Las peñas folklóricas en Chile (1973 -1986). El refugio cultural y político para la disidencia

Resumen

La dictadura militar chilena (1973-1989) llevó a acabo una revolución neoliberal de tal nivel que refundó a la sociedad en general.  Una parte importante de ella fue arrasada en su rol opositor, borrando a las organizaciones políticas para poder lograr una hegemonía social que le permitiera asentar sus raíces. Por ello los espacios artísticos y culturales dentro del arte –específicamente las peñas folklóricas- ayudaron a la articulación entre los individuos dispersos, sobre todo entre los jóvenes disidentes. Las peñas fueron evolucionando en su desarrollo, implicando a diferentes instancias culturales. Fue un lugar de agrupamiento para entorno al arte y como expresión de la politica. Ellas fueron un producto de la cultura y un elemento importante a la hora de promover la empatía, la solidaridad y la organización social. Las peñas permitieron la reactivación y reunificación del movimiento popular chileno. Se convirtieron en el cauce de un movimiento alternativo de difusión, de expresión, de política y de subjetividades, en paralelo a las disposiciones culturales del régimen de facto. La cultura se transformó en el mayor y en el más diverso de los espacios de desarrollo y expresión democrática que tuvieron los grupos opositores durante la dictadura militar, sobre todo para los jóvenes militantes.

Introducción

 

El golpe de Estado de 1973 cambió radicalmente la vida de los chilenos. El nuevo régimen ideó estratégicamente un modelo neoliberal transformador que refundó al país.   Diversos grupos sociales confluyeron en pugnas de adhesión y resistencia dentro de un marco ideológico que los movilizó y los supeditó a un Estado en transformación que relanzó el capitalismo financiero dentro de una nueva reestructuración nacional.  Este tiempo de dominio militar fue sostenido con una fuerte contraofensiva estatal en nombre de la libertad y en contra del ‘comunismo enfermo’.  El mundo social con su diversa complejidad, indagó en torno a la construcción de una visión e identidad, con luchas simbólicas dentro de sus propias experiencias y prácticas.  Fue en este escenario en donde los jóvenes chilenos –como sujetos políticos- se desarrollaron e intentaron esbozar en sus prácticas y discursos un proyecto de país.  En este periodo se desarrolló la mayor reorganización económica, política, social y cultural llevada a cabo por el régimen de Augusto Pinochet. Los jóvenes se convirtieron en un actor político relevante tanto para el oficialismo como para la oposición por su originalidad y compromiso, en donde las identidades que construyeron estuvieron imbricadas en relación directa con el otro y por ello se transformaron en una filosa arma política.  Para la resistencia la condición de joven fue un impulso y una acción que permitió la idea de transformar el presente e inspiró la apertura de caminos de respuestas que ayudaron a la creación política.  Para el régimen y sus adherentes esta condicionalidad juvenil, por un lado fue una amenaza subversiva, pero también motivó a la organización, la institucionalización y la concientización doctrinaria y proyectual de ‘su propia juventud’.  La sociedad chilena se encontró así misma envuelta en complejas relaciones sociales y en contradicciones que hasta hoy día continúan siendo evidentes y enigmáticas.  Los jóvenes chilenos fueron en sí mismos una pregunta política, con memorias militantes que inundaron los espacios sociales en los cuales las identidades juveniles entraban en disputas. La población joven y disidente a la dictadura comenzó a organizarse en manifestaciones y acciones de agitación social lo que dio pie a una mayor intencionalidad política.  Acción y manifestación sumaban fuerzas en desacato al sistema dominante.  Este segmento de la sociedad luchó por la democracia y por el rescate de un proyecto social que tuviera futuro y viabilidad para la sociedad chilena, dentro de diferentes subjetividades políticas.  Por su parte los seguidores de Pinochet tuvieron a su haber todo un aparataje que resguardó sus propias construcciones y proyecciones de un trabajo de militancia proyectada en el tiempo. 

 

En este sentido el compromiso y el voluntarismo de ciertos actores sociales en la acción política, en la acción cultural, en las organizaciones de pertenencia o desde el punto de vista académico han confirmado la importancia de lo subjetivo en la historia.  La subjetividad de los jóvenes pretendió ser transformadora, distintiva, propia y en conjunto con los movimientos sociales, en donde la historia oral ha permitido percibir las ideas, los sentimientos y sensaciones de aquéllos que vieron su vida desbordada por la coyuntura.  El porvenir político fue una de las metas a conseguir, porque era el derecho a decidir sobre lo venidero, sobre las opciones del nuevo germen y sus efectos para la sociedad chilena en su conjunto.  El actor social joven resurgió como un elemento decidor entrelazado con su conciencia social.  Fue inevitable su reinserción al espacio de prácticas posibles, a la rearticulación de su propia experiencia y a sus visiones de porvenir.  Durante la dictadura militar los jóvenes chilenos disidentes fueron capaces de desarrollar una intensa movilización política, social y cultural en contra del régimen.  Desde esta perspectiva hubo variadas formas de oposición o de sostén.  Durante los años 1978-1988 se materializó una fuerte movilización en pro y en contra de la dictadura.  Estos jóvenes construyeron parte de su identidad en la movilización, en la lucha, en el trabajo voluntario, en el disciplinamiento y en la lealtad.  Fueron considerados como agentes transformadores y un importante e interesante componente social.  Los jóvenes fueron objeto de disputas políticas y simbólicas, de representaciones y acciones que aun persisten en la memoria y en el recuerdo de cada individuo participante de este periodo histórico contenido en el sentido de la experiencia.

 

Los jóvenes opositores iniciaron nuevas instancias relacionales que les posibilitaran el reencuentro, la identidad y la pertenencia. Todo el movimiento cultural post golpe fue fundamental a la hora de reunificar a los disidentes del régimen. En este sentido las peñas folklóricas –como uno de los productos culturales del primer tiempo de la dictadura (1973-1983)- fueron el reducto de la resistencia pacífica, con sentidos que ayudaron a la reconciliación de los grupos –luego del proceso de la Unidad Popular que tuvo a su haber tensiones y contradicciones dentro de los propios grupos que la componían – y a la reconstrucción de los lazos sociales que negaban la homogeneidad del discurso dominante, permitiendo la rearticulación social y cultural para luego dar paso a la rearticulación política.   

 

Pero este periodo peñero tuvo un tiempo anterior de desarrollo durante la década del ’60, con la conformación de la ‘peña de los Parra’, que fue una idea nacida de los hijos de Violeta Parra: Ángel e Isabel, como una respuesta al movimiento musical denominado como ‘La Nueva Ola Chilena’ y la estética de huasos mas bien acomodados y alejados de la realidad campesina y popular. Estos modelos eran los que prevalecían en las radios y en los otros medios de comunicación, debido también al adormecimiento –fingido o no- pero solo interrumpido por la acción de pequeños grupos contestatarios. “La radio era el principal canal de difusión de la música popular. Varias estaciones radiales contaban con estudios para que los cantantes realizaran sus actuaciones y promocionaran sus discos.  En este ambiente se formaron varias corrientes musicales, como la Nueva Ola… Su propuesta musical dominó casi sin contrapeso el escenario musical hasta 1966, año en que comenzó a gestarse un nuevo movimiento musical (denominado) como Nueva Canción Chilena” (1).

 Por eso cuando se inaugura la ‘peña de los Parra’ en Santiago, ésta se convierte en el punta pie inicial para que se multiplicaran otras peñas pero por todo el país. Las peñas que vendrán durante el periodo de dictadura y posteriormente a ella, tendrán muchas de las características de este nuevo fenómeno, sobre todo como un refugio ante la desorientación política y la represión militar.

 

Los primeros años de la dictadura fueron los más desgarradores y violentos políticamente y el trabajo que desarrollaron las peñas estuvo inserto en este contexto. El Estado entró en conflicto con la cultura, marginando y excluyendo a vastos sectores de la sociedad chilena. Todos quienes participaron de estos ‘refugios culturales’ pusieron en juego la propia vida, Sigue leyendo

Aquí…, Radio Liberación

Para Fernando Vergara Vargas

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Fernando Gabriel Vergara Vargas, militante del MIR, era diseñador gráfico y publicista; pero sobre todo radiodifusor clandestino.

Trabajó en Walter Thompson y Veritas Publicidad. Diseñador Gráfico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Editorial Siglo XXI. Operador de la radio clandestina Liberación (1982/84) y dibujante de El Rebelde.

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Fernando Vergara Vargas fue un artista del diseño gráfico que ejerció clandestinamente el periodismo y la radiodifusión durante los años en que los medios opositores fueron silenciados por la dictadura. Eran tiempos en que los jóvenes «pateaban piedras», en la canción de Los Prisioneros, a la vez que encendían las protestas en barrios y poblaciones de Santiago, Valparaíso y Concepción.
Detenido en 1974 y expatriado a México en 1975, regresó clandestinamente en 1982 para entregarse a tareas de comunicación del MIR. Murió a los 36 años, el 15 de diciembre de 1984, acribillado con catorce impactos de bala en una emboscada en calle Santa Elvira que la Central Nacional de Información (CNI) presentó como «enfrentamiento». En su secreto equipaje de repatriado, cargaba lápices de colores prodigiosos para dibujar las cartas a su hija Barbarita, entonces de 7 años.

Circulaba como peatón, pero «recibió la respuesta que correspondía de parte de las fuerzas de seguridad» al resistir una supuesta revisión de …automovilistas, en la inverosímil versión «de inteligencia» del secretario general de Gobierno, Francisco Javier Cuadra. En el domicilio de la víctima (Carmen 1392), que tenía prohibición de ingresar al país desde 1980, la CNI incautó componentes electrónicos de los transmisores que Vergara fabricaba para las emisiones clandestinas de radio Liberación. Radiodifusión

Entre 1982/84, se entregó al desarrollo de las transmisiones clandestinas. El vespertino La Segunda registró esas actividades el 18 de mayo de 1982, en una nota titulada Gol con relato subversivo:

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Palabras para no olvidar: la lucha continúa

Habían transcurrido diez años de la salida forzosa de “mi país” cuando regreso a él. Con dieciocho años y la inquietud natural de una adolescente buscando sus raíces, logro aventurarme a conocer aquel lugar que mis padres habían dejado atrás con tanto dolor y sufrimiento. Ese sitio llamado Chile que para mí era reminiscente de infancia, olor a café con leche a la llegada de la Escuela y de las clases de ballet que tanto gozaba y nunca más pude continuar. Sí, porque el exilio significó ruptura, separaciones, distancias, idiomas y poblaciones nuevas que marcarían mi vida por siempre. Nunca más tendríamos el abrigo y cobijo de nuestra nana. Ahora debíamos cuidarnos nosotros mismos y con responsabilidades que no corresponden a un niño. Mi madre, ya separada de mi padre, trabajaba largas horas para sostener nuestro nuevo hogar y asegurar los ricos chocolates y juegos de Monopoly (La Gran Capital) los viernes por la noche. Era nuestro ritual de exilio, el momento en que estábamos mis hermanos y yo junto a ella y éramos felices.

 

Pero todo llegó a un abrupto fin una mañana de otoño londinense cuando, entrando a hurtadillas a la pieza de mi madre para no despertarla, presiento que algo no está bien. Me acerco lentamente a su cama y le toco sus pies, y con la inocencia de una niña de doce años no quiero creer lo que siento, un gélido frio que traspasa las mantas. Salgo y le aviso a mis hermanas mayores que algo pasa con la mamá. Ellas, estoicamente, asumieron sus roles y constataron lo irrefutable: estaba muerta. No hay golpe más grande en este mundo que perder a tu madre, sobre todo siendo una niña. Teniendo un padre muy presente, pero a miles de kilómetros de distancia en el Norte de África, comenzamos a vivir el duelo de la partida de la mamá, y el fin de su idea de que este exilio solo sería por un tiempo corto. Madre mía, hoy te recuerdo y lamento decirte que han transcurrido 42 años y aún no hay paz, verdad ni justicia en Chile.

 

De estos 42 años ya llevo 29 viviendo en Chile, más de la mitad de mi vida. Es que cuando uno ha tenido que cambiarse de casa y país tantas veces, cifras como éstas cobran mayor significado. Y vivo como una chilena más, pero en mi fuero interno me siento distinta, y no es sólo el exilio sino también vivir la represión de la dictadura de una forma silenciosa, no tan muda como la de miles de chilenos, pero igual callada, no publicada para ser conocida por todos. Porque soy un personaje anónimo que tiene su historia que contar, una historia surcada de momentos amargos de la dictadura y la contrariedad que ha significado vivir en este país en “transición”. Esperando el momento en que no exista un pero para disfrutar el aroma de la primavera.

 

Era el inicio de mi primera primavera ya residente en Chile, había vivido in situ el horror de la Operación Albania donde 12 chilenos habían sido acribillados en una sangrienta “batalla” unilateral de la Central Nacional de Inteligencia (CNI). El terror lo envolvía todo, pero también, como relámpagos de esperanza, viví las protestas que eran gritos desesperados buscando fin al terror, buscando paz, tranquilidad y una forma digna de vivir la vida.

 

Ese día 3 de septiembre de 1987 yo había partido rumbo a la universidad como todos los días, sin embargo, un hecho en particular hacía el ambiente más tenso de lo usual: El Frente Patriótico Manuel Rodríguez había secuestrado al Coronel Carlos Carreño, Sigue leyendo

Homenaje: El pintor Hugo Riveros, ex militante del MIR de Chile asesinado en 1981

Documental rescata la historia de artista asesinado por retratar a sus torturadores.

Riveros era militante del MIR y fue detenido en 1980. Tras ser liberado al año siguiente, realizó los retratos de varios de sus torturadores y los envió al exterior, pero algunos de los paquetes fueron interceptados. En julio de 1981 fue secuestrado en su hogar y apareció apuñalado en el Cajón del Maipo.
El documental será exhibido el domingo 30 de marzo a las 18:00 en la Escuela Pública Comunitaria, ubicada en Dávila Larraín 2298, cerca de Carmen con Placer, en el barrio Franklin. Tras la proyección, el público tendrá la oportunidad de conversar con el director.

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“Hugo Riveros es una figura que fui descubriendo y conociendo durante el rodaje”, cuenta Flores, cuya obra le sirvió para titularse en la Escuela de Cine de la Universidad ARCIS. “Me interesaba porque era anónimo, un héroe anónimo del pueblo”.
“Cuando caí detenido, ese primer día, me dije: muchos pasaron por la tortura, muchos se quebraron bajo la tortura, y muchos tampoco pudieron salir de aquí”, había escrito Riveros tras su detención. “No sabía cómo iba a terminar, pero sea lo que fuera, iba a tener que asumirlo. Sé lo que significa este compromiso, el costo de cuando uno cae. Lo único que me preocupaba en ese momento eran mi compañera y mi hijo (Miguel Edgardo)”.
Huyendo de la represión, Riveros había viajado a Alemania en 1979, pero optó por regresar a Chile por su compromiso político, especialmente con los más pobres. Estuvo recluido en el Cuartel Borgoño, la Penitenciaría y la cárcel de Buin, antes de ser liberado en marzo. Cuando planeaba salir nuevamente a Alemania tras recibir el asilo político, a los 29 años, fue asesinado. Ese mismo año, su mujer e hijo –hoy un reconocido ilustrador y dibujante de comics (Millus) residente en Colonia– se fueron al exilio, tras un crimen cuyos autores siguen impunes.

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En una canción dedicada a su memoria, el trovador alemán Walter Mossmann recuerda su encuentro con Riveros en tierras germanas (“hablabas de tus dieciséis años/en un campo de concentración”), pero también de sus ansias por volver a su patria y de la fe en que la dictadura terminaría cayendo. Sigue leyendo

FOTOS HISTÓRICAS: Recopilación de las mejores fotos a color de Salvador Allende

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La Biblioteca Virtual Salvador Allende Gossens en facebook, efectuó el trabajo de recopilar una gran cantidad de imágenes a color del ex-presidente Salvador Allende. Hay imágenes verdaderamente impactantes y perfectas en todos los aspectos, incluyendo composición y técnica, que impresionan más considerando que en las fotografías de la época no era muy común que éstas fueran con esa calidad de colores. Aunque probablemente queden muchas más que aún no se conozcan, en este banco de información yacen verdaderos tesoros pocos conocidos.

Las imágenes son de propiedad de los famosos fotógrafos como Michael Mauney, Bruno Barbey, Ferdinando Scianna entre otros consagrados de la fotografía de la época.

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Salvador Allende 1972 – Magnum Photos Sigue leyendo

Cacique Yare: El cultivo de una comuna

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“Mija, desde que yo tengo uso de razón y recordando a mis antepasados, el guarapo de toronjil, orégano y malojillo son buenísimos para la gripe y cualquier malestar que se sienta en el cuerpo”, es el cuento que echa la abuelita Numa.

Todos los días, Numa Orense está atenta a las visitas que se realizan en la aldea integral del adulto y la adulta mayor, desde donde relata los beneficios de la siembra de plantas medicinales, frutales y ornamentales.

La granja -como le dicen l@s abuel@s- es parte de un proyecto que la comuna “Cacique Yare” comparte con otras cuatro comunas de la Parroquia San Francisco de Yare, en el estado Miranda.

“Una fecha importante para todos nosotros”, cuenta en una exhalación Epifanio Lares al recordar ese 26 de marzo que da nombre a la Aldea Integral. “Me agrada que la granja tenga plasmada esa fecha, para que se recuerde la salida del comandante Chávez de la cárcel de Yare. Eso fue en el año 1994, claramente lo recuerdo. Desde ahí mi pueblito de San Francisco no deja de conmemorarlo”. Sigue leyendo