El ojo izquierdo de Salvador Allende

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A través de ese lente, el ojo izquierdo de Salvador Allende lanzó a las multitudes del futuro, piadosamente, su última mirada. A través de ese lente, las palabras saltaban como chispas cuando aquel Salvador que lo dio todo por salvarnos erigía en el aire las grandes alamedas por donde habría de pasar el hombre libre. A través de ese lente, hay un vacío que nos interroga.

El día que lo suicidaron, una mano salvó la mitad de las famosas gafas Magnum del Presidente de Chile. Y en el Museo Histórico Nacional, el mismo que anuncia a su entrada ser obra del «excelentísimo señor capitán general Augusto Pinochet», ahora se exhibe en la segunda planta. (Por lo menos el tiempo se ha hecho cargo de precisar cuál nombre debe ir debajo y cuál arriba).

También el tiempo, con impactante simbolismo, prefirió conservar solo el lado izquierdo de aquellos espejuelos. Y ahora nos convida a imaginar detrás de ese cristal manchado y partido la pupila anhelante que le quedaba al líder más cerca del corazón. Ese era el ojo con el que más soñaba.

Ahora, en la pequeña Nueva York, esta calle que pasa tan cerca del Palacio de la Moneda, me siento a meditar, a superar el impacto que me causa aquella pieza, o media pieza, del museo.

A esta hora debía estar escribiendo yo una crónica sobre la II Feria del Libro de Antofagasta, sobre la grata aventura de un grupo de cubanos que llegamos al desierto con poemas y canciones; pero no logro borrar de mi retina la retadora imagen de una mirada cercenada.

Sentado en la pequeña Nueva York, me siento menos turista. No sé si pisaré las calles nuevamente de una Santiago dramática y hermosa; pero conozco el sitio que nunca dejaré de visitar.

Y me imagino cómo podría brillar aquel ojo de Salvador, el mismo que cerraba para disparar, cuando el hombre bromeaba. Luego de varias derrotas electorales, el que jamás se rendía, pidió para su tumba este epitafio: «Aquí yace Salvador Allende, futuro presidente de Chile».

Por fin, puedo reírme con ese chiste grande en su utopía.

Y siento que aquí yace, sin poder enviar jamás a Cuba la crónica que le pidieron, imperceptible entre los transeúntes de la pequeña Nueva York, un cubano que solo atina a buscar tras un mínimo cristal al ser humano que no cabe en ninguna vitrina.

Aquí voto, en silencio, por el futuro presidente. Mis palabras se pierden rumbo a sus grandes alamedas. Desde allí, el ojo izquierdo de Salvador Allende todavía nos mira con ternura.

Por Yamil Díaz
digital@juventudrebelde.cu

Tomado de juventudrebelde.cu

CARTA DE MIGUEL AL CARDENAL RAÚL SILVA HENRÍQUEZ

Cardenal Raul Silva Enriquez
Miguel Enriquez

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Chile, Abril de 1974.
Sr. Cardenal
Raúl Silva Henríquez
Presente.

Escuchamos con atención su homilía de Semana Santa y leímos en la prensa informaciones acerca de un supuesto atentado en contra suya, por parte de “extremistas de izquierda” (designación que comúnmente nos da la Junta).

A pesar de que nosotros estamos convencidos, y Ud. lo debe tener más claro aún, que todo eso no fue más que una farsa publicitaria que levantó la Junta Militar con el fin de disminuir el impacto de su homilía y de atemorizar a la Conferencia Episcopal de Punta de Tralca, o a lo más la preparación de un atentado que ellos mismos estuvieron preparando, nos decidimos a escribirle directamente a Ud., fijando nuestra posición y actitud.

Estamos en contacto con toda la Izquierda y no sabemos de fuerza alguna dentro de ella, que fuera partidaria del terrorismo individual y menos en contra suya.

Nosotros, separados de Ud. por importantes diferencias ideológicas, somos parte de los perseguidos de hoy, luchamos por los humillados y ofendidos de siempre, y hoy por la restauración de las libertades democráticas, la defensa del nivel de vida de las masas y el respeto a los derechos humanos, de cuya violación sangrienta y sistemática por parte de la dictadura gorila, han sido víctima varias decenas de nuestros compañeros y familiares.

A pesar de que también somos de los que creemos que a la dictadura gorila sólo se le derrocará organizando la Resistencia y el combate de todo el pueblo, y que sólo así los obreros y pobres de Chile conquistarán su verdadera emancipación, en un Gobierno de Obreros y Campesinos, aunque en ello se nos vaya la vida, no sólo no somos hoy partidarios del terrorismo individual, sino que menos aún, ni ayer, mañana y hoy, se nos ha cruzado como objetivo atentar en contra suya.

Más aún, apreciamos en toda su magnitud el valor desplegado por Ud., en su homilía de Semana Santa, en el sentido de empujar la defensa de los Derechos Humanos y de los pobres de Chile, como también, con mayores reservas, el documento público de la Conferencia Episcopal reciente.

Si muchas cuestiones nos separan, con certeza nos une al menos la defensa de los Derechos Humanos y la defensa de los pobres de los campos y ciudades de Chile. No es por coincidencia que en nuestras dentro y fuera de Chile contamos con un significativo número de cristianos y sacerdotes católicos.

Nuestro partido, a pesar de los golpes recibidos, se ha reorganizado, funciona, bajo nuevas condiciones, con suficiente regularidad; por ello, las afirmaciones que en esta carta expreso, puede Ud. contar que con certeza corresponden también a las de todos los militantes y miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

¡LA RESISTENCIA POPULAR TRIUNFARA!

Miguel Enríquez, Secretario General.
MOVIMIENTO DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA. MIR.

Tomado de: memoriamir.cl

El negacionismo de la Resistencia

En la inflación de memorias a propósito de los 40 años del golpe, los rufianes amenazan con encontrarse en el mismo baile junto con los cínicos y los arrepentidos.

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Sin duda, el bombardeo de imágenes desarchivadas o repetidas contienen el terror en todas sus variantes. Pero pensemos en positivo, que a cuatro décadas todo eso sirve como didáctica especialmente para las nuevas generaciones.

Ese pasado es engañoso, porque en 22 años de transición han muerto jóvenes mapuches, estudiantes y pobladores con balas policiales, e incluso hay casos puntuales de detenidos desaparecidos. La movilización social es criminalizada y tiene a las Fuerzas Especiales de carabineros ocupando avenidas y ciudades.

En la televisión, a propósito de los 40 años, el movimiento sindical muy poco aparece, los pobladores y la sucesión de protestas sociales tampoco. Las acciones de la Resistencia -como los apagones o “ciegos”, las recuperaciones de medios financieros y el hostigamiento a los aparatos represivos de la dictadura tampoco.

El relato decible es la movilización pacífica y pública, de una u otra forma, relacionada con el rol de la Iglesia o con jóvenes políticos de entonces, muchos hoy irreconocibles tras sus posteriores trayectorias.

Junto a todo lo que se muestra, es preciso preguntarse por todo lo que se oculta. Porque nada de ello es casual en la edición de las imágenes.

Con la investigación periodística sobre el día 11 de septiembre que hemos contenido en el libro “Martes once la primera resistencia” (Lom) queremos visibilizar la dignidad de resistir al golpe con las armas, incluso cuando era prácticamente imposible cambiar el curso de los acontecimientos.

La historia universal registra demasiadas situaciones en que se resiste en inferioridad de fuerzas y esos actos dignos luego rebotan en amalgamas de conciencias y ejemplos. Nada tangible, pero son energías y experiencias que conforman las subjetividades y culturas de los pueblos. Como escuchar canciones de Silvio Rodríguez, Daniel Viglietti, Violeta Parra o Quilapayún en ciertos momentos. Como las canciones de Ismael Oddo o de Ana Tijoux del presente. Nada tangible, pero caramba que todo ello importa para la actitud necesaria.

¿Por qué Arturo Prat va a ser más digno que los GAP y detectives que protegieron al presidente Salvador Allende?
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Memoria visual y social: imágenes y emociones.

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Estamos rodeados de imágenes que se van incorporando en nuestros registros personales, imágenes que configuran nuestro mundo y que son parte de lo que entendemos por realidad. En las marchas y movimientos masivos vemos la transformación de la voz en carteles, memes para redes sociales, lienzos, intervenciones artísticas, ilustraciones y bailes callejeros. Todas las formas de expresión son válidas para hacer sentir el malestar o la necesidad de cambios.

Un ejemplo es el movimiento de Ilustradores y artistas plásticos de Guerrero quienes acordaron realizar un retrato de los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa en México, Sigue leyendo

No pasará el pasado

Un día se para Fidel en la Universidad y dice que quienes pudiéramos acabar con la Revolución somos los revolucionarios. Muchos tenemos la misma percepción: es nuestra incapacidad para aprender de errores propios y ajenos, nuestra comodidad y a veces hasta nuestra desidia las que pueden extinguir el proyecto social más humano y trascendente de nuestra historia. Por eso aplaudimos la amarga honestidad de ese gran hombre y todo el que tiene un poco de vergüenza, desde el mínimo espacio que defiende, promete que por allí no pasará el pasado.

Otro día Fidel define lo que es Revolución:

“…sentido del momento histórico… cambiar todo lo que debe ser cambiado… igualdad y libertad plenas… ser tratado y tratar a los demás como seres humanos… emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos… desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional… defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio… modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo… luchar con audacia, inteligencia y realismo… no mentir jamás ni violar principios éticos… convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas…”

Y constatamos la coherencia con la primera frase suya que cuando niños nos aprendimos de memoria: “Nos casaron con la mentira y nos obligaron a vivir con ella; por eso nos parece que se hunde el mundo cuando oímos la verdad; como si no valiera la pena que el mundo se hundiera, antes que vivir en la mentira”.

Más que razones para volver a decir: por este pedacito mío no pasará el pasado.

Tiempo después Raúl se para en la Asamblea y se atreve a decir que su generación está ante la última oportunidad de enrumbar debidamente el proceso cubano, que hay que acabar con la corrupción, dar la batalla por la productividad, ahorrar y ser conscientes. No caben dudas de que los pobres tenemos que saber administrar nuestras parcelas de sueños, es lo que una realidad de décadas nos restriega en los ojos. Y es por lo que uno repite en sus adentros: por el punto perdido en el mapa que me corresponde defender, no pasará el pasado.

Pero llevo tantos años defendiendo, cayendo, levantando, teniendo hijos, nietos, viendo al mundo emanciparse por momentos e hipotecándose por otros, y deduzco que quizá alguna parte mía, por muy entrañable que me fuera alguna vez, pudiera ya ser parte del pasado.

Entonces pienso que me faltan canciones como aquellas por las que me pegaban “con una soga y con un palo”, como diría Vallejo. Menos mal que todavía hay jóvenes que cantan nuestras duras realidades. Y me pregunto ¿qué puedo hacer para cantar con ellos?:

Entonces me sorprendo enumerando en voz alta, como un loco:

Seguir la gira interminable, mi Canción de barrio;

seguir Segunda cita (vocecita) en el éter inmenso;

seguir denunciando lo mal hecho, pésele al sietemesino que le pese.

En fin: seguir siguiendo, como dicen Tony Guerrero y Victoriano de las Causas.

Así que por último me digo: por el ínfimo espacio que me toca no pasará el pasado. Y que la parte de mi que sea inservible y yo no vea, que algún hermano nos haga el favor de tampoco dejarla pasar.

CANCION DEL PASADO

Se negaba una mujer,
con una mano, a ir a la cama;
con la otra entretenía
su pasión amordazada.
Y las sábanas tenían
el semblante del pasado
que, contento, sonreía.

El vendedor de ventanas
se negó a darme la mía,
porque a cambio no le daba
mis reservas de alegría.
El pasado estaba quieto
sobre el almacén del día.
Lo tenían bien sujeto.

Veo el pasado caminando
por casi toda la ciudad.
Lo veo en la gente
que se queda y que se va.
Lo veo en el rostro de mi hijo,
lo veo en la voz de mi mujer.
Lo veo a pesar de que lo veo
sin querer.

El pasado tiene nombre
de millones de sujetos,
bebe, come, se va al cine
y a veces no es tan viejo.
Tiene un poco de mi nombre
y otro poco del de ustedes,
aunque busquemos el hombre.

Veo el pasado caminando
por casi toda la ciudad.
Lo veo en la gente
que se queda y que se va.
Lo veo en el rostro de mi hijo,
lo veo en la voz de mi mujer,
Lo veo a pesar de que lo veo
sin querer.

El pasado es el espectro
de un bufón con triple cara:
fue de ayer, es de este día
y será de otra mañana.
El pasado es ese insecto
que la música no apaga.
El pasado es insurrecto.

Veo el pasado caminando
por casi toda la ciudad.
Lo veo en la gente
que se queda y que se va.
Lo veo en el rostro de mi hijo,
lo veo en la voz de mi mujer.
Lo veo a pesar de que lo veo
sin querer.

Tomado de Segundacita
Por Silvio Rodríguez

Carmen Castillo: “La política es todo aquello que no se inclina frente a lo imposible”

IMG_6727.PNGCarmen Castillo Echeverría fue profesora de historia e investigadora en el Centro de Investigaciones de Historia de América Latina de la Universidad Católica. Durante el gobierno de la Unidad Popular trabajó en el Palacio de la Moneda. Luego del Golpe Militar, pasa a la clandestinidad junto a su pareja Miguel Enríquez, líder del MIR.

En una operación organizada por la DINA que rodea a la pareja en la casa que habitaban, cae en combate Miguel, y Carmen, embaraza de 6 meses, resulta gravemente herida. Luego de sobrevivir a los “interrogatorios” de rigor, es expulsada del país y se exilia en Europa. Actualmente es una destacada cineasta y guionista que se ha hecho conocida sobre todo por documentales como Calle Santa Fe, La Flaca Alejandra, entre otros trabajos filmográficos.

¿Cambio de aceite?

-Después del 2006, hemos visto como una nueva generación de luchadores y luchadoras sociales ha ido madurando y se han ido involucrando con una construcción política y social que se plantea desde abajo. Sigue leyendo

Maya Angelou aún se levanta

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“Podrás inscribirme en la historia
Con tus mentiras amargas y retorcidas,
Podrás arrastrarme en el fango
Y a pesar de todo, como el polvo, me levantaré.”

Estas son las palabras que entona Maya Angelou en su famoso poema “A pesar de todo, me levanto”. Angelou murió esta semana a los 86 años en su hogar de Carolina del Norte. Al recordarla, es importante destacar su compromiso con la lucha por la igualdad, que era una lucha no solo por su propia vida, por las mujeres y las personas afroestadounidenses, sino por la paz y la justicia en todo el mundo.
“Si crecer en el sur es doloroso para una chica negra, ser consciente de su propia exclusión es como tener una navaja al cuello”, escribió en el prólogo de su primera y sobrecogedora autobiografía, titulada “Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado”, que relata su vida desde la niñez hasta los 17 años. Nació en St. Louis con el nombre Marguerite Ann Johnson. A los 7 u 8 años de edad fue violada por el novio de su madre, que fue asesinado a golpes poco tiempo después. Como consecuencia de esa experiencia traumática, Maya prácticamente perdió el habla durante cinco años, en los que solamente hablaba con su hermano. Fue madre soltera a los 17 años y tuvo que luchar para mantener a su hijo, lo que la llevó a tener diversos empleos. Finalmente, tuvo éxito como cantante de calypso.
Tras escuchar un discurso de Martin Luther King Jr. en la Asociación de Escritores de Harlem, de la que era miembro, produjo junto con un músico colega la revista musical el “Caberet de la Libertad”, que presentaron en el barrio Greenwich Village de Nueva York a beneficio de la organización que presidía King, la Conferencia Sur del Liderazgo Cristiano, también conocida como Conferencia de Líderes Negros del Sur. Según cuentan, fueron el propio King o el legendario activista Bayard Rustin quienes le pidieron a Angelou que asumiera una posición de liderazgo en la organización, ofrecimiento que aceptó y así se convirtió en la coordinadora del grupo en el Norte.
Maya Angelou fue una fuerte defensora de Fidel Castro y de la Revolución Cubana. En 1961 conoció a un activista sudafricano por los derechos civiles, del que se enamoró, lo que la llevó a mudarse con su hijo a El Cairo. Aunque estuvieron juntos durante tan solo tres años, Angelou se quedó en África. Allí se mudó a Ghana, donde conoció a Malcolm X y colaboró con él en el decisivo proyecto político que estaba forjando: la Organización de la Unidad Afroestadounidense.
Angelou regresó a Estados Unidos para apoyar la iniciativa, pero Malcolm X fue asesinado poco después de su regreso. Esa tragedia y el asesinato de su amigo Martin Luther King Jr. en 1968 fueron acontecimientos devastadores para Maya. Sigue leyendo