Carta a mi padre

“Te mataron a ti pero no consiguieron matar las generaciones que vinimos detrás. Ninguna otra historia podrá cambiar la nuestra. Te quiero mucho”.

Felisa y su familia, en una fotografía de la exposición ‘El ADN de la Memoria’. LOLO VASCO

Esta es la historia de la ausencia de un padre en la vida de su hija. La carta, reconstruida por Olivia Carballar a partir del testimonio de Felisa González, está incluida en el libro ‘El ADN de la Memoria: fosas del franquismo, semillas de memoria’, un trabajo de la asociación sevillana Nuestra Memoria basado en una exposición fotográfica del mismo título.

Hola, papá. ¿Te ves ahí en la foto? La que te tiene cogido soy yo. Sí, la primera de la fila. Sí, sí, Felisa, la pequeña. Estoy segura de que me reconoces. Ay, que me han sacado con el chaquetón arrugado… ¡Tengo 80 años! Y sabes una cosa, ¿papá? Que te echo de menos. No sabes cuánto, papá. Te echo muchísimo de menos.

Yo no me acuerdo de nada porque tenía tres años cuando ocurrió todo. Bueno, me faltaba un mes para cumplirlos. Aquello pasó en febrero y yo los hacía en marzo. Y a mamá nunca le gustó hablar de estas cosas, ¿sabes? Me da mucho coraje, mucha pena que en casa no se haya hablado de esta historia. Y se tenía que haber hablado, papá. Y tanto que se tenía que haber hablado.

Pero eran otros tiempos y había miedo. Mamá, aunque siguió con nosotras, conmigo y las hermanas, también murió ese día contigo. Nunca la vi de otro color que no fuera el negro. Siempre de negro. Negro el vestido, negras las medias. Negro, negro, negro… Mira, ahí la tienes en la imagen. El que sujeta su foto es tu nieto Felipe, el hijo de la hermana Isabel. La siguiente es su mujer, María. Y toda esa larga fila de la fotografía es tu preciosa familia. ¡Y no estamos todos, eh! Porque como dice Lolo, el fotógrafo que recogió ese momento de risa y alegría que estás viendo, te mataron a ti pero no consiguieron matar las generaciones que vinimos detrás, las generaciones que vinieron después. La del final, la chica que está embarazada, es Isabel María, tu bisnieta. Ya ha nacido el bebé. Un niño muy lindo llamado Álvaro. A pesar de todo, aquí estamos, aquí seguimos pariendo.

Bueno, en realidad yo no he tenido hijos, papá. No he tenido esas preocupaciones ni las alegrías que dicen que te dan los hijos. Y que quizá, pienso muchas veces, hubieran hecho menos dolorosa tu ausencia. Tú, en cambio, sí sabes qué es dejar tres hijas a la deriva. Con 13, 5 y 3 años. La hermana Isabel y la hermana Dolores han muerto ya. Se han ido sin saber dónde estás.

Pero no estés triste, papá. Mis hermanas y yo fuimos al colegio, aprendimos a leer y a escribir, como tú querías, como escribiste en esa carta antes de… antes de… no sé como te dirían que te iban a matar, no sé, no sé, no sé… No sé qué sangre fría hay que tener para matar a una persona, para matar a una persona inocente como tú, para matar a tantas personas como yacen en las cunetas.

Yo no he sido feliz, papá. Eso sí te lo tengo que decir. Te lo confieso. Buenas, buenas, me han pasado muy pocas cosas. O será que tu pérdida la tengo clavada tan adentro… Siempre he vivido con esa pena, con la pena de una hija que no tiene un padre para pedirle un abrazo, o un consejo, o un lo que sea que hubiere necesitado. He pasado mucho. Ya sabes que antes no era como ahora. Estudié lo que pude, luego me puse a coser y luego a trabajar para seguir viviendo. Me coloqué en la joyería Reyes, en Sevilla, en las calles Tetuán y Álvarez Quintero. Y allí he estado 30 años. Esa es mi vida, papá. Me casé. Mi marido era taxista y murió hace tres años con una enfermedad degenerativa. Durante dos décadas he estado cuidándolo. Ahora no me pierdo un acto en el que pueda hallar una pista sobre tu paradero, un homenaje para reconocerte.

¿Ves el árbol del fondo de la foto? Es un naranjo. Estamos en San José de la Rinconada, en un pequeño campito donde me instalé. Nos fuimos de Carmona hace 40 años. Allí, de todas maneras, nos trataron bien. A mamá la trataron bien. Nunca le pusieron problemas.

Y menos mal que nos quedó ella, porque he conocido a gente que se quedó sin los dos, sin su padre y sin su madre, siendo unos niños. Mamá nos sacó adelante sola. Si supiera que estoy haciendo lo que estoy haciendo… Seguramente ahora lo habría entendido. Y quién sabe si no se hubiera sumado a la búsqueda. Murió con 81 años. Con dignidad. Ay, papá. Hay cosas tan dolorosas… Le pidieron que firmara un papel que ponía que tu muerte había sido natural… ¡Muerte natural, papá! Lo que fuese para tapar aquellos monstruosos crímenes. Es verdad que ella no hablaba de lo que ocurrió, pero jamás habría aceptado esa ofensa a tu nombre.

Te fuiste y te engañaron para que volvieras. Conozco la historia. Cuántas veces pienso en lo distinto que habría sido todo si no hubieras regresado. Si nos hubiéramos marchado todos fuera, al exilio. Es duro, pero al menos habrías vivido. Se me pone la piel de gallina. No puedo imaginar mi vida contigo a mi lado, papá. Y a la vez pienso en ello cada día. Creo que la primera vez que estoy diciendo papá es ahora, mientras te explico el sentido de esta bella fotografía. Papá. Papá. Papá.

Estoy haciendo lo imposible por encontrarte. Dicen que te trajeron a las tapias del cementerio de Sevilla y allí te fusilaron. No sé si estarás ahí. Hace unos días firmé un papel para pedir que abrieran la fosa y parece que van a comenzar los trabajos de localización muy pronto. No sé si estarás ahí… y no sé si aparecerás a tiempo. A mi tiempo. Pero voy a seguir intentándolo. Me dijeron que hace muy poquito, una mujer de 91 años había encontrado a su padre en Guadalajara. Ascensión, creo que se llama. Ascensión Mendieta. Me emociono mucho, ¿sabes? De momento, tengo tus cartas y tu retrato, que sé también que a otras familias ni las fotos les dejaron. Felipe González de los Santos. Ese eres tú, papá. Mi padre. Ninguna otra historia podrá cambiar la nuestra. Te quiero mucho.

Tomado de: rutasdelamemoria.lamarea.com

Por: Olivia Carballar

Operación Retiro de Televisores y la doble desaparición forzada

En diciembre de 1978, tras la orden explícita del dictador Augusto Pinochet, militares de los distintos regimientos del país desenterraron las fosas clandestinas ubicadas en el territorio nacional y desaparecieron los cuerpos de ejecutados políticos.

13 de septiembre de 1973. Es medio día y un camión Pegaso cruza desde el Regimiento Tacna en Santiago hasta el Fuerte Arteaga en Peldehue. Al interior del camión van más de 20 personas tendidas en el suelo, amarradas de pies y manos, y sus cabezas cubiertas con lonas. Eliseo Cornejo Escobedo, Suboficial del Ejército (r), sigue la caravana que se desplaza en dirección norte. Cuando llegan al recinto militar observa cómo uno a uno descienden a los detenidos para, a rostro descubierto, asesinarlos con subametralladoras. Los cuerpos caen en una fosa de quince metros y cinco años después, en diciembre de 1978, Cornejo vuelve al mismo sitio para participar de la exhumación ilegal de esos cuerpos, procedimiento nacional que fue llamado “Operación Retiro de Televisores”.

A través de un criptograma categoría A1, que fue enviado a las unidades de inteligencia y regimientos del país, se ordenó “desenterrar todos los cuerpos de prisioneros políticos ejecutados en la jurisdicción del regimiento y hacerlos desaparecer”, según declaró un suboficial de Inteligencia en 2004.

Hasta ese entonces, año 1978, la dictadura militar negaba la existencia de detenidos desaparecidos. “Informaba que eran personas que habían abandonado el país, dejado a sus familias, muerto o que, derechamente, no existían legalmente y que eran personas inventadas”, indica Marisol Intriago, Encargada de la Unidad de Derechos Humanos del Servicio Médico Legal.

No obstante, este discurso se fractura cuando el 30 de noviembre de 1978, Inocente Palominos – en la inflaqueable búsqueda de su hijo detenido desaparecido – encuentra cuerpos humanos en los hornos de cal abandonados en Lonquén. Palominos contacta a la Vicaría de la Solidaridad y son ellos quienes realizan una denuncia a la Corte Suprema por un caso que ha sido denominado como “Hornos de Lonquén”. En respuesta al impacto mediático de los hallazgos en Talagante, Pinochet y la Junta Militar deciden enviar el criptógrama a los regimientos.

Los 26 de La Moneda 

El día 23 de diciembre de 1978, durante la “Pascua del Soldado”, nueve militares del Departamento II de Inteligencia y del cuadro permanente del Regimiento Tacna se reúnen al interior del Fuerte Arteaga en Peldehue. Esos nueve militares son Eliseo Cornejo Escobedo, Fernando Burgos Díaz, Hernán Canales Varas, José Canario Santibáñez, José Darrigrandi Marques, Isidro Durán Muñoz, Luis Fuenzalida Rojas, Darío Gutiérrez de La Torre y Sergio Medina Salazar.

Con una máquina retroexcavadora realizan una zanja de seis u ocho metros en el suelo para luego, con palas y chuzos, continuar cavando. Según la declaración de Durán Muñoz, “la faena de desenterrar los cuerpos duró de dos a tres horas” y en ese intertanto beben pisco para capear el calor y el hedor que comienza a rodearlos cuando, bajo unas latas de zinc, encuentran los cuerpos de los detenidos desaparecidos de La Moneda.

El 11 de septiembre de 1973, luego del bombardeo al palacio de gobierno, asesores del Presidente Allende, miembros de la Guardia Presidencial (GAP) y funcionarios del Servicio de Investigaciones son detenidos en La Moneda y trasladados en dos vehículos militares hasta el Regimiento Tacna. Allí fueron apresados y torturados hasta el 12 de septiembre y ese día, después de interrogatorios y vejámenes, liberaron a 17 del Servicio de Investigaciones. Los demás, asesores del Presidente de la República y miembros de la Guardia Presidencial, fueron llevados a Peldehue al día siguiente.

Hasta la fecha, se ha identificado a 26 de ellos: Oscar Avilés Jofré (28), Jaime Barrios Meza (47), Manuel Castro Zamorano (23), Sergio Contreras (40), Daniel Escobar Cruz (37), José Freire Medina (20), Daniel Gutierrez Ayala (25), Enrique Huerta Corvalán (48), Claudio Jimeno Grendi (33), Georges Klein Pipper (27), Oscar Lagos Ríos (21), Oscar Marambio Araya (25), Juan Montiglio Murúa (21), Julio Moreno Pulgar (24), Jorge Orrego González (29), Eduardo Paredes Barrientos (35), Enrique París Roa (40), Héctor Pincheira Núñez (28), Arsenio Poupin Oissel (38), Oscar Ramírez Barria (23), Luis Rodríguez Riquelme (26), Jaime Sotelo Ojeda (33) Julio Tapia Martínez (24), Héctor Urrutia Molina (22), Oscar Valladares Caroca (23) y Juan Vargas Contreras (23).

Sus cuerpos, rodeados de cal y granadas de tipo “Poi” sin explotar, vestidos y calzados como si los cinco años no hubiesen podido ingresar entre la arcilla, son maniatados y metidos en sacos paperos. Hasta allí, todas las declaraciones coinciden. Todos concuerdan que los cuerpos son llevados a dos camiones. No obstante, la aparición del helicóptero Puma enmarañar los relatos.

Algunos, como Fuenzalida Rojas, aseguran que subieron los cuerpos al helicóptero ese mismo 23 de diciembre. Otros, como Gutiérrez de La Torre, dicen que fue dos días después. Según su testimonio presentado al Quinto Juzgado del Crimen de Santiago, “unos dos días después fue (Gutiérrez) llevado a Peldehue en un helicóptero a un sitio ubicado frente al recinto y cerca de un polígono de tiro, lugar donde se encontraban los dos camiones antes referidos, y ayudados por los pilotos cargaron los cuerpos y se dirigeron a la costa y en una zona cerca de la Fundición Ventanas procedieron a lanzarlos al mar, para retornar después a la base ubicada en Tobalaba”.

Independiente del día y la hora, esa acción se realizó. Además del secuestro, la tortura, la ejecución y posterior inhumación ilegal de los detenidos de La Moneda, también se realizó la exhumación ilegal de sus cuerpos, culminando todo con la desaparición forzosa. Se estima que los cuerpos fueron lanzados en las costas de la región de Valparaíso, entre Quintero por el norte y San Antonio por el sur.

Todos los militares mencionados han sido imputados, sus declaraciones y sentencias son de acceso público, no obstante, los autores intelectuales han fallecido. Enrique Morel Donoso, comandante de la guarnición de Santiago en 1978, falleció en febrero del 2002, y Joaquín Molina Fuenzalida, comandante del grupo de artillería del Regimiento Tacna, fue asesinado por Manuel Contreras Valdebenito, hijo de Manuel Contreras, en 1989. Odlanier Mena, director de la CNI, mucho más arriba en la columna de militares y organismos de inteligencia, se suicidó en 2013 antes de ser retirado del Penal Cordillera y trasladado a Punta Peuco.

Hasta esta publicación, quince de los detenidos han sido reconocidos a través de análisis genéticos. Fragmentos óseos, algunos de no más de diez centímetros, han permitido reconstruir sus historias y proyectarlas en presente. Así, se ha identificado a Oscar Avilés Jofré, Jaime Barrios Meza, Manuel Castro Zamorano, Claudio Jimeno Grendi, Georges Klein Pipper, Oscar Lagos Ríos, Julio Moreno Pulgar, Enrique París Roa, Héctor Pincheira Nuñez, Luis Rodríguez Riquelme, Jaime Sotelo Ojeda, Julio Martínez Tapia, Héctor Urrutia Molina, Juan Vargas Contreras y Juan Montiglio Murua.

La operación en el resto del país

En 1978, cuando el ocultamiento de los asesinatos se volvió una orden explícita desde la comandancia en jefe del Ejército, en Chihuío las FFAA desenterraron los restos de los 17 trabajadores pertenecientes al Sindicato Campesino Esperanza del Obrero del Complejo Maderero Panguipulli y los lanzaron al mar. Sus cuerpos, antes de la inhumación ilegal, estuvieron 15 días al aire libre. A pesar de ambas acciones, la fosa del desentierro que fue hallada en 1990 aún contaba con restos óseos que permitieron la identificación de cinco ejecutados: Carlos Acuña Inostroza (46), Luis Ferrada Sandoval (42), Daniel Méndez Méndez (42), Ricardo Ruiz Rodríguez (24) y Manuel Sepúlveda Rebolledo (28).

De esa forma, el encubrimiento y la doble desaparición cruzó el territorio desde la región de Arica en Putre, hasta la región de Los Ríos en Chihuío, y continuó durante 1979. “Las investigaciones judiciales indican que los restos recuperados fueron arrojados al mar, quemados en hornos, arrojados a volcanes, etc.”, señala Marisol.

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Detenidos Desaparecidos: el caso de los 119 en Operación Colombo

Dentro del drama de los detenidos desaparecidos, hay situaciones que por sus especiales características han producido un fuerte impacto en la opinión pública. Así ha ocurrido con las diversas maniobras que la Dictadura puso en acción para tratar de ocultar los secuestros, minimizar su importancia o desacreditar a los denunciantes.
La dictadura no se detuvo ante nada: mintió, se contradicción, e implicó a otros gobiernos.

El 12 de junio de 1975, el vespertino «La Segunda» publicó con grandes titulares, en primera página, que: «Dos mil marxistas reciben instrucción en Argentina» y que «se organizan guerrillas en contra de Chile» En la misma edición, agregó en la pág. 28: «Fuerzas de Seguridad del Ejército argentino detectaron que dirigentes del MIR, a los cuales se da por desaparecidos en Chile y que las organizaciones internacionales al servicio del marxismo dan por asesinados, se entrenan en Argentina e incluso comandan compañías guerrilleras», y señaló que más de dos mil chilenos se preparan para reingresar al país para hacer la guerrilla «contra las Fuerzas Armadas chilenas», afirmando que algunos de ellos ya habían sido detenidos en la provincia de Talca, al Sur de Santiago. Este fue el comienzo de la campaña que configuró el «caso de los 119».

¿Quiénes son los llamados 119? Se trato de una campaña de la Dictadura que uso todos los medios a su alcance para deshacerse de la incómoda situación de los presos «desaparecidos», campaña necesaria ya que para esos días se estimaba probable una visita a Chile, de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, cuyo ingreso al país fue, finalmente, denegado por la Dictadura. Los 119 son los secuestrados por la DINA cuyos nombres la dictadura incluyó en la nómina de chilenos que se encontrarían en el exterior, sosteniendo que muchos de los cuales habrían caído a manos de sus propios compañeros de organización o en enfrentamientos con fuerzas de seguridad extranjeras. El revuelo internacional creado en torno al caso hizo que el problema pasara a ser conocido mundialmente. Veamos cómo la Dictadura continuó esa campaña.

Los días 14 y 16 de junio, el diario «El Mercurio» anunció que 50 guerrilleros habían sido detenidos en Talca y que otros dos grupos habrían cruzado la frontera desde Argentina en un plan combinado del MIR chileno y el ERP argentino. El diario dice que «informaciones provenientes de Buenos Aires» dan cuenta de un enfrentamiento con Carabineros (policía chilena) en el que se habrían producido algunas bajas. El 16 de junio, el diario «Las Últimas Noticias» reitera la campaña, atribuyendo las informaciones a «fuentes extraoficiales chilenas» o «fuentes chilenas generalmente bien informadas».

Días más tarde, es el diario «La Tercera» el que denuncia la existencia de un «siniestro plan rojo» y repite las expresiones acerca de extremistas que ingresaban a Chile por los pasos cordilleranos para llevar a cabo sabotajes y atentados contra personeros influyentes tanto civiles como uniformados. En igual sentido son las publicaciones de «La Segunda» del 25 de junio. La campaña de prensa no era en absoluto ajena a la Dictadura . No sólo era la dictadura la que había ordenado su montaje, sino que además, uno de sus principales voceros, el General Hernán Béjares, Secretario General de Gobierno, había declarado el 13 de junio que «numerosos extremistas, a los que agencias noticiosas del exterior interesadas o comprometidas con el marxismo dieron como eliminados o asesinados por los medios de seguridad del país, se encuentran realmente muy vivos y preparándose para actuar coercitivamente contra nuestro gobierno».

El 29 de junio, el diario «La Patria» editorializa sobre el caso, afirmando que los «extremistas» tenían en su poder un «bien estudiado plan de acción terrorista». Agrega que se realizarían manifestaciones en lugares céntricos, a la salida de las Iglesias, etc. y que este rebrote de acciones para alterar el orden público tenía como objeto desatar la guerrilla urbana y rural en el país.

El 6 de julio, «La Tercera» publica una crónica de su corresponsal en Mendoza, Julián Gabriel, el que asegura haber descubierto militantes del MIR haciéndose pasar por agentes de la DINA y deteniendo a sus propios compañeros, que luego formarían parte de un llamado «Ejército de los Andes» El periodista añade que se trata de un plan del MIR para engañar a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

El 11 de julio, en una pequeña localidad cercana a Buenos Aires, fueron hallados dos cadáveres, que portaban entre sus ropas documentos chilenos. Según las versiones de la dictadura, profusamente publicitadas en la prensa de Santiago, se trataría de los jóvenes Jaime Robotham y Luis Guendelman, de quienes se sabía habían sido detenidos por la DINA y por los que existían recursos de amparo pendientes y gestiones de Amnesty International. El diario «La Segunda» del 15 de julio, en su pág. 36, dice que «los dos miristas chilenos que fueron ejecutados por su propia organización en Argentina, fueron identificados en Chile». El periódico concluye que «de esta forma se comprueba que gran parte de las denuncias sobre asesinatos y desaparicio-nes de izquierdistas en Chile, son inventadas y que estos individuos gozan de buena salud en el extranjero».

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“Con toda la fuerza de la Historia”

Que medio siglo no es nada…para el pueblo la rueda de la Historia sigue girando y la verdad brilla incluso bajo las sombras del fascismo.”

Puedo estar equivocado, pues no soy historiador, aunque sí soy profesor de Historia, lo que dista mucho de ser un experto en interpretaciones de los hechos acaecidos años ha, y en historiografía. Lo dicho, puedo estar equivocado, pero creo que en 1965 Chile vivía bajo dos realidades indesmentibles. Una de ellas era la débil carcasa del sistema socioeconómico y político que caracterizaba al país…y la otra realidad estaba dada por la abierta injerencia estadounidense en América Latina, y por lógica consecuencia, en Chile.
Ese año yo había ingresado a estudiar Historia y Geografía en la Facultad de Filosofía y Educación de la Universidad de Chile.  Allí, en el Instituto Pedagógico de aquella época, esos eran calendarios de libertad absoluta y creatividad desatada. Quizás, por lo mismo, algunas personas del entonces mundo adulto industrioso nos motejaban de revolucionarios sin destino, ya que cuestionábamos todo, incluso nuestras propias actuaciones. Con mayor dureza y razón criticábamos la estructura sociopolítica de la época, a la que no trepidábamos de acusar de feble, clasista e injusta, amén de impuesta por medios coercitivos a través de la rendición y entrega histórica de nuestros productos realizadas por autoridades nacionales en beneficio de intereses foráneos. Norteamericanos, para mayor abundamiento. “Yanquis”, para mejor comprensión.
En esos años, la sociedad chilena, en verdad, esperaba algo mejor de nosotros pues al interior de los planteles universitarios circulaba un rezo que se transformó en un compromiso tomado unilateralmente por sólo uno de los estamentos participantes. El nuestro, el del alumnado. “Somos la generación de recambio –decíamos- transformaremos el país dándole al factor Trabajo el sitial que nunca se le ha reconocido”. Para ello nos preparábamos….discutíamos y luchábamos.
Es que no ha habido otro momento como ese en nuestra Historia…y difícilmente habrá  mujeres y hombres como aquellos, con un nivel de conciencia de clase que asombra, que emociona y que obliga no sólo a la nostalgia, sino también a tomar el ejemplo y a seguir la huella trazada por ellos.
Curicó Ubilla, Mito Rocuant, la Tuca, Chico Pérez, Turco Coloma…Carolo…Peta Kurkovic…Marcia…Nene Urrejola… Flaco de la Maza… todos ellos (y quien escribe estas líneas) fueron aprendices de lo hecho, construido y dicho por líderes de la talla de Luciano Cruz, Miguel Enríquez, Pascal Allende y otros que no me han autorizado a dar sus nombres…todavía.
Quizá usted, querido lector, es demasiado joven para aquilatar en su esencia aquella declaración hecha por Miguel Enríquez cuando arreciaba la brutalidad sanguinaria de militares desquiciados, de fascistas y de empresarios predadores: “el MIR no se asila…el MIR luchará en Chile para derrotar al fascismo, al golpismo, y llevar a nuestro pueblo hacia un socialismo verdadero”.
Lo había adelantado Miguel poco antes del golpe militar, el 17 de julio de 1973, ante un Teatro Caupolicán lleno hasta las banderas. Estuve allí esa jornada y se me erizó la piel con las palabras finales del discurso del jefe del MIR, Miguel Enríquez, cuando gritó a toda voz frente a miles de asistentes: <<Compañeros, el pueblo debe prepararse para resistir, debe prepararse para luchar, debe prepararse para vencer. ¡¡Adelante, con todas las fuerzas!! ¡¡Adelante con todas las fuerzas de la Historia!!
Recuerdo que al terminar el acto multitudinario me invitaron a participar en una breve reunión en ese mismo Teatro. Asistí con el orgullo de saberme parte de aquel movimiento audaz, revolucionario y coherente. ¿Usted, compañero, es nuestro ‘redactor’ en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la U’?, preguntó Miguel estrechándome la mano, mientras Marcia y el Nene asentían con sus cabezas.  “Es mi forma de lucha, compañero, no soy de acción directa”, respondí. Y lo que Miguel me dijo lo he llevado prendido a mi corazón desde entonces: ”el golpe es cosa cierta y segura…viene,  y viene con todo, con sangre, con ira contra el pueblo; por ello, revolucionarios como tú, compañero, serán de vital trascendencia luego que el fascismo  incendie Chile”.
Recordé las proféticas palabras de Miguel cuando me enteré, muchos años después, de lo que mi querido presidente –Salvador Allende- le dijo a uno de sus acompañantes en la Moneda esa trágica e histórica mañana del martes once de  septiembre de 1973: “vete de aquí y cuéntale al mundo lo que acá ha sucedido”. Ello me ha hecho reflexionar respecto de por qué he seguido vivo a pesar de los pesares. Seguramente porque alguien tenía que relatar –medio siglo después- los hechos acaecidos en aquellos años virtuosos del gobierno popular, como también delatar las masacres y criminales acciones de cobardes agentes del estado fascista militar. 
Miguel murió tal como anticipó tantas veces silenciosamente, sin los aspavientos propios de los demagogos y falaces. Luchando, combatiendo por la libertad, por la democracia sin ambages…por el pueblo, por ese pueblo que siempre le animó a continuar en la brega aún si las circunstancias fuesen tremendamente adversas. El MIR no se asila…
Miguel, aun hoy, a cuarenta y siete años de aquellos hechos, tu figura, tu ejemplo y tu acción señalan el camino. Espero no haber fallado como “redactor”. Espero que el viejo MIR, mi amado grupo, piense lo mismo…que no he fallado. Así como espero, de alguna manera, haber contribuido a dignificar la huella trazada por todos ellos.

Por: Arturo Alejandro Muñoz

Chile resistencia: Manifiesto por los Derechos del Pueblo.

CODEPU y la  Memoria Histórica de las Organizaciones Populares.

Revisando material de los años 80 encontré un documento elaborado por del Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo, Codepu V Región – el cual fue publicado en el Boletín N°4 de dicha organización popular- y me parece pertinente darlo a conocer como una manera de contribuir a la fragmentada Memoria Histórica que día a día vamos construyendo y,  además,  porque hace ya 37 años algunos de los puntos que se plantean en dicho Documento tienen plena vigencia hoy en día.

Recuperar la Memoria Histórica de las Organizaciones Populares que se crearon al calor de la lucha contra la Dictadura en Chile es una tarea compleja, pero necesaria de llevar a cabo para poder así  dejar testimonio de este quehacer.

Mural del Codepu V Región en Jardín Infantil Sol.

Pequeños fragmentos que son rescatados quedarán así  a disposición de las nuevas generaciones, para ir conformando un todo mayor a partir del cual puedan sacarse las enseñanzas y conclusiones de dichas experiencias.

EL CODEPU:

La formación del Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo, CODEPU, fue impulsada por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR )  a fines del año ’80, inserto en su política social de masas como parte del desarrollo de las Organizaciones Democráticas Independientes (ODIS), destinado a insertarse y fortalecer la organización popular de base, concordante con la implementación de la estrategia político-militar del MIR  de Guerra Popular Prolongada.

Rayado en muro ubicado frente al cementerio Santa Inés año 85,

El Comité se constituye como una estructura de carácter “legal” en noviembre de 1980, de acuerdo a los conceptos y características generales de lo que el MIR denominó la “Línea Democrático Independiente (LDI)”.  Por su parte,  el Codepu V región inicia su funcionamiento en Abril del año 1983, como una sede regional del CODEPU NACIONAL , el cual fue creado el año 1980 en Santiago, como expresaba anteriormente.

El CODEPU V Región se inserta en la estructura nacional del CODEPU, participando con su Secretaria Ejecutiva en el Consejo Nacional, instancia en donde se discuten, elaboran y proponen las líneas programáticas, tácticas y estrategias para implementar en la defensa, lucha y conquista de los Derechos del Pueblo. Entiende los Derechos Humanos desde un punto de vista global, más allá de los aspectos meramente represivos (defensa jurídica, denuncia nacional e internacional de las violaciones de los Derechos Humanos, etcétera), incluyendo los derechos políticos, sociales, económicos y culturales.

Acto del Codepu V Región en la sede del Sindicato de Estibadores año 84.

En el ámbito técnico-jurídico desempeña su tarea específica de defensa sin discriminar las formas de lucha empleadas en contra de la dictadura, sean estas de carácter pacífico, legales, semi-legales, clandestinas o violentas, desarrollando asimismo una línea de defensa político-jurídica, contextualizando el accionar de los luchadores  y luchadoras populares dentro de la lucha democrático-popular encaminada a derrocar a  la dictadura.

La creación del CODEPU V Región nace de la necesidad de contar con un instrumento que permita, por una parte, coordinar distintas organizaciones sociales identificadas con la línea democrático independiente (de trabajadores, de pobladores, estudiantes, mujeres, familiares de víctimas de la represión ) y, por otro lado, desarrollar una tarea de defensa activa, de promoción y de lucha por los Derechos del Pueblo, a través de la implementación de Equipos Técnicos.

El Comité Regional constituye una organización popular, democrática e independiente que cumple dos funciones principales: Defensora de Derechos Humanos e  Instancia de Coordinación de distintas Organizaciones Sociales.

Rayado en muro vecino a la Universidad Santa María año 84.

Asimismo impulsa una política social de alianzas, pero esta sólo se concretiza en la práctica, en momentos y acciones concretas, pero no en la formación de una coordinación permanente, pese a los intentos desplegados en ese sentido, donde  el Codepu V Región elabora una plataforma de lucha denominada “Pacto de Lucha Contra la Impunidad” propuesto para impulsar un trabajado coordinado,  unitario y permanente con otras organizaciones populares (sociales y políticas). Cabe destacar, eso sí que, en este aspecto, el Comité participa activamente en la formación y desarrollo de la Asamblea de la Civilidad de la V Región.

Formaron parte del Codepu V Región la ODEPO (Organización de Defensa de los Derechos Poblacionales), la  UNED (Unión Nacional de Estudiantes Democráticos), el CODEM ( Comité de Defensa de los Derechos de la Mujer), el CCT ( Comité Coordinador de Trabajadores, que posteriormente pasa a denominarse  Frente de Trabajadores Democráticos – FTD ), la  AFPP ( Agrupación de Familiares de Presos Políticos), la AFDD ( Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos ) y la Agrupación de Profesionales Democráticos  (APD).

CODEPU V Región orientaba su quehacer en la promoción y defensa de los Derechos Humanos, con una concepción global de los mismos y, en el plano  político ideológico, validaba como legítimas todas  las formas de lucha empleadas en contra de la Dictadura. De esta manera, el planteamiento del Equipo Jurídico iba más allá de la defensa técnico jurídica, implementando una línea de defensa político jurídica de los luchadores y luchadoras populares encarceladas, sin hacer distinciones de ningún tipo para asumir su defensa, hubieran participado o no en acciones armadas.

Uno de los aspectos principales para cualquier Organización es poder dar a conocer sus planteamientos ideológicos a través de distintos Medios de Difusión.

En el caso del CODEPU V Región, el Boletín, la Educación Popular,  las Jornadas de Capacitación, los Actos artísticos político-culturales,  las cartillas, los afiches, los documentos y las movilizaciones fueron parte de este proceso.

Precisamente en el Boletín N° 4 de julio del año 1983, Codepu V Región publica el MANIFIESTO POPULAR que transcribo a continuación:

MANIFIESTO POPULAR

“La oposición busca fórmula de acuerdo para un recambio político. Se discute sobre la Constitución: Si ésta, supuestamente aprobada por la ciudadanía en 1981, o si la del Consejo del Estado, o si la vuelta a la del 25 con algunas modificaciones. Se lanza la idea de un plebiscito convocado por la Junta Militar, y un Manifiesto Democrático que cuenta con el apoyo de los sectores de centro y de derecha opositora, y hasta algunos grupos de centro-izquierda. Las exitosas jornadas de protesta aceleraron el ritmo de las conversaciones políticas de todo nivel, e incluso algunos personeros, de posiciones muy poco democráticas  antaño, se han adherido al Comando Nacional de Trabajadores y a la Protesta, enfatizando el carácter pacífico, en un claro intento de aprovecharla para obtener la continuidad del Régimen, a través de un recambio a nivel de Gobierno y modificación de alguna de sus políticas.

En medio de la efervescencia de opiniones, discusiones, conversaciones, hay un sector que no puede ser olvidado sin pecar de falta total de realismo, y este es, lisa y llanamente, el pueblo. Precisamente el pueblo, formado por el conjunto de aquellos sectores más golpeados no sólo por la crisis económica a que el régimen nos ha conducido, sino por sus políticas mismas, a partir del golpe militar de 1973, y que ha sido drásticamente silenciado y reprimido durante todos estos años. Es el mismo pueblo que hoy se levanta con fuerza en las movilizaciones de protesta para exigir ser escuchado. Son los pobladores, los trabajadores, los estudiantes, las mujeres, campesinos y sectores medios, profesionales y otros que hoy levantan el MANIFIESTO POPULAR POR LA DEMOCRACIA Y LOS DERECHOS DEL PUEBLO, con los siguientes objetivos:

1.-CONVOCAR A UNA ASAMBLEA CONSTITUYENTE REPRESENTATIVA DE TODOS LOS SECTORES DE LA CIUDADANÍA SIN EXCEPCION, Y QUE, A TRAVÉS DE PROCEDIMIENTOS DEMOCRÁTICOS DE PLENA GARANTÍA A TODOS LOS CHILENOS.

2.-REFORMAR LOS TRIBUNALES DE JUSTICIA EN SU GENERACIÓN Y FUNCIONAMIENTO, DE MODO DE ASEGURAR SU INDEPENDENCIA.

3.-ESTABLECER LAS LIBERTADES PÚBLICAS, GREMIALES, SINDICALES E INDIVIDUALES.

4.-GARANTIZAR EL RESPETO EN FORMA IRRESTRICTA A LOS DERECHOS HUMANOS, PONER EN LIBERTAD A LOS PRESOS POLÍTICOS Y RELEGADOS, ESCLARECER TODOS LOS CASOS DE DETENIDOS DESAPARECIDOS, RESTABLECER EL PLENO DERECHO A VIVIR EN LA PATRIA, DISOLVER LA C.N.I. Y LOS DEMÁS APARATOS SECRETOS, REPRESIVOS, SOMETER A JUICIO Y SANCIONAR A LOS RESPONSABLES DE CRÍMENES, TORTURAS, SECUESTRO Y DETENCIÓN ARBITRARIA Y DEROGAR TODAS LAS DISPOSICIONES DE CARÁCTER POLÍTICO REPRESIVO.

5.-RESTABLECER LA VIGENCIA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS Y EL DERECHO A ACTUAR ORGANIZADAMENTE EN LA VIDA CIUDADANA.

6.-RESTABLECER LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA Y PENAL DE LAS AUTORIDADES ADMINISTRATIVAS Y LA PLENA VIGENCIA DEL JUICIO POLITICO.

7.-ESTABLECER EL PLENO EJERCICIO DEL DERECHO A LA SALUD, VIVIENDA DIGNA, TRABAJO, EDUCACIÓN GRATUITA Y CULTURA DE TODOS LOS CHILENOS.

8.-RECONOCER LA IDENTIDAD CULTURAL Y DEMÁS DERECHOS, PATRIMONIALES Y SOCIALES DEL PUEBLO MAPUCHE.

9.-PONER EN MARCHA UN PROGRAMA ECONÓMICO Y SOCIAL DE INVERSIONES PÚBLICAS Y DE APOYO A LA INDUSTRIA NACIONAL, QUE PROPORCIONE EMPLEO Y EVITE LA HAMBRUNA Y MISERIA GENERALIZADA.

10.-PONER AL SERVICIO DE TODOS LOS CHILENOS EL CAPITAL Y RIQUEZAS, ACTUALMENTE EN MANOS DE LOS GRUPOS MONOPÓLICOS-FINANCIEROS.

11.-IMPLEMENTAR UNA POLÍTICA EXTERIOR AMPLIA, DE NO ALINEAMIENTO QUE RECUPERE NUESTRA INDEPENDENCIA Y SUPERE EL GRAVE AISLAMIENTO EN QUE SE ENCUENTRA NUESTRO PAÍS.

En la página siguiente del Boletín N°4 se agrega:

“Más de 300 organizaciones han suscrito el “Manifiesto Popular por la Democracia y los Derechos del Pueblo”, documento elaborado por iniciativa del CODEPU frente a los graves problemas que amenazan la estabilidad y la paz de la nación.

CODEPU postula la urgente puesta en práctica de las 11 medidas que aparecen en esta página y que corresponde a este Manifiesto, que deben ser analizados, discutidos y enriquecidos con el aporte de todas las organizaciones de base.”

Algunas partes de lo planteado hace 37 años por el Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo, pareciera que estuvieran escritos hoy en día, asimismo como algunas de las demandas planteadas en el “Manifiesto Popular” continúan completamente vigentes.

Nunca está de más mirar hacia atrás con los ojos del presente y recoger algunas enseñanzas de experiencias pasadas de nuestra realidad histórica, pero obviamente para ser analizadas bajo un contexto político totalmente diferente del de entonces.

Tomado de: cctt.cl

Por: Guillermo Correa Camiroaga.

A 37 años de un suceso histórico. Las jornadas de Protesta Popular y la invisibilización de la Fuerza Pobladora

A partir de la segunda mitad de la década del 60 del siglo XX, comenzó un periodo de ampliación de la organización popular hasta un punto nunca antes visto en Chile. Va en aumento progresivo la organización autogestionaria ahora como poder popular constituyente, para integrarse y para cambiar la sociedad, aunque se trataba de un proceso en disputa intentado conducir desde arriba por los partidos políticos de masas.

La década del 60 vio surgir un nuevo fenómeno político, la Democracia Cristiana (DC) y su proyecto de Revolución en Libertad, la que además de orientarse por la doctrina social de la iglesia católica, se hacía eco de la norteamericana e imperialista Alianza para el Progreso, esto en el marco de la Guerra Fría. No muy diferente a la matriz populista latinoamericana, la DC, para conjurar la “amenaza” marxista apelaba al pueblo desde el liderazgo carismático, las políticas redistributivas y las reformas económicas, lo que inevitablemente desató el conflicto con la vieja oligarquía de raíz agraria. Ello agudizó las tensiones internas del partido entre un ala reformista y una conservadora generando hacia fuera el clásico zigzagueo ideológico de la DC. Pero tal ambigüedad también desencadenó procesos de fortalecimiento de la autonomía y espíritu autogestionario del movimiento antisistémico popular, abriendo espacio a nuevos actores y movimientos, los cuales llegaron a tomar distancia crítica de la DC y consolidar su propio ethos y reivindicaciones (Garcés, 2002). Así, el programa de Promoción Popular de la DC resultó ser una caja de pandora, que después no pudieron cerrar, no sin ayuda militar.

Por abajo, van convergiendo progresivamente obreros, campesinos, estudiantes y pobladores. Comienza una nueva transformación identitaria e ideologizante al darse una convivencia intensa entre pobladores/as y militantes partidarios de la llamada nueva izquierda 1/. Es el 68 chileno, expresión local de la revolución mundial de 1968. Con el arribo de la Unidad Popular, surgen los Cordones Industriales, los Comandos Comunales y diversos frentes de pobladores, estudiantes y campesinos (Gaudichaud, 2016).

En concordancia con la tónica política mundial de aquellos días, la expresión chilena de lo que llegaría a ser el 68 chileno quedó plasmada en la ampliación y diversificación de los movimientos antisistémicos, así, a las luchas clásicas de los obreros, que de 1.500 socios de sindicatos a principios de la década pasó en 1970 a más de 100 mil, se unieron las vigorosas movilizaciones estudiantiles, las de los grupos eclesiales de base, los movimientos feministas, y por supuesto, los movimientos de pobladoras/es, que agrupados en Comités de Sin Casa, comunal e intercomunalmente articulados, se expandieron ampliamente por la capital y regiones. Dado lo cual, es posible decir que el proceso autogestionario de ampliación galopante del poder popular constituyente precede, y en alguna medida funda, las condiciones de posibilidad del gobierno de la Unidad Popular.  Entonces, no sólo sería ésta la época de mayor movilización social, sino, además, la de “mayores transformaciones en las relaciones sociales de poder que organizaban la sociedad civil en Chile.” (Garcés, 2012: 117).

Al enfocarse, exclusivamente, en el campo de acción de las y los pobladores, se tienen los siguientes datos; sólo considerando Santiago, las y los pobladores pasaron de autogestar 4 tomas de terrenos en 1968, a 35 en 1969 y a 103 en 1970 (Garcés, 2002). Para el periodo 1969-71 Duque y Pastrana (1972) constataban en el Gran Santiago un total de 312 tomas de terrenos en las que habitaban 54.710 familias. Según muestra Garcés (2002), las movilizaciones se expandieron vigorosamente en regiones, siendo reconocibles por los registros de prensa al menos 1000 movilizaciones de pobladores entre el 70 y el 73, con una alta incidencia en la región del Bío Bío donde las tomas específicamente alcanzaron las 172. 

Desde esa perspectiva, el golpe de Estado del 73 habría sido no sólo el fin de la UP y la democracia, sino principalmente la forma de conjurar la revolución popular que se venía gestando en ese tiempo.

En el periodo 1973-1990 la tónica fue represión brutal, transformación urbana con erradicación de pobladores/as a la periferia, segregación espacial y abandono a su suerte de los sectores populares por parte del Estado dictatorial. En esos años las y los pobladores son el motor de las luchas contra la dictadura, pero son instrumentalizados por las vanguardias reformistas (Iglesias, 2011). Se da una radicalización de la violencia popular en respuesta a la represión. En el periodo 1983-89 gatillado por el ciclo de movilizaciones contra la dictadura militar que sumaron 22 Jornadas de Protestas Nacionales, los sectores movilizados fueron diversos: estudiantes, trabajadores, mujeres, profesionales de clase media, pero sobre todo, fueron las y los pobladores los que tuvieron una audaz acción protagónica, por la que pagaron un alto precio (Iglesias, 2011). En la población, las protestas no eran mero toque de cacerolas ni bocinazos como en barrios clase medieros, también barricadas, marchas, cortes de luz, paralización del transporte y sobre todo enfrentamientos con la policía y hasta el ejército.

Esta importancia de la fuerza pobladora en la lucha contra la dictadura, especialmente su protagonismo en las Jornadas de Protesta Nacional, ha sido ampliamente documentado, entre otros por Iglesias (2011), así como por Garcés (2012; 2019), quien afirma:

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Miguel Enríquez: ¡El MIR no se asila!

45 años han transcurrido de la caída en combate de Miguel Enríquez quienes lo perseguían y finalmente asesinaron no podían imaginar que, mientras ellos yacen consumidos de olvido y estigma, el Secretario General del MIR sigue siendo recordado como un ejemplo que dedicó su vida y la entregó por los oprimido de nuestro país.   Esas particularidades se encuentran en muchos hombres y mujeres de América Latina, Miguel no fue una excepción ni es un caso aislado, su compromiso no representaba la búsqueda innecesaria del martirio ni la gloria efímera si no que representaba la síntesis de un proceso social que lo llevó a enfrentar las contradicciones de un periodo trágico de la historia de Chile.Los seres humanos nos moveremos en la vida a causa de muchas motivaciones e interpelaciones, si observamos retrospectivamente los hechos políticos de heterogénea talente podemos concluir siempre hubo quienes pusieron su vida a disposición de causas emancipadoras. En el territorio invadido por los españoles que hoy habitamos bajo el nombre Chile, el pueblo Mapuche hizo sacrificios inmolatorios para defenderse y resistir por cientos de años a más de un imperio que brutalmente buscó apropiarse del Wallmapu. Podemos revisar la larga secuela de mártires, hombres y mujeres de trabajadores que dispusieron sus vidas en la lucha por sus derechos.¿Qué interpeló al Secretario General del MIR a la rebeldía y a comprometerse sin vacilación, sin aprobación y sin ambivalencias en la lucha contra el capitalismo y su expresión más brutal, la dictadura cívico-militar que devasto a Chile en la década del 70 y 80? ¿Por qué se impulsó la política de No al asilo?¿Por qué Miguel y cientos de militantes del MIR, hombres y mujeres, comprometen toda la trascendencia de la vida para derrocar al régimen cívico encabezado por Pinochet?En los fatales días del golpe de Estado, Salvador Allende y Víctor Jara tributaron con sus vidas la lealtad del pueblo como sentenció en más de una ocasión el Presidente Allende. Las consecuencias de la mano criminal que se precipitoó sobre el pueblo de Chile se extendieron a muchos hombres y mujeres en todo el país.  Roberto Guzmán Santa Cruz en la Serena, José Gregorio Liendo, Fernando Krauss en el complejo maderero de Panguipulli, junto a un gran número de militantes del MIR y del MCR. En Santiago caería abatido protegiendo la retirada de miembros de la Dirección, Eduardo Ojeda, “León”, en Indumet.En esos días el MIR no se disponía enterrar su vida ni a quemar libros ni documentos, había que salvar todo lo que fuese posible, documentos, armas y la vida de hombres y mujeres que militaban en el MIR, había que salvar la vida. Miguel fue, quizás en ese contexto, el más elocuente al respecto; fraterno, solidario, y dispuesto a jugarse la vida por la revolución, ello incluía a sus compañeros y compañeras. No obstante, como recuerda Carmen Castillo, “Cada acción de nuestros días, el menor gesto en ese lugar, realizado como si fuera el último. Ni una componenda, ninguna ligereza, ninguna flaqueza que hubiera que reparar al día siguiente. No teníamos tiempo para eso. La belleza de la vida”.El ejemplo que irradiaban los caídos durante el golpe de Estado y los que enfrentaron con dignidad la furia golpista nos cubría de un manto ético y moral que no podíamos eludir, menos aún quienes llamaban a pueblo a la revolución y a resistir con las armas en la mano.Para la Dirección del MIR, escapar a las embajadas como lo hicieron los cobardes de Patria y Libertad durante el tanquetazo en junio de 1973, no era una opción. Así lo expresa el llamado de la Comisión Política encabezada por Miguel. La política de no al asilo no fue una consigna ni un slogan, era lo que había que hacer desafiados por una coyuntura crucial en la que Miguel y  el MIR convocaba unos meses antes  en el Teatro Caupolicán, a la clase trabajadora a marchar hacia adelante “Con todas las fuerzas de la historia”. Retrotraer la historia es un ejercicio ficticio que puede llevar a abandonar la idea misma de la lucha revolucionaria si llegamos a la conclusión de renegar de nuestras responsabilidades como entes políticos comprometidos con las luchas del pueblo. Ello no implica esquivar la evaluación crítica del desempeño del MIR y especialmente su dirección en la derrota de septiembre de 1973 y la división de fines de los años 80, pero debe mediar un análisis serio y colectivo al respecto tal como lo esbozó la Dirección de ese partido en enero de 1984[1].“La Dirección tomo la decisión de mantenerse en Chile y pasar al conjunto del partido a la clandestinidad. El rechazo al exilio se levantó como una política de principios. Esta política del MIR tuvo gran importancia por la fuerza moral que significó en un momento de desbande de la izquierda el que los revolucionarios se propusieran aferrarse a su pueblo y luchar junto a él.  También apuntaba a la necesidad de un repliegue ordenado. Sin embargo cometimos el error de extremar esta política y levantar a la calidad de principio una medida de manejo táctico. Con el tiempo aparece como más correcto el haber implementado una táctica más selectiva: haber replegado a la retaguardia exterior una parte de la Dirección, y haber mantenido otra parte en Chile; haber replegado una parte de los cuadros y militantes perseguidos, manteniendo a aquellos que podían vivir legalmente en el país y un núcleo de cuadros ilegales de modo de no sobrecargar el Partido con cuadros perseguidos”.Nos distanciábamos de ese modo del “asilo contra la opresión”, evidentemente la clase obrera y el pueblo y los pobres del campo y la ciudad no podían correr a las embajadas para evadir la persecución, pudo el MIR hacer algo diferente enfrentado a esa candente coyuntura?Miguel estaría seguramente hoy inmerso en las luchas del presente; y lo está, bregando por la ruptura con el modelo neoliberal y sus secuelas en materia educacional, laboral, pensiones, salud, vivienda, ambiental, contra la impunidad y reivindicando la dignidad y territorialidad del pueblo mapuche y los derechos de la mujer, rescatando el rol del Estado y la democratización de las fuerzas armadas y la asamblea constituyente.En todas esas luchas reencontramos nuevamente a Miguel; tenaz, leal, consecuente, astuto y lúcido. Sin embargo Miguel trasciende al MIR y es hoy parte del patrimonio político de la rebeldía de nuevas generaciones que irrumpe para romper con el pasado de derrotas y el sistema político que nos domina.Para impulsar los cambios del presente y del futuro es necesaria la misma audacia, coraje político, creatividad cultural y visión estratégica que tuvo Miguel y la generación de hombres y mujeres que fundó al MIR. Dicho de otro modo estamos forzados a que la revolución a la cual postulamos la debemos empezar por revolucionarnos nosotros mismo primero, parafraseando un concepto esgrimido por la historia.Y quizás recoger el emplazamiento contemporáneo que nos interpela la juventud cubana en palabras de Rosario Alfonso Parodi[2].“Nosotros, los cubanos, que no podemos asistir, ni lo haremos, al fracaso de la izquierda, del socialismo o de la revolución, le decimos a Miguel Enríquez, que su turno es verdaderamente hoy; que sus ideas y su proyecto contra el imperialismo y todas sus representaciones materiales y mentales, contra el dogmatismo y todas sus representaciones materiales y mentales, tienen la fortaleza y el vigor de la vida, tienen la vivencia íntima del hombre que lucha por la libertad del hombre.Por eso, Miguel Enríquez, ahora que es nuestro turno también, acompáñanos”.

Tomado de: radio.udechile.cl

Cuarenta y seis años de orfandad: la ‘vida eterna’ de Víctor Jara

El nicho de Víctor Jara en el Cementerio General de Santiago

“Es ahora, cuando la extrema derecha se pasea por Estados Unidos, por América Latina, por Europa…, que Víctor Jara, cuarenta y seis años después, debe ser eterno. Más que nunca”, escribe el autor.

“Canto que mal que sales

cuando tengo que cantar espanto.

Espanto como el que vivo,

espanto como el que muero”

Estos fueron los últimos versos que alcanzó a escribir Víctor Jara en una desgajada libreta minutos antes de ser ejecutado el 16 de septiembre de 1973. Cinco días antes había comenzado el golpe de Estado del general Augusto Pinochet contra el Gobierno legítimo de Salvador Allende en Chile. El 12 de septiembre por la mañana, Victor Jara se encontraba en la Universidad Técnica del Estado cuando fue detenido junto a parte del profesorado y del alumnado. De allí fueron trasladados al Estadio Chile, ahora rebautizado como Estadio Víctor Jara.

En el lugar, convertido en una especie de campo de concentración para prisioneros afines a Allende, los golpistas reconocieron rápidamente a Jara. El cantautor se había convertido en un símbolo dentro y fuera de Chile. Era el compositor del bajo pueblo, el que le cantaba al viento de Miguel Hernández, a la lucha de la clase obrera, esa que siempre riega con su sangre las guerras. Víctor Jara le escribió a los campesinos a los que el sol la piel pone negra, a los que el sudor hace surcos, a sus padres. A los explotados que pierden la vida, a los que toito se lo han quitao. En definitiva, Víctor Jara escribió y cantó a quienes nunca nadie escribe y canta, a quienes no lucen en una canción. Y por eso mismo era tan peligroso para Pinochet y los suyos.

“¡A ese hijo de puta me lo traen para acá!”, cuenta el abogado Boris Navia, también recluido, que gritó un oficial cuando vio a Jara en la fila dentro del estadio. “¡A ese hijo de puta me lo traen para acá!”, repitió. “A ese huevón, ¡a ese!”, gritaba mientras señalaba al cantautor. “¡Che, tu madre! Vos sois el Víctor Jara huevón. El cantor marxista, ¡el cantor de pura mierda!”, cuenta Navia que le dijo para, acto seguido, comenzar a patear el cuerpo y la cara del compositor, que se protegía como podía. Todo ello, sin perder la sonrisa. Porque, según han contado los testigos, Víctor Jara jamás perdió la sonrisa. Un sonrisa de trinchera que había que defender de la miseria y los miserables, que diría Mario Benedetti.

Grafiti con el rostro del cantautor chileno Víctor Jara. MARCELO URRA

Pasó el miércoles 12 de septiembre y el jueves 13. Casi 5.000 presos se amontonaban en el Estadio Chile. Víctor Jara no había probado bocado. Tenía varias costillas rotas y un ojo reventado. Aprovechando un revuelo la tarde del jueves, algunos presos dieron un poco de agua al cantautor, incluso le consiguieron un huevo crudo, el cual Jara perforó con una cerilla para poder sorberlo, siempre según la versión de Boris Navia. Ese día consiguió dormir con sus compañeros. Parecía que los sublevados se habían olvidado de él. El sábado 15 de septiembre, el compositor tomó papel y lápiz y escribió sus últimos versos para quedar grabado en el papel el espanto que estaba viviendo. Espanto que le llevaría a la muerte poco después.

Víctor Jara llegó a ser nombrado embajador cultural cuando Allende alcanzó el poder en 1970. Fue el protagonista de un esplendor cultural sin precedentes en la historia de Chile. Y a pesar de erigirse como un mito, Jara jamás rompió con sus raíces, sino que decidió envolverse en ellas, en sus miserias, en su belleza. Quería la revolución como también la querían el joven secundario, el universitario y el proletario. Y para ello siempre pensó que la educación sería la vía para conseguirla.

«En la Universidad

se lucha por la reforma

para poner en la horma

al beato y al nacional.

Somos los reformistas,

los revolucionarios,

los antiimperialistas,

de la Universidad.

[Móvil” Oil especial]

Los soldados vuelven a torturar al cantor a culatazos. “Dos veces alcanza a levantarse Víctor, herido, ensangrentado. Luego no vuelve a levantarse. Es la última vez que vemos con vida a nuestro querido trovador. Sus ojos se posan por última vez sobre sus hermanos, su pueblo mancillado”, recordó Navia en el acto homenaje al cantautor en 2003. Era el momento de callar para siempre a Víctor Jara. Incluso de cortarle la lengua para que nunca más se escuchase a la voz del pueblo.

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Otilia Vargas, madre de cinco combatientes del MIR caídos.

ESE INMENSO DOLOR

OTILIA Vargas en el Memorial donde descansan los restos de dos de sus cinco hijos asesinados por la dictadura militar.

Al cierre de esta edición se encontraba internada en grave estado en el Hospital José Joaquín Aguirre la señora Otilia Vargas, madre de los cinco hermanos Pérez Vargas, militantes del MIR, asesinados por la dictadura militar, dos de ellos detenidos desaparecidos y otro, Dagoberto, sepultado quizás dónde, arrojado al mar o exhumado y triturado por un bulldozer, quién sabe.

La Otilia, una maestra primaria que el próximo 15 de abril cumpliría 76 años, está muriéndose del “mal de Chile”, ese azote que empezó el 11 de septiembre de 1973 y que ha golpeado a miles de familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos. Por eso, cuando escribo de ella, rogando con fervor al Dios de mi infancia que no se nos muera, pienso también en todas las mujeres chilenas que sufren el mismo horror de ver burladas sus esperanzas. O en las que ya murieron sin recibir un gesto humanitario de los que saben y callan, de los que mandaron matar y ocultan su vergüenza detrás de rostros impenetrables. Por ahí andan paseándose monstruos de inhumanidad como Marcelo Moren Brito, “El Coronta”o “El Ronco”, que disfrutaba pasándole una camioneta sobre las piernas a los detenidos, o Miguel Krasnoff Marchenko, “Capitán Miguel”, el más duro entre los criminales de la DINA, o Arellano Stark, el jefe de la Caravana de la Muerte, o Augusto Pinochet, el capo de la mafia. Todos altos oficiales de un ejército que se envileció celebrando como heroicas batallas lo que no fueron sino asesinatos de miles de hombres y mujeres, ancianos y niños, en su mayoría inermes y con las manos arriba. O los que murieron en el horror de la parrilla, el submarino, el teléfono, el “pau de arara” y las violaciones por la vagina y por el ano en cuarteles de la DINA y la CNI atendidos por elegantes oficiales del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y Carabineros que después de la “jornada de trabajo” se iban con sus familias a sus clubes de campo o a emborracharse en los casinos de sus unidades.

Otilia Vargas ha sido siempre animosa, de físico frágil -“en la escuela nadie podía creer que yo había tenido seis hijos”, contaba-. Pero es de carácter fuerte y tiene un sutil sentido del humor. Está casi ciega y aunque no puede leer siempre está atenta a las noticias en la radio y la televisión. Con Flora, mi mujer, fuimos a tomar onces a su casa el sábado 6 de enero. Había estado unos días en cama porque sentía agudos dolores en una pierna. Pero ya podía levantarse aunque con ayuda y caminó apoyada en un bastón la corta distancia entre su cama y la mesa del comedor. Es una casa pequeña -que parece más grande desde que murió su esposo, don Osvaldo Pérez-, donde Otilia vive con su hija Patricia. Alguna vez a esa casa llegaban otros cinco hijos, Dagoberto, Aldo, Carlos, Iván y Mireya, todos asesinados por la dictadura militar. Ese día la encontramos muy desmejorada y deprimida -lo que no es natural en ella-, sobre todo muy agitada y tensa. La tenían así los anuncios de que las FF.AA. y Carabineros, por fin, habían decidido hacer lo que hacen los hombres: decir la verdad y afrontar la justicia. Otilia esperaba con angustia el discurso que la noche del domingo haría el presidente Ricardo Lagos para informar qué pasó con los detenidos desaparecidos y dónde están sus restos. Como miles de madres, esposas y hermanas, ella quería saber. Pero se debatía en una terrible contradicción: “No sé qué voy hacer si me llama de La Moneda la María Luisa Sepúlveda y me dice dónde están mis hijos. A veces pienso que no quiero ver esos huesos y que me digan: estos son sus hijos. No sé si quiero saberlo, no sé”. Otilia de alguna manera ya ha pasado por esa experiencia. Sus hijos caídos ocupan una página completa del Informe Rettig. Los mellizos Iván y Mireya, estudiantes universitarios de 21 años, asesinados en febrero de 1976, descansan en el Memorial del Cementerio General. Pero los restos del hijo mayor, Dagoberto, sociólogo de 27 años, que cayó enfrentando un allanamiento de la DINA en una parcela de Malloco en octubre de 1975, no han aparecido. Mientras Carlos, publicista de 25 años, y Aldo, estudiante de 23 años, son detenidos desaparecidos desde septiembre de 1974. La propia Otilia y su hija Patricia tuvieron que pasar a la clandestinidad antes de lograr refugiarse en Cuba donde las esperaba don Osvaldo Pérez. La traumática experiencia de huir de la DINA durante meses causó un daño psiquiátrico irreversible a la joven Patricia

OTILIA Vargas y Patricia, única sobreviviente de sus seis hijos. A mediodía del sábado 14 de junio de 2008 la vi por última vez. Otilia Vargas, la anciana y valiente profesora primaria, estaba inconsciente. Su espíritu indoblegable había iniciado la caminata final de la agonía. Murió pocas horas después, en la modesta casa de La Cisterna que con su esposo, Osvaldo Pérez, compraron con mucho esfuerzo para compartir sueños y alegrías con sus seis hijos. La señora Maricarmen Román, que la cuidó en sus últimos días, me contó que en un momento de semilucidez, en su agonía, Otilia le dijo que Osvaldo -fallecido hace unos años- había venido a buscarla. “Pero -añadió- todavía falta que vengan mis hijos”.

Le dije a Otilia que no se hiciera muchas esperanzas, que seguramente los “valientes soldados” entregarían unos pocos nombres de detenidos desaparecidos para seguir negociando la impunidad; que todavía pasaría mucho tiempo antes de saber la verdad verdadera. Sin embargo, me di cuenta que ella tenía una enorme esperanza en el discurso del presidente Lagos. Estaba perfectamente al tanto del procedimiento que seguirían para notificar a los familiares “sorteados” por el arrebato de sinceridad y honor que parecían experimentar las FF.AA. y Carabineros, empeñados en salvar la mesa de diálogo.

Pasó el discurso de Lagos del 7 de enero, y nada. No mencionó nombres. Y Otilia se puso peor. El lunes la llamé y me preguntó si “sabía algo”. Era una manera de decir: “¿han dado algún nombre, sabes algo de mis hijos?” El martes 9 apareció en “La Nación” la lista de los 200 detenidos desaparecidos presuntamente arrojados al mar o sepultados en fosas que todavía no se pueden ubicar. Pero en la lista no estaban los hijos de Otilia como casi ningún mirista, excepto los hermanos Mario y Nilda Peña Solari, estudiantes de 21 y 23 años, secuestrados en diciembre de 1974 y torturados hasta morir en La Venda Sexy y en la Clínica Santa Lucía del general Contreras y sus rufianes. Ese día hablamos de nuevo con Otilia que no sabía lo publicado en “La Nación” y se lo dijimos con René Valenzuela, un amigo de muchos años. Otilia no hizo comentarios. Simplemente se hundió en su dolor. Tres días después hubo que trasladarla en ambulancia al servicio de urgencia del Hospital J. J. Aguirre. Presentaba fiebre, deshidratación y una hemorragia digestiva alta. Los exámenes acusaron después un tumor en la vesícula que obligará a intervenir a los cirujanos. La insidiosa enfermedad, opinan los médicos, pudo haber sido detonada por un factor sicosomático como su profunda depresión. Fieles amigas están preocupándose de ella, haciéndole sentir su afecto y preocupándose de solucionar los agobiantes problemas económicos que crean las hospitalizaciones a las familias modestas.

Lo importante ahora es que Otilia vuelva a sentir interés por vivir para que afronte la operación en buenas condiciones.

Su caso es el de muchos familiares de detenidos desaparecidos, cuya tragedia se ha visto agudizada por esta nueva crueldad a que se les ha sometido. Esta burla sangrienta debería impulsar con más fuerza la demanda de verdad y justicia. Convocar a amplios sectores sociales y políticos como se hizo en la lucha contra la dictadura, para retomar ese impulso democratizador que se quedó en el camino. Es la mejor manera de solidarizar con mujeres como Otilia Vargas, que algún día serán honradas por la Patria como ejemplos de coraje

Tomado de: cctt. cl

Por:MANUEL CABIESES D.

Editorial de PF 488, 19 de enero de 2001

Breve historia de la resistencia

“Un solo traidor puede con mil valientes”.

(Alfredo Zitarrosa, “Adagio en mi país”)

La historia de Mauricio Hernández Norambuena (Comandante Ramiro) es la historia de miles de hombres y mujeres que lucharon contra la dictadura. Pacíficos y anónimos ciudadanos, obreros, desempleados, estudiantes, pobladores, intelectuales, profesionales, dueñas de casa, jubilados, artistas, empuñaron las armas o apoyaron a quienes lo hacían para recuperar libertad, democracia y justicia social en nuestra Patria.

El Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), creado por el Partido Comunista, y la Resistencia Popular, generada por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), tenían diferentes concepciones estratégico-políticas. El primero, nacido en los años 80, era una organización militar clandestina apoyada en la extensa base social del PC cuya estrategia era la política de rebelión popular de masas. El MIR, fundado en 1965, tenía una estrategia insurreccional que hacía suya la tradición de las revoluciones proletarias. De ahí su consigna: Pueblo, Conciencia y Fusil que para 1973 alcanzaba notable incidencia en distintos sectores sociales.

El FPMR y el MIR compartían una irreductible vocación de rebeldía que les llevó a enfrentar la dictadura de las FF.AA. y del gran empresariado nacional y extranjero. Vista con la óptica de mesura y cálculo político de hoy, esa decisión aparece como una insensatez que rayaba en la locura. El estado terrorista disponía de 200 mil hombres en el ejército, marina, aviación, Carabineros y policía civil, armados hasta los dientes. Sus organismos de inteligencia contaban con el mejor instrumental operativo de la época (una basura comparado con el de hoy) y que, además, actuaban coordinados con los aparatos represivos de Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Brasil, entrenados y equipados por la CIA.

La fuerza de la resistencia consistía en la moral de nuestros militantes y en la justicia de nuestra causa. Teníamos absoluta confianza en la solidaridad activa de los pobres del campo y la ciudad y en el apoyo de la opinión pública internacional. La resistencia conoció las formas más altas del heroísmo y generosidad que puede alcanzar el ser humano. Pero también la expresión más perversa de la miseria moral: la traición. En junio de 1987 las “escuchas” radiales del MIR captaron los seguimientos que la CNI hacía a tres rodriguistas. Intentamos avisar al FPMR pero no fue posible tomar rápido contacto. Vivimos horas de impotente desesperación mientras en distintos puntos de Santiago se registraba la caída de doce militantes del FPMR. Siete sobrevivientes fueron torturados y llevados a una casa deshabitada en Pedro Donoso 582, donde fueron masacrados por los verdugos de la CNI.

En septiembre de 1983 el MIR ejecutó al intendente de Santiago, general Carol Urzúa, y la CNI respondió asesinando a cinco miristas en Fuenteovejuna 1330 y Janequeo 5707. El actor Daniel Alcaíno, entonces un muchacho que vivía cerca de la Plaza Garín, recuerda que la vivienda de Janequeo presentaba decenas de balazos pero en la casa del frente no se veía impacto alguno (1). Estos eran los “enfrentamientos” de la CNI –según la prensa cómplice- con los “terroristas” del MIR y FPMR.

En marzo de 1985 Carabineros degolló a tres militantes comunistas, Nattino, Guerrero y Parada, un crimen cuyo salvajismo pretendía aterrorizar a la población para restar apoyo a la resistencia. Ocurrió lo contrario: la indignación del pueblo multiplicó la solidaridad con la lucha clandestina.

El 7 de septiembre de 1986 el FPMR intentó ejecutar al dictador en el Cajón del Maipo. El tiranicidio fracasó pero la represalia fue automática: al siguiente día la CNI asesinó a dos miristas –José Carrasco y Gastón Vidaurrázaga- y a dos comunistas –Felipe Rivera y Abraham Muskatblit-, todos los cuales hacían una vida legal.

En 1987 el PC inició un viraje político y cortó el cordón umbilical que lo unía al FPMR. No obstante, el Frente Autónomo siguió adelante y proclamó la guerra patriótica nacional. La jefatura la asumió Raúl Pellegrin Friedmann (Comandante José Miguel), uno de los más talentosos dirigentes revolucionarios de ese periodo. En octubre de 1988 Pellegrin cayó en la toma del poblado de Los Queñes junto a su compañera, Cecilia Magni (Comandante Tamara). Los cadáveres de ambos, torturados, fueron arrojados al río Tinguiririca.

En septiembre de 1989 la dictadura iniciaba su repliegue, sin embargo la Dirección de Inteligencia del Ejército (Dine) asesinó a un joven dirigente del MIR, Jécar Neghme Cristi, que había destacado en la lucha abierta. El siniestro móvil del crimen fue cobrar “gastos operacionales” por “horas extras de trabajo” de los verdugos que temían quedar cesantes. (2)

En marzo de 1990 comenzó el gobierno del presidente Patricio Aylwin pero la sangre no cesó de correr. A “La Oficina” se le asignó la misión de desarticular los restos de la resistencia. En noviembre fue asesinado el militante del Mapu-Lautaro, Marcos Ariel Antonioletti, al que sus compañeros habían rescatado herido del Hospital Sótero del Río.

En abril de 1991 el FPMR decidió ajusticiar al senador Jaime Guzmán Errázuriz, prominente ideólogo de la dictadura y coautor de la Constitución Política aún vigente. Este crimen político -que tuvo alto costo para el FPMR Autónomo- hay que enjuiciarlo en el contexto de una época sangrienta. Aún estaban abiertas las heridas que causó el estado terrorista. Esos 17 años habían significado centenares de ejecutados políticos, más de 1.200 detenidos desaparecidos, miles de torturados, exiliados y cesantes. La justicia reclamada por miles de familias se estrellaba contra el apotegma de la “justicia en la medida de lo posible” que bloqueaba toda esperanza de inclinar la balanza a favor del pueblo.

Aún hoy, 30 años después, los resabios del horror no desaparecen. Se manifiestan en el lenguaje de los trogloditas defensores de la Constitución, las leyes y el “orden” heredados de la dictadura. En la super explotación de los trabajadores. En las vergonzosas franquicias al capital extranjero. En el enriquecimiento acelerado de los más ricos. En la destrucción del medio ambiente. En la represión a estudiantes, trabajadores, mujeres y pensionados que reclaman sus derechos. Y en la saña con que el estado trata al pueblo mapuche –ejemplo histórico de resistencia- que hoy mantiene viva la llama de la rebeldía.

(1) Entrevista en televisión, Vía X, agosto 2019.
(2) El capitán de ejército Luis Sanhueza Ross admitió que la Dine preparó dos alternativas de asesinato: Jécar Neghme y el director de la revista “Punto Final”, a quienes vigiló de cerca, decidiéndose finalmente por el primero.

Tomado de: radio.udechile.cl

Por: Manuel Cabieses