El Día del Joven Combatiente

El 29 de Marzo de cada año se conmemora el Día del Joven Combatiente, fecha en la cual recordamos los nombres de quienes con su sacrificio heroico, visibilizaron la lucha que miles de jóvenes daban día a día en sus poblaciones, liceos y universidades para derrotar a la más sangrienta y extensa dictadura militar de toda Nuestra América.

Son las vidas de cuatro jóvenes militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria – MIR de Chile, las que movilizarán al país en busca de justicia y que sembrarán la semilla de las luchas de millones de jóvenes en el Chile de hoy.

Sin duda los medios de comunicación de la burguesía y los relatos pos dictatoriales, han intentado permanentemente criminalizar las luchas y demandas juveniles. Las que se remontan desde las gloriosas revoluciones sesenteras, que condujeron exitosamente jóvenes como Fidel Castro, el Che Guevara y Miguel Enríquez, quienes pusieron en cuestión al viejo orden burgués y levantaron en lo más alto las banderas de la revolución socialista.

Y son esos ideales y sueños, que han movilizado a millones de jóvenes a lo largo de nuestra historia, jóvenes que estuvieron dispuestos a entregar su vida para conquistar la Libertad de nuestro Pueblo.

El 29 de Marzo los nombres de Paulina, Mauricio, Eduardo y Rafael, quedan escritos en la memoria y en la historia de un pueblo que aún lucha para que la Dignidad se Transforme en Costumbre!

…Su muerte en ningún caso es inútil, sino que es un llamado a todos los chilenos y a todos los latinoamericanos, un llamado a seguir luchando por esa sociedad de iguales, por esa sociedad sin explotación, por la cual mis hermanos dieron su vida.

PABLO VERGARA TOLEDO

Los Jóvenes Combatientes

Mauricio Maigret Becerra

Mauricio Maigret Becerra, 17 años, estudiante secundario, Militante del MIR, participó en el levantamiento popular de Pudahuel durante el 29 de mazo de 1984. Cayó abatido por ráfagas de una UZI y un fusil SIG, disparados por agentes de la CNI. Tuvo que cumplir heroicamente con la misión de cubrir la retirada de sus compañeros. Su cuerpo se hizo semilla en calle San Daniel con pasaje Nassau en la comuna de Pudahuel.

Rafael y Eduardo Vergara Toledo

Eduardo Vergara Toledo, 20 años, estudiante de Pedagogía en Historia del Pedagógico, dirigente estudiantil de la UNED (Unión Nacional de Estudiantes Democráticos) y Militante del MIR. La noche del 29 de Marzo de 1985 se prepara junto a su hermano Eduardo y otros milicianos a realizar una acción de propaganda armada en Villa Francia, a un año del asesinato de Mauricio Maigret. Entre los pasajes de la villa Robert Kennedy, son interceptados por carabineros quienes les disparan por la espalda. Eduardo muere inmediatamente de un disparo en el corazón.

Mural en el Liceo de Aplicación

Rafael Vergara Toledo, 18 años, estudiante secundario, Miliciano del MIR. La noche del 29 de Marzo de 1985 lidera al grupo de Milicianos en Villa Francia, la acción de propaganda se transforma en acción de recuperación, que nunca se concretará. Los hermanos Vergara Toledo son emboscados por la policía, Rafael es herido por la espalda, se arrastra para abrazar el cuerpo de su hermano asesinado, es salvajemente golpeado con la culata de un fusil en su rostro. Mal herido es llevado hasta un furgón policial y asesinado con un disparo en su nuca. El recuerdo de los Hermanos Vergara Toledo sigue presente en los pasajes de la Villa Francia.

Paulina Aguirre Tobar

Paulina Aguirre Tobar, 20 años, Militante del MIR, cumplía tareas en la clandestinidad con el nombre político de «Luisa». Realizó cursos de guerrilla urbana en Cuba, le gustaba cantar y tocar la guitarra. La media noche del 29 de Marzo de 1985, Paulina llegaba a su casa, una cabaña ubicada en El Arrayán, región Metropolitana, cuando es interceptada por la Brigada Azul de la CNI, brigada que tenía la misión de exterminar a los militantes del MIR. «Luisa» fue asesinada con dos disparos en la cabeza, uno en el cuello, tres disparos en la mano derecha y dos disparos en el antebrazo izquierdo, así la vida de Paulina se transforma en ejemplo de valor y disciplina y digna representante de la Mujer Combatiente. 

Cuando el dolor, la sangre, el odio y la muerte son necesarios, miles de manos se tienden para tomar las armas.

Acuérdense ustedes de mí, Siempre.

VERSOS ESCRITOS POR PAULINA AGUIRRE TOBAR.

Paulina Aguirre Tobar, 20 años, Militante del MIR, cumplía tareas en la clandestinidad con el nombre político de «Luisa». Realizó cursos de guerrilla urbana en Cuba, le gustaba cantar y tocar la guitarra. La media noche del 29 de Marzo de 1985, Paulina llegaba a su casa, una cabaña ubicada en El Arrayán, región Metropolitana, cuando es interceptada por la Brigada Azul de la CNI, brigada que tenía la misión de exterminar a los militantes del MIR. «Luisa» fue asesinada con dos disparos en la cabeza, uno en el cuello, tres disparos en la mano derecha y dos disparos en el antebrazo izquierdo, así la vida de Paulina se transforma en ejemplo de valor y disciplina y digna representante de la Mujer Combatiente. 

Paulina Aguirre Tobar, 20 años, Militante del MIR, cumplía tareas en la clandestinidad con el nombre político de «Luisa». Realizó cursos de guerrilla urbana en Cuba, le gustaba cantar y tocar la guitarra. La media noche del 29 de Marzo de 1985, Paulina llegaba a su casa, una cabaña ubicada en El Arrayán, región Metropolitana, cuando es interceptada por la Brigada Azul de la CNI, brigada que tenía la misión de exterminar a los militantes del MIR. «Luisa» fue asesinada con dos disparos en la cabeza, uno en el cuello, tres disparos en la mano derecha y dos disparos en el antebrazo izquierdo, así la vida de Paulina se transforma en ejemplo de valor y disciplina y digna representante de la Mujer Combatiente. 

La Juventud Rebelde sigue su ejemplo.

A raíz de la muerte de los Hermanos Vergara y Paulina Aguirre, el MIR toma la decisión política de conmemorar el 29 de Marzo como el Día del Joven Combatiente, en homenaje a Mauricio, Paulina, Rafael y Eduardo. Esta decisión, significó el inicio de importantes jornadas de protesta popular contra la dictadura, junto a masivos actos políticos en Villa Francia.

Desde los años 90, el Día del Joven Combatiente es una jornada de protesta y conmemoración a lo largo y ancho del país, pero también una fecha ineludible para la reflexión respecto a la participación de las y los jóvenes en la lucha política. Es así que desde el año 2000 la Juventud Rebelde Miguel Enríquez – JRMEdel MIR, organiza el Primer Seminario del Joven Combatiente, espacio que se va a replicar año tras año hasta la fecha, extendiéndose a Universidades, Liceos y Barrios a lo largo del país, con importantes Jornadas Culturales y de voluntariado estudiantil. Con los años se agregaron las Mesas Internacionales con representación de juventudes políticas de todo el continente, lo que ha permitido compartir experiencias y extender el debate de la participación juvenil con perspectivas continentales.

Tomado de: miradacritica.cl (Extracto)

Carta a mi padre

“Te mataron a ti pero no consiguieron matar las generaciones que vinimos detrás. Ninguna otra historia podrá cambiar la nuestra. Te quiero mucho”.

Felisa y su familia, en una fotografía de la exposición ‘El ADN de la Memoria’. LOLO VASCO

Esta es la historia de la ausencia de un padre en la vida de su hija. La carta, reconstruida por Olivia Carballar a partir del testimonio de Felisa González, está incluida en el libro ‘El ADN de la Memoria: fosas del franquismo, semillas de memoria’, un trabajo de la asociación sevillana Nuestra Memoria basado en una exposición fotográfica del mismo título.

Hola, papá. ¿Te ves ahí en la foto? La que te tiene cogido soy yo. Sí, la primera de la fila. Sí, sí, Felisa, la pequeña. Estoy segura de que me reconoces. Ay, que me han sacado con el chaquetón arrugado… ¡Tengo 80 años! Y sabes una cosa, ¿papá? Que te echo de menos. No sabes cuánto, papá. Te echo muchísimo de menos.

Yo no me acuerdo de nada porque tenía tres años cuando ocurrió todo. Bueno, me faltaba un mes para cumplirlos. Aquello pasó en febrero y yo los hacía en marzo. Y a mamá nunca le gustó hablar de estas cosas, ¿sabes? Me da mucho coraje, mucha pena que en casa no se haya hablado de esta historia. Y se tenía que haber hablado, papá. Y tanto que se tenía que haber hablado.

Pero eran otros tiempos y había miedo. Mamá, aunque siguió con nosotras, conmigo y las hermanas, también murió ese día contigo. Nunca la vi de otro color que no fuera el negro. Siempre de negro. Negro el vestido, negras las medias. Negro, negro, negro… Mira, ahí la tienes en la imagen. El que sujeta su foto es tu nieto Felipe, el hijo de la hermana Isabel. La siguiente es su mujer, María. Y toda esa larga fila de la fotografía es tu preciosa familia. ¡Y no estamos todos, eh! Porque como dice Lolo, el fotógrafo que recogió ese momento de risa y alegría que estás viendo, te mataron a ti pero no consiguieron matar las generaciones que vinimos detrás, las generaciones que vinieron después. La del final, la chica que está embarazada, es Isabel María, tu bisnieta. Ya ha nacido el bebé. Un niño muy lindo llamado Álvaro. A pesar de todo, aquí estamos, aquí seguimos pariendo.

Bueno, en realidad yo no he tenido hijos, papá. No he tenido esas preocupaciones ni las alegrías que dicen que te dan los hijos. Y que quizá, pienso muchas veces, hubieran hecho menos dolorosa tu ausencia. Tú, en cambio, sí sabes qué es dejar tres hijas a la deriva. Con 13, 5 y 3 años. La hermana Isabel y la hermana Dolores han muerto ya. Se han ido sin saber dónde estás.

Pero no estés triste, papá. Mis hermanas y yo fuimos al colegio, aprendimos a leer y a escribir, como tú querías, como escribiste en esa carta antes de… antes de… no sé como te dirían que te iban a matar, no sé, no sé, no sé… No sé qué sangre fría hay que tener para matar a una persona, para matar a una persona inocente como tú, para matar a tantas personas como yacen en las cunetas.

Yo no he sido feliz, papá. Eso sí te lo tengo que decir. Te lo confieso. Buenas, buenas, me han pasado muy pocas cosas. O será que tu pérdida la tengo clavada tan adentro… Siempre he vivido con esa pena, con la pena de una hija que no tiene un padre para pedirle un abrazo, o un consejo, o un lo que sea que hubiere necesitado. He pasado mucho. Ya sabes que antes no era como ahora. Estudié lo que pude, luego me puse a coser y luego a trabajar para seguir viviendo. Me coloqué en la joyería Reyes, en Sevilla, en las calles Tetuán y Álvarez Quintero. Y allí he estado 30 años. Esa es mi vida, papá. Me casé. Mi marido era taxista y murió hace tres años con una enfermedad degenerativa. Durante dos décadas he estado cuidándolo. Ahora no me pierdo un acto en el que pueda hallar una pista sobre tu paradero, un homenaje para reconocerte.

¿Ves el árbol del fondo de la foto? Es un naranjo. Estamos en San José de la Rinconada, en un pequeño campito donde me instalé. Nos fuimos de Carmona hace 40 años. Allí, de todas maneras, nos trataron bien. A mamá la trataron bien. Nunca le pusieron problemas.

Y menos mal que nos quedó ella, porque he conocido a gente que se quedó sin los dos, sin su padre y sin su madre, siendo unos niños. Mamá nos sacó adelante sola. Si supiera que estoy haciendo lo que estoy haciendo… Seguramente ahora lo habría entendido. Y quién sabe si no se hubiera sumado a la búsqueda. Murió con 81 años. Con dignidad. Ay, papá. Hay cosas tan dolorosas… Le pidieron que firmara un papel que ponía que tu muerte había sido natural… ¡Muerte natural, papá! Lo que fuese para tapar aquellos monstruosos crímenes. Es verdad que ella no hablaba de lo que ocurrió, pero jamás habría aceptado esa ofensa a tu nombre.

Te fuiste y te engañaron para que volvieras. Conozco la historia. Cuántas veces pienso en lo distinto que habría sido todo si no hubieras regresado. Si nos hubiéramos marchado todos fuera, al exilio. Es duro, pero al menos habrías vivido. Se me pone la piel de gallina. No puedo imaginar mi vida contigo a mi lado, papá. Y a la vez pienso en ello cada día. Creo que la primera vez que estoy diciendo papá es ahora, mientras te explico el sentido de esta bella fotografía. Papá. Papá. Papá.

Estoy haciendo lo imposible por encontrarte. Dicen que te trajeron a las tapias del cementerio de Sevilla y allí te fusilaron. No sé si estarás ahí. Hace unos días firmé un papel para pedir que abrieran la fosa y parece que van a comenzar los trabajos de localización muy pronto. No sé si estarás ahí… y no sé si aparecerás a tiempo. A mi tiempo. Pero voy a seguir intentándolo. Me dijeron que hace muy poquito, una mujer de 91 años había encontrado a su padre en Guadalajara. Ascensión, creo que se llama. Ascensión Mendieta. Me emociono mucho, ¿sabes? De momento, tengo tus cartas y tu retrato, que sé también que a otras familias ni las fotos les dejaron. Felipe González de los Santos. Ese eres tú, papá. Mi padre. Ninguna otra historia podrá cambiar la nuestra. Te quiero mucho.

Tomado de: rutasdelamemoria.lamarea.com

Por: Olivia Carballar

Operación Retiro de Televisores y la doble desaparición forzada

En diciembre de 1978, tras la orden explícita del dictador Augusto Pinochet, militares de los distintos regimientos del país desenterraron las fosas clandestinas ubicadas en el territorio nacional y desaparecieron los cuerpos de ejecutados políticos.

13 de septiembre de 1973. Es medio día y un camión Pegaso cruza desde el Regimiento Tacna en Santiago hasta el Fuerte Arteaga en Peldehue. Al interior del camión van más de 20 personas tendidas en el suelo, amarradas de pies y manos, y sus cabezas cubiertas con lonas. Eliseo Cornejo Escobedo, Suboficial del Ejército (r), sigue la caravana que se desplaza en dirección norte. Cuando llegan al recinto militar observa cómo uno a uno descienden a los detenidos para, a rostro descubierto, asesinarlos con subametralladoras. Los cuerpos caen en una fosa de quince metros y cinco años después, en diciembre de 1978, Cornejo vuelve al mismo sitio para participar de la exhumación ilegal de esos cuerpos, procedimiento nacional que fue llamado “Operación Retiro de Televisores”.

A través de un criptograma categoría A1, que fue enviado a las unidades de inteligencia y regimientos del país, se ordenó “desenterrar todos los cuerpos de prisioneros políticos ejecutados en la jurisdicción del regimiento y hacerlos desaparecer”, según declaró un suboficial de Inteligencia en 2004.

Hasta ese entonces, año 1978, la dictadura militar negaba la existencia de detenidos desaparecidos. “Informaba que eran personas que habían abandonado el país, dejado a sus familias, muerto o que, derechamente, no existían legalmente y que eran personas inventadas”, indica Marisol Intriago, Encargada de la Unidad de Derechos Humanos del Servicio Médico Legal.

No obstante, este discurso se fractura cuando el 30 de noviembre de 1978, Inocente Palominos – en la inflaqueable búsqueda de su hijo detenido desaparecido – encuentra cuerpos humanos en los hornos de cal abandonados en Lonquén. Palominos contacta a la Vicaría de la Solidaridad y son ellos quienes realizan una denuncia a la Corte Suprema por un caso que ha sido denominado como “Hornos de Lonquén”. En respuesta al impacto mediático de los hallazgos en Talagante, Pinochet y la Junta Militar deciden enviar el criptógrama a los regimientos.

Los 26 de La Moneda 

El día 23 de diciembre de 1978, durante la “Pascua del Soldado”, nueve militares del Departamento II de Inteligencia y del cuadro permanente del Regimiento Tacna se reúnen al interior del Fuerte Arteaga en Peldehue. Esos nueve militares son Eliseo Cornejo Escobedo, Fernando Burgos Díaz, Hernán Canales Varas, José Canario Santibáñez, José Darrigrandi Marques, Isidro Durán Muñoz, Luis Fuenzalida Rojas, Darío Gutiérrez de La Torre y Sergio Medina Salazar.

Con una máquina retroexcavadora realizan una zanja de seis u ocho metros en el suelo para luego, con palas y chuzos, continuar cavando. Según la declaración de Durán Muñoz, “la faena de desenterrar los cuerpos duró de dos a tres horas” y en ese intertanto beben pisco para capear el calor y el hedor que comienza a rodearlos cuando, bajo unas latas de zinc, encuentran los cuerpos de los detenidos desaparecidos de La Moneda.

El 11 de septiembre de 1973, luego del bombardeo al palacio de gobierno, asesores del Presidente Allende, miembros de la Guardia Presidencial (GAP) y funcionarios del Servicio de Investigaciones son detenidos en La Moneda y trasladados en dos vehículos militares hasta el Regimiento Tacna. Allí fueron apresados y torturados hasta el 12 de septiembre y ese día, después de interrogatorios y vejámenes, liberaron a 17 del Servicio de Investigaciones. Los demás, asesores del Presidente de la República y miembros de la Guardia Presidencial, fueron llevados a Peldehue al día siguiente.

Hasta la fecha, se ha identificado a 26 de ellos: Oscar Avilés Jofré (28), Jaime Barrios Meza (47), Manuel Castro Zamorano (23), Sergio Contreras (40), Daniel Escobar Cruz (37), José Freire Medina (20), Daniel Gutierrez Ayala (25), Enrique Huerta Corvalán (48), Claudio Jimeno Grendi (33), Georges Klein Pipper (27), Oscar Lagos Ríos (21), Oscar Marambio Araya (25), Juan Montiglio Murúa (21), Julio Moreno Pulgar (24), Jorge Orrego González (29), Eduardo Paredes Barrientos (35), Enrique París Roa (40), Héctor Pincheira Núñez (28), Arsenio Poupin Oissel (38), Oscar Ramírez Barria (23), Luis Rodríguez Riquelme (26), Jaime Sotelo Ojeda (33) Julio Tapia Martínez (24), Héctor Urrutia Molina (22), Oscar Valladares Caroca (23) y Juan Vargas Contreras (23).

Sus cuerpos, rodeados de cal y granadas de tipo “Poi” sin explotar, vestidos y calzados como si los cinco años no hubiesen podido ingresar entre la arcilla, son maniatados y metidos en sacos paperos. Hasta allí, todas las declaraciones coinciden. Todos concuerdan que los cuerpos son llevados a dos camiones. No obstante, la aparición del helicóptero Puma enmarañar los relatos.

Algunos, como Fuenzalida Rojas, aseguran que subieron los cuerpos al helicóptero ese mismo 23 de diciembre. Otros, como Gutiérrez de La Torre, dicen que fue dos días después. Según su testimonio presentado al Quinto Juzgado del Crimen de Santiago, “unos dos días después fue (Gutiérrez) llevado a Peldehue en un helicóptero a un sitio ubicado frente al recinto y cerca de un polígono de tiro, lugar donde se encontraban los dos camiones antes referidos, y ayudados por los pilotos cargaron los cuerpos y se dirigeron a la costa y en una zona cerca de la Fundición Ventanas procedieron a lanzarlos al mar, para retornar después a la base ubicada en Tobalaba”.

Independiente del día y la hora, esa acción se realizó. Además del secuestro, la tortura, la ejecución y posterior inhumación ilegal de los detenidos de La Moneda, también se realizó la exhumación ilegal de sus cuerpos, culminando todo con la desaparición forzosa. Se estima que los cuerpos fueron lanzados en las costas de la región de Valparaíso, entre Quintero por el norte y San Antonio por el sur.

Todos los militares mencionados han sido imputados, sus declaraciones y sentencias son de acceso público, no obstante, los autores intelectuales han fallecido. Enrique Morel Donoso, comandante de la guarnición de Santiago en 1978, falleció en febrero del 2002, y Joaquín Molina Fuenzalida, comandante del grupo de artillería del Regimiento Tacna, fue asesinado por Manuel Contreras Valdebenito, hijo de Manuel Contreras, en 1989. Odlanier Mena, director de la CNI, mucho más arriba en la columna de militares y organismos de inteligencia, se suicidó en 2013 antes de ser retirado del Penal Cordillera y trasladado a Punta Peuco.

Hasta esta publicación, quince de los detenidos han sido reconocidos a través de análisis genéticos. Fragmentos óseos, algunos de no más de diez centímetros, han permitido reconstruir sus historias y proyectarlas en presente. Así, se ha identificado a Oscar Avilés Jofré, Jaime Barrios Meza, Manuel Castro Zamorano, Claudio Jimeno Grendi, Georges Klein Pipper, Oscar Lagos Ríos, Julio Moreno Pulgar, Enrique París Roa, Héctor Pincheira Nuñez, Luis Rodríguez Riquelme, Jaime Sotelo Ojeda, Julio Martínez Tapia, Héctor Urrutia Molina, Juan Vargas Contreras y Juan Montiglio Murua.

La operación en el resto del país

En 1978, cuando el ocultamiento de los asesinatos se volvió una orden explícita desde la comandancia en jefe del Ejército, en Chihuío las FFAA desenterraron los restos de los 17 trabajadores pertenecientes al Sindicato Campesino Esperanza del Obrero del Complejo Maderero Panguipulli y los lanzaron al mar. Sus cuerpos, antes de la inhumación ilegal, estuvieron 15 días al aire libre. A pesar de ambas acciones, la fosa del desentierro que fue hallada en 1990 aún contaba con restos óseos que permitieron la identificación de cinco ejecutados: Carlos Acuña Inostroza (46), Luis Ferrada Sandoval (42), Daniel Méndez Méndez (42), Ricardo Ruiz Rodríguez (24) y Manuel Sepúlveda Rebolledo (28).

De esa forma, el encubrimiento y la doble desaparición cruzó el territorio desde la región de Arica en Putre, hasta la región de Los Ríos en Chihuío, y continuó durante 1979. “Las investigaciones judiciales indican que los restos recuperados fueron arrojados al mar, quemados en hornos, arrojados a volcanes, etc.”, señala Marisol.

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Masacre de El Charco: el objetivo, aplastar la rebeldía indígena

La masacre del 7 de junio de 1998 en la comunidad de El Charco, municipio de Ayutla, Guerrero, no fue el único hecho violento en la región. En realidad, las comunidades na’saavi y me’phaa venían sufriendo una violencia sistemática generalizada que, si bien se remontaba a la época colonial, se había agudizado en las útimas décadas con la Guerra Sucia.

Con total impunidad, militares, empresarios y gobernantes habían hecho de la región una tierra de saqueo. Podían ir a tomar lo que quisieran. Constantemente recorrían las comunidades para asaltar mujeres, incluso niñas de 14 años, a quienes violaban y golpeaban antes de abandonar en los caminos terregosos. Tomaban también, casi por diversión y para amedrentar a los pueblos, las cosechas de maíz, las de jamaica y destruían trapiches y cañaverales de azúcar. Las esporádicas denuncias eran objeto de burlas. Y quien denunciaba podía terminar golpeado, asesinado o desaparecido. Cientos o acaso miles de víctimas no lograon contar su historia fuera de sus pueblos.

La organización “fue una necesidad”, señala Efrén Cortés Chávez, sobreviviente a la masacre de El Charco, a la tortura y al encierro en cárceles de máxima seguridad, acusado de rebelión y acopio de armas, entre otros delitos.

Al organizarse, las comundades impideron entonces el ingreso de militares y guardias blancas a sus territorios. Habían tomado la decisión de defenderse. “Si un pueblo no se puede defender no va a poder defender lo que construya. Por eso en esa zona aparece la experiencia del ERPI [Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente]”.

Explica que las comunidades decidían en asamblea: “Mujeres, ancianos, adultos, autoridades, diáconos, maestros, todos, sobre la necesidad del pueblo”. Presentaron denuncias y lograron hacerser escuchar en los medios de comunicación. También generaron la capacidad para impedir el ingreso de las Fuerzas Armadas al territorio. El gobierno dijo que las comunidades no querían que ingresara el Ejército ahí porque estaba la guerrilla.

“Sí existía, pero no era como de la época de la década de 1970, sobre el foquismo, la vanguardia, los intelectuales dirigiendo a los pobres indígenas. No. Era un movimiento que caminaba no adelante del pueblo, sino junto al pueblo. Ahí se rompe el aspecto de la vanguardia, pues el único que tiene la capacidad de ser vanguardia es el pueblo. Y todos los que tienen responsabilidad, conocimientos, en todos los casos, tienen que ir junto al pueblo, no adelante ni atrás del pueblo.”

La Masacre de El Charco interrumpió un proceso de emancipación de los pueblos indígenas que rodean los montes de Ayutla de los Libres. No lo derrotó porque las raíces estaban echadas y, además, pudo replicarse en otras regiones.

Pero a los sobrevientes, acusados de pertenecer al movimiento armado, les esperaban largas jornadas de tortura.

“Eso deja secuelas. La tortura tiene el objetivo de limitar la capacidad de tu conciencia. Fue tortura física y sicológica. Golpes, toques eléctricos en la zona genital… tardé mucho tiempo inflamado de los testículos, me quemaron. Eso no se olvida.”

Si bien no se olvida, sí se puede superar: “La única forma de sanar es no olvidarse de que la injusticia sigue y de que debemos de seguir luchando”.

Y señala: “Sigue el despojo de la minería. Siguen grupos ilegales atacando a las comunidades. Sigue el asesinato de luchadores sociales. Sigue el despojo de terrirorios por megaproyectos del gobierno y empresarios”.

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Detenidos Desaparecidos: el caso de los 119 en Operación Colombo

Dentro del drama de los detenidos desaparecidos, hay situaciones que por sus especiales características han producido un fuerte impacto en la opinión pública. Así ha ocurrido con las diversas maniobras que la Dictadura puso en acción para tratar de ocultar los secuestros, minimizar su importancia o desacreditar a los denunciantes.
La dictadura no se detuvo ante nada: mintió, se contradicción, e implicó a otros gobiernos.

El 12 de junio de 1975, el vespertino «La Segunda» publicó con grandes titulares, en primera página, que: «Dos mil marxistas reciben instrucción en Argentina» y que «se organizan guerrillas en contra de Chile» En la misma edición, agregó en la pág. 28: «Fuerzas de Seguridad del Ejército argentino detectaron que dirigentes del MIR, a los cuales se da por desaparecidos en Chile y que las organizaciones internacionales al servicio del marxismo dan por asesinados, se entrenan en Argentina e incluso comandan compañías guerrilleras», y señaló que más de dos mil chilenos se preparan para reingresar al país para hacer la guerrilla «contra las Fuerzas Armadas chilenas», afirmando que algunos de ellos ya habían sido detenidos en la provincia de Talca, al Sur de Santiago. Este fue el comienzo de la campaña que configuró el «caso de los 119».

¿Quiénes son los llamados 119? Se trato de una campaña de la Dictadura que uso todos los medios a su alcance para deshacerse de la incómoda situación de los presos «desaparecidos», campaña necesaria ya que para esos días se estimaba probable una visita a Chile, de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, cuyo ingreso al país fue, finalmente, denegado por la Dictadura. Los 119 son los secuestrados por la DINA cuyos nombres la dictadura incluyó en la nómina de chilenos que se encontrarían en el exterior, sosteniendo que muchos de los cuales habrían caído a manos de sus propios compañeros de organización o en enfrentamientos con fuerzas de seguridad extranjeras. El revuelo internacional creado en torno al caso hizo que el problema pasara a ser conocido mundialmente. Veamos cómo la Dictadura continuó esa campaña.

Los días 14 y 16 de junio, el diario «El Mercurio» anunció que 50 guerrilleros habían sido detenidos en Talca y que otros dos grupos habrían cruzado la frontera desde Argentina en un plan combinado del MIR chileno y el ERP argentino. El diario dice que «informaciones provenientes de Buenos Aires» dan cuenta de un enfrentamiento con Carabineros (policía chilena) en el que se habrían producido algunas bajas. El 16 de junio, el diario «Las Últimas Noticias» reitera la campaña, atribuyendo las informaciones a «fuentes extraoficiales chilenas» o «fuentes chilenas generalmente bien informadas».

Días más tarde, es el diario «La Tercera» el que denuncia la existencia de un «siniestro plan rojo» y repite las expresiones acerca de extremistas que ingresaban a Chile por los pasos cordilleranos para llevar a cabo sabotajes y atentados contra personeros influyentes tanto civiles como uniformados. En igual sentido son las publicaciones de «La Segunda» del 25 de junio. La campaña de prensa no era en absoluto ajena a la Dictadura . No sólo era la dictadura la que había ordenado su montaje, sino que además, uno de sus principales voceros, el General Hernán Béjares, Secretario General de Gobierno, había declarado el 13 de junio que «numerosos extremistas, a los que agencias noticiosas del exterior interesadas o comprometidas con el marxismo dieron como eliminados o asesinados por los medios de seguridad del país, se encuentran realmente muy vivos y preparándose para actuar coercitivamente contra nuestro gobierno».

El 29 de junio, el diario «La Patria» editorializa sobre el caso, afirmando que los «extremistas» tenían en su poder un «bien estudiado plan de acción terrorista». Agrega que se realizarían manifestaciones en lugares céntricos, a la salida de las Iglesias, etc. y que este rebrote de acciones para alterar el orden público tenía como objeto desatar la guerrilla urbana y rural en el país.

El 6 de julio, «La Tercera» publica una crónica de su corresponsal en Mendoza, Julián Gabriel, el que asegura haber descubierto militantes del MIR haciéndose pasar por agentes de la DINA y deteniendo a sus propios compañeros, que luego formarían parte de un llamado «Ejército de los Andes» El periodista añade que se trata de un plan del MIR para engañar a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

El 11 de julio, en una pequeña localidad cercana a Buenos Aires, fueron hallados dos cadáveres, que portaban entre sus ropas documentos chilenos. Según las versiones de la dictadura, profusamente publicitadas en la prensa de Santiago, se trataría de los jóvenes Jaime Robotham y Luis Guendelman, de quienes se sabía habían sido detenidos por la DINA y por los que existían recursos de amparo pendientes y gestiones de Amnesty International. El diario «La Segunda» del 15 de julio, en su pág. 36, dice que «los dos miristas chilenos que fueron ejecutados por su propia organización en Argentina, fueron identificados en Chile». El periódico concluye que «de esta forma se comprueba que gran parte de las denuncias sobre asesinatos y desaparicio-nes de izquierdistas en Chile, son inventadas y que estos individuos gozan de buena salud en el extranjero».

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Operación Colombo: A 45 años del escandaloso encubrimiento de la dictadura y los medios

No ha habido condena alguna para los periodistas que formaron parte activa del montaje de la Operación Colombo, omitiendo el rol criminal jugado por la prensa proclive a la dictadura.

El operativo civil y militar buscó encubrir mediante un montaje comunicacional la desaparición forzosa de 119 chilenos y chilenas.  En el presente texto hacemos un balance de los avances en materia de justicia y en las formas de levantar memoria, entendiendo estas dos luchas como fundamentales para la construcción de una sociedad que no dé lugar al olvido ni a la impunidad.

Esta semana se conmemoran 45 años de Operación Colombo o caso 119, operativo civil y militar llevado a cabo en 1975 por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), cuyo fin fue encubrir mediante un montaje comunicacional la desaparición forzosa de 119 chilenos y chilenas. Considerada como la primera acción informal de la Operación Cóndor, la desaparición de estas 119 personas contó con la colaboración de los servicios de inteligencia de Brasil y Argentina, que, a través de publicaciones en falsos periódicos, divulgaban listas de chilenos, hasta ese momento desaparecidos, que habrían perecido asesinados en diferentes países. 

Sin lugar a duda, el caso 119 resultó ser un operativo impresionante en cuanto a la capacidad de coordinación entre diversos actores civiles, militares, nacionales e internacionales para falsear la realidad. El camino plagado de montajes, omisiones y mentiras ha hecho de la búsqueda de justicia una tortuosa experiencia para los familiares, que, en base a fuerza, lucha y compromiso han sabido construir, mucho antes de que los criminales fuesen condenados, la senda de la memoria.

En el presente texto hacemos un balance de los avances en materia de justicia y en las formas de levantar memoria a partir del caso 119, entendiendo estas dos luchas como fundamentales para la construcción de una sociedad que no dé lugar al olvido ni a la impunidad. De esta manera, memoria y justicia aparecen como caminos que se entrecruzan y dialogan, cimentados paso a paso por los familiares, compañeros y compañeras de los 119 que han hecho de la lucha su vida. 

La Guerra Sicológica: Operación Colombo

Desde su inicio, el 11 de septiembre de 1973, la dictadura aplicó entre sus actos criminales la desaparición forzada de personas, práctica que según diversos estudios ha sido considerada como la más cruel de las formas de violación de derechos humanos, pues impide a los familiares procesar el respectivo duelo psicológico y material, lo que se traduce en un daño permanente, definido como cronificación del daño[1].

Esta práctica, según consigna el informe Rettig, consistió en la aprehensión y secuestro de la persona para ser trasladada a algún lugar clandestino de reclusión, “acción acompañada o seguida de medidas de ocultamiento y negativas oficiales” a reconocer la detención, impidiendo “la disposición de sus restos de modo que no pudieran ser encontrados”[2]. Dicha fórmula, implica además una compleja situación desde el punto de vista jurídico, y de aplicación de justicia, o más bien, de imposibilidad de su aplicación. En efecto, al no haber pruebas materiales de los hechos, se depende sólo de los testimonios de las personas que estuvieron con el prisionero y/o de testigos. A lo anterior, debemos sumar el hecho que a los detenidos se les aplicó legislación en tiempos de guerra, lo cual configura una ilegalidad que contraviene todos los principios y tratados internacionales referentes a los Derechos Humanos (DD.HH.).

Para atender el desarrollo del caso 119, se debe comprender la estrategia de guerra psicológica desplegada por el régimen, en su afán de “conquista del espacio interior de las personas al cual se penetra a través de mensajes. Tales mensajes actúan sobre los sentimientos y pensamientos de los individuos con el fin de cambiar sus conductas y comportamientos[3], es decir, en su intento por encubrir la acción represiva y desmoralizar la resistencia al régimen, manipulando la opinión pública y el sentido común.

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¿ESCUCHARON? Es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el del nuestro resurgiendo*

No nos esperábamos el tremendo remezón, de verdad, todo el rato tratando de inyectar energía para incitar la conversa y el análisis en la organización popular, apoyando las movilizaciones, editando libros-herramientas para los de abajo y a la izquierda, el espacio al que sabemos que pertenecemos, y en muchas ocasiones nos quedamos con el sabor amargo de estar declamando al viento. Pero a veces nos paramos en la marcha o dentro de la organización del Yo me Libro, y sabíamos que había que seguir intentándolo.

Y el ¡Despierta! no llegó como un estruendo, fue el murmullo de los y las pingüinos/as que evadían los torniquetes del Metro, corriendo en masa por esas puertas siempre limpias y correctas ante un alza de pasaje que colmó el vaso de agua de las eternas desigualdades y abandonos de un Estado cincelado a fuego y sangre por el neoliberalismo.

De ahí al cacerolazo, a la ocupación del espacio público, al ¡Ya Basta! al ritmo de batucadas, tinkus y “al que no salta es paco”, fue como un volcán botando toda la mierda acumulada en 30 años de seudodemocracia, o tal vez de 500 años soportando la bota del invasor… y nos conmueve hasta la última fibra, ver que sí se podía, que los loquitos lindos no éramos tan raros, y que la alegrerebeldía se cultiva y crece como la malahierba, aún en las peores condiciones.

Sabíamos que desde arriba no lo iban a permitir, y llegó el toque de queda, y la bota asesina, y los fusiles tratando de matar la primavera. Pero aunque los que aparecen en la tele con el logo de gobierno son los mismos que estaban atrás del dictador hace 40 años, los que hoy copamos las calles y hacemos sonar nuestras ollas no somos los mismos del ’73, nos quitaron todo que hasta el miedo perdimos, y que tal vez esta es la gran oportunidad para que las cosas cambien, porque nadie soporta tanta esclavitud, aunque venga vestida de vacaciones al Caribe en 36 cuotas.

Sabemos que el momento es difícil, los muertos de nuevo los pone el pueblo, ante la mirada soberbia de quienes gobiernan y de una clase política tan desconectada con la realidad, que tiran a los milicos a la calle esperando que todo siga igual, y de quienes dicen estar al lado nuestro, se mueven al ritmo del arriba al que pertenecen. Y a pesar de que lo hemos dicho de muchas formas, parece que todavía no creen que nada será igual desde el 18 de octubre de 2019.

El “no es la forma” habla de no tener idea de lo que está pasando en las vidas de los y las humildes, con sueldos de miseria, jubilaciones que permiten seguir trabajando, con servicios privados que deberían ser un derecho, con todos nuestros recursos sobreexplotados y vendidos al mejor postor, salud para quien la pueda pagar y educación y derechos “en la medida de lo posible”.

La respuesta del arriba suena a paracetamol para calmar el dolor de un cáncer, pero el despertar ya no cree en sus soluciones ni en sus respuestas, por lo que lo único que les queda es ponerse a la altura, bajar la cabeza y retirarse, ya es la hora de que se vayan todos.

Hoy nos queda la organización popular, crear una y mil asambleas territoriales para conversar y sacar propuestas del otro Chile que queremos construir, tomar la mano de nuestros/as vecinos/as y preguntarnos qué queremos, denunciar cada injusticia, protegernos como comunidad de la bota asesina y desconfiar de lo que venga desde arriba, ya han demostrado que las personas somos un número y que actúan para que, de nuevo, los empresarios ganen a costa de la sangre del pueblo.

Y nos ponemos a disposición, desde nuestro trabajo editorial, del ser bisagra de montón de otras organizaciones que, como nosotros, han aportado por años para crear un tejido social nuevo, uno rebelde y afectuoso, apañe y manos para lo que se necesite y hasta donde la imaginación alcance.

Sabíamos que no éramos pocos, sólo estábamos dispersos, ahora estamos unidos viviéndonos en nuestra diferencia, no nos perdamos con el voladero de luces que trata de cegarnos, a fuego y sangre, que incita a ponernos unos contra otros, a medidas dentro de lo posible, culpándonos por tener rabia.

Porque todavía hay un Chile que se construye a pulso, sólo tenemos que intentarlo.

Abrazos rebeldes

En los días de la pueblada, octubre de 2019

* Comandancia General del EZLN, 

Tomado de: quimantu.cl

Módulo 14: El reducto de los “presos políticos” en Santiago 1

Jorge Ulloa está afuera del Centro de Justicia, a unas cuadras del metro Rondizzoni, esperando que termine la audiencia donde nuevamente revisarían las medidas cautelares de su hijo Diego Ulloa (22). Su nombre también se lee en la polera que lleva puesta especialmente para esta ocasión: “Justicia para Diego”, dice.

Los traslados de Jorge y su familia, desde La Florida hasta ese lugar, se han hecho frecuentes desde hace tres meses. Diego fue detenido el 13 de diciembre por el supuesto porte de una bomba molotov y líquido acelerante, después de haber asistido a una manifestación en el Costanera Center.

Desde entonces, el estudiante de gastronomía internacional está recluido en el módulo 14 de Santiago 1. Este espacio fueespecialmente dispuesto por Gendarmería para los detenidos imputados por delitos asociados al estallido. Aunque también hay personas acusadas por otros motivos, la mayoría corresponden al primer grupo. Según confirmó la institución a El Desconcierto, actualmente 100 personas  se encuentran ahí, duplicando la cifra que tenían a fines de octubre.

La Coordinadora “18 de octubre” –integrada por organizaciones, colectivos autónomos y familiares de los detenidos– aclara que este módulo, por lo general, se utiliza para los “primerizos”. Al igual que los otros familiares, Jorge los reconoce como “presos políticos”, una situación que ha sido compleja para ellos afrontar.

—Ellos no están acostumbrados a este encierro y tampoco nosotros, como papás, a visitar centros penitenciarios. No teníamos idea de nada (…) Pasado el tiempo, Diego en ningún caso se fue acostumbrando, pero sí asumiendo como una lucha porque si no, no tendría sentido la detención de todos los chicos de Santiago 1 y del país—, comenta.

La rutina y el desgaste

“La falta de espacio, la falta de naturaleza, la falta de privacidad, nos está matando. El apoyo entre nosotros es lo único que no nos hace perder la cabeza. Esto se demora, la imaginación escasea. Solo esperamos soluciones y respuestas al igual que el resto de la gente”, se lee en una carta que escribió un grupo de detenidos agrupados en el módulo 14, a un mes del estallido. Dicen, además, que entre ellos comparten sus conocimientos de oficios o habilidades artísticas (musicales o malabares) y deportes para pasar las horas de encierro.

Las visitas de los familiares son los jueves, en dos horarios y por recluso pueden entrar máximo cinco personas. Cada una puede llevarles una bolsa con artículos muy definidos: productos dulces (galletas y/o chocolates sin ningún relleno), salados, cuatro sándwiches, tres cajetillas de cigarrillos y una bebida o agua mineral.

—Tratamos de que vayan las cinco visitas porque, si bien a ellos les sobran un poco, es justamente para que estén preparados para recibir a los otros presos. Más ahora que se viene marzo, algo que nos preocupa por las leyes más duras que se aprobaron—, advierte Jorge Ulloa.

También cuenta que por más de un mes y medio durmieron entre tres a cinco personas en un solo camarote por celda. Esto cambió, en parte, con la visita de los delegados de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a fines de enero, y fueron reubicados.

Según lo que le ha contado Diego, en algunas oportunidades los gendarmes han entrado a “reventarles” las celdas para ver si tienen algún tipo de armas o para evitar que se organicen. Pero eso no les ha quitado su interés por armar una biblioteca al interior del módulo y, aunque ha sido difícil ingresar libros, ya tienen cerca de 70.

Salud mental

Ely Farías es mamá de Elías Cruz (23) y vive en El Bosque. Esta semana se cumplen tres meses desde que carabineros de civil detuvieron al joven en el paradero 18 de Gran Avenida, cuando volvía de la “Plaza de la Dignidad”. Está acusado, al igual que Diego Ulloa, por porte de artefactos incendiarios. Hasta antes de ser detenido, Elías trabajaba en una bodega.

Su mamá advierte que como hay sobrepoblación en el módulo 14 están mandando a algunos a la ex Penitenciaría. Reconoce que la seguridad es mucha, partiendo por la excesiva revisión que le hacen al ingreso hasta a los niños. Edith también ha notado los cambios de su hijo:

—Él es delgado, pero ahora lo está mucho más. Mide 1,70 metros y ya se le nota.  A él lo siguieron porque lo vieron supuestamente con un dron—, detalla la mujer.

Las condiciones físicas y psicológicas preocupan a los familiares. Anchi San Martín es terapeuta del área de salud mental e integra el Movimiento Salud en Resistencia. A principios de febrero acudió con un médico de la organización a Santiago 1 para prestarle ayuda médica a uno de los jóvenes detenidos que tenía problemas dermatológicos por una infección producida por chinches. Esa vez, los profesionales se enrolaron para el ingreso porque ya contaban con la autorización del tribunal. Pero la solicitud fue en vano. Gendarmería finalmente no los dejó pasar.

—Llegamos a Santiago 1 a las 10:00 horas y no nos dejaron entrar. Fue una sorpresa. No hemos intentado hacer nuevamente el ingreso. Es muy complejo porque esa vez nos dijeron que no había llegado el papel de autorización. Entonces, tenemos que hacer la tramitación de nuevo. Pero sabemos que se entrampan en resquicios legales—, precisa Anchi.

Lo mismo ha podido observar Pepa Aguirre, psicóloga del grupo ex Nido XX. Supo que uno de los jóvenes detenidos intentó suicidarse y después lo aislaron del módulo. Por lo mismo, pone énfasis en el acompañamiento constante. Sobre la alimentación, dice que no ha sido adecuada para el caso de las personas vegetarianas y veganas.

En este lugar solo se encuentran los hombres recluidos y la única mujer acusada por un delito asociado al estallido está la cárcel de San Miguel. De los que están en Santiago 1, varios han salido por cambio en las medidas cautelares. Hasta diciembre del año pasado se contabilizaban 2.200 personas en el país en prisión preventiva por delitos como lanzamiento o porte de artefactos incendiarios, desórdenes públicos, hurtos, entre otros. De estas detenciones, un porcentaje importante ha sido declarado ilegal por los tribunales.

Tomado de: eldesconcierto.cl

Por: Natalia Figueroa

“Capuche”: el boletín creado por presos políticos de Concepción

«Capuche» es un boletín (o fanzine) creado por un grupo de presos políticos de Concepción, quienes se encuentran recluidos en la Cárcel El Manzano a raíz de la oleada represiva con que el Estado intenta contener las protestas que sacuden al país. El boletín hace un llamado a no bajar los brazos y seguir en la lucha, además se abordan temas como la detención, el juicio, la llegada a la cárcel y el ingreso a los módulos. También entrega consejos para quienes protestan y arriesgan caer en prisión, además de valiosa información para familiares y cercanos de quienes sufren la prisión. Un documento hecho a mano, con pasión y lleno de rebeldía que atraviesa los muros de las prisiones.

Tomado de: radiokurruf.org

Baltasar Garzón fustigó a Piñera en una carta abierta “Parece no entender que el pueblo no es enemigo sino víctima”

El exjuez estuvo en Chile para el Foro Latinoamericano de Derechos Humanos, celebrado entre el 23 y 25 de enero. Su mensaje contiene críticas al Poder Judicial y las fuerzas de seguridad, y elogios a los manifestantes por su “coraje y dignidad”.

Baltasar Garzón fue juez de la Audiencia Nacional en España.  
Imagen: NA

Chile en el corazón: Carta Abierta al Pueblo de Chile

Queridas chilenas y chilenos:

Escribo de nuevo y esta vez me dirijo al pueblo de Chile, tras la carta abierta para al presidente Piñera publicada el pasado 23 de octubre sobre la que, por cierto, no he recibido respuesta.

En esa misiva expresaba mi dolor y profunda preocupación por lo que estaba ocurriendo en Chile, país con el que me une un vínculo perenne y por el que siento un especial afecto. Me parecía entonces, y me sigue pareciendo ahora, que la respuesta del Gobierno al estallido social ha sido absolutamente desproporcionada, contra un pueblo que se manifiesta en la calle expresando que no soporta más tanta desigualdad, tanta injusticia, abusos y corrupción.

Dije en aquella misiva, además, y lo he dicho en otros foros, que el ejército no está preparado para controlar el orden público sino para hacer la guerra, para doblegar al enemigo o destruirlo y que cuando sale a la calle, las cosas solo empeoran. Pero con estupor he podido ver cómo Piñera ha intentado una y otra vez la intervención de los militares. Parece no entender que el pueblo no es el enemigo sino la víctima, y que al pueblo hay que protegerlo y no castigarlo con medidas de excepción.

Es paradójico que este estallido social haya tenido lugar en un país que – se decía – era un oasis en América Latina y que pretendía exhibirse ante el mundo como garante del medioambiente para liderar una respuesta global coordinada frente a la emergencia climática en la COP 25 de la que Chile tenía que haber sido anfitrión. No fue así porque Piñera y su gobierno no podían permitir que los mandatarios del resto del planeta vieran cómo el ejecutivo era incapaz de gestionar las demandas sociales, dando como única respuesta represión y más represión contra sus propios compatriotas, sin pudor alguno.

Seguramente sabrán que después de aquella carta he viajado a Santiago de Chile para participar en el Foro Latinoamericano de Derechos Humanos, celebrado entre los días 23 y 25 de enero. Me reuní con asociaciones de víctimas, organismos de derechos humanos y sociedad civil para conocer sus impresiones de lo acontecido desde el 18 de octubre. Les confieso que fue una jornada muy dura en lo personal y lo que he conocido ha aumentado mi grado de indignación. Una indignación que se me ha ido acumulando durante estos tres meses, pero que ya ha llegado a un nivel de estupor ante tanta crueldad, desidia e incompetencia.

Represión sin sentido

Durante mi breve estancia en Santiago, acudí a comprobar personalmente lo que la sociedad civil me había transmitido a través de cientos de mensajes llegados desde Chile, pero también desde muchos otros países y desde la propia comunidad chilena en España. Acudí a la Plaza de la Dignidad (ex Plaza Italia), donde fui testigo de cómo la fuerza pública no se está ejerciendo para controlar el orden público y garantizar el derecho de manifestación, sino para dañar, herir y lesionar a quienes ejercen su derecho a la libertad de expresión. Los componentes de Primera Línea, con los que tuve ocasión de hablar en el edificio histórico del Senado me habían expuesto su desesperación y miedo a la represión desplegada y sostenida por el Estado. En el acto reivindicativo, me prestaron un casco, me rodearon y me protegieron para que yo mismo no resultara lesionado, durante el tiempo en el que temerariamente, me empeñé en comprobar la realidad de lo que me habían denunciado.

Debo reconocer que no sabía lo que era el guanaco aplicado a una protesta hasta que vi volar por los aires a un chico con su bicicleta por el impacto del agua a presión; ni pensé que la carcasa del tubo de gases lacrimógenos produjera un impacto tal sobre el rostro hasta que lo comprobé en una de las jóvenes que me acompañaba; o que la grasa y el ácido de su composición, irritara tanto; ni que los balines que vacían ojos inocentes, eran mostrados como trofeos siniestros para no olvidar el dolor… Frente a ello, escudos de madera o plástico, la rabia contenida de la impotencia y la certeza de que había que estar allí, entre mujeres y hombres de todas las edades que mostraban su determinación de afrontar los riesgos contra su seguridad, con una fortaleza ejemplar. Evoqué allí en La Alameda a Pablo Milanés señalando los crímenes de la dictadura en su canción, “Yo pisaré las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentado…”.

Protestar en Chile bien te puede costar la vida o un ojo de la cara, como de hecho lamentablemente ha ocurrido y sigue ocurriendo. Pero me emociona pensar que a pesar de este alto precio, cientos y miles de personas salen a exigir garantías de un futuro mejor. El pueblo chileno es un ejemplo de coraje y dignidad para el mundo entero. La emoción al escribir estas frases se me hace presente de nuevo, como en la Alameda, al abrazarme y ser abrazado por cientos de ustedes. Tienen todo mi respeto y mi admiración.

Un manifestante reacciona contra un agente, en una de las jornadas de protesta. AFP.

No habrá impunidad

Reitero mi solidaridad con todas las víctimas, con las familias de los fallecidos y los desaparecidos, con las mujeres agredidas sexualmente, con los que han sido torturados, con los heridos, con quienes han perdido un ojo y, por supuesto, también con Gustavo Gatica y Fabiola Campillay a quienes han arrebatado la visión por completo. No caerán en el olvido. No habrá impunidad. Tienen mi palabra. Es mi compromiso.

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