El Día del Joven Combatiente

El 29 de Marzo de cada año se conmemora el Día del Joven Combatiente, fecha en la cual recordamos los nombres de quienes con su sacrificio heroico, visibilizaron la lucha que miles de jóvenes daban día a día en sus poblaciones, liceos y universidades para derrotar a la más sangrienta y extensa dictadura militar de toda Nuestra América.

Son las vidas de cuatro jóvenes militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria – MIR de Chile, las que movilizarán al país en busca de justicia y que sembrarán la semilla de las luchas de millones de jóvenes en el Chile de hoy.

Sin duda los medios de comunicación de la burguesía y los relatos pos dictatoriales, han intentado permanentemente criminalizar las luchas y demandas juveniles. Las que se remontan desde las gloriosas revoluciones sesenteras, que condujeron exitosamente jóvenes como Fidel Castro, el Che Guevara y Miguel Enríquez, quienes pusieron en cuestión al viejo orden burgués y levantaron en lo más alto las banderas de la revolución socialista.

Y son esos ideales y sueños, que han movilizado a millones de jóvenes a lo largo de nuestra historia, jóvenes que estuvieron dispuestos a entregar su vida para conquistar la Libertad de nuestro Pueblo.

El 29 de Marzo los nombres de Paulina, Mauricio, Eduardo y Rafael, quedan escritos en la memoria y en la historia de un pueblo que aún lucha para que la Dignidad se Transforme en Costumbre!

…Su muerte en ningún caso es inútil, sino que es un llamado a todos los chilenos y a todos los latinoamericanos, un llamado a seguir luchando por esa sociedad de iguales, por esa sociedad sin explotación, por la cual mis hermanos dieron su vida.

PABLO VERGARA TOLEDO

Los Jóvenes Combatientes

Mauricio Maigret Becerra

Mauricio Maigret Becerra, 17 años, estudiante secundario, Militante del MIR, participó en el levantamiento popular de Pudahuel durante el 29 de mazo de 1984. Cayó abatido por ráfagas de una UZI y un fusil SIG, disparados por agentes de la CNI. Tuvo que cumplir heroicamente con la misión de cubrir la retirada de sus compañeros. Su cuerpo se hizo semilla en calle San Daniel con pasaje Nassau en la comuna de Pudahuel.

Rafael y Eduardo Vergara Toledo

Eduardo Vergara Toledo, 20 años, estudiante de Pedagogía en Historia del Pedagógico, dirigente estudiantil de la UNED (Unión Nacional de Estudiantes Democráticos) y Militante del MIR. La noche del 29 de Marzo de 1985 se prepara junto a su hermano Eduardo y otros milicianos a realizar una acción de propaganda armada en Villa Francia, a un año del asesinato de Mauricio Maigret. Entre los pasajes de la villa Robert Kennedy, son interceptados por carabineros quienes les disparan por la espalda. Eduardo muere inmediatamente de un disparo en el corazón.

Mural en el Liceo de Aplicación

Rafael Vergara Toledo, 18 años, estudiante secundario, Miliciano del MIR. La noche del 29 de Marzo de 1985 lidera al grupo de Milicianos en Villa Francia, la acción de propaganda se transforma en acción de recuperación, que nunca se concretará. Los hermanos Vergara Toledo son emboscados por la policía, Rafael es herido por la espalda, se arrastra para abrazar el cuerpo de su hermano asesinado, es salvajemente golpeado con la culata de un fusil en su rostro. Mal herido es llevado hasta un furgón policial y asesinado con un disparo en su nuca. El recuerdo de los Hermanos Vergara Toledo sigue presente en los pasajes de la Villa Francia.

Paulina Aguirre Tobar

Paulina Aguirre Tobar, 20 años, Militante del MIR, cumplía tareas en la clandestinidad con el nombre político de «Luisa». Realizó cursos de guerrilla urbana en Cuba, le gustaba cantar y tocar la guitarra. La media noche del 29 de Marzo de 1985, Paulina llegaba a su casa, una cabaña ubicada en El Arrayán, región Metropolitana, cuando es interceptada por la Brigada Azul de la CNI, brigada que tenía la misión de exterminar a los militantes del MIR. «Luisa» fue asesinada con dos disparos en la cabeza, uno en el cuello, tres disparos en la mano derecha y dos disparos en el antebrazo izquierdo, así la vida de Paulina se transforma en ejemplo de valor y disciplina y digna representante de la Mujer Combatiente. 

Cuando el dolor, la sangre, el odio y la muerte son necesarios, miles de manos se tienden para tomar las armas.

Acuérdense ustedes de mí, Siempre.

VERSOS ESCRITOS POR PAULINA AGUIRRE TOBAR.

Paulina Aguirre Tobar, 20 años, Militante del MIR, cumplía tareas en la clandestinidad con el nombre político de «Luisa». Realizó cursos de guerrilla urbana en Cuba, le gustaba cantar y tocar la guitarra. La media noche del 29 de Marzo de 1985, Paulina llegaba a su casa, una cabaña ubicada en El Arrayán, región Metropolitana, cuando es interceptada por la Brigada Azul de la CNI, brigada que tenía la misión de exterminar a los militantes del MIR. «Luisa» fue asesinada con dos disparos en la cabeza, uno en el cuello, tres disparos en la mano derecha y dos disparos en el antebrazo izquierdo, así la vida de Paulina se transforma en ejemplo de valor y disciplina y digna representante de la Mujer Combatiente. 

Paulina Aguirre Tobar, 20 años, Militante del MIR, cumplía tareas en la clandestinidad con el nombre político de «Luisa». Realizó cursos de guerrilla urbana en Cuba, le gustaba cantar y tocar la guitarra. La media noche del 29 de Marzo de 1985, Paulina llegaba a su casa, una cabaña ubicada en El Arrayán, región Metropolitana, cuando es interceptada por la Brigada Azul de la CNI, brigada que tenía la misión de exterminar a los militantes del MIR. «Luisa» fue asesinada con dos disparos en la cabeza, uno en el cuello, tres disparos en la mano derecha y dos disparos en el antebrazo izquierdo, así la vida de Paulina se transforma en ejemplo de valor y disciplina y digna representante de la Mujer Combatiente. 

La Juventud Rebelde sigue su ejemplo.

A raíz de la muerte de los Hermanos Vergara y Paulina Aguirre, el MIR toma la decisión política de conmemorar el 29 de Marzo como el Día del Joven Combatiente, en homenaje a Mauricio, Paulina, Rafael y Eduardo. Esta decisión, significó el inicio de importantes jornadas de protesta popular contra la dictadura, junto a masivos actos políticos en Villa Francia.

Desde los años 90, el Día del Joven Combatiente es una jornada de protesta y conmemoración a lo largo y ancho del país, pero también una fecha ineludible para la reflexión respecto a la participación de las y los jóvenes en la lucha política. Es así que desde el año 2000 la Juventud Rebelde Miguel Enríquez – JRMEdel MIR, organiza el Primer Seminario del Joven Combatiente, espacio que se va a replicar año tras año hasta la fecha, extendiéndose a Universidades, Liceos y Barrios a lo largo del país, con importantes Jornadas Culturales y de voluntariado estudiantil. Con los años se agregaron las Mesas Internacionales con representación de juventudes políticas de todo el continente, lo que ha permitido compartir experiencias y extender el debate de la participación juvenil con perspectivas continentales.

Tomado de: miradacritica.cl (Extracto)

Miguel Enríquez y el desafío de las nuevas generaciones

La familia revolucionaria

Nuestra América vive un tiempo nuevo. El régimen chileno, mitad neoliberal,  mitad pinochetista, cruje. La resistencia crece. Y toda resistencia se fortalece y consolida en la medida en que aprende de su propia historia. Nada mejor, entonces, que recuperar enseñanzas para los tiempos porvenir.

Miguel Enríquez [1944-1974], como tantos otros militantes de Nuestra América, constituye una de las principales fuentes de inspiración para las nuevas rebeldías. Hijo político del Che Guevara y, por eso mismo, hermano de nuestros Mario Roberto Santucho, John William Cooke, Alicia Eguren y Daniel Hopen; Miguel pertenece a esa gloriosa familia continental que también integran Luis Emilio Recabarren, José Carlos Mariátegui, Julio Antonio Mella, Farabundo Martí, Fidel Castro, Carlos Fonseca, Roque Dalton, Carlos Marighella, Fabricio Ojeda, Silvio Frondizi, Rodolfo Walsh, Turcios Lima, Inti Peredo, Tamara Bunke, Raúl Sendic, Camilo Torres, Raúl Pellegrín y Cecilia Magni, entre muchísimos más. 

Que el recuerdo de su caída sirva no sólo para rememorarlo con cariño y orgullo en su querido país —hoy en plena ebullición popular, tras medio siglo de neoliberalismo— sino también para aprender de él, de su pensamiento, de su ejemplo y de su lucha en toda Nuestra América y el mundo.

Un joven rebelde que interviene sin pedir permiso

Miguel vivió la lucha revolucionaria de su pueblo como un joven rebelde. No solamente por su corta edad sino además por su mente abierta, su antiimperialismo visceral y su desafío de las jerarquías establecidas. 

Su vida política juvenil fue meteórica. Vivió joven y, lamentablemente, murió joven. Apenas había cumplido los 30 (treinta) años cuando la muerte en combate lo encontró dignamente donde tenía que estar. Del lado del pueblo, de cara al enemigo, enfrentando la dictadura contrainsurgente del general Pinochet, quien inauguró —Milton Friedmann mediante— el neoliberalismo a escala mundial. Incluso antes que la Inglaterra de Margaret Thatcher y los Estados Unidos de Ronald Reagan.

 ¡Sí, Miguel tenía apenas treinta años! Parece mentira. (No olvidemos que Julio Antonio Mella, el fundador del primer partido comunista cubano, fue asesinado en su exilio mexicano cuando apenas tenía 25 años…). Y pensar que ya a esa edad había desarrollado todo un pensamiento teórico propio y una acción política encaminada a concretarlo. 

Deberían tenerlo en cuenta algunos ex revolucionarios, arrepentidos o quebrados, cansados de luchar y de confrontar, que apelando a su prestigio del pasado hoy se pliegan al poder subestimando con soberbia a las nuevas generaciones de militantes rebeldes que en el Cono Sur de Nuestra América y en otras latitudes se están formando con el objetivo de sembrar la simiente de una nueva y futura oleada revolucionaria. Esos mismos que, tan lejanos de la humildad de Miguel Enríquez y de Robi Santucho, de Fidel y el Che, de Sendic y Marighella, en lugar de acompañar a las nuevas generaciones en la recuperación de la tradición revolucionaria “olvidada”, de alentarlas en la rebelión contra el sistema imperialista y en el rechazo de sus múltiples estrategias contrainsurgentes (las “duras” y las “blandas”), de transmitirles la experiencia del pasado (incluso si fue derrotada), están más preocupados por lustrar su propio ego y exaltar su propio ombligo. 

La tarea urgente de nuestros días presupone revertir lo que el genocidio de las dictaduras militares (y las metafísicas “post” que las sucedieron durante las décadas subsiguientes en el campo de las formaciones ideológico-políticas) intentaron implementar: el olvido sistemático de las insurgencias y la “deconstrucción” de identidades antimperialistas y anticapitalistas en los movimientos juveniles del continente. Si a comienzos del siglo XX ser de vanguardia implicaba romper con todo pasado y toda tradición, actualmente, en el siglo XXI, después del genocidio y las metafísicas “post” (postestructuralismo, posmodernismo, posmarxismo, estudios postcoloniales, etc.), no hay nada que sea políticamente más urgente y radical que recuperar la tradición revolucionaria olvidada y superar el vacío artificialmente inducido entre aquella generación de Miguel Enríquez y la actual.

En el año en que se funda el Movimiento de Izquierda Revolucionaria-MIR de Chile, Miguel Enríquez tenía 21 años. Cuando se convierte en su secretario general contaba con 23. Su hermano argentino, Mario Roberto [“Robi”, “el negro”] Santucho, tenía 29 años cuando se funda el Partido Revolucionario de los Trabajadores-PRT y apenas llegaba a 40 cuando muere a manos del Ejército argentino. Ernesto Guevara ni siquiera había cumplido los 40 cuando fue asesinado, desarmado y a sangre fría, por el Ejército boliviano bajo órdenes de la CIA en La Higuera, Bolivia. Toda una generación latinoamericana de jóvenes que no pidieron permiso para pensar, para cuestionar, para hablar, para estudiar, para militar y actuar, para amar. Hay que aprender de su ejemplo…

El doble desafío (de Lenin y Gramsci en clave latinoamericana)

La práctica política del MIR y de Miguel Enríquez ubicaron en el centro del debate la doble tarea que los movimientos revolucionarios tienen por delante si pretenden lograr eficacia en su accionar contra el imperialismo capitalista como sistema mundial: crear, construir y desarrollar la independencia política de clase y, al mismo tiempo, la hegemonía socialista.

En la historia latinoamericana, quienes sólo pusieron el esfuerzo en la creación y consolidación de la independencia política de clase, muchas veces quedaron aislados y encerrados en su propia organización. Generaron grupos aguerridos y combativos, militantes y abnegados, pero que no pocas veces cayeron en el sectarismo (en el mejor de los casos, cuando no, en el burocratismo). Una enfermedad recurrente y endémica por estas tierras del Cono Sur. Quienes, en cambio, privilegiaron exclusivamente la construcción de amplísimas alianzas políticas e hicieron un fetiche de la unidad y “el diálogo” a toda costa, con cualquiera y sin contenido preciso, soslayando o subestimando la independencia política de clase y sobre todo el antiimperialismo, terminaron convirtiéndose en furgón de cola de la burguesía y el empresariado, cuando no fueron directamente cooptados por alguna de las múltiples instituciones del imperio. 

Una de las grandes enseñanzas políticas de Miguel Enríquez y de todos aquellos y aquellas que entregaron su vida por el sueño más noble de todos los que podamos imaginar, la creación del socialismo, es que hay que combinar ambas tareas. No excluirlas sino articularlas en forma complementaria y hacerlo de modo dialéctico, si se nos permite el término —que ha sido vituperado y denostado a rabiar por las metafísicas “post” e incluso por los neokantianos que en nombre de la Ilustración nos invitan a resucitar el reformismo oxidado del abuelo Eduard Bernstein y su nieto vergonzante, el eurocomunismo—. 

Es decir, que nuestro mayor desafío consiste en ser lo suficientemente claros, intransigentes y precisos como para no dejarnos arrastrar por los distintos proyectos imperialistas y mercantiles en danza —sean neofascistas o se disfracen de “tolerantes” y “progresistas”— pero, al mismo tiempo, tener la suficiente elasticidad de reflejos como para ir quebrando el bloque geopolítico de poder del capital y sus alianzas, mientras vamos construyendo nuestro propio espacio de poder, antimperialista y anticapitalista. Al interior de cada sociedad y cada país pero apuntando hacia una perspectiva integradora, de escala y alcance continental. Y eso no se logra sin construir alianzas contrahegemónicas con las diversas fracciones de clases explotadas, pueblos oprimidos y movimientos antisistémicos, articulando en un horizonte común el arcoíris multicolor junto a la bandera roja, símbolo del proyecto más radical que la humanidad ha podido crear hasta el momento.

No confiar en el imperialismo «pero… ni un tantito así»

Miguel Enríquez y sus compañeros y compañeras también contribuyeron a esclarecer la necesaria e íntima imbricación entre las luchas populares de los movimientos sociales latinoamericanos —desde las reivindicaciones más elementales que laten en las poblaciones, villas miseria, favelas y cantegriles hasta las más elevadas como la lucha continental por el socialismo— con la cuestión del antiimperialismo. No puede haber en Nuestra América ni ejercicio real de la democracia sustantiva (basada en la participación directa del pueblo en la adopción de las grandes decisiones nacionales, la gestión comunal y el sistema presupuestario de financimiento), ni autodeterminación nacional y soberana ni socialismo auténtico que no se planteen al mismo tiempo la resistencia y la lucha antiimperialistas. No son “etapas” rígidas y distintas ni aspectos escindibles de la vida política. Constituyen fases de un mismo proceso de lucha. 

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Chile rojo y negro: MIR, una memoria que acuna proyectos emancipadores

Hace 55 años nació el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

En un local del Sindicato de los Trabajadores del Cuero y el Calzado, ubicado en la calle San Francisco N° 264 de Santiago, se congregaron alrededor de 60 revolucionarios y revolucionarias chilenos, procedentes de diversos lugares del país, con el propósito de dar nacimiento a una organización revolucionaria de nuevo tipo. Era el 15 de agosto de 1965.

En el congreso fundacional confluyeron organizaciones y personas de variados orígenes: sindicalismo clasistas, partido socialista revolucionario, partido socialista popular, vanguardia revolucionaria marxista, fracción autónoma juventud comunista, anarquistas libertarios, izquierda socialista sin filiación; el congreso eligió como miembros del primer Comité Central a los compañeros: Enrique Sepúlveda (elegido a su vez Secretario General), Humberto Valenzuela, Clotario Blest, Oscar Waiss, Gabriel Smirnow, Luis Vítale, Jorge Cereceda, Martín Salas, Dantón Chelén, Miguel Enríquez, Luciano Cruz, Bautista van Schouwen, Patricio Figueroa, Edgardo Condeza y P. Zapata. Entre la generación de fundadores destacan las compañeras Herminia Concha Gálvez, Carmen Pérez y María Concha. También formaron parte de la primera generación de militantes miristas las compañeras Magaly Honorato, Yolanda Schwartz, Lili Rivas, Ingrid Zucarrat, Lumi Videla, Gladys Díaz y otras luchadoras.

Hoy, aquél Movimiento de Izquierda Revolucionaria ya no existe. Pero ¿qué hace que siga vivo en la memoria del pueblo?

Puede ser el hecho de que el MIR fue protagonista fundamental del período más álgido de toda la historia de Chile en el siglo XX. Puede ser el hecho de que la radicalidad revolucionaria del accionar del MIR remeció hasta los cimientos a la política chilena. Puede ser el hecho de que el MIR resistió y combatió a la dictadura con vocación rebelde y decisión revolucionaria inclaudicable. Puede ser el resultado simple de toda una historia plena de ejemplos de entrega, de solidaridad, de compromisos, de sacrificios.

Puede ser el hecho de que siguen pendientes de solución las causas sociales profundas de injusticia y desigualdad que dieron origen a su creación.

La explotación usurera de los trabajadores, la expoliación de los mineros y de las riquezas de la tierra, el sometimiento endémico de los campesinos, el abandono despiadado de los pobladores urbanos marginados, la proliferación de los desposeídos, eran algunas de las plagas que azotaban sin solución visible a la sociedad y al pueblo chileno de los años 60. Cada intento de los oprimidos en pos de aglutinar fuerzas para luchar por conquistas que significaran mejoras en sus condiciones de vida, era rápida y ferozmente reprimido por los guardianes de los dueños del poder y la riqueza.

Este escenario de injusticia, opresiones, desigualdades y represiones tenía como telón de fondo una clase política chilena ocupada en proteger los intereses de las clases dominantes.

Algunos, la derecha conservadora, se esforzaban por mantener las condiciones de miseria y de pobreza de la mayoría para garantizar el enriquecimiento y opulencia de su clase poderosa y decadente.

Otros, la llamada derecha liberal y de centro, trataban de lograr mayores o mejores cuotas en el reparto del botín y de los privilegios de explotación que los gobiernos de la época debían moderar. Pero también otros, la izquierda tradicional, con más de 60 años de vida política activa, eran ya parte inherente de esa clase política institucional, es decir, complaciente consigo misma y conviviente sumisa del sistema de dominación imperante.

Para mantener las apariencias de democracia y dirimir sus diferencias en el usufructo del poder, cada cierto tiempo, las clases dominantes nos ofrecían participar de procesos electorales haciéndonos tragar la ilusión de que por esa vía se realizarían las aspiraciones populares.

Es en ese contexto que algunos grupos revolucionarios de la izquierda se proponen iniciar un camino de articulación política para luchar contra el sistema dominante. Este camino tiene su expresión primaria en la realización del Congreso fundacional del MIR.

Desde su nacimiento, el MIR se define como una organización de izquierda revolucionaria. Eso quedó inicialmente expresado en los postulados programáticos y definiciones teóricas, y se ve reafirmado en las precisiones y lineamientos de los primeros años:

– Caracteriza la lucha que el proletariado y el pueblo deben llevar adelante como una lucha por la conquista del poder y por la realización de la revolución socialista (cuestiones desechadas de los análisis y de los objetivos de los partidos de la izquierda tradicional).

– Define un programa que identifica y expresa los contenidos proletarios, nacionales y populares de la propuesta revolucionaria, proletaria y socialista.

– Se define como una organización marxista-leninista y adherente del internacionalismo proletario.

– Introduce el concepto de la lucha armada al definir que la estrategia de los revolucionarios debe ser político-militar y tener como objetivo el derrocamiento del sistema capitalista mediante una guerra revolucionaria de carácter prolongado.

– Integra el concepto de ‘pobres del campo y la ciudad’, para definir a los aliados del proletariado sobre quienes el Movimiento de Izquierda Revolucionaria concentra su preocupación fundamental.

– Incorpora el uso de la acción directa y la violencia revolucionaria de las masas como un elemento legítimo y esencial de las luchas populares.

– Proclama que el MIR se funda con el fin de preparar y organizar, rápida y seriamente, la revolución socialista en Chile.

– Y, en función de todo ello, le imprime al partido una concepción de organización político-militar, caracterizado por militantes comprometidos con la causa, con una sólida formación política y una entrega sin restricciones a las exigencias de la lucha.

Estas simples cuestiones, que hoy día pueden parecer obvias, en esa época fueron un elemento innovador, transgresor y subversivo. Además, prefiguraba al movimiento rebelde como una entidad potencialmente peligrosa para la estabilidad de las clases dominantes y para el predominio de las posiciones tradicionales en la izquierda. Pero, en todo caso, hasta aquí no se trataba más que de un conjunto de formulaciones teóricas.

A partir de allí se inicia un largo, áspero y persistente proceso por tratar de convertir a esta naciente organización de izquierda en una verdadera fuerza revolucionaria. Fuerza revolucionaria que no solo debía ser la manifestación de una voluntad o de un deseo de desarrollar una actividad política más radical, sino que debía convertirse en el genuino partido de vanguardia de la clase obrera y el pueblo. Sin embargo, de las posturas teóricas había que pasar a la práctica.

En este arduo andar es donde representan un papel preponderante la generación joven entre los miembros fundadores. Nos referimos al grupo encabezado por Miguel, Luciano, Baucha y varios otros (Sergio Zorrilla, Sergio Pérez, Ricardo Ruz, Edgardo Enríquez, Jorge Grez, Jorge Fuentes). En el tercer congreso, de diciembre de 1967, Miguel asume la secretaría general del MIR.

Es bajo la preeminencia de estos hombres que se forja realmente el MIR.

Es entonces cuando comienzan a surgir y a plasmarse los elementos distintivos que le dieron vida, fuerza y carácter al MIR.

El más importante de estos elementos tal vez sea la nueva manera de hacer política que introdujo el Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

No bastaba con tener un correcto análisis de la realidad, un acertado diagnóstico político y una extraordinaria declaración de intenciones: había que transformar todo eso.

No bastaba con postular que se era revolucionario: había que demostrarlo.

No bastaba con proclamar que se quería hacer la revolución: simplemente había que empezar a hacerla.

Y el MIR se abocó a esa tarea en cuerpo y alma.

El MIR sacó la política de la izquierda del impasible molino de viento de los cíclicos procesos electorales y la llevó a la bullente caldera de la lucha de clases cotidiana. Es cierto que la mayor parte del núcleo fundador estaba constituido por jóvenes profesionales, intelectuales y estudiantes, y eso no era tan diferente de la conformación de las cúpulas de los partidos de izquierda o de otros grupos radicales también auto denominados revolucionarios. La diferencia está en que los nuestros no se quedaron allí, ni adormecidos en la comodidad de su origen ni abanicándose con los clásicos del pensamiento socialista. Se fueron a donde estaba el pueblo.

Nuestros dirigentes y forjadores fueron al pueblo armados de una profunda decisión de hacer parir una revolución de verdad.

Fueron con la convicción de que la acción directa de las masas abriría el camino de real solución a las demandas populares.

Se fueron a las calles a generar acciones y conducir movilizaciones del pueblo.

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“Con toda la fuerza de la Historia”

Que medio siglo no es nada…para el pueblo la rueda de la Historia sigue girando y la verdad brilla incluso bajo las sombras del fascismo.”

Puedo estar equivocado, pues no soy historiador, aunque sí soy profesor de Historia, lo que dista mucho de ser un experto en interpretaciones de los hechos acaecidos años ha, y en historiografía. Lo dicho, puedo estar equivocado, pero creo que en 1965 Chile vivía bajo dos realidades indesmentibles. Una de ellas era la débil carcasa del sistema socioeconómico y político que caracterizaba al país…y la otra realidad estaba dada por la abierta injerencia estadounidense en América Latina, y por lógica consecuencia, en Chile.
Ese año yo había ingresado a estudiar Historia y Geografía en la Facultad de Filosofía y Educación de la Universidad de Chile.  Allí, en el Instituto Pedagógico de aquella época, esos eran calendarios de libertad absoluta y creatividad desatada. Quizás, por lo mismo, algunas personas del entonces mundo adulto industrioso nos motejaban de revolucionarios sin destino, ya que cuestionábamos todo, incluso nuestras propias actuaciones. Con mayor dureza y razón criticábamos la estructura sociopolítica de la época, a la que no trepidábamos de acusar de feble, clasista e injusta, amén de impuesta por medios coercitivos a través de la rendición y entrega histórica de nuestros productos realizadas por autoridades nacionales en beneficio de intereses foráneos. Norteamericanos, para mayor abundamiento. “Yanquis”, para mejor comprensión.
En esos años, la sociedad chilena, en verdad, esperaba algo mejor de nosotros pues al interior de los planteles universitarios circulaba un rezo que se transformó en un compromiso tomado unilateralmente por sólo uno de los estamentos participantes. El nuestro, el del alumnado. “Somos la generación de recambio –decíamos- transformaremos el país dándole al factor Trabajo el sitial que nunca se le ha reconocido”. Para ello nos preparábamos….discutíamos y luchábamos.
Es que no ha habido otro momento como ese en nuestra Historia…y difícilmente habrá  mujeres y hombres como aquellos, con un nivel de conciencia de clase que asombra, que emociona y que obliga no sólo a la nostalgia, sino también a tomar el ejemplo y a seguir la huella trazada por ellos.
Curicó Ubilla, Mito Rocuant, la Tuca, Chico Pérez, Turco Coloma…Carolo…Peta Kurkovic…Marcia…Nene Urrejola… Flaco de la Maza… todos ellos (y quien escribe estas líneas) fueron aprendices de lo hecho, construido y dicho por líderes de la talla de Luciano Cruz, Miguel Enríquez, Pascal Allende y otros que no me han autorizado a dar sus nombres…todavía.
Quizá usted, querido lector, es demasiado joven para aquilatar en su esencia aquella declaración hecha por Miguel Enríquez cuando arreciaba la brutalidad sanguinaria de militares desquiciados, de fascistas y de empresarios predadores: “el MIR no se asila…el MIR luchará en Chile para derrotar al fascismo, al golpismo, y llevar a nuestro pueblo hacia un socialismo verdadero”.
Lo había adelantado Miguel poco antes del golpe militar, el 17 de julio de 1973, ante un Teatro Caupolicán lleno hasta las banderas. Estuve allí esa jornada y se me erizó la piel con las palabras finales del discurso del jefe del MIR, Miguel Enríquez, cuando gritó a toda voz frente a miles de asistentes: <<Compañeros, el pueblo debe prepararse para resistir, debe prepararse para luchar, debe prepararse para vencer. ¡¡Adelante, con todas las fuerzas!! ¡¡Adelante con todas las fuerzas de la Historia!!
Recuerdo que al terminar el acto multitudinario me invitaron a participar en una breve reunión en ese mismo Teatro. Asistí con el orgullo de saberme parte de aquel movimiento audaz, revolucionario y coherente. ¿Usted, compañero, es nuestro ‘redactor’ en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la U’?, preguntó Miguel estrechándome la mano, mientras Marcia y el Nene asentían con sus cabezas.  “Es mi forma de lucha, compañero, no soy de acción directa”, respondí. Y lo que Miguel me dijo lo he llevado prendido a mi corazón desde entonces: ”el golpe es cosa cierta y segura…viene,  y viene con todo, con sangre, con ira contra el pueblo; por ello, revolucionarios como tú, compañero, serán de vital trascendencia luego que el fascismo  incendie Chile”.
Recordé las proféticas palabras de Miguel cuando me enteré, muchos años después, de lo que mi querido presidente –Salvador Allende- le dijo a uno de sus acompañantes en la Moneda esa trágica e histórica mañana del martes once de  septiembre de 1973: “vete de aquí y cuéntale al mundo lo que acá ha sucedido”. Ello me ha hecho reflexionar respecto de por qué he seguido vivo a pesar de los pesares. Seguramente porque alguien tenía que relatar –medio siglo después- los hechos acaecidos en aquellos años virtuosos del gobierno popular, como también delatar las masacres y criminales acciones de cobardes agentes del estado fascista militar. 
Miguel murió tal como anticipó tantas veces silenciosamente, sin los aspavientos propios de los demagogos y falaces. Luchando, combatiendo por la libertad, por la democracia sin ambages…por el pueblo, por ese pueblo que siempre le animó a continuar en la brega aún si las circunstancias fuesen tremendamente adversas. El MIR no se asila…
Miguel, aun hoy, a cuarenta y siete años de aquellos hechos, tu figura, tu ejemplo y tu acción señalan el camino. Espero no haber fallado como “redactor”. Espero que el viejo MIR, mi amado grupo, piense lo mismo…que no he fallado. Así como espero, de alguna manera, haber contribuido a dignificar la huella trazada por todos ellos.

Por: Arturo Alejandro Muñoz

Paine y su legado para seguir por la lucha de la liberación popular

Alrededor de doscientos compañeros y compañeras, incluyendo un grupo de muchachas y muchachos de la Unión Rebelde, con su corazón rojinegro palpitando de emoción llegaron hasta el Memorial del Cementerio General para rendir un homenaje a Miguel Cabrera Fernández, el compañero “Paine”, Jefe del Destacamento Guerrillero Toqui Lautaro, cuya estrella libertaria dejó de latir el 16 de octubre de 1981, en la localidad de Choshuenco, bajo las ráfagas asesinas de la dictadura cívico militar.

Los restos mortuorios de Paine habían sido exhumados desde el Cementerio de Padre de las Casas el 25 de marzo de 2015 y enviados al Servicio Médico Legal de Santiago, con el objeto de realizar peritajes forenses en ellos, y el día viernes 2 de agosto de 2019 fueron entregados a los familiares de Miguel Cabrera quienes, como había sido su voluntad y petición, después de efectuar una íntima ceremonia en el local del SML, los trasladaron a uno de los nichos del Memorial de los Ejecutados Políticos, ubicado en el Cementerio General de Santiago.

Posteriormente, a las 16 horas, se inició un acto de memoria y homenaje, el que fue conducido por Ibar Leiva, compañero de militancia y lucha de Paine, sobreviviente del Destacamento Guerrillero Toqui Lautaro.

El himno del MIR, “Trabajadores al Poder”, coreado por las y los presentes, resonó con fuerza delante del impactante muro de granito y mármol en donde están tallados los nombres de miles  de chilenas y chilenos asesinados, ejecutados y detenidos desaparecidos, testimonio gráfico de los horrores de la dictadura cívico militar.

Ibar Leiva, visiblemente emocionado, leyó una completa biografía y semblanza del compañero Paine, en donde se refirió a su destacada actuación militante en el mundo rural, con los campesinos y mapuche, siendo impulsor de la formación del Movimiento Campesino Revolucionario (MCR), participando en acciones directas de recuperación territorial, en donde Miguel Cabrera, que usaba el nombre político de “Sergio”, es denominado por un lonko del lugar como “Sergio Paine”, pasando desde ese momento a ser conocido como el compañero Paine por el resto de sus camaradas de lucha. Ibar, en relación con este aspecto, expresa: “El Paine, fiel a su tremenda humildad, disfruta y trabaja con mucha responsabilidad y alegría junto al mundo campesino y mapuche. Siempre se comportó con mucho cariño y respeto ante los niños, mujeres, ancianos…de la gente de campo. Añoraba volver al campo cuando las tareas partidarias lo obligaban a viajar a la ciudad.”

Más adelante, Ibar Leiva continúa agregando distintos relatos referentes a las características humanas, militantes y políticas de Paine, emitidos por compañeros y compañeras que compartieron con Miguel Cabrera, destacando:

 “Paine era un súper compañero, en todo sentido, muy humano y que sabía compartir sus conocimientos. Él tenía un gran cariño por sus compañeros y era muy entregado…”

“Siempre me asombró su capacidad política y estratégica, pues era muy joven”, señalaba una compañera.”

“Paine daba confianza, en el sentido que siempre se podía contar con él y que nunca se iba a echar para atrás.”

“Lo recuerdo siempre sonriendo…, me parecía muy optimista en todo lo que emprendía. En pequeñas y grandes acciones, parecía que con él todo resultaba más fácil y simple; debe haber tenido una sicología intuitiva porque sabía dirigirse afablemente a cada uno de nosotros, adaptándose bien a nuestra personalidad singular; incluso a través de sus bromas, bien dirigidas y pícaras, demostraba conocernos bien…”

“Siempre estaban presentes en él todos los personajes de las comunidades, evocando con cariño a niños, mujeres y ancianos…”

“Su forma sencilla de relacionarse y su distancia de las disquisiciones, lo convirtieron en un dirigente asequible. Querido y respetado por todos los compañeros…”

En otra parte del relato se refiere  a las tareas clandestinas asumidas por Paine durante el trabajo de resistencia post golpe de Estado, su captura y encarcelamiento, su posterior salida hacia el exilio y el retorno a luchar en forma frontal contra la dictadura, conformando el Destacamento Guerrillero Toqui Lautaro, de quien será su Jefe hasta su muerte violenta en la localidad de Choshuenco el 16 de octubre de 1981, cuatro meses después de que los combatientes que preparaban y acondicionaban el terreno en las montañas de Neltume fueran descubiertos y perseguidos por miles de efectivos militares buscando su aniquilamiento total.

Ibar expresa , respecto de Paine ante estas circunstancia que: “Durante toda esta gesta heroica él tuvo la capacidad de conducir una batalla perdida, en un combate sin cuartel, y sin haber perdido nunca la fe en la vigencia de nuestros principios y en el compromiso revolucionario asumido con nuestro Pueblo y el Partido. Paine durante esos días supo ser el compañero Comandante que vislumbraba: humano, sensible, dialogante, humilde, compañero, con voz serena de mando y, por sobre todas las cosas, consecuente hasta su último acto cuando ofrendando su vida, permite la retirada de los dos compañeros que lo acompañaban.”

Finalizando sus palabras, Ibar Leiva invitó a todos los compañeros y a todas las compañeras presentes en esta ceremonia, a levantar el puño y a decir con fuerza:

¡COMPAÑERO PAINE, PRESENTE! ¡HASTA LA VICTORIA, SIEMPRE!

¡PATRIA O MUERTE, VENCEREMOS! ¡PUEBLO, CONCIENCIA, FUSIL…MIR,MIR!

La ceremonia continuó desarrollándose con la participación de distintas compañeras y compañeros, quienes  fueron aportando otros testimonios y vivencias que permitieron profundizar en el conocimiento y la memoria de Paine.

El cantautor popular Juan Carlos Pino interpretó una canción con temática de derechos humanos y se recitaron dos poemas enviados desde Paris y Bélgica respectivamente. El primero de ellos, de autoría de Víctor, es un homenaje a Neltume y a todos los compañeros del Destacamento Guerrillero Toqui Lautaro, y el segundo, denominado “A Paine”,escrito el 01 de agosto 2019 por la compañera Mariela, está dedicado específicamente a Miguel Cabrera Fernández:

Si tuvieras que regresar,/ volver a tu escuelita, al /  primer cuaderno / regresar al banco de/ madera, a tu pueblo y sus  / hijos / a las primeras letras queiluminaron tus ojos, / a las primeras letras que / te mostraron el invierno./ Si volvieses a nacer / nacieras para / caminar por el mismo / sendero / tocando ese fusil / añorado / tu raíz volviese, vigorosa / te forjara / ¡Volverías a cumplir tu / compromiso! / ¡Volverías a correr el / mismo riesgo! /  Volverías a cantar al unísono! / Volverías con ellos, con / nosotros… / Volverías a ser el hombre/  nuevo, / Volverías a repetir tu / gesto heroico, para salvar / a tus / compañeros…Volverías / Paine a caminar por este / sendero.

La compañera Luisa, que fue parte del Destacamento Guerrillero Toqui Lautaro en las montañas de Neltume, en parte de su intervención manifestó:

“Quisiera rescatar solamente tres cosas, que son las que me parece a mí importantes que se actualicen hoy día en la lucha política. La primera es que Paine, al igual que muchos de nosotros, nacimos en medio de una contradicción política, entre reformismo y revolución, contradicción política que hoy día, en el escenario nacional, sigue vigente y que tenemos que resolver como movimiento revolucionario.

(…)El segundo elemento, desde mi perspectiva, son las formas de lucha y –  tal como es la historia del MIR –  siempre reivindicamos todas y cada una de las formas de lucha…

(…) Y hay un tercer elemento muy importante, porque yo me pregunto ¿hoy día el Paine, que fue un revolucionario y cuestionó profundamente la forma de hacer política, se permitiría, por ejemplo, que cantáramos sólo trabajadores al poder?…¿ dónde estamos las compañeras o los compañeres? ¿No estamos en esta historia? Siento que es importante también realizar una reflexión profunda en ese sentido, porque, desde mi perspectiva, con esta evolución histórica, que es una proyección para las luchas futuras, no hay ninguna posibilidad de revolución si en las orgánicas políticas no existe transversalidad por una postura revolucionaria clasista, feminista, anticapitalista y antiimperialista.”

Por otro lado, Jaime Castillo Petruzzi, ex integrante y sobreviviente del Destacamento Guerrillero Toqui Lautaro, que después de compartir los senderos de Neltume junto a Paine continuó la lucha como combatiente internacionalista en Nicaragua y Perú, expresó lo siguiente:

 “Pienso que cada uno de los que estamos aquí llevamos un guerrillero dentro, por eso estamos aquí, más allá que seamos viejos, jóvenes, niños, tenemos un guerrillero adentro. Pido un aplauso inmenso para Paine, que nos ha convocado a todos nosotros esta tarde acá.

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Miguel Enríquez: ¡El MIR no se asila!

45 años han transcurrido de la caída en combate de Miguel Enríquez quienes lo perseguían y finalmente asesinaron no podían imaginar que, mientras ellos yacen consumidos de olvido y estigma, el Secretario General del MIR sigue siendo recordado como un ejemplo que dedicó su vida y la entregó por los oprimido de nuestro país.   Esas particularidades se encuentran en muchos hombres y mujeres de América Latina, Miguel no fue una excepción ni es un caso aislado, su compromiso no representaba la búsqueda innecesaria del martirio ni la gloria efímera si no que representaba la síntesis de un proceso social que lo llevó a enfrentar las contradicciones de un periodo trágico de la historia de Chile.Los seres humanos nos moveremos en la vida a causa de muchas motivaciones e interpelaciones, si observamos retrospectivamente los hechos políticos de heterogénea talente podemos concluir siempre hubo quienes pusieron su vida a disposición de causas emancipadoras. En el territorio invadido por los españoles que hoy habitamos bajo el nombre Chile, el pueblo Mapuche hizo sacrificios inmolatorios para defenderse y resistir por cientos de años a más de un imperio que brutalmente buscó apropiarse del Wallmapu. Podemos revisar la larga secuela de mártires, hombres y mujeres de trabajadores que dispusieron sus vidas en la lucha por sus derechos.¿Qué interpeló al Secretario General del MIR a la rebeldía y a comprometerse sin vacilación, sin aprobación y sin ambivalencias en la lucha contra el capitalismo y su expresión más brutal, la dictadura cívico-militar que devasto a Chile en la década del 70 y 80? ¿Por qué se impulsó la política de No al asilo?¿Por qué Miguel y cientos de militantes del MIR, hombres y mujeres, comprometen toda la trascendencia de la vida para derrocar al régimen cívico encabezado por Pinochet?En los fatales días del golpe de Estado, Salvador Allende y Víctor Jara tributaron con sus vidas la lealtad del pueblo como sentenció en más de una ocasión el Presidente Allende. Las consecuencias de la mano criminal que se precipitoó sobre el pueblo de Chile se extendieron a muchos hombres y mujeres en todo el país.  Roberto Guzmán Santa Cruz en la Serena, José Gregorio Liendo, Fernando Krauss en el complejo maderero de Panguipulli, junto a un gran número de militantes del MIR y del MCR. En Santiago caería abatido protegiendo la retirada de miembros de la Dirección, Eduardo Ojeda, “León”, en Indumet.En esos días el MIR no se disponía enterrar su vida ni a quemar libros ni documentos, había que salvar todo lo que fuese posible, documentos, armas y la vida de hombres y mujeres que militaban en el MIR, había que salvar la vida. Miguel fue, quizás en ese contexto, el más elocuente al respecto; fraterno, solidario, y dispuesto a jugarse la vida por la revolución, ello incluía a sus compañeros y compañeras. No obstante, como recuerda Carmen Castillo, “Cada acción de nuestros días, el menor gesto en ese lugar, realizado como si fuera el último. Ni una componenda, ninguna ligereza, ninguna flaqueza que hubiera que reparar al día siguiente. No teníamos tiempo para eso. La belleza de la vida”.El ejemplo que irradiaban los caídos durante el golpe de Estado y los que enfrentaron con dignidad la furia golpista nos cubría de un manto ético y moral que no podíamos eludir, menos aún quienes llamaban a pueblo a la revolución y a resistir con las armas en la mano.Para la Dirección del MIR, escapar a las embajadas como lo hicieron los cobardes de Patria y Libertad durante el tanquetazo en junio de 1973, no era una opción. Así lo expresa el llamado de la Comisión Política encabezada por Miguel. La política de no al asilo no fue una consigna ni un slogan, era lo que había que hacer desafiados por una coyuntura crucial en la que Miguel y  el MIR convocaba unos meses antes  en el Teatro Caupolicán, a la clase trabajadora a marchar hacia adelante “Con todas las fuerzas de la historia”. Retrotraer la historia es un ejercicio ficticio que puede llevar a abandonar la idea misma de la lucha revolucionaria si llegamos a la conclusión de renegar de nuestras responsabilidades como entes políticos comprometidos con las luchas del pueblo. Ello no implica esquivar la evaluación crítica del desempeño del MIR y especialmente su dirección en la derrota de septiembre de 1973 y la división de fines de los años 80, pero debe mediar un análisis serio y colectivo al respecto tal como lo esbozó la Dirección de ese partido en enero de 1984[1].“La Dirección tomo la decisión de mantenerse en Chile y pasar al conjunto del partido a la clandestinidad. El rechazo al exilio se levantó como una política de principios. Esta política del MIR tuvo gran importancia por la fuerza moral que significó en un momento de desbande de la izquierda el que los revolucionarios se propusieran aferrarse a su pueblo y luchar junto a él.  También apuntaba a la necesidad de un repliegue ordenado. Sin embargo cometimos el error de extremar esta política y levantar a la calidad de principio una medida de manejo táctico. Con el tiempo aparece como más correcto el haber implementado una táctica más selectiva: haber replegado a la retaguardia exterior una parte de la Dirección, y haber mantenido otra parte en Chile; haber replegado una parte de los cuadros y militantes perseguidos, manteniendo a aquellos que podían vivir legalmente en el país y un núcleo de cuadros ilegales de modo de no sobrecargar el Partido con cuadros perseguidos”.Nos distanciábamos de ese modo del “asilo contra la opresión”, evidentemente la clase obrera y el pueblo y los pobres del campo y la ciudad no podían correr a las embajadas para evadir la persecución, pudo el MIR hacer algo diferente enfrentado a esa candente coyuntura?Miguel estaría seguramente hoy inmerso en las luchas del presente; y lo está, bregando por la ruptura con el modelo neoliberal y sus secuelas en materia educacional, laboral, pensiones, salud, vivienda, ambiental, contra la impunidad y reivindicando la dignidad y territorialidad del pueblo mapuche y los derechos de la mujer, rescatando el rol del Estado y la democratización de las fuerzas armadas y la asamblea constituyente.En todas esas luchas reencontramos nuevamente a Miguel; tenaz, leal, consecuente, astuto y lúcido. Sin embargo Miguel trasciende al MIR y es hoy parte del patrimonio político de la rebeldía de nuevas generaciones que irrumpe para romper con el pasado de derrotas y el sistema político que nos domina.Para impulsar los cambios del presente y del futuro es necesaria la misma audacia, coraje político, creatividad cultural y visión estratégica que tuvo Miguel y la generación de hombres y mujeres que fundó al MIR. Dicho de otro modo estamos forzados a que la revolución a la cual postulamos la debemos empezar por revolucionarnos nosotros mismo primero, parafraseando un concepto esgrimido por la historia.Y quizás recoger el emplazamiento contemporáneo que nos interpela la juventud cubana en palabras de Rosario Alfonso Parodi[2].“Nosotros, los cubanos, que no podemos asistir, ni lo haremos, al fracaso de la izquierda, del socialismo o de la revolución, le decimos a Miguel Enríquez, que su turno es verdaderamente hoy; que sus ideas y su proyecto contra el imperialismo y todas sus representaciones materiales y mentales, contra el dogmatismo y todas sus representaciones materiales y mentales, tienen la fortaleza y el vigor de la vida, tienen la vivencia íntima del hombre que lucha por la libertad del hombre.Por eso, Miguel Enríquez, ahora que es nuestro turno también, acompáñanos”.

Tomado de: radio.udechile.cl