partidarios del terrorismo individual, sino que menos aún, ni ayer, mañana y hoy, se nos ha cruzado como objetivo atentar en contra suya.

Más aún, apreciamos en toda su magnitud el valor desplegado por Ud., en su homilía de Semana Santa, en el sentido de empujar la defensa de los Derechos Humanos y de los pobres de Chile, como también, con mayores reservas, el documento público de la Conferencia Episcopal reciente.

Si muchas cuestiones nos separan, con certeza nos une al menos la defensa de los Derechos Humanos y la defensa de los pobres de los campos y ciudades de Chile. No es por coincidencia que en nuestras dentro y fuera de Chile contamos con un significativo número de cristianos y sacerdotes católicos.

Nuestro partido, a pesar de los golpes recibidos, se ha reorganizado, funciona, bajo nuevas condiciones, con suficiente regularidad; por ello, las afirmaciones que en esta carta expreso, puede Ud. contar que con certeza corresponden también a las de todos los militantes y miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

¡LA RESISTENCIA POPULAR TRIUNFARA!

Miguel Enríquez, Secretario General.
MOVIMIENTO DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA. MIR.

Tomado de: memoriamir.cl

Relatando la memoria: ser del MIR y sobrevivir en dictadura

    Nos enfrentamos a una dualidad entre memoria y olvido. Una contradicción entre esta memoria histórica que se expresa en los relatos de Cardyn y el olvido que se expresa en los discursos del Chile actual. Por lo que develar la memoria histórica es, en sí mismo, una lucha política, esperando que lo que hagamos y lo que podamos proyectar en conjunto tenga algún significado y efecto en las relaciones sociales, en nuestros pueblos adormecidos por la ideología neoliberal.

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La historia oculta del comandante Rosauro

Tomado de http://m.elmostrador.cl
Por Jorge Escalante

Abogados de DDHH pedirán desafuero del actual parlamentario de RN

Rosauro Martínez Labbe

El comandante Rosauro se abalanzó sobre la puerta de madera para abrirla de una patada, pero se le trabó su fusil ametralladora. Rosauro retrocedió nervioso y ordenó a sus hombres rodear la humilde construcción de madera. Adentro se refugiaban los miristas Eugenio Monsalve Sandoval, Próspero Guzmán Soto y Patricio Calfuquir Henríquez.

La bandera chilena todavía flameaba al viento fresco esa mañana del 20 de septiembre de 1981 en Remeco Alto, a corta distancia de Neltume en la precordillera de Valdivia. El aire olía a leña humeante.

Rosauro, conocido en el Ejército como El Mosquetón, habló en un susurro de voz con la dueña de la casa, Floridema Jaramillo Manquel. Esta le informó que los tres jóvenes dormían. Habían llegado hambrientos y cansados pidiendo comida, refugio y camas donde descansar. El destacamento de Tropas Especiales de la Compañía de Comandos N°8 de Valdivia al mando del comandante Rosauro Martínez Labeé, se había acercado sigilosamente a la casa.

Algunos agentes de la Unidad Antiterrorista (UAT) de la CNI, colaboraban esa mañana con los hombres del comandante Rosauro al mando de El Monje Loco. Así nombraron los prisioneros del campo de Pisagua en 1973, al entonces teniente de Ejército Conrado García Gaier. Conrado había sido en ese lugar el oficial más temido por sus refinadas torturas. A veces vestía capa negra y tocaba el órgano sustraído a la parroquia, antes de dar inicio a los tormentos. Rosauro y El Monje operaban esa mañana codo a codo en busca de la ansiada presa.

    Por su misión en Neltume a cargo de la CCN°8, el comandante Rosauro recibió felicitaciones del Ejército estampadas en su hoja de vida. El 11 de noviembre de 1981 dice: “Extraordinario desempeño al mando de la Compañía de Comandos N°8 durante las acciones de combate contrasubversivas en la zona de Neltume, donde resultaron siete extremistas muertos sin bajas del Ejército”.

Junto a ellos actuaba en la zona Pete el Negro. El ahora capitán de Ejército Enrique Sandoval Arancibia, era el jefe de la Brigada Rojo de la CNI en el cuartel Borgoño de Santiago, grupo a cargo de exterminar al MIR. Pero Pete tenía otra historia. En octubre de 1973 al poniente de Santiago, siendo un teniente del Regimiento Yungay de San Felipe, le dio cuatro tiros en la cabeza con su pistola Steier al niño de 13 años Carlos Fariña Oyarce. Después roció su cuerpo con gasolina y lanzó un fósforo, según consta en la investigación judicial.

Fue la víctima más joven de la dictadura. Después fue importante asesor del ex agente Dina Cristián Labbé Galilea, cuando era alcalde de Providencia.

Con ellos operaba el comandante Rosauro en la precordillera al mando de su destacamento. Era la Operación de Contraguerrilla Machete como la denominó oficialmente la Comandancia en Jefe del Ejército.

En 1978 el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, inició la Operación Retorno a Chile con el fin de combatir la dictadura por las armas. A fines de 1980, poco menos de veinte militantes se instalaron en Neltume y sus alrededores para conformar el Destacamento Guerrillero Toqui Lautaro.

Poco antes del asalto a la casa de doña Floridema, ayudados por los baqueanos de la zona Dagoberto Pineda y José Flores, Rosauro, su gente y sus colaboradores de la UAT, descubrieron el tatoo de los miristas. Un refugio subterráneo. Los militantes alcanzaron a huir, pero perdieron todo cuanto tenían: alimentos, remedios, documentos y algunas armas. De ahí en adelante, se convirtieron en seres hambrientos y errantes por los gélidos parajes de la precordillera. Ya no pudieron permanecer unidos, debiendo separarse en pequeños grupos.

Aunque era la madrina de Monsalve, la misma Floridema denunció a los tres militantes enviando a su hijo de 15 años a avisar a los Carabineros del retén Neltume. Estos montaron en un vehículo y se dirigieron al campamento donde permanecía el destacamento de Rosauro. El sargento Alfonso Rozas, jefe del retén, habló directamente con él y le entregó la información.

Directo a la cabeza

Esa mañana de septiembre, a una señal de Rosauro los comandos y agentes de la UAT abrieron fuego con fusiles automáticos y una ametralladora punto 30 instalada en lugar estratégico. La casa de madera quedó totalmente destruida por el nutrido fuego de grueso calibre. Patricio Calfuquir y Próspero Guzmán murieron sólo en minutos atravesados por las balas. El cadáver de Guzmán quedó con 28 heridas de proyectiles de acuerdo al informe de autopsia. Eugenio Sandoval, quedó herido y alcanzó a huir por una ventana posterior.

Rosauro y un puñado de sus hombres lo encontraron a pocos metros de distancia aún con vida oculto entre unos coligües. Le dispararon directo a la cabeza y lo mataron. Un helicóptero Puma enviado desde la IV División del Ejército en Valdivia por su comandante el general Rolando Figueroa Quezada, recogió los tres cadáveres y los condujo a esa ciudad entregándolos en la morgue local.

Tiempo después, desde Valdivia, Rosauro envió a Floridema una mediagua sin forrar por la que se colaba el viento helado. Floridema protestó por la vivienda que no alcanzaba a reemplazar la calidad de la destruida, pero no logró nada más del comandante.

Unos días antes del asalto a la casa, dieron muerte al mirista Raúl Obregón Torres. El 17 de septiembre de 1981 mataron a Pedro Yáñez Palacios. Este se ocultaba en el hueco de un árbol con un pie gangrenado y amputado por congelamiento. El 28 de noviembre de ese año mataron también a Juan Ojeda Aguayo en la zona de Quebrada Honda.

Otro oficial que operó en la zona de Neltume bajo las órdenes del comandante Rosauro Martínez, fue Arturo Sanhueza Ros. Un destacado represor que perteneció a la CNI operando en el cuartel Borgoño. El Huiro, como le dicen sus cercanos, formaba parte de la Compañía de Comandos N°8 en Valdivia como instructor. Sus crímenes lo conducen a la Operación Albania y a los asesinatos del periodista José Carrasco y otros tres opositores tras el atentado a Augusto Pinochet en 1986.

El mismo Sanhueza declaró en el proceso por los crímenes de 1981 en Neltume que instruye la jueza Emma Díaz Yévenes de Valdivia que, junto a él y bajo el mando del comandante Rosauro, también formaron parte de aquel destacamento los entonces tenientes de Ejército Mario de Toro Gallardo, Iván Fuentes Sotomayor, Julio Arellano Garamund y Claudio Peppi Onetto.

En la Operación Contraguerrilla Machete, Rosauro Martínez con el grado de capitán tuvo bajo su mando a 192 efectivos de ese destacamento. Este lo integraban 4 tenientes, 1 subteniente, 8 suboficiales, 49 cabos y 130 conscriptos.

En el proceso, los suboficiales Eduardo Inostroza Reyes y Luis Jerez Prussing, afirman que por sus declaraciones prestadas, en especial temen a su ex comandante Rosauro Martínez.

Según dijo en el proceso el suboficial e integrante de la CC8 Luis Jerez Prussing, en la Operación Machete formó parte un equipo de Televisión Nacional de Chile.

Felicitaciones

Por su misión en Neltume a cargo de la CCN°8, el comandante Rosauro recibió felicitaciones del Ejército estampadas en su hoja de vida. El 11 de noviembre de 1981 dice: “Extraordinario desempeño al mando de la Compañía de Comandos N°8 durante las acciones de combate contrasubversivas en la zona de Neltume, donde resultaron siete extremistas muertos sin bajas del Ejército”.

Terminada la operación Neltume, Rosauro se fue a al Comando Sur del Ejército de Estados Unidos en Panamá. Por ello recibió otra felicitación en su hoja de vida en diciembre de 1981.

Por estos crímenes, hasta ahora la jueza Emma Díaz mantiene procesados al actual coronel retirado Conrado García y al capitán en retiro Enrique Sandoval Arancibia. Esta semana sería presentada en la Corte de Apelaciones de Valdivia la solicitud de desafuero del actual diputado de Renovación Nacional, Rosauro Martínez por parte del abogado Boris Paredes. El pretendido desafuero tiene por fin pedir posteriormente el procesamiento del parlamentario por estos delitos de lesa humanidad, los que la magistrada tiene ya tipificados como homicidios calificados.

Antes de integrar el destacamento que ultimó a los miristas en Neltume, Rosauro Martínez integró la DINA. A pesar de que él lo ha negado reiteradamente, el diputado llevaría el número 77 en la lista con 1.097 ex agentes que en 2008 el Ejército entregó al ministro en visita extraordinaria Alejandro Solís. Hasta entonces siempre negada a los tribunales, esta es la única lista que el Ejército ha conformado hasta ahora con nombres de oficiales y suboficiales que integraron la DINA.

El ex agente y comandante Rosauro, ha sido diputado desde 1994 y este año postula a su reelección por el distrito 41 de Chillán.

Twitter https://mobile.twitter.com/verde_olivo

La importancia de reconstruir la historia de la resistencia

Tomado de http://www.rebelion.org
Por José Antonio Palma Ramos.
Magister (c) en Historia con mención América. USACH.

Presentación del libro “El MIR y su opción de la guerra popular”

    Nací en dictadura, presencie la masacre de los 90’ y lucho en el siglo XXI. Como obrero de la Historia, mi labor disciplinar está al servicio de la clase y de los condenados de la tierra, que no nos cansamos de decir que esta realidad injusta no es eterna, que el capitalismo que nos rodea no fue un designio divino, que el Mercado no es un dios y que en nuestras manos y en las de todos está nuestro destino. La mejor labor intelectual que puedo llevar a cabo es continuar con mi trabajo riguroso, científico constructivo para recuperar la memoria de nuestro pueblo.

El mito democrático de Chile no sólo se remite a la escandalosa falacia, que desde arriba se señala, que el 11 de septiembre de 1973 se quebró una de las democracias más antiguas de América latina. Desde el poder de los privilegiados, se construyó toda un aparataje ideológico que nos indicaba que los salvajes, indómitos, agresivos y violentos sin sentido fuimos siempre los pobres. Se dijo que desde la oligarquía se libró una titánica tarea por civilizar estas pobres almas de mestizos, negros e indios. Almas cautivas en cuerpos desnudos, escuálidos, penumbrosos y mal olientes. En lo político, ellos habrían llevado a cabo el gran proyecto democrático cosificado en el desarrollo político del siglo XX, logrando avances en leyes sociales y en la ampliación del padrón electoral. Consideraban que el proceso debía ser lento, cauto y austero, sobre todo porque era inimaginable entregar privilegios a sectores que no estaban capaces todavía de ejercer sus derechos. Pero paradójicamente, esa misma franja mínima de privilegiados, a medida que se vanagloriaba de avances de los cuales jamás fueron parte, al contrario, hicieron todo lo posible para detener las fuerzas de la historia, cuando el proceso democratizador de la sociedad civil avanzaba a pasos agigantados en los 60 y comienzos de los 70’, no dudaron en mostrar su faz más recalcitrante y perversa. Fascistoide, conservadora y genocida, la respuesta a tal insolencia fue brutal. Terrorismo de Estado. Es decir, toda una historia republicana con pies de barro. Esta obra intenta ser un aporte a los millones que pretendimos derribar ese castillo sacrosanto llamada Historia oficial.
El párrafo anterior es un preámbulo simple para explicar quizás, una de las interrogantes más reiterativas frente a las cuales me veo interpelado. ¿Por qué? Saber las motivaciones, lo que impulsa al autor desarrollar un tema en desmedro de otros. En la historiografía esos fundamentos claramente argumentados, deben estar ceñidos a parámetros científicos donde lo principal debe ser una producción de conocimiento que permita a la sociedad contribuir a su bienestar y desarrollo armónico. Donde una necesidad sea saciada por la labor intelectual. ¿Cómo si el conocimiento diera de comer y abrigo? Donde un saber permitiera dar casa o comida. Donde el espíritu satisface al cuerpo. Toda una ilusión.

Considero que el ejercicio intelectual, como cualquier otra labor humana es un trabajo eminentemente colectivo. Cargamos sobre nuestras espaldas siglos de trabajo manual que nos permitieron pensar y repensar el mundo. Algunos, claro está, para mantenerlo y conservarlos como en una caja de cristal, y otros, que buscamos transformarlo de manera radical y revolucionaria. Mientras me siento horas y horas a escribir frente a un computador, otros dejan sudor y sangre en la tierra para que yo pueda disfrutar del alimento. Mientras viajo leyendo plácidamente en el Transantiago, otros que manejan los buses los obligan a usar pañales porque no tienen oportunidad para ir al baño. Mientras rasgo vestiduras por las becas que he conseguido, estoy convencido que a otros se les condena a no estudiar y a ser mano de obra barata. Todo eso me atormenta, me revuelve el estómago, me hace pensar que me vuelvo como ese grupo de privilegiados que aborrezco. Convirtiéndome lo que menos quiero ser, transformándome en un ser insípido, con granjerías, con labores de elite en el paraíso intelectual. Obviamente a todo aquello me rehúso, rehuyó de ese supuesto destino por elegir esta opción. Por supuesto que no puedo hacerme cargo de la división social del trabajo impuesto por la fuerza por el capitalismo al conjunto de la humanidad. Pero si desde mi labor y rol como intelectual puedo hacer frente a ello y contribuir para que esa bestial división desaparezca.

Otra interrogante que las personas me señalan respecto al libro, sobre todo a los que les solicitaba una entrevista, era saber si yo era del MIR, de familia mirista, si tengo familiares presos políticos, detenidos desaparecidos, etc. Como que a la gente le sorprende que una persona “fuera” de ese mundo, le interese esos temas. ¡Que sorpresa me llevo desde el comienzo, ya que se supone que el MIR era la vanguardia del proletariado que conduciría a los pobres del campo y la ciudad a la revolución socialista! Deberían recibirme con alegría, que alguien de las clases que llaman interpretar se acerca a su historia. Con extrañeza, desconfianza e incredulidad muchos ex militantes no me prestaron atención por no tener credenciales y curriculum rojinegro. Claro que no es obligación de todos darme su testimonio en las entrevistas que solicite, pero si por lo menos no prejuzgarme por no tener antecedentes o cartas de recomendación, y también, y mínimo es que me dieran una respuesta clara, un sí o un no. Pero en fin, los obstáculos y dificultades del oficio del historiador son muchas y las que mencione son sólo algunas. Los mismos que te motivan a no darte por vencido, porque cómo me aconsejo un profesor amigo, para este trabajo hay que ser patuo y con personalidad. Aunque reconozco que me lo tomo a pecho, y a veces exagero, ese consejo me ha servido de mucho. A veces con la misma persistencia e insistencia que muchos protagonistas de estas páginas.

Para comprender las razones de porque estudie al MIR, es necesario comprender un poco de mi propia historia. Pero no entendida “mi” historia, como un aspecto individual y atomizado socialmente. Parto comprendiendo al ser humano como un ser social por excelencia, que se desarrolla en tanto al otro. Donde prima lo colectivo por sobre lo individual. Así, mi historia está impregnada de lo colectivo, de una historia que va más allá de mi existencia concreta medida con carbono 14. Involucra mi contexto familiar y del espacio/territorio en que me desarrollo, implica sus historias, que en realidad es la Historia del “nosotros”. Ese pasado de mis padres, tíos y abuelos que sobrevive en sus frágiles memorias que se descascaran con el tiempo. Ese contexto que vio surgir el MIR en los 60’ es el escenario que también retratan esas memorias muchas veces ignoradas, dejadas en la ignominia de las ciencias sociales. ¿Cómo no querer ver a ese Chile que soñó, que maduro, que se constituye con orgullo ante la Historia y que luego fue arrasado? ¿Cómo no querer ver al país de estos últimos 40 años con un prisma casi no tomado en cuenta?

El MIR, se constituyó como una orgánica en la que confluyeron y decantaron múltiples esfuerzos personales y colectivos de la Izquierda chilena. Anarcosindicalistas, trotskistas, maoístas, socialcristianos, leninistas y guevaristas se reunieron en torno a la consigna de terminar con la danza de la lucha electoral, que ya no tenía nada más que entregarles a los explotados. Que era necesario erigir una alternativa realmente revolucionaria. En una década embriagada por la revolución cubana y por todo un continente que estaba a punto de explotar. Donde además, a la distancia se observaba como campesinos de Vietnam, con Ho Chi Minh y Vo Nguyen Giap a la cabeza, derrotaban al ejército más poderoso que ha visto la humanidad. Mientras en África y Asia los pueblos del Tercer mundo se sacudían de las cadenas centenarias del imperialismo.

La originalidad del MIR no sólo se remite a su contexto y antecedentes, se remite por sobre todo a su propuesta estratégica original, establecer la lucha armada como método principal para la toma del poder. En una sociedad donde el mito republicano de la paz social y de la resolución de conflictos dentro de los causes de la institucionalidad estaba arraigada hasta el tétano de los convencidos, esta opción era un desquiciamiento y para algunos compañeros de izquierda, no era más que hacerle el juego a la derecha.

No hay que ser genio matemático para saber que mi generación la separa una brecha considerable de los 60’. Lo que ningún libro de Historia logro hacer, acercarme a ese periodo lo hicieron mis padres, tíos y abuelos. Ese Chile gris que poco a poco tomaba color. Ese país rural, señorial, de dura vida de trabajo en el campo, donde la radio era la conexión con el mundo, lo construyo a partir de esos relatos. Ese país que fue cambiando por esos años, donde su gente cambio. Donde mi familia fue protagonista, aunque ningún libro lo mencione. Ese sueño de miles que cambiaron su hogar de toda la vida, por mayores oportunidades en la ciudad. En ese viaje, en esa migración campo-ciudad, también estuve. ¿Y cómo no? Si ese desarraigo que provoco está presente hoy en día, si soy producto de esa distancia con la tierra y la naturaleza. Esas luchas por la tierra para quien la trabaja y esas primeras huelgas obreras por reivindicaciones laborales, como en Yarur donde estuvieron unos tíos, también impregnadas en esas memorias lejanas, me exigen decir que yo también estuve allí. Esos nuevos actores sociales que surgen en las poblaciones callampas, los recién llegados, mujeres, jóvenes y mapuches no estaban en las interpretaciones de los manuales soviéticos ni en los discursos programáticos de la Izquierda Tradicional. Ese nuevo pueblo pobre es el que vio surgir al MIR y que nutrió su estrategia y proyecto político.

El vaivén de los 70’, que puso en el lugar que les corresponde a los explotados, presencio luego la masacre contra un pueblo organizado. El mito republicano terminó por estallar por los aires, a la par que La Moneda ardía luego que los hawker hunter bombardearan al compañero presidente y al grupo de leales que permaneció junto él. Esa década que vio como el color se desvanecía y se ensombrecía a medida que los camiones de muertos transcurrían por los pequeños pasajes de las poblaciones, mientras se lanzaban al mar con rieles en el cuello a los opositores y a la vez que se restituía el latifundio y el poder a la oligarquía, todo santificado por la jerarquía eclesiástica, el Departamento de Estado norteamericano y la CIA que financiaron el sabotaje y el asesinato. El miedo comenzó a instalarse en el subconsciente colectivo, nadie quedo ajeno, y muy pocos por supuesto, sabían que el trasfondo de todo ese shock era una revolución tecnocrática y la instalación de un modelo económico más violento que cualquier protesta.

El Neoliberalismo también llego a ese campamento que recibió a mi familia en los 70’, el Fe y Esperanza, en el que si bien nunca estuve físicamente, mi espíritu y germen clasista lo estuvo. Las calles de tierra, baños de pozo, divisiones precarias de alambre eran el escenarios de aquellos tiempos, lejanos de las antenas de TV satelital, autos, motos, pantallas planas, hijos todos del crédito y del hiperconsumo, que atiborran nuestras poblaciones, ilusiones materiales que hacen pensar a muchos de mis vecinos que no son pobres.

Mientras se sucedían los peores momentos de la Izquierda chilena, el MIR levanto la consigna “el MIR no se asila”, que pretendía ser un aliciente moral a la resistencia, pero que por otro lado, tácticamente es considerada por muchos de sus sobrevivientes como una locura. Desde el extranjero y los pocos que se habían librado del exterminio en el interior se comenzó a articular una nueva estrategia político-militar, la Guerra Popular Prolongada, con raíces en el oriente lejano de Mao Tse Tung y en la Indochina combativa, que con sus variantes caló en los 70’ en la selva centroamericana. Se levantó el Plan Retorno para reconstruir al partido en el interior, paso previo para llevar a cabo los tres lineamientos tácticos militares, constituir tres fuerzas político-militares –milicias urbanas, destacamentos rurales y una fuerza profesionalizada, la fuerza central- estructuras que buscaran la derrota del ejército y del Estado burgués. El destino de las fuerzas fue dispar, algunas no alcanzaron su nivel de instalación, como en Neltume, en el sur del país. Otros fueron exterminados, como gran parte de la Fuerza Central hacia 1983. Mientras que las milicias de la resistencia populares acompañaron a parte del pueblo en las 22 Jornadas de Protesta Nacional.

Esta obra también quiere librar una batalla con esa historia desde la izquierda, que indica que el MIR dejo de existir con la supuesta intentona “foquista” de Neltume y que en los 80’ prácticamente desapareció, donde algunos además señalan que la lucha armada lejos de ayudar a alcanzar la democracia, fue un obstáculo. Evidentemente esos argumentos no hacen más que justificar la masacre jóvenes combatientes en los 80’ y 90’, además de sus cuotas y sillones de poder.

A medida que la transición se consolidaba en los pactos de la “gran política” gramsciana, en los salones de la casa oval y del Vaticano, los obstinados de siempre continuaron con las armas en las manos exigiendo un Gobierno “democrático, nacional, popular y revolucionario”. Pregonaron el gran engaño del cuales muchos fuimos sus hijos y con ojos de infante observamos sin comprender mucho a inicios de los 90’. El aislamiento y la traición fueron fecundando esta irrisoria copia feliz del edén. Esos mismos ojos con los que ví por la TV la fuga de la cárcel pública, la masacre de Apoquindo, y que en vivo percibí por primera vez ese olor a lacrimógena a una cuadra de mi casa, cuando pobladores se tomaron los departamentos que darán vida a la población Vicente Huidobro. Ese recuerdo quedará grabado a mis 11 años, cuando jóvenes con el rostro cubierto a punta de molotov y balas defendían a los pobladores de la arremetida del carro lanza agua, las fuerzas especiales y la policía montada. Día que ni siquiera en mi memoria tengo claro cuando fue específicamente, me escabullí a escondidas de mi madre para ver ese espectáculo surrealista y extraño para mi edad, fue el haz de luz que me ayudará a comprender que la lucha consigue lo que el capitalismo nos niega. Jamás olvidare esa retirada humillante de las fuerzas represivas mientras la algarabía se desataba por la población, los niños que vimos eso a la distancia estallamos en risa, mientras los enmascarados se retiraban en aplausos.

Nací en dictadura, presencie la masacre de los 90’ y lucho en el siglo XXI. Como obrero de la Historia, mi labor disciplinar está al servicio de la clase y de los condenados de la tierra, que no nos cansamos de decir que esta realidad injusta no es eterna, que el capitalismo que nos rodea no fue un designio divino, que el Mercado no es un dios y que en nuestras manos y en las de todos está nuestro destino. La mejor labor intelectual que puedo llevar a cabo es continuar con mi trabajo riguroso, científico constructivo para recuperar la memoria de nuestro pueblo. Ese pueblo que ya no anda lánguido por la falta de comida y patipelao en las calles de tierra, pero que si es un muerto en vida en muchos casos, y que no es abstracción ni verborrea radical, es una realidad concreta que está a un par de cuadras de mi casa, en Los Morros con Lo Martínez, en cuerpos delgados de niña que se venden por unas monedas para fumar pasta base. Mi gente ya no muere por la metralla militar, sino que peor aún, nos matamos entre nosotros. A diferencia de los protagonistas de este libro, mis muertos no recibieron la solidaridad internacional, ni grandes homenajes en la Europa oriental o becas de estudios en los países nórdicos. Muchos de mis hermanos, jóvenes de mi edad terminan en el suelo tiroteados en las mismas plazas, canchas y esquinas que me ven compartir los fin de semanas o recluidos en centros de menores como Tiempo joven, Puente Alto o en la ex Penitenciaria. De la lucha contra el terrorismo, ahora se habla de Seguridad Ciudadana.

El MIR que nació en las páginas de mi libro terminó por eclosionar hacia el final de esta historia. Para discutir también está una de mis conclusiones preliminares, que desapareció el MIR, pero continuo el mirismo, toda esa cultura política rojinegro muy atractiva para algunos sectores en la actualidad. Lo que no significa que el proyecto que encarnó y los hombres y mujeres que lo portaban, que son parte sustancial del proyecto histórico de clase, se haya detenido en el tiempo. Ni estático ni vencido, con sus errores y enseñanzas es indudable que hoy más que nunca es necesario realizar una revisión crítica de estas experiencias. Conocer sus dificultades, nudos internos y las contradicciones en las subjetividades militantes. ¿Cómo comprender que ese discurso científico y elaborado del partido colisiono con las biografías de vida militantes? ¿Desde dónde situarnos para estudiar una temática tan polémica como la violencia? Cómo si esta última fuera algo que proviene de fuerzas demoniacas cuando viene desde abajo, y cuando va desde arriba es orden y el imperio de la ley. Esos son algunos de los objetivos de este libro, remecer las conciencias de mis colegas, que se posicionen desde su rol como intelectuales y coadyuvar a reconstruir esa historia vedada y satanizada. Que a fin de cuentas también es en parte mi historia.

Terminaré disculpándome y agradeciendo. Pido disculpas a mis profesores y colegas por mis porfías continuas, por lo testarudo que soy en el ejercicio de este oficio. Por invitarlos a este lanzamiento poco ortodoxo que más de alguno lo situara como un acto político que lanzamiento de un libro. Me excuso por realizarlo en la CUT, símbolo de la clase obrera y no en una universidad como la academia lo exige. También pido las excusas pertinentes por bombardearlos con música, con hiphop, no lo podía hacer de otra manera. Entraría en una contradicción vital negar mi propia historia, siendo que lo que proclamo es que nuestras historias se desaten. El hiphop despertó mi conciencia de clase y me permite constituirme como sujeto político en perspectiva revolucionaria en constante crecimiento y maduración. Pido disculpas por estas palabras que poco y nada hablan de mi libro, que entremezclo con mis experiencias personales y juicios de valor, algo totalmente vetado por los profesionales de la Historia con mayúscula, pero que es sumamente ineludible para esas historias con minúscula. Pero no hacerlo es negar quien soy y de dónde vengo. Sería darle con la puerta en la cara a esas historias que me inflan mi pecho, que me aproximan al Chile del inquilinaje del valle central de los 60’, a los campamentos de los 70’ y a esas protestas gloriosas de los 80’.

Agradezco por sobre todo a los que me apoyan en este a veces incomprensible camino que elegí. Mi familia, mis padres, mis hermanas y mis sobrinos sobre todo, que me disculpen si no soy un hijo, hermano o tío muy presente o afectuoso, pero que nos quepa duda que todas mis ausencias no tienen un objetivo egoísta o personal, por el contrario, dejo mi vida y mi mente al servicio del bienestar de la mayoría, de los sufren y de los que son olvidados, de los que intento recuperar en la Historia, de nuestra gran familia, esa que supera la visión cristiana-occidental de familia, ese gran grupo humano que se llama clase.

Le doy las gracias las organizaciones, amigos y compañeros que me acompañan el día de hoy, en especial a Lumpen Crew, Piño sin finca y a toda la gente de mi Población, la 30 de Mayo. No duden que el camino es largo y pedregoso, pero que estaremos por mucho tiempo firmes, codo a codo en la calle y sin permiso.

Agradezco sobre todo a los que colaboraron en este libro, a los que entregaron su testimonio y me ayudaron a comprender estos años complejos y repletos de contradicciones. Los que me permitieron acercarme al partido de Eduardo, Rafael y Pablo Vergara, de Mauricio Maigret, de Arcadia Flores, de Aracelly Romo y Paulina Aguirre. Los que me ayudaron a comprender la gran derrota de la clase a través de los ojos del MIR. Los que me ayudaron a comprender que esa generación de combatientes y jóvenes luchadores no se interrumpió nunca. Los que vencieron leyes antiterroristas, cárceles de seguridad y sobrevivieron al extermino también fueron testigos como las muertes de otros continúan apilándose en las crónicas rojas de los periódicos sensacionalistas. Agradezco a los que me ayudaron a mantener viva esa memoria, a los que me permitieron unir en una misma trayectoria histórica a los hermanos Vergara con nuestros combatientes, Alex Lemún, Matías Catrileo, Rodrigo Cisternas, Jhonny Cariqueo, Mauricio Morales, Manuel Gutierrez y Juan Pablo Jimenez. Esa historia que quiere alejarse del martirologio y del típico discurso que señala que todos los muertos son buenos o quien aguanto más la tortura, esa historia que quiere recuperar las razones por las cuales jóvenes de mi edad fueron capaces de entregar sus vidas. Esa nueva sociedad con apellido – socialista, comunista o anarquía-, que encarna en parte un proyecto histórico que se viene gestando desde hace más de 100 años. Esa es la principal responsabilidad que como intelectual de clase, poblador e hijo de trabajadores asumo ante la Historia.

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Las mujeres de la Retaguardia chilena

Tomado de http://www.clarinet.cl

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    Los partidos políticos de la izquierda tradicional olvidaron al pueblo y por supuesto a las mujeres. Nosotras fuimos una legión de mujeres que expusieron su vida, la de sus hijos, para que la Resistencia chilena existiera. Ellas fueron el pilar que la sostuvo. Permitió que los compañeros se reunieran, conversaran. Los trabajos de solidaridad eran responsabilidad nuestra desde los primeros días en los estadios, centros de detenidos. La solidaridad femenina durante la Dictadura no ha sido reconocida por nadie y hay miles y miles de mujeres que merecerían o merecen un apretón de manos, un gracias por salvar vidas, por abrir las puertas a un compañero perseguido.

La siguiente entrevista fue concedida por una compañera de cordial sonrisa y voluntad. Como equipo no quisimos testimoniar a la mujer que cuidaba al bauchi, adelantando el testimonio que vamos a presentar, sino que quisimos ver a través de ella, de su cotidianeidad, la responsabilidad que había adquirido, pues no es esta mujer, sino que fueron y son muchas las compañeras que arriesgaron su vida por algún compañero o compañera que era necesario mantener en casas de seguridad.

La compañera Norma Silva. es una más de estas mujeres de retaguardia como la hemos querido bautizar, que en su trabajo se encontró conviviendo con dos de los máximos referentes políticos de la izquierda revolucionaria chilena como fue Bautista Van Schouwen y Edgardo Enríquez E, hermano de Miguel, secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile.

Sin ánimos de retrasar esto, presentamos para todos los lectores y las lectoras del blog: el-rojinegro, a la compañera Norma para que relate su panorama. Como última aclaración pedimos comprensión en algunos temas, pues la entrevista fue con el envío de preguntas a Francia, donde reside actualmente la compañera y ella nos respondió de la misma manera hacía Chile.

¿Cómo conoció el MIR y cuál era su relación y participación (si es que hubiese) en la organización?

Conocí el MIR como todo Chile lo conoció: por la prensa, revistas, radio y tv que habían en esa época y me alegré que jóvenes que parecían serios, inteligentes y capaces, plantearan una instancia más avanzada en ese tiempo. En principio no tuve ninguna participación en esa nueva organización, pero algún tiempo después se integró mi hermano que en ese tiempo estudiaba Sociología en el pedagógico de la Universidad de Chile en Santiago.

¿Cómo vive en lo particular, el periodo de acumulación de fuerza revolucionaria (1968-1973)? ¿Dónde desarrolla su vida social y política, en qué consistía esta?

En esos años 1968 al 70 soy militante del Partido Comunista chileno, después de la derrota de Salvador Allende, por segunda vez soy casada con un militante comunista y tengo 4 hijos, soy una joven mujer activa y también interesada en lo que pasa en Chile y en el mundo…

¿En qué contexto y momento conoce a Bautista?

Son años de cambios en el mundo. Nos estremece lo que pasa en el mundo, la Revolución de los estudiantes en Francia y más aún los efectos de la Revolución Cubana y su ejemplo en el mundo, entonces descubrimos que existe otra alternativa posible, además son jóvenes audaces que desafían lo establecido. Es en ese contexto y momento que conozco a Bautista y al resto del Comité Central por una casualidad. Ellos tenían una casa de reuniones en Ñuñoa y se dieron cuenta que estaba vigilada, era 1969 y ellos eran clandestinos; hablamos del gobierno de Eduardo Frei Montalva, entonces recurrieron a mi hermano que vivía con mis padres en una casa cercana a la mía, pero desgraciadamente no pudo prestársela por tener unas visitas y llegó a plantearme el problema. Entonces yo acepté, creo que eran seis o siete compañeros; fue una tarde, yo creo que era primavera. Mi hermano los comenzó a traer de a poco. Yo me puse a regar el jardín y estuvieron dos o tres horas conversando y se fueron yendo de la misma manera, quedándose dos para darme las gracias. Esos dos eran Miguel y Bautista. Reconocí a Miguel porque lo había visto por la tv, pero no conocía al otro. Me lo dijo después mi hermano: “era Bautista”. Tuve una emoción inmensa en conocerlos y los encontré maravillosos a los dos. Conocí otros dirigentes en el curso del tiempo: Edgardo Enríquez, el Gato Valenzuela, la Dra. Matamala y varios que conocí solo con sus chapas.

¿Qué rol era asignado dentro de la organización para con la mujer?

No podría contestarte la pregunta sobre el rol de la mujer porque conocí muy poco. Sólo sé lo que tuve que compartir con la Dra. Matamala y que creo era de gran importancia y ella una mujer extraordinariamente valiosa.

¿Cómo vivió el 11 de septiembre de 1973?

El 11 de Septiembre Jorge (Jorge era la chapa del Bauchi) estaba en casa. Estuvimos conversando la noche anterior hasta tarde y ellos ya tenían informaciones que el Golpe estaba en la puerta. El había dejado en la radio un discurso grabado que tendría que oírse el 11 a las 7 de la mañana y me lo dijo. Me pasó su radio y me la dejó sintonizada donde hablaría, sólo tenía que prender la radio. Al día siguiente (11/09) sonó el despertador como 10 minutos antes y yo desperté a mis hijos que iban al colegio a las siete en punto; la radio, nada. No quise cambiarla, la llevé y se la pasé: “no hay radio” le dije; él me miró intrigado y empezó a cambiarla, mientras lo hacía murmuraba “este es el día del golpe”. Se duchó rápido, se tomo un café y me ofreció llevar a mis hijos al colegio y se fueron. Quedó solamente mi hija menor, pues no tenía clases temprano. No volvería a ver a Jorge hasta después de las fiestas Patrias que no hubieron porque debían sacar los cadáveres de las calles adyacentes a la Moneda.

¿Cómo se llega a ser casa de seguridad del MIR?

Cuando me plantearon la posibilidad de ser casa de seguridad para dos compañeros no sabía quién vendría. Llegaron tarde y eso me lo habían avisado, pero entraron, se acostaron y durmieron y yo solo los vería al otro día. Llegarían obedeciendo un plano que yo les mandé, no había nombre de calle ni numero en las puertas, la reja exterior y la entrada estaban con candado, pero se podía abrir sin llaves. Eran dos, Jorge y Simón y permanecieron el 72 y 73, casi dos años.

¿Cuándo y cómo se gesta el plan de seguridad del MIR? si es que no tiene mayor antecedente, entréguenos su mirada y evalúe este plan de contingencia viendo aciertos y errores.

No conocí nunca ningún plan de Seguridad para ese día. Pero si existían muchas reglas a respetar. Se vivía diferente, pero tratando de dar una normalidad aparente. Ellos en eso eran escrupulosos, ellos tenían sus reglas como llegar a las horas, el otro trabajo era el mío: chequear el vecindario, notar algo raro, alguien extraño que pasara. Creo que tuvimos para ellos y ellos para nosotros solo aciertos, dos o tres errores fueron míos que debíamos solucionar de inmediato. No supe nunca que habría un Plan y esto era parte de la Seguridad: yo no sabía nada, “Mi deber era ser sorda, ciega y muda”.

¿Cómo era el día a día con el Bauchi en la casa?

Me levantaba a recibirlos de amanecida. Llegaban agotados, cansados y hambrientos. El desabastecimiento crecía y estuvimos pobres, pero su moral no bajaba y Simón que era el que hablaba más y bromeaba más me decía: “les vamos a volar la raja compañera”. Puede ser que estuvieran preparando algo, pero de todas maneras no habríamos ganado, éramos David contra Goliat.

¿Pensaba que la dictadura podía ser derrotada en lo pronto?

Nunca pensé que la Dictadura seria corta, por el contrario de lo que pensaba Jorge, que decía que las denuncias y reclamos a las organizaciones Internacionales cambiarían las cosas. No pasó nada y se los dije a los dos después de la Caravana de la Muerte, donde mataron a mi hermano y a un primo de él en el sur. Lo terrible estaba empezando. Siempre pensé que la Dictadura duraría mucho, pero nunca pensé todas las atrocidades cometidas y que en 40 años no se ha hecho justicia aún. Pienso en la Constitución que dejó. Pienso en el sistema de vida de Chile y me avergüenzo, pienso en los valores morales que ya no existen. Pienso en los sueños de Bautista, en los proyectos de Edgardo, pienso en Miguel, pienso en Chile sin el cobre y sus riquezas naturales, pienso en el mar privatizado, pienso en pascua lama, pienso en ustedes, los trabajadores y los estudiantes y la esperanza abierta.

¿Cuál es su opinión de: “el MIR no se asila”, que le comentaba Bautista al respecto, le aconsejó usted alguna vez el exilio?

Creo que si lo hubieras preguntado antes te diría que me costó casi cuarenta años comprender la decisión de “el MIR no se asila” y aceptarla. Tenia que perderlo todo: mi hermano, las torturas de mi hijo a los 16 años y su vida quebrada, la pérdida del Bauchi, de Miguel y Edgardo, los compañeros que siguieron, comunistas extraordinarios, socialistas, miristas y los heroicos muchachos del Frente, las acciones heroicas de todos los militantes, simpatizantes de la resistencia, gente del pueblo, obreros, pobladores, feriantes, las mujeres que sacábamos balas en los puestos médicos clandestinos, las que vimos morir a los niños, a los hombres, a las guaguas en las poblaciones, los que pudimos hacer en el 86 la revolución en Chile y nos vendieron y nos traicionaron y aquí estamos, en el mismo punto con un sistema corrupto con más de veinte años perdidos y no solo los años, tú lo sabes. Te digo todo esto porque aquí está el “NO” del MIR.

Debimos permanecer y la mayoría así lo hizo y murieron. Es lo único que es limpio, transparente como Bautista. Hoy se pueden abrir las banderas rojinegras con orgullo y decir: “nos quedamos, estuvimos con el pueblo que humillaron y no nos escondimos en embajadas”. Tenía razón Bautista, compañero. Yo le dije muchas veces que se asilara, se lo rogué, le lloré que lo hiciera y me decía: “Por qué no asilas a tu hijo” que tenía 14 años y era del FER, pero no era lo mismo le decía, y él me contestaba “mi vida vale tanto como la de él”. Deje de pedírselo, pero han pasado los años. Tuve que salir de Chile porque me fueron a detener y me arranqué. Me vine. Sabía demasiado. Huí porque era madre y sabía que me podían hacer hablar. Me arranqué por mis hijos y el riesgo de denunciar a otros que eran necesarios en la lucha.

¿Quién, cuándo y cómo se decide la salida del Bauchi de su casa?

La salida de la casa la decide él porque tiene cólicos renales y es preciso extraerle cálculos de forma urgente, la semana antes de su caída. Vuelve a casa el 11 de Diciembre con pinta nueva, camisas y ropa interior de verano. Me dice que volverá el sábado, a más tardar el domingo. No puedo creerlo. Nunca se ha alejado tanto y tengo miedo. Me dice que a la parte que va es segura, impecable. Le pregunto si es una embajada. No, no es una embajada responde. No conozco otra parte que pueda ser más segura. El jueves 13 moriría.

¿Cuándo y cómo se entera de su detención? ¿Piensa que Bautista habría tenido otra suerte de no haber salido de la casa de seguridad?

Ese mismo jueves me llama el compañero que se lo llevó de la casa y me pregunta: “está por ahí el amigo”. Yo le contesto que no y le pregunto que qué pasa. Te llamaré cuando lo ubique me responde. El sábado 15 se teme una hospitalización (caída). El domingo 16 tenemos confirmación. Y pienso que Bautista no habría caído entonces, de haber permanecido en mi casa, pero si habría caído un día. Había logrado arrancar a tiempo en dos oportunidades, no de mi casa sino de dos lugares de reunión.

¿Usted en lo personal, como vivió los años siguientes?

Me preguntas como viví los años siguientes. No lo creerás pero viví luchando .Yo no he sido nunca mirista, pero luché con ellos. Cuando ya casi se extinguía la fuerza central, golpe tras golpe, volví a mi partido y combatí con ellos. Me dieron la responsabilidad de trabajar con la dirección del frente y lo hice. Fue la época de mi reencuentro con los que había perdido años antes. La misma pureza, la misma entrega. Fue entonces que termina mi lucha y salgo en enero 1987. Llegamos a un foyer de emigrados con mi hijo. Un día llega con un diario y veo la matanza de corpus christi y la foto de mis hijos, así yo los llamaba. Me tuve que emborrachar para después aprender a vivir de nuevo. Meses después matarían a mi comandante José Miguel y Tamara.

¿Siente que están un tanto olvidadas las “mujeres de la retaguardia”, en una sombra que ellas mismas eligieron para mantener las casas de seguridad, servir de correo, enlace. Etc.?

Los partidos políticos de la izquierda tradicional olvidaron al pueblo y por supuesto a las mujeres. Nosotras fuimos una legión de mujeres que expusieron su vida, la de sus hijos, para que la Resistencia chilena existiera. Ellas fueron el pilar que la sostuvo. Permitió que los compañeros se reunieran, conversaran. Los trabajos de solidaridad eran responsabilidad nuestra desde los primeros días en los estadios, centros de detenidos. La solidaridad femenina durante la Dictadura no ha sido reconocida por nadie y hay miles y miles de mujeres que merecerían o merecen un apretón de manos, un gracias por salvar vidas, por abrir las puertas a un compañero perseguido.

Alguna experiencia particular, anécdota que nos quisiera contar.

Cuando no salía se ponía atrás, que era el living, acostado sobre una alfombra para leer. Pero cuando tenía que escribir era otra cosa. Escribía y después entraba en la cocina a leerme lo que escribía. Me leía cosas lindas y profundas sobre las relaciones humanas, sobre el Hombre y la búsqueda de Libertad, temas humanos siempre. Estudiaba, leía, consultaba y jugábamos ajedrez y damas donde yo era campeona de damas y le gané solo una vez al ajedrez. Edgardo era más hosco, más ruidoso, más extrovertido. Tenía una voz profunda, era barítono y de repente nos poníamos a cantar los tres, “volver”, ese tango increíble que nunca más lo pude oír sin ponerme a llorar a mares. El se fue de la casa los primeros días de diciembre, le pregunte a Bautista que pasaba y me dijo: “tiene algo que hacer” y no insistí, pero un día que el bauchi no estaba sentí un ruido de moto y venia Edgardo entrando en moto, parecía un adolescente con blue jeans y una polera rayada, le habían encrespado el pelo, se veía diferente. Llegó con la moto hasta mí. Me dijo si podía recorrer la casa, cuando entré lo vi mirando por una ventana con lagrimas en los ojos, no dije nada. Me pidió las fotos que le había guardado y yo había embarretinado en una caja, eran fotos de su familia, me pidió que lo fuera a dejar a la moto. Antes de subir me abrazó muy largo diciéndome: eres grandiosa mujer, eres grandiosa, estaba llorando. Comprendí que se iba y que no lo vería más. Se subió a la moto y volvió, tenía la cara mojada y me seguía gritando: mujer eres grandiosa. Es lo último que tengo de él. El último hermoso y triste recuerdo es cuando dijeron que lo habían matado y que habían mandado un dedo para reconocerlo, lloré varios días. Me cuesta recordar todo esto, pero el doctor dice que hace bien recordar, que tengo que sacarme la carga que llevo durante casi 40 años con mis muertos.

El Bauchi hoy, ¿Cómo se lo imagina? ¿En qué estaría?

Ahora recordar, suponer, decir, creer, inventar que es lo que pensaría, como saldría Bautista de todo esto, sólo les diría lo que me dijo cerca del 20 de septiembre aproximadamente cuando volvió a su casa, a nuestra casa: “aquí lo único que hay que hacer es unirnos, unidad antifascista, aquí ahora somos todos compañeros”. Me asombré de su voz, de su acento. Me fui acercando a él tímidamente porque de tal manera llegó su grito que le dije: ¿qué puedo hacer ahora yo compañero? Seguir luchando como lo has hecho hasta ahora, seguir luchando, me respondió.

Nunca lo he olvidado ningún día, ni un instante de mi vida. Tu sabias lo que estaba pensando cuando te fuiste para siempre y evitaste mirarme. Hiciste la elección perfecta, TRASCENDISTE A LA HISTORIA.

Que mensaje les quiere dejar a las nuevas generaciones que hoy retoman y continúan con el proyecto revolucionario en Chile.

Quisiera modestamente representar a las Mujeres chilenas que nunca abandonaron la Patria y a las que hemos conocido el exilio forzado en diferentes lugares del mundo y que constituimos durante 17 años la Resistencia y la Retaguardia en la lucha contra la Dictadura para mandar un mensaje de esperanza y fuerza a las Nuevas Generaciones que hoy renacen y toman en sus manos y en sus corazones la continuación del Proyecto Revolucionario inconcluso en nuestra Patria. El Proyecto de Edgardo, del Bauchi, de Miguel, de las luchadoras y los luchadores.

Creemos que ese legado les corresponde a ustedes los jóvenes chilenos, estudiantes o trabajadores, cesantes o marginados de un sistema cruel e injusto y es deber continuarlo y seguir impulsándolo. “La Historia es nuestra y la hacen los pueblos” dijo nuestro Presidente Salvador Allende. Esta historia les pertenece a ustedes porque son jóvenes y luchadores, porque no olvidan y porque son lo mejor de nuestra patria. Con todo mi cariño y con todo nuestro cariño: Las mujeres de la Retaguardia chilena.

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