Masacre de El Charco: el objetivo, aplastar la rebeldía indígena

La masacre del 7 de junio de 1998 en la comunidad de El Charco, municipio de Ayutla, Guerrero, no fue el único hecho violento en la región. En realidad, las comunidades na’saavi y me’phaa venían sufriendo una violencia sistemática generalizada que, si bien se remontaba a la época colonial, se había agudizado en las útimas décadas con la Guerra Sucia.

Con total impunidad, militares, empresarios y gobernantes habían hecho de la región una tierra de saqueo. Podían ir a tomar lo que quisieran. Constantemente recorrían las comunidades para asaltar mujeres, incluso niñas de 14 años, a quienes violaban y golpeaban antes de abandonar en los caminos terregosos. Tomaban también, casi por diversión y para amedrentar a los pueblos, las cosechas de maíz, las de jamaica y destruían trapiches y cañaverales de azúcar. Las esporádicas denuncias eran objeto de burlas. Y quien denunciaba podía terminar golpeado, asesinado o desaparecido. Cientos o acaso miles de víctimas no lograon contar su historia fuera de sus pueblos.

La organización “fue una necesidad”, señala Efrén Cortés Chávez, sobreviviente a la masacre de El Charco, a la tortura y al encierro en cárceles de máxima seguridad, acusado de rebelión y acopio de armas, entre otros delitos.

Al organizarse, las comundades impideron entonces el ingreso de militares y guardias blancas a sus territorios. Habían tomado la decisión de defenderse. “Si un pueblo no se puede defender no va a poder defender lo que construya. Por eso en esa zona aparece la experiencia del ERPI [Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente]”.

Explica que las comunidades decidían en asamblea: “Mujeres, ancianos, adultos, autoridades, diáconos, maestros, todos, sobre la necesidad del pueblo”. Presentaron denuncias y lograron hacerser escuchar en los medios de comunicación. También generaron la capacidad para impedir el ingreso de las Fuerzas Armadas al territorio. El gobierno dijo que las comunidades no querían que ingresara el Ejército ahí porque estaba la guerrilla.

“Sí existía, pero no era como de la época de la década de 1970, sobre el foquismo, la vanguardia, los intelectuales dirigiendo a los pobres indígenas. No. Era un movimiento que caminaba no adelante del pueblo, sino junto al pueblo. Ahí se rompe el aspecto de la vanguardia, pues el único que tiene la capacidad de ser vanguardia es el pueblo. Y todos los que tienen responsabilidad, conocimientos, en todos los casos, tienen que ir junto al pueblo, no adelante ni atrás del pueblo.”

La Masacre de El Charco interrumpió un proceso de emancipación de los pueblos indígenas que rodean los montes de Ayutla de los Libres. No lo derrotó porque las raíces estaban echadas y, además, pudo replicarse en otras regiones.

Pero a los sobrevientes, acusados de pertenecer al movimiento armado, les esperaban largas jornadas de tortura.

“Eso deja secuelas. La tortura tiene el objetivo de limitar la capacidad de tu conciencia. Fue tortura física y sicológica. Golpes, toques eléctricos en la zona genital… tardé mucho tiempo inflamado de los testículos, me quemaron. Eso no se olvida.”

Si bien no se olvida, sí se puede superar: “La única forma de sanar es no olvidarse de que la injusticia sigue y de que debemos de seguir luchando”.

Y señala: “Sigue el despojo de la minería. Siguen grupos ilegales atacando a las comunidades. Sigue el asesinato de luchadores sociales. Sigue el despojo de terrirorios por megaproyectos del gobierno y empresarios”.

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LA “PRIMERA LÍNEA” EN LA HEROICA LUCHA DEL PUEBLO CHILENO

¡VIVA EL PUEBLO CHILENO CARAJO!

LA “PRIMERA LINEA EN CHILE”: AQUELLO DEL PASADO QUE MANTIENE VIGENCIA

En la Primera Línea para proteger a los manifestantes que enfrentan a Piñera y el modelo neoliberal.
Escudos caseros para frenar la brutal represión de Carabineros. Al lado, los que abastecen con proyectiles para neutralizar la agresión, y los que lo hacen de líquido antigases (10% bicarbonato en cada litro de agua).
Más atrás, pero casi pegados, los compañeros pendientes de los arrestos, para intentar el rescate, protegidos por otros que dificultan la visión de los carabineros con emisiones láser.

Esta es la “Primea Línea”, a la cual apoyan equipos de primeros auxilios,o de alimentación, para afrontar las 50 largas jornadas que ya lleva la resistencia.
Recuerdo las bolitas de rulemanes, o el alambre que de calle a calle se elevaba para derribar a los cosacos y sus caballos en el Cordobazo. También a los “compañeros felinos”, que lanzados a la tropa enloquecían a los perros policiales. O las hondas de David, que triplicaban el alcance de proyectiles, entre tantos otros recursos que recorrieron de lado a lado la Argentina de los 60/70.
Nada se ha perdido cuando de defender el justo reclamo popular se trata. Hoy, vuelven las mejores tradiciones de autodefensa de masas, recicladas, actualizadas y modernizadas por la creatividad popular.

Acompaño estas líneas con una notable crónica que pude chequear y confirmar con mis veteranos compañeros chilenos. Aquellos que nos recibieron cuando fuimos brigadistas al Chile de Salvador Allende, los que resistieron a Pinochet, los camaradas con los que coordinamos acciones para enfrentar al Plan Cóndor.
Estamos con ustedes compañeros, y aquí repudiamos a los profetas mediáticos locales del neoliberalismo, los que se escandalizan ante la ineludible respuesta organizada y disimulan las decenas de muertos y los más de 2.200 heridos, entre ellos lxs 209 jóvenes que cegaron por haber abierto sus ojos.

ESTA ES LA NOTA DEL SITIO “DESINFORMEMONOS”:

La primera línea de las marchas en la capital chilena se ha convertido en el emblema de las movilizaciones. Con todo en contra, la conforman las y los héroes de la protesta. En los medios de comunicación los llaman vándalos, vagos, delincuentes. Adentro de la marcha les aplauden, los vitorean, casi los alzan en hombros. Existen.
Son cientos de hombres y mujeres, jóvenes en su mayoría, que enfrentan a los carabineros todos los días. Se colocan en los puntos estratégicos para impedir que los gases lacrimógenos, los disparos de municiones y los chorros de agua con químicos lleguen al resto de la movilización pacífica. Son las y los guardianes de las decenas de miles de personas que llevan más de 40 días protestando en las calles contra un sistema que los excluye.

La esquina de Ramón Corvalán con la calle Carabineros de Chile es uno de los campos de la desigual batalla. Piedras contra tanquetas desde las que disparan municiones que han dejado tuertas a más de 200 personas, o bombas lacrimógenas o los vehículos conocidos como guanacos que disparan chorros de agua con químicos lacerantes que dejan ardiendo la piel por días. Chile es experto en este tipo de miserias.
Las noches son un hervidero. De un lado grupos de jóvenes quiebran el pavimento con mazos para dotar de piedras a la primera línea. Hileras de chicos con costales de pedazos de concreto atraviesan las calles y se las dejan a quienes repelen los ataques frontales de los carabineros. “Gracias hermanos”, se escucha desde la refriega y el humo. Y es que sí, la primera batalla que se ganó fue contra el individualismo y el ego, aquí todo es colectivo.

Decenas, cientos de personas esperan a los manifestantes que corren con los ojos llorosos. “¡Agua con bicarbonato! ¡Agua con bicarbonato!”, gritan. Y los demás se acercan para que les rocíen el rostro, les digan palabras de aliento, los socorran. Por cada persona lesionada se acercan cuatro o cinco de inmediato. Es el desborde.
Sigue la primera línea. Al oscurecer se juntan manifestantes frente a los guanacos y tanquetas y los desconciertan con la luz verde de cientos de rayos láser en los parabrisas. El espectáculo de luz y sonido inunda la calle. El guanaco retrocede. Los muchachos gritan de júbilo.

De pronto la infantería carabinera se despliega a pie. Parapetada en los vehículos recibe la orden de atacar y corren detrás de los jóvenes y de todo el que se encuentran a su paso. Golpean y patean a todo el que se les atraviese, detienen a alguno y sus compañeros tratan de rescatarlo en una batalla cuerpo a cuerpo. A veces lo consiguen. Otras el chico o chica pasa a engrosar las filas en las comisarías. Se habla ya de más de 17 mil detenidos en 40 días de protestas.

A la primera línea llega Claudia Aranda, reportera y activista de tiempo completo. Durante nuestro encuentro recibe por whatsapp la imagen del ultrasonido de su próximo nieto. Está feliz. Hace 40 días lo dejó todo y se fue a vivir a una casa okupa para mantenerse disponible todo el tiempo. “La tía del agua”, le dicen sus miles de nuevos sobrinos en las calles. “¡Hidrátense cabros!”, les grita con su bidón de cinco litros en la mano. En su mochila carga el láser para cuando toca desorientar a los carabineros, y su libreta y cámara, para sus crónicas.

En otra esquina del escenario grupos de jóvenes intentan tumbar un semáforo. Lo jalan con un lazo para arrancarlo del concreto y formar con el poste una barricada. Decenas de esquinas ya no tienen semáforo, por lo que otro grupo de voluntarios dirige el tránsito, recibiendo como pago el sonido del claxon de los automovilistas que lo mismo le regalan una botella de agua o algo para comer.
Decenas de médicos, enfermeros y psicólogos cubren los puntos de salud. Llegan aquí luego de largas jornadas de trabajo en hospitales públicos y privados, y durante horas atienden a los heridos de la revuelta. Al parecer, dicen, cada vez le ponen químicos más agresivos al agua que avientan los carabineros, pues en los últimos días los chicos llegan con quemaduras severas de la piel.

Una joven que trabaja como productora de eventos es ahora la encargada de la logística en el centro de salud. Recibe y clasifica las bolsas de donaciones de la gente: tapabocas, analgésicos, vendas, sueros y un sinfín de artículos que se amontonan a un costado. La solidaridad, por ahora, es más grande que la emergencia.
En la primera fila los jóvenes se protegen con escudos hechos con láminas arrancadas de cortinas de tiendas, con tapas de tambos, con lo que tengan. Son unos gladiadores. Hay hombres y mujeres “bombers” cuya misión es “ahogar” las bombas lacrimógenas con garrafas de agua con bicarbonato y sosa caustica. Se llevan la peor parte, pues sus pulmones se llenan de tóxicos. El aplauso de sus compañeros es el único pago por cada bomba desactivada.

En la manifestación no se pasa hambre. Y menos en la primera línea, pues se organizan ollas comunes y se reparten gratos en carritos recuperados del supermercado. Lentejas y papas nunca faltan. A veces llegan contingentes de ciclistas con ayuda, otras veces son ellos los que la necesitan.

¿Qué pasaría si no existiera esta primera línea? Hace unos día intentó llegar a la Plaza de la Dignidad, antes conocida como Plaza Italia, el centro neurálgico de las movilizaciones, una marcha organizada por maestras de kínder, y contra ellas arremetió la policía con gases lacrimógenos. La primera línea sirve para que ellas y muchas como ellas puedan acceder a la plaza y manifestarse pacíficamente.

Las resorteras y bayonetas improvisadas son las armas de la primera línea. Barricadas de piedras, láminas, llantas, todo lo que sirva para obstaculizar el paso de los carabineros, cuya misión es cada tanto romper esa línea, atravesar las barricadas a como dé lugar e ir tras los manifestantes. Más de 40 días después la mecánica es clara. Rompen la línea, los jóvenes salen disparados, se dispersan y luego retoman sus lugares. Hasta el nuevo ataque. Y así.

“¡Encerrona! ¡Encerrona!”, gritan cuando vienen los guanacos de los dos lados. No hay mucho que hacer más que agacharse y protegerse con los cuerpos. Se avisan igual cuando uno de ellos con un cóctel molotov está a punto de arrojarlo. “¡Mecha, mecha!”, gritan para que sus compañeros abran cancha. La bomba artesanal vuela por los aires y cae cerca de los carabineros. El júbilo se expande, pues eso les da un tiempo para acercarse a los carabineros y continuar el combate con piedra.
La batalla es organizada. Unos enfrentan, otros hacen barricadas, otros juntan pertrechos, unos llevan comida y agua, y otros atienden las heridas. Todo para que el resto de la movilización contra un sistema que los privó de lo más elemental pueda caminar sin muchos tropiezos.

En medio del ataque no falta la batucada o un saxofonista que se acerca con “El derecho de vivir en paz” e inunda con sus notas el ambiente. Anochece y los bloqueos se van apagando. Por semioscuras calles aparecen grupos de carabineros patrullando. Y de entre las sombras, como fantasmas, se escuchan los gritos: ¡Milicos de mierda! ¡Cabros de mierda! ¡Asesinos! Una chica con una enorme piedra en la mano pasa junto a la hilera de carabineros. Los insulta de frente con la piedra escondida. Los carabineros se siguen. Y ella también.

Tomado de: ctacorrientestv.home.blog

Un fotógrafo confronta el pasado trágico de su familia en el conflicto armado colombiano

Mi primo Aldemar Vargas júnior, cuyo padre

fue ejecutado en Colombia junto a mi padre y ambos fueron arrojados a

una fosa común. Mi madre también fue asesinada por fuerzas

gubernamentales y nuestra familia no sabe exactamente dónde está enterrada


Andrés Cardona recuerda las escenas en los álbumes de fotos de su familia,

pequeños rectángulos de memorias tan desvanecidas como las propias
imágenes: cumpleaños, bautizos, bodas, reuniones en Halloween y Navidad.
Con el paso del tiempo, estos momentos cotidianos que alguna vez
llenaron la vida de su familia en Colombia pasaron de mundanos a
morbosos.

“De un momento a otro, comencé a ver personas muertas, cadáveres”, dijo
Cardona. “El funeral de mi padre, el asesinato de un primo, fotografías
de personas que habían sido asesinadas durante el conflicto armado”.


Cuando era niño, tenía pesadillas recurrentes sobre ahogarme junto a toda mi familia.


Los cuatro niños criados por mi abuela, en1993: Aldemar, yo, Leidy Vargas y mi hermano, Hernando Cardona. Nuestra

infancia en el sur de Colombia fue tranquila. Sin embargo, después de

los asesinatos, nunca volvimos a ser los mismos.



Tuve tantos sueños en los que me ahogaba ome colgaban que no podía dormir solo. Compartía una cama con mi hermano,

pero nunca le dije sobre mis temores.


Hernando y Aldemar, los hijos mayores de mi

padre y mi tío, en una recreación del entierro de sus padres. Esta es

una representación de qué significa perder a un padre.

Como fotógrafo, Cardona, de 30 años, estaba acostumbrado a documentar la cruenta historia de Colombia a medida que un conflicto armado de varias

décadas afectaba a extraños. Sin embargo, como muchos de sus compatriotas, integrantes de su familia fueron asesinados después de acusaciones que señalaban que eran simpatizantes de los rebeldes. Su
bisabuelo, padre, madre, tío y otros familiares —la mayoría campesinos
que apoyaban la reforma agraria y los derechos laborales— fueron
sentenciados a ejecuciones sumarias en manos de militares.

Durante los últimos tres años, Cardona ha confrontado la historia de su
familia, inspirado por retratos, fotografías familiares y recreaciones
de escenas de asesinatos para crear un puente entre el pasado y el
presente con la esperanza de dar sentido y aceptar todo lo ocurrido.

“Es tan fácil documentar con la cámara el dolor de otra persona”, dijo.
“Pero cuando te documentas a ti mismo… es cuando comencé a sentir que
también viví a través de esto y lo escondí. Era o hacer esta historia o
dejar que se olvidara. No puedo permitir eso. Me dije a mí mismo que era
momento, incluso si dolía. Pero debía hacerlo”.

Para principios de la década de los cincuenta, el conflicto armado que
comenzó en 1945 entre conservadores y liberales había cobrado la vida de
su bisabuelo, dijo Cardona. Recuerda cómo su abuela, María Vargas, le
dijo que ella no pudo recuperar el cadáver de su padre porque los perros
despedazaron el cuerpo.

Cardona nació en San Vicente del Caguán, en el departamento de Caquetá, pero se
mudó varias veces durante su infancia después de que su padre, Hernando
Cardona Vargas, y su tío, Aldemar Vargas, fueron ejecutados y arrojados
a una fosa común. Estuvieron desaparecidos durante ocho días, hasta que
sus cuerpos fueron desenterrados.

“Mi abuela y mi madre nos llevaron con ellas a la base militar a recibir
sus cadáveres”, dijo. “Nos llevaron al batallón donde se les pidió a las
personas que los mataron que les dieran cristiana sepultura. Nadie
podía ver sus rostros porque estaban desfigurados por las balas y había
pasado mucho tiempo”.


Mi tío Euclides fue un comandante rebeldecon las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las Farc. Después

de cuarenta años como rebelde, en esta imagen muestra las cicatrices de

múltiples heridas.



Euclides, a la izquierda, envió esta

fotografía a mi abuela en 1999, y ella la enterró en el patio. Durante

cinco años, nos prohibieron mencionar esta foto porque nos podrían haber

matado si los militares la encontraban.


Después de los asesinatos de mis padres, mi

abuela María Vargas se embarcó en un camino peligroso en busca de la

verdad. El gobierno colombiano reconoció que mi padre y mi tío eran

inocentes, pero no sabemos nada de mi madre.

Mi hermano ya no vive en Colombia, pero cada vez que nos visita vamos a las tumbas de mi padre y mi tío.

Cardona aceptó que sus recuerdos de infancia eran turbios, pero que sus
memorias del funeral permanecieron vívidas, como lo hicieron los viajes

al cementerio donde él y su hermano se treparon al punto más alto de una
estatua de Jesús.

Cuando su madre, Luz Mercy Cruz, comenzó a indagar las circunstancias del
doble asesinato, también marcó su destino. Su único delito, dijo
Cardona, fue que apoyaba mejores condiciones laborales y garantizaba los
derechos humanos. Aun así, en muchas partes de Latinoamérica, esas
convicciones son castigadas con la muerte.

La madre de Cardona, quien cosía y elaboraba artesanías para mantener a
sus dos hijos, comenzó a recibir advertencias de que estaba siendo
seguida. Ocho meses después del asesinato de su esposo, ella encabezaba
un taller sobre derechos humanos en una reunión comunitaria en el campo,
cerca de las montañas donde las guerrillas se ocultaban.

“El ejército llegó y rodeó el lugar donde se reunían”, dijo. “Sacaron a los
líderes y a mi madre. Mataron a siete personas, porque dijeron que
estaban vinculadas con las guerrillas”.

Hasta la fecha, él no tiene idea de dónde está enterrada su madre.

Cardona fue criado por su abuela en Puerto Rico de Caquetá, donde las fuerzas
paramilitares —cuya mirada le habían enseñado que debía evitar— impuso
un toque de queda a las 18:00 durante varios años. Recuerda haber oído
el caos ruidoso de las bombas del gobierno que caían cerca de ahí.


Mi familia reunida para sepultar loscuerpos descompuestos de mi padre y mi tío en 1993. Mi madre, Luz Mercy

Cruz, a la derecha al centro, sostiene un ramo de flores blanco. Yo soy

el niño pequeño llorando a su izquierda.


El 3 de septiembre de 1993, mi madreimpartía un taller con campesinos cuando ella y muchos otros fueron

ejecutados después de ser acusados por los militares de ser parte de las

guerrillas.

Mi padre y mi tío fueron encontrados en una fosa común ocho días después de que fueron asesinados por los militares.

Uno de los temas que rodean a la obra de Cardona sobre el pasado de su familia se ocupa de las pesadillas que comenzó a tener de ahogamiento o

ser asesinado por un tirador en su hogar. A principios del proyecto,
descubrió fotografías Polaroid de su tío Euclides, un comandante de la
guerrilla, vestido con un uniforme militar de camuflaje. Las impresiones
estaban entre varias fotografías que la familia mantuvo enterradas en
el patio durante años.

“Muchas fotografías tuvieron que ser enterradas porque los paramilitares podían
ir a nuestra casa y buscar”, dijo. “Quién sabe cuántos habrían muerto
si hubieran encontrado estas fotografías”.

Cardona tiene la intención de continuar su proyecto. También seguirá buscando
el cadáver de su madre. Es un proceso doloroso, aceptó, pero uno que es
compartido con innumerables compatriotas que él dijo están a la espera
de que generaciones posteriores ayuden a darle sentido a la traumática
historia del país.

“Este proyecto no es sobre los muertos”, dijo. “Es para los vivos. Es una
lucha, pero también es terapéutico y puede sanar. Ya no puedo vivir con
este dolor. No soy un hombre de odio”.

La muerte no es solo el acto. También es la

consecuencia y, en este caso, su soledad, austeridad, falta de gozo y

tristeza que permanece durante años. Mis primos Jaider y Sara,

respectivamente.


Mi hermano y yo vestidos con disfraces.

Celebrar cumpleaños, Halloween y Navidad eran momentos familiares

importantes. Después de las muertes de mi padre y madre, el álbum

familiar se convirtió en un libro lleno con fotos de los muertos.

Tomado de: nytimes.com

Por: David Gonzalez

Fotografías de: David Carmona



Breve historia de la resistencia

“Un solo traidor puede con mil valientes”.

(Alfredo Zitarrosa, “Adagio en mi país”)

La historia de Mauricio Hernández Norambuena (Comandante Ramiro) es la historia de miles de hombres y mujeres que lucharon contra la dictadura. Pacíficos y anónimos ciudadanos, obreros, desempleados, estudiantes, pobladores, intelectuales, profesionales, dueñas de casa, jubilados, artistas, empuñaron las armas o apoyaron a quienes lo hacían para recuperar libertad, democracia y justicia social en nuestra Patria.

El Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), creado por el Partido Comunista, y la Resistencia Popular, generada por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), tenían diferentes concepciones estratégico-políticas. El primero, nacido en los años 80, era una organización militar clandestina apoyada en la extensa base social del PC cuya estrategia era la política de rebelión popular de masas. El MIR, fundado en 1965, tenía una estrategia insurreccional que hacía suya la tradición de las revoluciones proletarias. De ahí su consigna: Pueblo, Conciencia y Fusil que para 1973 alcanzaba notable incidencia en distintos sectores sociales.

El FPMR y el MIR compartían una irreductible vocación de rebeldía que les llevó a enfrentar la dictadura de las FF.AA. y del gran empresariado nacional y extranjero. Vista con la óptica de mesura y cálculo político de hoy, esa decisión aparece como una insensatez que rayaba en la locura. El estado terrorista disponía de 200 mil hombres en el ejército, marina, aviación, Carabineros y policía civil, armados hasta los dientes. Sus organismos de inteligencia contaban con el mejor instrumental operativo de la época (una basura comparado con el de hoy) y que, además, actuaban coordinados con los aparatos represivos de Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Brasil, entrenados y equipados por la CIA.

La fuerza de la resistencia consistía en la moral de nuestros militantes y en la justicia de nuestra causa. Teníamos absoluta confianza en la solidaridad activa de los pobres del campo y la ciudad y en el apoyo de la opinión pública internacional. La resistencia conoció las formas más altas del heroísmo y generosidad que puede alcanzar el ser humano. Pero también la expresión más perversa de la miseria moral: la traición. En junio de 1987 las “escuchas” radiales del MIR captaron los seguimientos que la CNI hacía a tres rodriguistas. Intentamos avisar al FPMR pero no fue posible tomar rápido contacto. Vivimos horas de impotente desesperación mientras en distintos puntos de Santiago se registraba la caída de doce militantes del FPMR. Siete sobrevivientes fueron torturados y llevados a una casa deshabitada en Pedro Donoso 582, donde fueron masacrados por los verdugos de la CNI.

En septiembre de 1983 el MIR ejecutó al intendente de Santiago, general Carol Urzúa, y la CNI respondió asesinando a cinco miristas en Fuenteovejuna 1330 y Janequeo 5707. El actor Daniel Alcaíno, entonces un muchacho que vivía cerca de la Plaza Garín, recuerda que la vivienda de Janequeo presentaba decenas de balazos pero en la casa del frente no se veía impacto alguno (1). Estos eran los “enfrentamientos” de la CNI –según la prensa cómplice- con los “terroristas” del MIR y FPMR.

En marzo de 1985 Carabineros degolló a tres militantes comunistas, Nattino, Guerrero y Parada, un crimen cuyo salvajismo pretendía aterrorizar a la población para restar apoyo a la resistencia. Ocurrió lo contrario: la indignación del pueblo multiplicó la solidaridad con la lucha clandestina.

El 7 de septiembre de 1986 el FPMR intentó ejecutar al dictador en el Cajón del Maipo. El tiranicidio fracasó pero la represalia fue automática: al siguiente día la CNI asesinó a dos miristas –José Carrasco y Gastón Vidaurrázaga- y a dos comunistas –Felipe Rivera y Abraham Muskatblit-, todos los cuales hacían una vida legal.

En 1987 el PC inició un viraje político y cortó el cordón umbilical que lo unía al FPMR. No obstante, el Frente Autónomo siguió adelante y proclamó la guerra patriótica nacional. La jefatura la asumió Raúl Pellegrin Friedmann (Comandante José Miguel), uno de los más talentosos dirigentes revolucionarios de ese periodo. En octubre de 1988 Pellegrin cayó en la toma del poblado de Los Queñes junto a su compañera, Cecilia Magni (Comandante Tamara). Los cadáveres de ambos, torturados, fueron arrojados al río Tinguiririca.

En septiembre de 1989 la dictadura iniciaba su repliegue, sin embargo la Dirección de Inteligencia del Ejército (Dine) asesinó a un joven dirigente del MIR, Jécar Neghme Cristi, que había destacado en la lucha abierta. El siniestro móvil del crimen fue cobrar “gastos operacionales” por “horas extras de trabajo” de los verdugos que temían quedar cesantes. (2)

En marzo de 1990 comenzó el gobierno del presidente Patricio Aylwin pero la sangre no cesó de correr. A “La Oficina” se le asignó la misión de desarticular los restos de la resistencia. En noviembre fue asesinado el militante del Mapu-Lautaro, Marcos Ariel Antonioletti, al que sus compañeros habían rescatado herido del Hospital Sótero del Río.

En abril de 1991 el FPMR decidió ajusticiar al senador Jaime Guzmán Errázuriz, prominente ideólogo de la dictadura y coautor de la Constitución Política aún vigente. Este crimen político -que tuvo alto costo para el FPMR Autónomo- hay que enjuiciarlo en el contexto de una época sangrienta. Aún estaban abiertas las heridas que causó el estado terrorista. Esos 17 años habían significado centenares de ejecutados políticos, más de 1.200 detenidos desaparecidos, miles de torturados, exiliados y cesantes. La justicia reclamada por miles de familias se estrellaba contra el apotegma de la “justicia en la medida de lo posible” que bloqueaba toda esperanza de inclinar la balanza a favor del pueblo.

Aún hoy, 30 años después, los resabios del horror no desaparecen. Se manifiestan en el lenguaje de los trogloditas defensores de la Constitución, las leyes y el “orden” heredados de la dictadura. En la super explotación de los trabajadores. En las vergonzosas franquicias al capital extranjero. En el enriquecimiento acelerado de los más ricos. En la destrucción del medio ambiente. En la represión a estudiantes, trabajadores, mujeres y pensionados que reclaman sus derechos. Y en la saña con que el estado trata al pueblo mapuche –ejemplo histórico de resistencia- que hoy mantiene viva la llama de la rebeldía.

(1) Entrevista en televisión, Vía X, agosto 2019.
(2) El capitán de ejército Luis Sanhueza Ross admitió que la Dine preparó dos alternativas de asesinato: Jécar Neghme y el director de la revista “Punto Final”, a quienes vigiló de cerca, decidiéndose finalmente por el primero.

Tomado de: radio.udechile.cl

Por: Manuel Cabieses

“¿Quiénes son los Zapatistas?”

“¿Quiénes son los Zapatistas?” es un video corto y alegre para estudiantes y educadores. Ofrece una introducción clara y concisa al movimiento contemporaneo de los Zapatistas en Chiapas, México. Es parte de la serie de videos “Enseñe Chiapas”.

En solo 8 minutos, conocerás:
-El levantamiento Zapatista del 1994
-Como los Zapatistas están construyendo un mundo mejor
-Por qué los Zapatistas construyen “autonomía” (y qué significa)

El baile Rojo

La historia sobre el genocidio contra la Unión Patriótica. Colombia

Un documental sobre un partido político llamado La Unión Patriótica en Colombia. Alrededor de 4.000 de sus miembros fueron asesinados en un genocidio manejado por políticos, paramilitares y militares en un plan cínicamente llamado “El baile rojo”

Alegato de defensa, Guillermo Rodríguez (El Ronco),1981

Extracto del alegato de defensa del militante de la Resistencia Popular Chilena, Guillermo Rodríguez, presentado al Consejo de Guerra.

El túnel de la libertad

A Lucía Pascual: La semilla de la vida que hará más fértil la memoria y la lucha.

En 1990, 49 presos políticos se evadieron de una cárcel de alta seguridad de Pinochet a través de un túnel de 60 metros. Muchos de los fugados, entre ellos Rafael Pascual y Jorge Martín -militantes comunistas-, no pueden regresar a Chile porque la justicia militar aún les persigue El 30 de enero de 1990 los chilenos se despertaron con una noticia sorprendente: 49 presos políticos (entre ellos siete condenados a muerte por Pinochet) se habían evadido de la cárcel pública de Santiago a través de un túnel de 60 metros excavado durante 18 meses por 24 militantes del insurgente Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), del Partido Comunista y de la Juventud Comunista. La mayor fuga de la historia de Chile ridiculizó a una dictadura militar que agonizaba y fue interpretado por sus protagonistas como un saludo a la democracia que el país anhelaba recuperar muy pronto. Entre quienes participaron en la llamada “Operación Exito” estuvieron Rafael Pascual y Jorge Martín, hijos de exiliados republicanos españoles llegados a Chile en septiembre de 1939 a bordo de aquel barco, el Winnipeg, con el que Pablo Neruda rescató a más de 2.500 republicanos de los campos de concentración franceses, en lo que fue, según el Poeta, la misión “más noble de mi vida”. Sigue leyendo

Diplomático Palestino Majed Bamya habla claro sobre el conflicto palestino y la postura de Hamas

Acá les dejamos la traducción de la entrevista realizada por la cadena francesa France24, simpatizante de la causa israelí, al diplomático palestino Majed Bamya, que responde de forma clara y contundente a las preguntas, denunciando la situación de ocupación y colonización que vive el pueblo palestino. H

Periodista: Bueno Sr. Majed Bamya, yo quisiera saber qué es lo que Uds. (la autoridad Palestina) le dicen a sus aliados de Hamas; porque es verdad que el Fatah hoy es aliado de Hamas. ¿Qué es lo que Ud. le dice a sus aliados de Hamas? ¿Ud. les dice “continúen esta guerra contra Israel” o Ud. les dice “acepten un cese al fuego”?

MB: A ver, déjeme entender. Hamas, que en esta agresión israelita y esta guerra ha hecho 27 muertos israelitas, de los cuales 25 militares, 25 de 27 son militares de la potencia de ocupación israelita seria una organización terrorista y de criminales; y esos que han hecho 530 muertos, de los cuales 90% civiles entre los cuales más de una centena de niños, sería el país civilizado? ¿Es eso lo que debemos comprender?
Nuestro Gobierno de Unidad Nacional se rige sobre la base de nuestros compromisos internacionales. Y se ha constituido para que podamos avanzar en el camino de la paz; pero también en el camino de la liberación nacional palestina, que es la condición de la paz.
¿Sobre qué base se construye la actual coalición gobernante israelita de extrema derecha? ¿Acaso no se construye sobre la base de la ocupación y la colonización?
¿Cómo vamos a llevar a Hamas hacia posiciones políticas más moderadas, si en 10 años de presidencia de Mahmud Abbas el gobierno de Israel ha construido más de cinco mil colonias en nuestras tierras?
¿Cómo vamos a traerlos hacia posturas moderadas mientras esta potencia de ocupación israelita mantiene como rehenes a 6.000 prisioneros palestinos?
¿Cómo vamos a convencer a nuestro pueblo que el actual gobierno de Israel es un aliado para la paz y no una potencia de ocupación y un régimen de apartheid que continúa la construcción del muro, realiza incursiones en nuestras ciudades en la misma Cisjordania, continúa matando palestinos y a nuestros niños? ¿Qué les vamos a decir hoy a los palestinos nosotros, que hemos defendido este proyecto de paz y de liberación por la vía política y por medios pacíficos?

Periodista: Sr. Majed, Ud. no responde a mi pregunta: ¿qué les dice Ud. a sus aliados de Hamas? ¿Nosostros los apoyamos en su . . . ?

MB: Yo le respondo: ¿Qué quiere Ud. que yo les diga? Siete años de bloqueo a la banda de Gaza. Constante agresión con tanques y bombas a nuestros civiles ¿Qué les podemos decir? ¿Depongan las armas y déjense bombardear? ¿Ese es el discurso político que debemos llevar?
Estamos intentando llegar a un término de la agresión y un levantamiento del sitio por la vía política. Que la comunidad internacional nos ayude y entonces tendremos algo que decirle a Hamas. Que la comunidad internacional nos ayude a detener la agresión por la vía política y pacífica y en ese momento tendremos algo que decirle a Hamas.
Pero hay que hablarle a aquellos que se benefician de la total impunidad. Ud. sabe que Hamas está en la lista de organizaciones terroristas y ha sido boicoteado por la comunidad internacional mientras su interlocutor tiene presencia en Francia y nadie lo boicotea. Esta impunidad israelita continúa pese a lo que ocurre. Y la razón esencial por la cual el proceso de paz no avanza no es Hamas; es la ocupación y la negación de derechos a los palestinos desde hace 60 años.
Ya basta de decir que es porque hay revuelta de los esclavos que la esclavitud es aceptable. Por supuesto que a veces uno puede comportarse mal. Por supuesto que podemos incurrir en violación de derechos, basta con observarlo. Entonces que Israel venga y vayamos juntos a firmar el Tratado de Roma y que vayamos ante la Corte Penal Internacional y veremos. Ella determinará quién tiene razón y quién no.
Los tribunales militares israelitas no se ocupan más que de juzgar palestinos siendo que son completamente ilegítimos. Dígame cuantos colonos y soldados israelitas han sido juzgados por sus crímenes: CERO.
Entonces paremos. Se trata de que una potencia de ocupación ponga fin a la ocupación. Por el momento lo que tenemos son 530 muertos en total impunidad. Y el mundo espera y nos mira.

Traducción por Ozzy Bullanguero

Tomado de El Ciudadano

Entre la luz y la sombra

Últimas palabras de Subcomandante Marcos antes de dejar de existir

En La Realidad, Planeta Tierra.
Mayo del 2014.

Compañera, compañeros, compañero:

Buenas noches, tardes, días en cualesquiera que sea su geografía, su tiempo y su modo.

Buenas madrugadas.

Quisiera pedirles a las compañeras, compañeros y compañeroas de la Sexta que vienen de otras partes, especialmente a los medios libres compañeros, su paciencia, tolerancia y comprensión para lo que voy a decir, porque éstas serán mis últimas palabras en público antes de dejar de existir.

Me dirijo a ustedes y a quienes a través de ustedes nos escuchan y miran.

Tal vez al inicio, o en el transcurso de estas palabras vaya creciendo en su corazón la sensación de que algo está fuera de lugar, de que algo no cuadra, como si estuvieran faltando una o varias piezas para darle sentido al rompecabezas que se les va mostrando. Como que de por sí falta lo que falta.

Tal vez después, días, semanas, meses, años, décadas después se entienda lo que ahora decimos.

Mis compañeras y compañeros del EZLN en todos sus niveles no me preocupan, porque de por sí es nuestro modo acá: caminar, luchar, sabiendo siempre que siempre falta lo que falta.

Además de que, que no se ofenda nadie, la inteligencia de l@s compas zapatistas está muy por arriba del promedio.

Por lo demás, nos satisface y enorgullece que sea ante compañeras, compañeros y compañeroas, tanto del EZLN como de la Sexta, que se da a conocer esta decisión colectiva.

Y qué bueno que será por lo medios libres, alternativos, independientes, que este archipiélagos de dolores, rabias y digna lucha que nos llamamos “la Sexta” tendrá conocimiento de esto que les diré, donde quiera que se encuentren.

Si a alguien más le interesa saber qué pasó este día tendrá que acudir a los medios libres para enterarse.

Va pues. Bienvenidas y bienvenidos a la realidad zapatista.

I.- Una decisión difícil

Cuando irrumpimos e interrumpimos en 1994 con sangre y fuego, no iniciaba la guerra para nosotras, nosotros los zapatistas.

La guerra de arriba, con la muerte y la destrucción, el despojo y la humillación, la explotación y el silencio impuestos al vencido, ya la veníamos padeciendo desde siglos antes. Sigue leyendo