FPMR Fútbol Club

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Esta semana llega a librerías Cambio de juego, historias desconocidas del fútbol chileno (Planeta), de Nicolás Vidal, una recopilación de crónicas que abordan la historia secreta del balompié chileno. Adelantamos un fragmento de su primer capítulo, dedicado al Frente Patriótico Manuel Rodríguez y su vínculo con el fútbol.

Era cerca de la medianoche: los últimos suspiros del 20 de octubre de 1984. A Fernando Larenas -jefe operativo del Frente Patriótico Manuel Rodríguez- le quedaba menos de una cuadra para llegar a la casa de seguridad que tenían en La Reina, pero le llamó la atención el movimiento inusitado en la vereda y el jardín. Recién había caído su encargado logístico: sólo podía ser la CNI. No se detuvo y partió a su hogar, en Gran Avenida. Al llegar se encontró con una situación parecida, pero esta vez lo vieron: un par de autos salieron disparados detrás suyo. Apoyó toda la fuerza de su pie derecho en el acelerador y no le importaron luces rojas, discos Pare o cualquier otra señal de tránsito. Ya no eran dos sino cinco los vehículos que lo perseguían. Con medio cuerpo fuera de la ventana los agentes apuntaban, cada uno con su pistola. Fernando sólo podía verlos a través de los espejos. Y escuchar el silbido de los balazos; o el estruendo del vidrio trasero reventándose y dejando el flanco abierto para que los tiros entraran con facilidad en esa portería salvajemente asediada.

El ex arquero del Orompello aguantó hasta Santa Rosa esquivando balazos y luces rojas. Pero se le atravesó un camión. Su Charade se chantó en el pavimento y los agentes aparecieron por todas partes. Estaba desarmado. Una misión imposible: atajaba solo frente a un equipo completo. Le dispararon a quemarropa con un fusil Galil, de fabricación israelí, a través de la ventana del conductor. Alcanzó a levantar el brazo izquierdo, desviando levemente el proyectil. Recibió el balazo en la cabeza. Los agentes quebraron las ventanas con sus culatas y lo arrastraron hacia la calle. Parte de su masa encefálica quedó en el pavimento. Entre todos patearon ese bulto para después dejarlo desangrándose, con la satisfacción que sólo entregan las misiones cumplidas, al menos para un asesino.

***

Ramiro se refugia en la oscuridad que da la sombra del árbol. Prefiere no exponerse. Un viento salado vuelve más fresco ese anochecer de verano. Baja la mirada hacia su reloj continuamente, preguntándose, tal vez, si es que ha ocurrido algo. Comienza a impacientarse. Se pone en puntillas y mira hacia los dos lados de la calle. Respira aliviado cuando ve que se acerca por Los Placeres el auto en que viene su hermano. Iván no está solo. Lo acompañan, como de costumbre, los dirigentes del equipo San Francisco.

Se dirigen a la cancha. Hace algunos años que no juega en el Orompello. Ahora reside en Santiago y dejó de llamarse Mauricio Hernández Norambuena. Vive oculto -en las sombras- y sólo sale a la luz para jugar el campeonato nocturno Osmán Pérez Freire, el más importante que se disputa en Valparaíso durante el verano. Vuelve al puerto sólo para vestirse de corto. El San Francisco armó un equipo cuyo único objetivo es la copa. Y para eso trajo a los hermanos Hernández.

Mauricio Hernández y Fernando Larenas fueron a probarse a Audax Italiano, en Santiago […] ¿Se habría transformado Mauricio en el Comandante Ramiro? ¿Habría sido el Loco el jefe operativo del Frente? Nunca lo sabremos porque ninguno de los dos decidió quedarse, a pesar de haber pasado la prueba futbolística.

En los camarines, Ramiro vuelve a ser Mauricio, el futbolista. Recuerda esos minutos previos a los partidos del Orompello, cuando se vestía con Fernando Larenas y su hermano Iván. Pero ahora juegan en otro equipo, y Fernando ya no está. No deja que la nostalgia lo saque de ese partido. Ya está acostumbrado a vivir con esa sensación de que en cualquier momento te pueden disparar en la cabeza, unida a la adrenalina que viene con la compañía del miedo. Pero de todas formas se estremece con las tres mil personas que abarrotan el estadio en esa final del campeonato contra el Econa. En el campo de juego, como tantas veces -junto a su hermano Iván- se olvida del Frente, de la tensión, el miedo y cualquier otra cosa que no sea el equipo rival. Ganan por tres a cero.
Reciben la copa ante un estadio lleno y dan la vuelta olímpica: el insustituible sabor de la gloria, tan lejana al anonimato. Después de celebrar, vuelve a esconderse donde el amigo que le da alojamiento.

Al día siguiente, ya de vuelta en Santiago, Sigue leyendo

El ojo izquierdo de Salvador Allende

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A través de ese lente, el ojo izquierdo de Salvador Allende lanzó a las multitudes del futuro, piadosamente, su última mirada. A través de ese lente, las palabras saltaban como chispas cuando aquel Salvador que lo dio todo por salvarnos erigía en el aire las grandes alamedas por donde habría de pasar el hombre libre. A través de ese lente, hay un vacío que nos interroga.

El día que lo suicidaron, una mano salvó la mitad de las famosas gafas Magnum del Presidente de Chile. Y en el Museo Histórico Nacional, el mismo que anuncia a su entrada ser obra del «excelentísimo señor capitán general Augusto Pinochet», ahora se exhibe en la segunda planta. (Por lo menos el tiempo se ha hecho cargo de precisar cuál nombre debe ir debajo y cuál arriba).

También el tiempo, con impactante simbolismo, prefirió conservar solo el lado izquierdo de aquellos espejuelos. Y ahora nos convida a imaginar detrás de ese cristal manchado y partido la pupila anhelante que le quedaba al líder más cerca del corazón. Ese era el ojo con el que más soñaba.

Ahora, en la pequeña Nueva York, esta calle que pasa tan cerca del Palacio de la Moneda, me siento a meditar, a superar el impacto que me causa aquella pieza, o media pieza, del museo.

A esta hora debía estar escribiendo yo una crónica sobre la II Feria del Libro de Antofagasta, sobre la grata aventura de un grupo de cubanos que llegamos al desierto con poemas y canciones; pero no logro borrar de mi retina la retadora imagen de una mirada cercenada.

Sentado en la pequeña Nueva York, me siento menos turista. No sé si pisaré las calles nuevamente de una Santiago dramática y hermosa; pero conozco el sitio que nunca dejaré de visitar.

Y me imagino cómo podría brillar aquel ojo de Salvador, el mismo que cerraba para disparar, cuando el hombre bromeaba. Luego de varias derrotas electorales, el que jamás se rendía, pidió para su tumba este epitafio: «Aquí yace Salvador Allende, futuro presidente de Chile».

Por fin, puedo reírme con ese chiste grande en su utopía.

Y siento que aquí yace, sin poder enviar jamás a Cuba la crónica que le pidieron, imperceptible entre los transeúntes de la pequeña Nueva York, un cubano que solo atina a buscar tras un mínimo cristal al ser humano que no cabe en ninguna vitrina.

Aquí voto, en silencio, por el futuro presidente. Mis palabras se pierden rumbo a sus grandes alamedas. Desde allí, el ojo izquierdo de Salvador Allende todavía nos mira con ternura.

Por Yamil Díaz
digital@juventudrebelde.cu

Tomado de juventudrebelde.cu

Palabras para no olvidar: la lucha continúa

Habían transcurrido diez años de la salida forzosa de “mi país” cuando regreso a él. Con dieciocho años y la inquietud natural de una adolescente buscando sus raíces, logro aventurarme a conocer aquel lugar que mis padres habían dejado atrás con tanto dolor y sufrimiento. Ese sitio llamado Chile que para mí era reminiscente de infancia, olor a café con leche a la llegada de la Escuela y de las clases de ballet que tanto gozaba y nunca más pude continuar. Sí, porque el exilio significó ruptura, separaciones, distancias, idiomas y poblaciones nuevas que marcarían mi vida por siempre. Nunca más tendríamos el abrigo y cobijo de nuestra nana. Ahora debíamos cuidarnos nosotros mismos y con responsabilidades que no corresponden a un niño. Mi madre, ya separada de mi padre, trabajaba largas horas para sostener nuestro nuevo hogar y asegurar los ricos chocolates y juegos de Monopoly (La Gran Capital) los viernes por la noche. Era nuestro ritual de exilio, el momento en que estábamos mis hermanos y yo junto a ella y éramos felices.

 

Pero todo llegó a un abrupto fin una mañana de otoño londinense cuando, entrando a hurtadillas a la pieza de mi madre para no despertarla, presiento que algo no está bien. Me acerco lentamente a su cama y le toco sus pies, y con la inocencia de una niña de doce años no quiero creer lo que siento, un gélido frio que traspasa las mantas. Salgo y le aviso a mis hermanas mayores que algo pasa con la mamá. Ellas, estoicamente, asumieron sus roles y constataron lo irrefutable: estaba muerta. No hay golpe más grande en este mundo que perder a tu madre, sobre todo siendo una niña. Teniendo un padre muy presente, pero a miles de kilómetros de distancia en el Norte de África, comenzamos a vivir el duelo de la partida de la mamá, y el fin de su idea de que este exilio solo sería por un tiempo corto. Madre mía, hoy te recuerdo y lamento decirte que han transcurrido 42 años y aún no hay paz, verdad ni justicia en Chile.

 

De estos 42 años ya llevo 29 viviendo en Chile, más de la mitad de mi vida. Es que cuando uno ha tenido que cambiarse de casa y país tantas veces, cifras como éstas cobran mayor significado. Y vivo como una chilena más, pero en mi fuero interno me siento distinta, y no es sólo el exilio sino también vivir la represión de la dictadura de una forma silenciosa, no tan muda como la de miles de chilenos, pero igual callada, no publicada para ser conocida por todos. Porque soy un personaje anónimo que tiene su historia que contar, una historia surcada de momentos amargos de la dictadura y la contrariedad que ha significado vivir en este país en “transición”. Esperando el momento en que no exista un pero para disfrutar el aroma de la primavera.

 

Era el inicio de mi primera primavera ya residente en Chile, había vivido in situ el horror de la Operación Albania donde 12 chilenos habían sido acribillados en una sangrienta “batalla” unilateral de la Central Nacional de Inteligencia (CNI). El terror lo envolvía todo, pero también, como relámpagos de esperanza, viví las protestas que eran gritos desesperados buscando fin al terror, buscando paz, tranquilidad y una forma digna de vivir la vida.

 

Ese día 3 de septiembre de 1987 yo había partido rumbo a la universidad como todos los días, sin embargo, un hecho en particular hacía el ambiente más tenso de lo usual: El Frente Patriótico Manuel Rodríguez había secuestrado al Coronel Carlos Carreño, Sigue leyendo

Vivir bajo el régimen de Pinochet: “Aún no se sabe qué pasó con mi hermano”

No pasa un día sin que Gloria Elgueta piense en cómo pudieron ser los últimos días de su hermano Martín. Martín fue detenido por la policía política de Pinochet y recluido en Londres 38, un edificio colonial situado a cinco cuadras de la casa familiar. Después de años de buscar justicia, Gloria se unió a otros familiares en una campaña para convertir la tristemente famosa casa de torturas en un monumento conmemorativo para recordar a quienes perdieron la vida.

IMG_0198.PNGGLORIA Y MARTÍN

Hay un recuerdo de los oscuros días del régimen de Pinochet que la activista chilena Gloria Elgueta nunca olvidará. Todos los días, durante 15 días, caminó cinco cuadras desde la casa de su familia, en el centro de Santiago, y se quedaba mirando una antigua casa colonial conocida como Londres 38. La elegante fachada desmentía los horrores que ocurrían dentro. Era uno de los centros de detención de Pinochet: un lugar de tortura y muerte. Gloria sospechaba que su hermano Martín, estudiante, estaba dentro, y ella no podía hacer nada.

En julio de 1974, unos miembros de la DINA (la policía política de Pinochet) llamaron a su puerta y se lo llevaron sin más. Nunca dieron ninguna explicación de la detención ni formularon cargos contra él. Casi inmediatamente después de la detención de Martín, Gloria y su madre se unieron a cientos de personas cuyos seres queridos habían sido llevados a un lugar desconocido. Sigue leyendo

Para no olvidar. Impactante testimonio-crónica de un exiliado chileno

caracas, venezuela, marzo de 2010

señores

comisión valech.

en primera instancia, me permito agradecerles la oportunidad de poder escribir por primera vez mi testimonio.

mi nombre es juan rafael ruilova maluenda, nacido en chile, en la ciudad de ovalle (iv región), el 25 de septiembre de 1946, de profesión ingeniero (graduado en la universidad técnica del estado), con cédula 5.280.772-7.

soy casado y tengo tres hijos. actualmente vivo con mi esposa en caracas- venezuela y mis tres hijos viven en chile.

este documento-testimonio, tiene como objetivo reseñar de forma lo mas clara, detallada, pormenorizada y con cierto rigor cronológico, la experiencia personal y colectiva, que me toco vivir durante los años de la cruel dictadura de augusto pinochet en chile y de la cual fui una de las tantas victimas; perseguido, arrestado, torturado, expulsado de mi país y buscado durante toda esa época por los organismos represores del régimen militar. por otro lado consignar este testimonio en la comisión valech, a objeto se me reconozca por el estado y gobierno de chile mi status de perseguido, encarcelado, exiliado y torturado por razones políticas.

caracas, venezuela, marzo de 2010

señores

comisión valech.

en primera instancia, me permito agradecerles la oportunidad de poder escribir por primera vez mi testimonio.

mi nombre es juan rafael ruilova maluenda, nacido en chile, en la ciudad de ovalle (iv región), el 25 de septiembre de 1946, de profesión ingeniero (graduado en la universidad técnica del estado), con cédula 5.280.772-7.

soy casado y tengo tres hijos. actualmente vivo con mi esposa en caracas- venezuela y mis tres hijos viven en chile.

este documento-testimonio, tiene como objetivo reseñar de forma lo mas clara, detallada, pormenorizada y con cierto rigor cronológico, la experiencia personal y colectiva, que me toco vivir durante los años de la cruel dictadura de augusto pinochet en chile y de la cual fui una de las tantas victimas; perseguido, arrestado, torturado, expulsado de mi país y buscado durante toda esa época por los organismos represores del régimen militar. por otro lado consignar este testimonio en la comisión valech, a objeto se me reconozca por el estado y gobierno de chile mi status de perseguido, encarcelado, exiliado y torturado por razones políticas.

1) universidad técnica del estado (ute).

el 11 de septiembre de 1973, me encontraba junto a una gran cantidad de compañeros, en los predios de la universidad técnica del estado en santiago y la razón de estar en ese lugar y ese día, obedecía en primer lugar a que era profesor de dicha universidad y además cursante del ultimo semestre de ingeniería mecánica, por otro lado, a razones ideológicas y militantes, pues era miembro activo del partido comunista de chile y en tan difícil situación política, era obligación moral defender con nuestra presencia no solo el gobierno legitimo y democrático del presidente allende, sino además, dejar clara demostración de nuestro repudio, como universitarios, a la violación del precepto constitucional democrático que ese fatal día era llevado a cabo por los militares golpistas.

las personas que nos encontrábamos en la universidad – calculo yo – éramos aproximadamente unos 3000, algunos en la zona de la casa central de la universidad y otros en la escuela de artes y oficios (eao); profesores, alumnos, empleados administrativos y obreros. la máxima autoridad de la universidad, el insigne rector enrique kirberg, encabezaba a ese nutrido grupo de patriotas universitarios que luchábamos por mantener la democracia en chile desde nuestra añorada casa de estudios.

en la madrugada del día 11 de septiembre, ya la universidad había recibido – como inicio de las crueles acciones en el país- una acción comando realizada contra las instalaciones de la radio de la ute, las que fueron tiroteadas, Sigue leyendo

El imborrable poema de Neruda

La noche del 2 de septiembre de 1939, un barco francés fletado por el poeta chileno, el Winnipeg, llegó a la costa de Valparaíso, Chile con 2.365 españoles.winnipeg

La noche del 2 de septiembre de 1939, el Winnipeg, un viejo carguero francés de la I Guerra Mundial, atraca en el puerto de Valparaíso. Hacinados, desnutridos y casi desnudos 2.365 españoles vuelven a divisar tierra firme tras casi un mes de travesía transatlántica que les ha permitido dejar atrás la maloliente arena de los campos de refugiados de Francia. Frente a ellos se encuentra un nuevo mundo: la tierra del poeta Pablo Neruda, que había intervenido para sacar de la nada a estos exiliados de la guerra. Miles de personas aguardan en el puerto para dar un caluroso recibimiento a los represaliados. Una pancarta de los presentes convierte la desesperación de los exiliados en carcajadas: “Bienvenidos coños”.

“Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie”, recita Pablo Neruda en la partida del viejo Winnipeg, el barco que permitió que la pesadilla vivida por 2.365 exiliados se convirtiera en un pasaje hacía una nueva vida.

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Ochenta y un olivos

Ingresar por la puerta principal de la USACH, es simplemente imposible…

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Ingresar por la puerta principal de la USACH, es simplemente imposible… Los buses de las FFEE de Carabineros, los “zorrillos”, las bombas lacrimógenas, los encapuchados, han convertido el campus universitario en una batalla campal de una tóxica e irrespirable atmósfera. Parecemos actores de una pretérita, realista y sarcástica película en blanco y negro. Un sentimiento de dolorosa ironía nos recorre enteros… Han transcurrido casi cuarenta y dos años y todavía lo que era nuestra amada Universidad -junto a ella, la educación chilena- están muy lejos de recuperar esa “conquistada dignidad”, arteramente arrebatada por la sangrienta dictadura militar.

El acceso obligado es por la Quinta Normal, a través de la Avenida Portales. Los vetustos edificios, otrora valiosa muestra de la arquitectura social, diseñados con toda la humanidad y el respeto a la clase trabajadora. Erguidos, invulnerables ante las inclemencias del clima, los años, la historia… Sigue leyendo