Miguel Enríquez y el desafío de las nuevas generaciones

La familia revolucionaria

Nuestra América vive un tiempo nuevo. El régimen chileno, mitad neoliberal,  mitad pinochetista, cruje. La resistencia crece. Y toda resistencia se fortalece y consolida en la medida en que aprende de su propia historia. Nada mejor, entonces, que recuperar enseñanzas para los tiempos porvenir.

Miguel Enríquez [1944-1974], como tantos otros militantes de Nuestra América, constituye una de las principales fuentes de inspiración para las nuevas rebeldías. Hijo político del Che Guevara y, por eso mismo, hermano de nuestros Mario Roberto Santucho, John William Cooke, Alicia Eguren y Daniel Hopen; Miguel pertenece a esa gloriosa familia continental que también integran Luis Emilio Recabarren, José Carlos Mariátegui, Julio Antonio Mella, Farabundo Martí, Fidel Castro, Carlos Fonseca, Roque Dalton, Carlos Marighella, Fabricio Ojeda, Silvio Frondizi, Rodolfo Walsh, Turcios Lima, Inti Peredo, Tamara Bunke, Raúl Sendic, Camilo Torres, Raúl Pellegrín y Cecilia Magni, entre muchísimos más. 

Que el recuerdo de su caída sirva no sólo para rememorarlo con cariño y orgullo en su querido país —hoy en plena ebullición popular, tras medio siglo de neoliberalismo— sino también para aprender de él, de su pensamiento, de su ejemplo y de su lucha en toda Nuestra América y el mundo.

Un joven rebelde que interviene sin pedir permiso

Miguel vivió la lucha revolucionaria de su pueblo como un joven rebelde. No solamente por su corta edad sino además por su mente abierta, su antiimperialismo visceral y su desafío de las jerarquías establecidas. 

Su vida política juvenil fue meteórica. Vivió joven y, lamentablemente, murió joven. Apenas había cumplido los 30 (treinta) años cuando la muerte en combate lo encontró dignamente donde tenía que estar. Del lado del pueblo, de cara al enemigo, enfrentando la dictadura contrainsurgente del general Pinochet, quien inauguró —Milton Friedmann mediante— el neoliberalismo a escala mundial. Incluso antes que la Inglaterra de Margaret Thatcher y los Estados Unidos de Ronald Reagan.

 ¡Sí, Miguel tenía apenas treinta años! Parece mentira. (No olvidemos que Julio Antonio Mella, el fundador del primer partido comunista cubano, fue asesinado en su exilio mexicano cuando apenas tenía 25 años…). Y pensar que ya a esa edad había desarrollado todo un pensamiento teórico propio y una acción política encaminada a concretarlo. 

Deberían tenerlo en cuenta algunos ex revolucionarios, arrepentidos o quebrados, cansados de luchar y de confrontar, que apelando a su prestigio del pasado hoy se pliegan al poder subestimando con soberbia a las nuevas generaciones de militantes rebeldes que en el Cono Sur de Nuestra América y en otras latitudes se están formando con el objetivo de sembrar la simiente de una nueva y futura oleada revolucionaria. Esos mismos que, tan lejanos de la humildad de Miguel Enríquez y de Robi Santucho, de Fidel y el Che, de Sendic y Marighella, en lugar de acompañar a las nuevas generaciones en la recuperación de la tradición revolucionaria “olvidada”, de alentarlas en la rebelión contra el sistema imperialista y en el rechazo de sus múltiples estrategias contrainsurgentes (las “duras” y las “blandas”), de transmitirles la experiencia del pasado (incluso si fue derrotada), están más preocupados por lustrar su propio ego y exaltar su propio ombligo. 

La tarea urgente de nuestros días presupone revertir lo que el genocidio de las dictaduras militares (y las metafísicas “post” que las sucedieron durante las décadas subsiguientes en el campo de las formaciones ideológico-políticas) intentaron implementar: el olvido sistemático de las insurgencias y la “deconstrucción” de identidades antimperialistas y anticapitalistas en los movimientos juveniles del continente. Si a comienzos del siglo XX ser de vanguardia implicaba romper con todo pasado y toda tradición, actualmente, en el siglo XXI, después del genocidio y las metafísicas “post” (postestructuralismo, posmodernismo, posmarxismo, estudios postcoloniales, etc.), no hay nada que sea políticamente más urgente y radical que recuperar la tradición revolucionaria olvidada y superar el vacío artificialmente inducido entre aquella generación de Miguel Enríquez y la actual.

En el año en que se funda el Movimiento de Izquierda Revolucionaria-MIR de Chile, Miguel Enríquez tenía 21 años. Cuando se convierte en su secretario general contaba con 23. Su hermano argentino, Mario Roberto [“Robi”, “el negro”] Santucho, tenía 29 años cuando se funda el Partido Revolucionario de los Trabajadores-PRT y apenas llegaba a 40 cuando muere a manos del Ejército argentino. Ernesto Guevara ni siquiera había cumplido los 40 cuando fue asesinado, desarmado y a sangre fría, por el Ejército boliviano bajo órdenes de la CIA en La Higuera, Bolivia. Toda una generación latinoamericana de jóvenes que no pidieron permiso para pensar, para cuestionar, para hablar, para estudiar, para militar y actuar, para amar. Hay que aprender de su ejemplo…

El doble desafío (de Lenin y Gramsci en clave latinoamericana)

La práctica política del MIR y de Miguel Enríquez ubicaron en el centro del debate la doble tarea que los movimientos revolucionarios tienen por delante si pretenden lograr eficacia en su accionar contra el imperialismo capitalista como sistema mundial: crear, construir y desarrollar la independencia política de clase y, al mismo tiempo, la hegemonía socialista.

En la historia latinoamericana, quienes sólo pusieron el esfuerzo en la creación y consolidación de la independencia política de clase, muchas veces quedaron aislados y encerrados en su propia organización. Generaron grupos aguerridos y combativos, militantes y abnegados, pero que no pocas veces cayeron en el sectarismo (en el mejor de los casos, cuando no, en el burocratismo). Una enfermedad recurrente y endémica por estas tierras del Cono Sur. Quienes, en cambio, privilegiaron exclusivamente la construcción de amplísimas alianzas políticas e hicieron un fetiche de la unidad y “el diálogo” a toda costa, con cualquiera y sin contenido preciso, soslayando o subestimando la independencia política de clase y sobre todo el antiimperialismo, terminaron convirtiéndose en furgón de cola de la burguesía y el empresariado, cuando no fueron directamente cooptados por alguna de las múltiples instituciones del imperio. 

Una de las grandes enseñanzas políticas de Miguel Enríquez y de todos aquellos y aquellas que entregaron su vida por el sueño más noble de todos los que podamos imaginar, la creación del socialismo, es que hay que combinar ambas tareas. No excluirlas sino articularlas en forma complementaria y hacerlo de modo dialéctico, si se nos permite el término —que ha sido vituperado y denostado a rabiar por las metafísicas “post” e incluso por los neokantianos que en nombre de la Ilustración nos invitan a resucitar el reformismo oxidado del abuelo Eduard Bernstein y su nieto vergonzante, el eurocomunismo—. 

Es decir, que nuestro mayor desafío consiste en ser lo suficientemente claros, intransigentes y precisos como para no dejarnos arrastrar por los distintos proyectos imperialistas y mercantiles en danza —sean neofascistas o se disfracen de “tolerantes” y “progresistas”— pero, al mismo tiempo, tener la suficiente elasticidad de reflejos como para ir quebrando el bloque geopolítico de poder del capital y sus alianzas, mientras vamos construyendo nuestro propio espacio de poder, antimperialista y anticapitalista. Al interior de cada sociedad y cada país pero apuntando hacia una perspectiva integradora, de escala y alcance continental. Y eso no se logra sin construir alianzas contrahegemónicas con las diversas fracciones de clases explotadas, pueblos oprimidos y movimientos antisistémicos, articulando en un horizonte común el arcoíris multicolor junto a la bandera roja, símbolo del proyecto más radical que la humanidad ha podido crear hasta el momento.

No confiar en el imperialismo «pero… ni un tantito así»

Miguel Enríquez y sus compañeros y compañeras también contribuyeron a esclarecer la necesaria e íntima imbricación entre las luchas populares de los movimientos sociales latinoamericanos —desde las reivindicaciones más elementales que laten en las poblaciones, villas miseria, favelas y cantegriles hasta las más elevadas como la lucha continental por el socialismo— con la cuestión del antiimperialismo. No puede haber en Nuestra América ni ejercicio real de la democracia sustantiva (basada en la participación directa del pueblo en la adopción de las grandes decisiones nacionales, la gestión comunal y el sistema presupuestario de financimiento), ni autodeterminación nacional y soberana ni socialismo auténtico que no se planteen al mismo tiempo la resistencia y la lucha antiimperialistas. No son “etapas” rígidas y distintas ni aspectos escindibles de la vida política. Constituyen fases de un mismo proceso de lucha. 

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¿ESCUCHARON? Es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el del nuestro resurgiendo*

No nos esperábamos el tremendo remezón, de verdad, todo el rato tratando de inyectar energía para incitar la conversa y el análisis en la organización popular, apoyando las movilizaciones, editando libros-herramientas para los de abajo y a la izquierda, el espacio al que sabemos que pertenecemos, y en muchas ocasiones nos quedamos con el sabor amargo de estar declamando al viento. Pero a veces nos paramos en la marcha o dentro de la organización del Yo me Libro, y sabíamos que había que seguir intentándolo.

Y el ¡Despierta! no llegó como un estruendo, fue el murmullo de los y las pingüinos/as que evadían los torniquetes del Metro, corriendo en masa por esas puertas siempre limpias y correctas ante un alza de pasaje que colmó el vaso de agua de las eternas desigualdades y abandonos de un Estado cincelado a fuego y sangre por el neoliberalismo.

De ahí al cacerolazo, a la ocupación del espacio público, al ¡Ya Basta! al ritmo de batucadas, tinkus y “al que no salta es paco”, fue como un volcán botando toda la mierda acumulada en 30 años de seudodemocracia, o tal vez de 500 años soportando la bota del invasor… y nos conmueve hasta la última fibra, ver que sí se podía, que los loquitos lindos no éramos tan raros, y que la alegrerebeldía se cultiva y crece como la malahierba, aún en las peores condiciones.

Sabíamos que desde arriba no lo iban a permitir, y llegó el toque de queda, y la bota asesina, y los fusiles tratando de matar la primavera. Pero aunque los que aparecen en la tele con el logo de gobierno son los mismos que estaban atrás del dictador hace 40 años, los que hoy copamos las calles y hacemos sonar nuestras ollas no somos los mismos del ’73, nos quitaron todo que hasta el miedo perdimos, y que tal vez esta es la gran oportunidad para que las cosas cambien, porque nadie soporta tanta esclavitud, aunque venga vestida de vacaciones al Caribe en 36 cuotas.

Sabemos que el momento es difícil, los muertos de nuevo los pone el pueblo, ante la mirada soberbia de quienes gobiernan y de una clase política tan desconectada con la realidad, que tiran a los milicos a la calle esperando que todo siga igual, y de quienes dicen estar al lado nuestro, se mueven al ritmo del arriba al que pertenecen. Y a pesar de que lo hemos dicho de muchas formas, parece que todavía no creen que nada será igual desde el 18 de octubre de 2019.

El “no es la forma” habla de no tener idea de lo que está pasando en las vidas de los y las humildes, con sueldos de miseria, jubilaciones que permiten seguir trabajando, con servicios privados que deberían ser un derecho, con todos nuestros recursos sobreexplotados y vendidos al mejor postor, salud para quien la pueda pagar y educación y derechos “en la medida de lo posible”.

La respuesta del arriba suena a paracetamol para calmar el dolor de un cáncer, pero el despertar ya no cree en sus soluciones ni en sus respuestas, por lo que lo único que les queda es ponerse a la altura, bajar la cabeza y retirarse, ya es la hora de que se vayan todos.

Hoy nos queda la organización popular, crear una y mil asambleas territoriales para conversar y sacar propuestas del otro Chile que queremos construir, tomar la mano de nuestros/as vecinos/as y preguntarnos qué queremos, denunciar cada injusticia, protegernos como comunidad de la bota asesina y desconfiar de lo que venga desde arriba, ya han demostrado que las personas somos un número y que actúan para que, de nuevo, los empresarios ganen a costa de la sangre del pueblo.

Y nos ponemos a disposición, desde nuestro trabajo editorial, del ser bisagra de montón de otras organizaciones que, como nosotros, han aportado por años para crear un tejido social nuevo, uno rebelde y afectuoso, apañe y manos para lo que se necesite y hasta donde la imaginación alcance.

Sabíamos que no éramos pocos, sólo estábamos dispersos, ahora estamos unidos viviéndonos en nuestra diferencia, no nos perdamos con el voladero de luces que trata de cegarnos, a fuego y sangre, que incita a ponernos unos contra otros, a medidas dentro de lo posible, culpándonos por tener rabia.

Porque todavía hay un Chile que se construye a pulso, sólo tenemos que intentarlo.

Abrazos rebeldes

En los días de la pueblada, octubre de 2019

* Comandancia General del EZLN, 

Tomado de: quimantu.cl

Entre la luz y la sombra

Últimas palabras de Subcomandante Marcos antes de dejar de existir

En La Realidad, Planeta Tierra.
Mayo del 2014.

Compañera, compañeros, compañero:

Buenas noches, tardes, días en cualesquiera que sea su geografía, su tiempo y su modo.

Buenas madrugadas.

Quisiera pedirles a las compañeras, compañeros y compañeroas de la Sexta que vienen de otras partes, especialmente a los medios libres compañeros, su paciencia, tolerancia y comprensión para lo que voy a decir, porque éstas serán mis últimas palabras en público antes de dejar de existir.

Me dirijo a ustedes y a quienes a través de ustedes nos escuchan y miran.

Tal vez al inicio, o en el transcurso de estas palabras vaya creciendo en su corazón la sensación de que algo está fuera de lugar, de que algo no cuadra, como si estuvieran faltando una o varias piezas para darle sentido al rompecabezas que se les va mostrando. Como que de por sí falta lo que falta.

Tal vez después, días, semanas, meses, años, décadas después se entienda lo que ahora decimos.

Mis compañeras y compañeros del EZLN en todos sus niveles no me preocupan, porque de por sí es nuestro modo acá: caminar, luchar, sabiendo siempre que siempre falta lo que falta.

Además de que, que no se ofenda nadie, la inteligencia de l@s compas zapatistas está muy por arriba del promedio.

Por lo demás, nos satisface y enorgullece que sea ante compañeras, compañeros y compañeroas, tanto del EZLN como de la Sexta, que se da a conocer esta decisión colectiva.

Y qué bueno que será por lo medios libres, alternativos, independientes, que este archipiélagos de dolores, rabias y digna lucha que nos llamamos “la Sexta” tendrá conocimiento de esto que les diré, donde quiera que se encuentren.

Si a alguien más le interesa saber qué pasó este día tendrá que acudir a los medios libres para enterarse.

Va pues. Bienvenidas y bienvenidos a la realidad zapatista.

I.- Una decisión difícil

Cuando irrumpimos e interrumpimos en 1994 con sangre y fuego, no iniciaba la guerra para nosotras, nosotros los zapatistas.

La guerra de arriba, con la muerte y la destrucción, el despojo y la humillación, la explotación y el silencio impuestos al vencido, ya la veníamos padeciendo desde siglos antes. Sigue leyendo

ESTAS SON LAS FOTOS DEL CARACAZO QUE OPOSITORES NO QUIEREN QUE UD. VEA PORQUE LOS DELATAN

El 16 de febrero de 1989 a casi 15 días de la toma de posesión de Pérez, el entonces presidente anunció la aplicación de un “paquete económico” cuyas medidas fueron expuestas únicamente a las cúpulas.

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Con los hechos de El Caracazo, ocurridos el 27 de febrero de 1989, por primera vez en la historia un pueblo se alzó de forma espontánea contra las recetas neoliberales impuestas por Estados Unidos, con una rebelión masiva protagonizada por los sectores populares, que lograron crear el preámbulo para la posterior ruptura con el sistema bipartidista.

La esperanza del regreso de la “Gran Venezuela” del período 1974-1979 llevó al candidato de Acción Democrática (AD), Carlos Andrés Pérez, por segunda vez al poder, con la falsa promesa del retorno a un país de abundancias que ocultaban desde entonces el descalabro económico.

Su victoria electoral en 1988 vino en la cresta de la misma ola populista que despedía a su predecesor, Jaime Lusinchi, quien se fue con una alta popularidad respaldada por los medios de comunicación, para después lavarse las manos ante la situación económica que dejaba y expresar “la banca me engañó”, refiriéndose al agotamiento de las reservas internacionales.

Pero la realidad del país no se había distanciado de aquel viernes 21 de marzo de 1983, cuando el dólar pasó de Bs.4,30 a Bs.7,50, en el gobierno del copeyano Luis Herrera, medida que resultó de políticas injerencistas con planes macroeconómicos en mano, que se tradujeron en un endeudamiento con la banca internacional que superaba el ingreso petrolero.

En 1989 la caída de los precios del petróleo junto al alto índice de inflación y el déficit de la balanza de pagos profundizaron el deterioro económico. La inflación general era de 52,1% y el Producto Interno Bruto descendió en 8%. Las condiciones eran óptimas para un escenario de intervención de organismos multilaterales de crédito, como el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El consenso neoliberal de Washington

La escuela neoliberal había dado frutos en regímenes dictatoriales como el de Augusto Pinochet en Chile (1973-1990), luego de la incorporación de expertos económicos formados en la Universidad de Chicago, moldeados por Milton Friedman, creador de recetas o “paquetazos” que incluyen de forma elemental la reducción del gasto público, elevación de impuestos y disminución del Estado. Sigue leyendo

El horror de los asesinatos políticos en Chile

En LA MASACRE DE LO CAÑAS el ejercito pelucón de la aristocracia chilena asesinó, torturó y masacró a sablazos a cientos de los alzados que se habían reunido en el fundo Lo Cañas, sin embargo, los alzados contra Balmaceda finalmente tomaron el poder. Esta nueva oligarquía desplazó a la vieja oligarquía terrateniente tras la guerra civil de 1891 y a partir de entonces se va a imponer a sangre y fuego, recurriendo en forma reiterada a la represión, masacres obreras y golpes militares, para asegurarse el poder y mantenerlo. A partir de 1891 las confrontaciones o guerras civiles dejan de ser disputas por el control del poder político entre sectores de la oligarquía y devienen en confrontaciones de clase entre la burguesía y el proletariado, volcando todo el odio, la virulencia y la barbarie que les había caracterizado en sus antiguas contiendas, ahora hacia el proletariado que comenzaba a luchar por mejorar sus condiciones de vida. Se inicia así el ciclo de vigencia del cuarto ejército de Chile: EL EJÉRCITO PRUSIANO Y REPRESOR, que inicia su accionar con el Cnel. Roberto Silva Renard ejecutor, entre otras, de la masacre de la Oficina salitrera CHILE el en 1904, Mitin de la carne en 1905 y Escuela Santa María de Iquique en 1907 y tendrá el punto culminante de su actuar en la dictadura terrorista de Estado de Augusto Pinochet Ugarte de 1973-1990. Este vídeo es un resumen del horror vivido en Chile en años de la dictadura de Pinochet, basado en los documentos de la Comisión Valech. Según datos de Amnistía Internacional y la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas a diciembre de 1973, por motivos políticos, habían sido detenidas cerca de 250.000 personas, es decir, el 2,7% de la población chilena. Este vídeo muestra lo absurdo de tanta represión INNECESARIA contra prisioneros desarmados.El tan mencionado ejercito de 15.000 extranjeros entrenados en Cuba era una MENTIRA, solo habían en Chile algunos estudiantes provenientes de países vecinos que estudiaban en las universidades de Chile a raíz del cierra de varias universidades latinoamericanas en esa época. de haber habido ese tal ejercito de 15.000 extranjeros entrenados en Cuba, el ejercito chileno se las hubiera visto bien difícil, no es lo mismo enfrentar prisioneros desarmados que un ejercito de 15.000 hombres entrenados. Solo fue una excusa para asesinar a los chilenos de izquierda. Es asi de sencillo.

Nosotros gobierno, testimonio obreros de la Unidad Popular

A partir de entrevistas audiovisulales a ex obreros/as y dirigentes sindicales, se recogen las experiencias de movilización social y política de los trabajadores en lo que fue el triunfo y desarrollo de la Unidad Popular (1970-1973). Trabajo de memoria que desde los testimonios-biográficos de los/as protagonistas aportan a la comprensión de las identidades sociales y políticas anteriores al golpe de estado.

15 de agosto de 1965

    La militancia revolucionaria era una opción de vida, identificada con el curso de la historia y con sus exigencias. Hoy cuando la historia plantea nuevos desafíos a los pueblos un homenaje al MIR se hace necesario.

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En la década de los sesenta todo lo que ocurría en el mundo y en En la década de los sesenta todo lo que ocurría en el mundo y en América Latina, convencía a cada vez un número creciente de jóvenes, trabajadores, campesinos y mujeres que el único destino posible era la victoria y el socialismo. Sigue leyendo

Portugal Una Revolución que no se marchita

Tomado de http://www.enlucha.org
Por Leo Mena

    Conmemoramos el 29 aniversario de la Revolución de los Claveles explicando cómo toda una generación de trabajadores, trabajadoras y jóvenes tocaron un mundo nuevo con sus propias manos.

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A las 0:30h del 25 de abril de 1974 se escuchaba por la radio la canción Grandola, elegida por los capitanes del MFA (Movimiento de las Fuerzas Armadas) para poner en marcha el golpe militar que derrocaría a la dictadura de Antonio de Oliveira Salazar. Ninguno de aquellos militares se imaginaba que iba a vivir uno de los procesos revolucionarios más profundos de la historia del movimiento obrero.

Sin embargo, tras aquel acontecimiento las colonias obtuvieron la independencia, la banca y gran parte de la industria fueron nacionalizadas, la clase trabajadora consiguió el control de las empresas y la burguesía perdió el control sobre el ejército, girando éste hacia la izquierda. La llamada “Revolución de los Claveles” comenzó tras un golpe militar, pero tiene también claros rasgos de revolución socialista, con un peso decisivo de las masas en el proceso.

Régimen salazarista

Hasta 1974, la de Portugal era la dictadura más antigua de Europa, iniciada en 1926 tras un golpe militar encabezado por Salazar. Estaba basada en la represión política y sindical, y solo 100 familias se beneficiaban del terror. La dictadura acentuaba la desigualdad. Sus únicos puntos fuertes eran la mano de obra muy barata y las materias primas de las colonias. Siete bancos controlaban el 84% de los depósitos. El presupuesto estatal para armamento era de entre el 35% y el 45% entre 1961 y 1973; armamento destinado al dispositivo militar desplegado en las colonias portuguesas que vio cómo los movimientos de liberación nacional, sobre todo en Angola y Mozambique, les declaraban la guerra.

La desigualdad y la miseria de la población portuguesa aumentó y eran los trabajadores y trabajadoras las que pagaban las consecuencias de la guerra y la crisis.

La dictadura estaba en un callejón sin salida y no tenía ningún apoyo social. Solo se basaba en el terror de la PIDE, la policía política secreta. En la última etapa de la dictadura hubo un gran ascenso huelguístico: más de cien mil personas se pusieron en huelga y un gran número de ellas estaban afiliados a la Intersindical, ligada al Partido Comunista de Portugal (PCP).

El MFA

El surgimiento del MFA se explica en el contexto del gran giro a la izquierda que estaba dando la sociedad. El desengaño social hacia el ejército debido a la perduración en el tiempo de la guerra en las colonias, además del ejemplo de la guerra de Vietnam –donde el ejército más poderoso no podía hacer frente a la guerrilla– hizo a los cabecillas replantearse el sentido de la guerra. Todo ello, unido a las acusaciones del gobierno de ser incapaz de concluir rápidamente y con victoria las guerras coloniales, sentó las bases para la creación del MFA, surgido de unas reuniones corporativas. Los capitanes llegaron a la conclusión de que para acabar con la guerra había que acabar con el régimen, y esa fue la decisión que tomaron en diciembre de 1973.

El golpe del MFA no fue sangriento. Al mediodía del día 25 el MFA comunicaba al primer ministro que estaba cercado en el cuartel. A las cinco de la tarde se rendían incondicionalmente y era detenido el presidente Américo Thomas, sustituto del difunto Salazar. Era el fin de 42 años de dictadura.

La acción del MFA creó un gran movimiento revolucionario. La población salió a la calle, participando con los suboficiales y los soldados en todos los procesos clave para la derrota de la dictadura. Este ambiente conectó al ejército con la gente, perdiendo la burguesía el control efectivo del mismo.

La entrada en escena de la clase trabajadora cambió la situación por completo. Había caído la dictadura, pero había que poner fin a la miseria, la desigualdad y la falta de infraestructuras sociales. Pero, más allá de derrocar al gobierno y de la solución política al problema colonial, los dirigentes no tenían ningún programa ni perspectivas. Con el beneplácito del Partido Socialista (PS) y el PCP, pusieron al frente al general Spinola, de derechas, ligado al régimen salazarista y que participó en la guerra civil española en el bando franquista.

La perspectiva que se abría tras la derrota de la dictadura era de revolución o contrarrevolución. La caída de la dictadura, la disolución del PIDE, la liberación de las presas políticas, la conquista del derecho a manifestación y a huelga eran grandes pasos. Pero permanecían los salarios miserables, la desigualdad en el campo y en la ciudad. Los capitalistas controlaban las empresas y la banca. Aún así, los trabajadores y trabajadoras habían perdido el miedo y el respeto a los explotadores.

Constituido el Gobierno Provisional, con Spinola al frente, se vivieron los primeros momentos de la revolución de la clase trabajadora. El 1 de Mayo, más de un millón de personas se manifestaron en Lisboa, Oporto, y otras ciudades. Era el preámbulo de una ola de huelgas y manifestaciones, con una subida espectacular del nivel de afiliación y sindicalización. Se movilizaron las plantillas de los astilleros de Lisnave, de las minas de Panasquiera, de Firestone, etc. Las reivindicaciones eran un salario digno, derecho a vacaciones y saneamiento del fascismo en las empresas. Se produjeron así las primeras ocupaciones de fábricas y los primeros elementos del control obrero. La postura del PCP y del PS fue la de moderar las reivindicaciones salariales y que el derecho a huelga se ejerciera de forma “prudente”. A pesar de ese llamamiento a la moderación, se logró un salario mínimo.

Spinola, en vista de la desorientación de la dirección obrera, presentó un proyecto de modificación constitucional en el que preveía un referéndum para confirmarse a sí mismo como presidente, dando más poder al primer ministro y aplazando las elecciones dos años. Pero fracasó y obtuvo un resultado contrario al que esperaba. El MFA incrementó su participación en el gobierno y Vasco Gonçalves, de la izquierda militar, pasó a ser ministro del II Gobierno provisional.

A pesar de la maniobra de Spinola, se mantuvo como presidente, preparando el golpe del 28 de septiembre. Apelando a la lucha contra el caos y la anarquía, convocó para el 28 de septiembre lo que autodenominarían “mayoría silenciosa”, con claros tintes reaccionarios. Pero la población percibió el peligro y el carácter de la manifestación. La alarma se disparó al conocerse la noticia de que vendrían armados. La respuesta de la clase trabajadora de Lisboa fue heroica e impresionante, montando piquetes populares al grito de “No pasarán”. La operación contrarrevolucionaria fue aplastada por el pueblo portugués y el intento de Spinola de dar un golpe se vio frustrado. A cada intento de la burguesía de retomar el control de su ejército, este se le iba cada vez más de las manos y la clase trabajadora se sentía más fuerte y confiada por ello.

El 11 de marzo 1975 es una fecha clave para el proceso revolucionario. Hasta entonces la burguesía había sobrevivido a la sacudida revolucionaria y al fracaso de los intentos de golpe de Spinola. Pero como respuesta al tercer intento de contrarrevolución se produjeron los cambios sociales más importantes: se nacionalizaron sectores decisivos de la economía y se dio un gran impulso a la reforma agraria.

El tercer intento vino de la mano de la burguesía portuguesa y del imperialismo, con Spinola a la cabeza. La mañana del día 11 fue bombardeado el cuartel de Artillería de Lisboa. Más tarde, los paracaidistas recibieron orden de atacar dicho cuartel, pero se produjeron escenas verdaderamente impresionantes. Por un lado, se fueron concentrando trabajadores y trabajadoras de las fábricas de las inmediaciones, así como gente de los barrios, y empezaron a hablar con los soldados sitiadores, diciéndoles que dentro del cuartel no se estaba cometiendo ningún tipo de movimiento contra la revolución. Los soldados del cuartel y los paracaidistas terminaron por abrazarse, haciendo imposible cualquier intento de ocupación del cuartel.

La clase trabajadora no sólo tomó la iniciativa en el frente político, haciendo frente a los diferentes golpes reaccionarios, sino que también lo hizo también en cuanto las nacionalizaciones, en el terreno de las transformaciones sociales.

Hay una cosa que jamás se borrará de la memoria de la clase trabajadora portuguesa: fueron capaces de hacer lo más difícil, lo más impensable. La Revolución Portuguesa es ya parte del patrimonio de la clase trabajadora mundial. De nosotros depende extraer sus lecciones y ponerlas al servicio de la lucha futura.

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