Nadie olvida, nada escapa, nada muere.

114 los aparecidos.
“Nosotras no hacemos más que reclamar memoria, verdad y justicia”

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Son 114 los aparecidos. 114 de quinientos: un quinto de los bebés que se sabe nacieron en cautiverio bajo los regímenes dictatoriales de la Argentina que se iniciaron en 1976 y terminaron poco después de la derrota en las Islas Malvinas, en 1983. Este martes Estela Barnes de Carloto, presidenta y fundadora de las Abuelas de Plaza de Mayo, recibió la noticia de que el examen de ADN solicitado por un joven pianista que tenía dudas acerca de su identidad había sido positivo. Lo supo temblando de emoción, según relató la jueza María Servini de Cubría que le dio la noticia de que el nieto que había estado buscando durante 36 años existía y quería encontrarse con ella.

Laura Carloto, la hija de Estela y Guido, fue secuestrada en La Plata estando embarazada. El 25 de agosto de 1978 la policía entregó su cuerpo asesinado a sus padres, pero del bebé nunca más se supo hasta ahora. Sigue leyendo

BODA REBELDE: VILMA Y RAÚL

ENTREVISTA INÉDITA CON VILMA ESPÍN GUILLOIS
“…la vida, si me la pides”

Tomado de http://www.lajiribilla.cu
Por Nirma Acosta • La Habana
Fotos: Archivo de la revista Bohemia

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Era el año 1952. La Universidad de Oriente vivía el ajetreo de costumbre. El aula de cuarto año de Ingeniería recibía clases de Mecánica. De un golpe la puerta se abrió y apareció un bedel ansioso por contar cuanto sabía. La noticia irrumpió las calles y las casas de todo el país. La radio ya estaba informando: “Batista tomó el poder”. Ella quedó atónita de rabia y sintió una chispa encendérsele dentro. El profesor de turno tenía un hermano con aspiraciones a un puesto en las elecciones de 1952 y en respuesta al comentario del hombre, dio un puñetazo en la mesa y aseguró: “Aquí no queda otro camino: alzarse”. Entonces, era solo Vilma, tenía 21 años y estaba entre las pocas muchachas que en aquella época optaban por una carrera casi privativa de hombres: la Ingeniería Química Industrial. Delgada, de elegantes maneras; suave y tierna, pero con una firmeza y madurez que le distinguían. Recuerda que a pesar de la arenga oportunista del académico, no cabía duda de que había llegado el momento. ¿Cómo decírselo a los padres? ¿Por dónde empezar?

“Nos quedamos en la Universidad que se mantuvo todo el día rodeada por los soldados. No podíamos hacer mucho, pero era la forma de oponernos al golpe militar del 10 de marzo. Recuerdo que utilizamos un poema de Heredia que decía: Que si un pueblo su dura cadena/ No se atreve a romper con sus manos/ Bien le es fácil mudar de tiranos/ Pero nunca ser libre podrá. Hasta pusimos un tocadiscos con la grabación del poema de Guillén: no sé por qué piensas tú, soldado que te odio yo. Luego salimos a las calles a repartir volantes. Fueron detenidas algunas compañeras, pero gracias a la intervención de uno de los profesores se evitaron males peores.”

20130316-061732.jpgRaúl y Vilma contraen matrimonio en Santiago de Cuba, el 26 de enero de 1959

La familia Espín Guillois con el respeto de costumbre se reunía en el comedor. Había complicidad en aquel mutismo de tarde, pero la palabra les martillaba en su interior: “¡Alzarse!, ¡Alzarse!” Ella rompió el cerco que les tendía el silencio:

–Papá, mi hermana y yo estamos decididas. Ustedes siempre nos han enseñado a hacer lo que debemos. A partir de hoy, no se preocupen por nosotras y no nos pregunten a dónde vamos ni a qué hora venimos. Queremos cumplir con lo que nos toca.

Entonces, se esfumaron los ruidos, se detuvieron los cubiertos, los rostros quedaron impávidos… las chicas se habían atrevido, y nadie podía impedírselo. Habían preferido una educación materialista y aceptaron con beneplácito a aquel maestro de Historia de Cuba, hijo de un ayudante de Maceo. Sin relegar que en el árbol genealógico de la familia se yergue Paul Lafargue, el yerno de Carlos Marx, fundador del Partido Socialista Francés.

“Poco tiempo después del golpe de estado nos afiliamos al Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) de García Bárcena. En esa organización había distintas tendencias, así que no podía ser algo definitorio, pero tuvo el mérito de aunar a los jóvenes que más tarde integraríamos el movimiento revolucionario en Santiago de Cuba. Frank País era su jefe de acción. El MNR duró hasta que fueron detenidas sus principales figuras.

“En aquella época a mi papá no le gustaba que en casa se hablara de política porque todo era muy sucio y corrupto —decía—, pero simpatizaba con Chibás y albergaba cierta esperanza en la posibilidad de unas elecciones. Creo que bastantes personas confiaban en lo mismo. Por eso, cuando Batista da el golpe de estado la reacción de los cubanos fue de repulsa contra aquella bajeza. Frank tenía 17 años y ya estaba en la lucha, era dirigente de la Normal. Hicimos manifestaciones cuando la muerte de Rubén Batista, tiramos volantes de protesta. Íbamos al cine por las noches y regábamos papeles con consignas.”

20130316-062008.jpgRaúl firma el pliego matrimonial

Cualquiera hubiera imaginado otro destino de oropel para la joven Vilma, pero cuando pudo elegir apostó por las dificultades de la guerra. Cada vez que los sicarios dejaban a su paso algún acto de masacre o barbarie ordenada por el gobierno, la respuesta no se hacía esperar.

“Alguna vez pensé que el momento de luchar llegaría inevitablemente, así que me fui preparando para eso. En sueños, a veces, me veía en los combates; por eso no tuve tiempo de sentir miedo. En Santiago, había mucho fervor contenido. Entonces, vino el asalto al Cuartel Moncada.”

Eran como las cinco de la madrugada cuando en la vieja casona de los Espín Guillois, la algarabía de las muchachas levantaba sospechas… El padre les observaba con una gran interrogación en los ojos, casi les interpelaba: ¿Qué significaban aquellos tiros que se escuchaban desde tan temprano? ¿Qué estaba pasando en el Moncada? La intuición y las ansias de independencia las ayudaba a especular sobre lo que era ya una verdad: “¡por fin! alguien se atrevió a darle duro a Batista”. Claro que arremeter contra aquella mole llena de guardias era demasiado osado hasta para los más ortodoxos santiagueros que desde mucho antes ya habían abrazado, sin recatos ni miedos, otras revoluciones.

“Recuerdo que fui corriendo para el cuarto de mis padres y eufórica les repetía: ¡Qué bueno!, ¡Qué bueno!, están atacando el Moncada… Ya por la tarde, supimos lo de la muerte de Renato Guitart; fue triste, le avisaron al padre a la hora de trasladarlo hacia el Cementerio. Recuerdo que mi hermana y un vecino se llegaron al Arzobispado que quedaba justo frente al Saturnino Lora y desde la azotea vieron los muertos tirados alrededor del hospital. Estaban golpeados, torturados… En ese momento, no sabíamos quiénes eran; tampoco conocíamos a Fidel; solo sabían de él los de la Ortodoxia, la Universidad y algunos otros. El 27 de julio decidimos aproximarnos hasta el cuartel para averiguar, nos acercamos hasta una de las postas; nos dejaron pasar, pero muy pronto uno de ellos sospechó y nos preguntó qué queríamos. No nos callamos. Respondimos: conocer a los valientes que asaltaron el cuartel. Ese día mataron a muchos jóvenes y el pueblo sentía una gran indignación.”

Pero aquel era solo el inicio. No importaba si eran de una clase u otra, si de Banes, Artemisa o Santiago, universitarios u obreros. La lucha continuó en silencio. Los padres se preocupaban, insistían en que tomaran todas las precauciones, que se cuidaran. En su afán por protegerlas, quizá, le piden que marche a cursar un postgrado en los EE.UU. Vilma se los había prometido, así que partió, aunque no se alejó de los valores que ellos mismos le habían inculcado. A su regreso, por indicación del Movimiento, hace una escala en México donde conoce por fin a Fidel y a Raúl.

“En el aeropuerto estaban Fidel, Raúl, Gustavo, Cándido González y Chuchú Reyes. Cuando bajé del avión pensé encontrar a unos guerrilleros con traje de campaña y pelos largos tal vez, pero para mi sorpresa eran unos jóvenes apuestos, bien vestidos que me dieron la bienvenida con una orquídea y de inmediato me llevaron a uno de los barrios más elegantes y caros del Distrito Federal, a casa de alguien importante que nos estaba apoyando. Esa fue la primera vez que vi a Fidel.”

20130316-062156.jpgCelebrada la ceremonia, Vilma Espín recibe el primer estrechón de manos.
Viene del Dr. Juan Escalona, quien los unió legalmente

Regresa a Cuba con las indicaciones de Fidel para Frank País; se alista en los preparativos del alzamiento de Santiago y continúa en la lucha clandestina. Días antes de que fuera asesinado, Frank la designa coordinadora del Movimiento 26 de Julio en Oriente. Entonces, cambia el seudónimo de Mónica por uno que empezara con D (los máximos dirigentes del movimiento llevaban nombres con D); el anterior ya estaba fichado igual que Alicia como también le llamaron.

La vida clandestina se tornaba complicada; era cada vez más perseguida y Raúl decide que la agente Déborah se quede en el Segundo Frente Frank País, en Mayarí Arriba; ya estaba muy “quemada” en la ciudad y fue imprescindible proteger su vida.

“Raúl dice que lo embrujé cantando”

En el Segundo Frente, la neblina era espesa desde el atardecer hasta las nueve de la mañana del otro día; eso les facilitaba moverse. Hasta los árboles y los bichos del monte cooperaban. Cuando el jeep de los rebeldes se acercaba, los curujeyes enviaban mensajes en las alas de las mariposas; ellas les acompañaban hasta el final del camino en señal de buen augurio. El trino de los pájaros interpretaba una de esas canciones que solo se saben las avecillas de la Sierra. El sol tallaba los árboles. Déborah tenía 28 y aún no conocía el amor.

“A esa edad no había tenido novio; puede que los más jóvenes no me crean, pero fue así. Era muy seria. Mis compañeros me protegían mucho y con el tiempo me convertí en la chaperona de algunos de ellos. Los mismos que antes me cuidaban demasiado empezaron a sugerir que me apurara, no fuera a ser que quedara soltera, pero siempre pensé que eso no era cosa de apuro. Algunos decían que estaba esperando a un príncipe azul montado en un caballo blanco”.

Y llegó, con su traje verdeolivo y un puñado de sueños para compartir aquella guerra y todo lo que vino después.

“Raúl dice que lo embrujé cantando. Yo interpretaba viejas canciones cubanas que a él le gustaban mucho. Recuerdo que prefería aquella que dice: ‘dame un beso y olvida que me has besado; yo te ofrezco la vida si me la pides; que si llego a besarte como he soñado ha de ser imposible que tú me olvides…’ A él le encantaba esa canción.”

20130316-062445.jpgEn esta escena insistieron mucho los fotógrafos:“Repítela Raúl, repítela”;
los reporteros gráficos le decían que no pudieron atraparlo inicialmente.

“Como yo nunca me había enamorado, no sabía qué era estar enamorada. Además me preocupaba que podía hacerle daño a Raúl, pues todos se daban cuenta de lo que él sentía, pero yo no estaba segura. Aunque era jaranero, conmigo siempre fue muy correcto, y serio. Mi mamá estuvo una vez con nosotros en el campamento y me preguntaba si no había alguien… Ella estaba loca porque yo me casara, para tener nietos pronto, pero no me decidía. Además, pensé: ¿bebés en medio de la lucha? ¡Qué va!”

La incertidumbre no duró mucho tiempo; era la etapa final de aquella cruzada. Déborah y Raúl seguían compartiendo las tensiones de la guerra. No tenía sentido esperar al triunfo. Todos se daban cuenta de la similitud de aquellas almas, de la necesidad de trabajar, conversar, cantar y hasta reír juntos. Todos menos ellos, hasta un día…

“Entró a mi cuarto, allá en la comandancia del Segundo Frente, y recuerdo que conversamos sobre un cargamento de armas y ropas que habíamos recibido. De pronto, recostó su cabeza a mi hombro… yo, extrañada, indagué:

― ¿Qué pasa?

― Nosotros estamos enamorados, dijo.

― ¿Y tú cómo lo sabes?

― ¡Ah! Pero, ¿tú no lo sabes?

― Yo, no.

20130316-062618.jpgSe asoma la sonrisa en el rostro de Vilma Espín,
heroína del Segundo Frente Oriental Frank País

“Nos reímos; conversamos y desde entonces, comenzó el noviazgo. La Revolución triunfó el primero de enero de 1959 y el 26 de ese mismo mes y año nos casamos en el Rancho Club de Santiago de Cuba; a los dos días nos mandaron a buscar de La Habana.”

Pero ella siguió pensando en su querida ciudad, guardó para siempre aquellos recuerdos de su casa de San Gerónimo donde nadie se atrevía a faltar al almuerzo del domingo cuando los Espín Guillois reunían a la familia. Cualquier momento era bueno para conversar de todos los temas. Así crió a sus hijos y enseñó a sus nietos. “Raúl dice que son míos… y está bien, son míos, y de él, pero son míos.”

No dejó de ser tierna e intrépida. Ella misma comentaba sobre el placer que le producían el retorno a las viejas canciones cubanas cada vez que el trabajo le daba un resquicio, o los olores de la naturaleza, o disfrutar del verde de un jardín o un huerto escolar. Prometió dejar para otro momento anécdotas de aquellos tiempos en los que, a veces, jugarse la vida parecía una fiesta; pero aquella muchacha de cabellera lacia, dulce y enérgica como sus compañeros la recuerdan, se despidió esta tarde de lunes 18 de junio en La Habana. Le acompañaron su familia y el cariño de la gente común y corriente de su pueblo. Le seguirán siendo fieles las batallas cotidianas, los zunzunes de la montaña y el manto de florecillas rojas del Segundo Frente; allí, donde se jugó la vida y conoció el amor en plena lucha guerrillera, volverá a reunirse con sus camaradas de entonces. Hasta el último instante conservó para todos los que le conocieron el rostro feliz y sereno como el mejor trofeo de una vida que también le obsequió cuatro hijos y ocho nietos. Cuando miraba atrás, agradecía el privilegio que le concedió este tiempo: “A pesar de los que no están, de los momentos más difíciles y de todo lo que nos queda aún por emprender, me siento satisfecha”.

* Los testimonios son parte de una entrevista inédita con Vilma Espín Guillois.

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“La risa es señal de que no nos derrotaron”

Tomado de: http://www.tribunadelbiobio.cl/
Por Gabriel Reyes A

    “El régimen arbitrario
    cuyo recuerdo me espanta
    pues sale de mi garganta
    un grito muy necesario.
    Porque aquellos carcelarios
    me recuerdan la canción
    que dice, preste atención,
    como oscuro vaticinio
    de aquel horrible exterminio:
    ¡Asilo contra opresión!”

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20130120-072458.jpgUn nuevo relato de nuestra memoria reciente, de los hechos ocurridos hace poco menos de 40 años, tras el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, en nuestro país, nos comparte nuestro amigo y colaborador, Gabriel Reyes. Para que el olvido no sepulte a la memoria, aunque ésta se empecina en reaparecer con más fuerza cuando ello ocurre.

Este verano, como lo hace desde hace varios años, nos visitó nuestro amigo Carlos, quien luego de su exilio en México se radicó definitivamente en Panamá.

Aprovechando la visita, invité a un par de amigos que viven en Concepción con los que nos conocíamos desde 1973 en que estuvimos detenidos en el Estadio Regional penquista y posteriormente expulsados -después de más de un año de prisión- a México. La idea era sencilla: tomar un café en el popular “Cantabria” de nuestra ciudad, recordar los viejos tiempos y retomar una ya antigua amistad nacida al calor de nuestro encierro obligado en diversos centros de detención de Pinochet en Concepción, Chacabuco (en el norte de Chile), Tres Alamos en Santiago, Puchuncaví y Ritoque en la Región de Valparaíso.

Hacía varios años que no nos veíamos de tal manera que teníamos tema para rato. Poco hablamos de nuestras experiencias como ex “PP” (prisioneros políticos) o del exilio que nos alejó por más de 15 años de nuestro país y de nuestras familias, incluida la prohibición de regreso a Chile con Letra “L” en nuestros pasaportes. Luego de saber de las familias de cada uno Carlos nos manifestó su interés de visitar Dichato, quería conocer “in situ” los efectos del terremoto-tsunami que afectó nuestra región y qué mejor que hacerlo en el lugar más emblemático de la zona (aún cuando el compadre Luis, chorero de nacimiento, decía que “la zona 0” era Talcahuano).

La conversación, con la Catedral de Concepción de fondo, era fluida y alegre. Mientras decidíamos partir de inmediato a Tomé y Dichato, en el café me abordó una prima a la que no veía hacía muchos años y me pidió que me acercara a su mesa, quería presentarme a su hijo Esteban a quien yo no conocía. Al margen de la curiosa coincidencia de que ellos estaban de paso en Concepción pues vivían en Dichato, su presencia me volvió violentamente a 1973.

En ese momento advertí una nueva coincidencia. Tres de los cuatro “contertulios” del Cantabria, habíamos sido enviados arbitrariamente al Campo de Prisioneros de Chacabuco a más de 1500 kms de Concepción el 19 de enero de 1974. Ese día, el estadio Regional amaneció convulsionado, 59 personas representativas del mundo político y social iniciábamos un largo peregrinar por las cárceles de la dictadura militar que terminaría con un largo exilio de más 15 años en México. Hoy, una placa recordatoria que instalamos los ex “PP” en la entrada principal del Estadio, recuerda este hecho que esperamos que “nunca más” se repita.

Esta coincidencia no tendría significación si mi prima Tencha no hubiera sido una de las funcionarias del entonces pequeño aeropuerto de “Carriel Sur” que ese día observaban intranquilos el impresionante operativo implementado por las fuerzas militares y policiales para trasladar en un avión “Hércules” a este medio centenar de ciudadanos detenidos sin cargo alguno que no fuera el ser dirigentes, militantes o simpatizantes del gobierno del Presidente Allende. (Incluso uno de ellos, miembros del grupo de contertulios del “Cantabria” era simpatizante DC al momento del golpe). Ella fue la encargada de notificar a través de terceras personas a mi familia que nos habían subido a un avión sin destino conocido. Sólo en la noche nos enteramos que nuestro nuevo “domicilio” sería la antigua oficina salitrera de Chacabuco.

Luego de varios minutos me cambié de mesa y fui a saludar a este joven y desconocido familiar. Su mamá, la Tencha, una mujer que para el golpe andaba por los 25 años de edad, nos presentó y le comentó que yo había estado exiliado en México. Me impresionó que su primera pregunta, sin mediar mucho comentario fuera: ¿Qué es un exiliado?, y luego ¿cómo y por qué se fueron? ¿por qué estaban presos?, ¿y dónde y cómo vivían allá?… La verdad, no esperaba ese tipo de encuentro y en el poco tiempo que tenía pues debíamos partir a Dichato, le expliqué a grandes rasgos las razones del exilio, de la prisión y lo básico de nuestra forma de vida “mexicana”. Esteban era (o es) un joven de 30 años como una gran cantidad de chilenos que “yo creía que sabía”…

Le dije que sus inquietudes eran las mismas de muchos jóvenes y que algún día escribiría algunas notas – más bien para la familia- que dejaran constancia de nuestras historias, las historias de gente común y corriente, de trabajadores, de jóvenes estudiantes, de mujeres dueñas de casa, en fin de una generación que luchó por un mundo mejor y que vio truncadas sus vidas por la violencia de un golpe militar que alteró como nunca la vida de Chile. La historia además, de “gente de provincia”, que no siempre es conocida por la avasallante información de lo que sucede a nivel nacional, o sea, Santiago. Soy un convencido que mientras no se conozca en plenitud la historia de la represión en regiones y la del rol del exilio durante la dictadura de Pinochet, el cuadro no estará completo.

En Dichato comenté con mis amigos este circunstancial encuentro. Les y nos impresionaron las preguntas, coincidimos en que a veces creemos que “todo el mundo” conoce lo que ocurrió en septiembre de 1973 y sus consecuencias. Les conté que en mi propio entorno familiar, donde se vivió obviamente muy de cerca el proceso de la Unidad Popular, con divisiones familiares y todo, poco hablamos de estos hechos. Concluimos en que era de nuestra responsabilidad contar nuestra versión de los hechos, desde la vereda del mundo popular, de la vereda de los que salían a pegar carteles, de los que se las jugaban en las Asambleas de Trabajadores o de pobladores, de los que participaban en las JAP o en la CUT, de los que iban a las “reuniones del Partido” y exigían “avanzar sin transar” o insistían en “No a la Guerra Civil”. Hay que escribir nos decíamos… hoy intento hacerlo.

Estuvimos más de un año y medio presos. El mayor tiempo lo pasamos en la Oficina salitrera de Chacabuco, cerca de Antofagasta, llegamos allí luego de un vuelo muy tenso pues nadie sabía cuál era nuestro futuro. La noche anterior habíamos sido separados de nuestros compañeros y amontonados en uno de los camarines del Estadio, que había sido transformado en una ocasional celda que producto de su suciedad estaba infectada de una plaga de pulgas que además de la incertidumbre del día siguiente, no nos permitió dormir en toda la noche. Esa fue una noche de las que no se olvidan, se nos permitió escribir una nota “de despedida” para nuestras familias lo que aumentó los temores pues se decía entre otras cosas que seríamos fusilados o que en el vuelo seríamos tirados al mar…

La situación económica de nuestras familias y la enorme distancia que nos separaba no permitía en la práctica visitas, sin embargo, la tenacidad de esposas, hijos, hermanos, amigos y, de manera especial de la valiente actitud de la Iglesia Católica logró que al menos recibiéramos de manera restringida dos visitas colectivas en el Norte de Chile. En este punto ninguna persona que haya pasado por el Estadio Regional puede olvidar al Padre Camilo, sí, al Padre Camilo Vial, actual Obispo de Temuco, quien con prudencia y riesgo se las jugó por la comunicación de los detenidos y sus familias, se preocupó de las situaciones legales que ocurrían por la pérdida de trabajo u otras razones y, en muchos casos hasta de la manutención de algunas familias.

Mientras estábamos en el Estadio sólo se permitió la visita de familiares para la Navidad de 1973. También recuerdo con cierto dolor ese día ya que fui uno de los pocos detenidos, que a pesar de que mi familia estaba en las afueras del Estadio, no pude recibir visita… no figuraba en las listas de detenidos publicada en un diario local.

Emilio, otro de “los contertulios” del “Cantabria” recordó con cierta nostalgia a los amigos que han quedado en el camino y a quiénes pocos recuerdan, a los que no alcanzaron a rendir sus testimonios a la Comisión Valech o que no obtuvieron ningún tipo de reparación por trabajar en “Empresas particulares”. También y con mucha ironía recordamos el “título” de terroristas que nos asignó la dictadura: Galo Gómez, Ex Vicerrector de la Universidad de Concepción, fallecido en México, militante socialista de toda la vida, académico de primera línea: ¡terrorista!; Mario Benavente Paulsen, académico de la Universidad Técnica del Estado y dirigente del PC, gran defensor de la democracia, exiliado en Venezuela y hoy un hombre de más 80 años: ¡Terrorista!; Carlos Hinrich Olivares y Jorge Peña Delgado, médicos de gran prestigio local: ¡Terroristas!; Los dirigentes mineros de Lota Manuel Sanhueza y Jorge Chamorro, defensores de los derechos de los trabajadores. ¡Terroristas!; Luis Madrid y Joel Matamala, ambos dirigentes del Hotel Araucano, incluso el primero simpatizante DC y el segundo sin militancia política: ¡Terroristas!; Juanito Neculqueo, dirigente mapuche de Cañete, El Quique Pereira, estudiante secundario, simpatizante socialista de la época, joven menor de 18 años, estudiante del Liceo “Enrique Molina Garmendia: ¡Terroristas!
Terroristas sin capucha, con la cara descubierta y defendiendo públicamente las ideas en que creíamos.

El pudor nos obliga a no hablar de sí mismo ni de los contertulios veraniegos del Cantabria, lo que no quiere decir que cada uno no haya jugado un rol en su lugar de estudio o trabajo. Creíamos firmemente en la propuesta del socialismo democrático de Salvador Allende, nos jugábamos por la unidad “social y política del pueblo”, también teníamos legítimas diferencias pero nos unía principalmente un sentimiento de cambio, una profunda fe en un “mundo nuevo”, en la igualdad y en la defensa de los DD. HH. ¡Éramos jóvenes con ideales! ¡No terroristas!

En Dichato nos impactó ver la devastación en que la dejó el tsunami. Parecía una ciudad después de una guerra. Nos acordamos de la monserga fascista : “¡Chile está en guerra con los marxistas!”. Curioso, una guerra en que los presos políticos, los muertos, los desaparecidos, los torturados, todos, ¡todos eran de un solo lado!.
En el bus de regreso a Concepción me daban vueltas las preguntas de Esteban: ¿Quiénes eran los exiliados? ¿Cómo se exiliaba una persona?

Recuerdo haber hablado el tema con mis amigos, concordando en que a lo menos hubieron tres tipos de exiliados: Los que al ser perseguidos por los organismos de seguridad y con apoyo o sin él de sus partidos u organizaciones, lograron entrar a las Embajadas de distintos países con el objeto de salir de Chile. Otro grupo importante lo constituimos quiénes fuimos expulsados, éramos personas que estábamos detenidas y que al no tener cargos en contra nuestra, la Junta Militar prefirió nuestra expulsión por considerarnos un peligro para el gobierno: del Centro de detención a un avión y al país que previamente había decidido recibirnos y otro grupo, no menor, que producto de la exoneración de sus trabajos, de la persecución en sus centros laborales o simplemente por temor decidieron salir “por su cuenta” en busca de nuevos horizontes, a muchos de ellos se les consideraba exilio económico, lo que sin embargo tenía claramente origen en la situación política chilena. Fuimos miles…

Antes del tsunami, Dichato tenía a metros del mar una intensa actividad turística. Los veranos se distinguían por la inmensa cantidad de familias que llegaban a los hoteles locales o simplemente a lugares habilitados para “camping”, dándole una gran vida nocturna amenizada por DJ locales y nacionales que competían por la mejor música, mientras los restaurantes, asesorados por chef de gran calidad ofrecían lo mejor de nuestra gastronomía regional.

Por eso, el impacto al llegar a ese lugar y caminar unas cuadras hacia el mar fue brutal. Una taza de WC que quedó – instalada con gran dignidad- en un sitio vacío se convirtió en símbolo de la devastación. Unos pocos y pequeños kioskos ofrecían una bebida y nuestro almuerzo, solicitado con anticipación, fueron unas ricas empanadas de marisco… no había mucho que escoger… poquísimos visitantes nos advertían que ya “Dichato no es lo mismo”. Carlos le preguntó a unos de los lugareños cómo estaba el tema de la reconstrucción ¿dónde están las casas que el gobierno dice que se están construyendo? “No hay ninguna casa nueva”. “Usted puede caminar un poco y más arriba encontrará los campamentos”.

Las empanadas, degustadas en la playa dichatina estimularon la conversación y los recuerdos se centraron en los irónicos -para nosotros- versos de nuestro Himno Nacional y que en nuestra condición de prisioneros políticos debíamos cantar diariamente, reímos al acordarnos del énfasis, por ejemplo en “el asilo contra lo opresión”. Carlos, “picaneado” por nosotros que sabíamos de su afición al folclore y la poesía, improvisa unos versos que reflejan nuestros contradictorios sentimientos frente a “ese mar que tranquilo nos baña”….:
Mar que tranquilo nos baña
y nos promete esplendor
¡esta frase al poblador
de Dichato le es extraña!
y a propósito de la prisión y el exilio que permitió reencontrarnos nos dedica la siguiente décima:
El régimen arbitrario
cuyo recuerdo me espanta
pues sale de mi garganta
un grito muy necesario.
Porque aquellos carcelarios
me recuerdan la canción
que dice, preste atención,
como oscuro vaticinio
de aquel horrible exterminio:
¡Asilo contra opresión!

Gladys, mi compañera de más de 20 años, nos acompañó a Dichato, escucha con discreción nuestras anécdotas y divagaciones. Ella era aún muy niña para el Golpe de Estado y sus recuerdos son vagos. Ha ido conociendo nuestras historias, impregnándose de ellas, comprendiendo nuestras desesperanzas, compartiendo nuestros ideales y, seguro, pensando en “cómo aún pueden reír”. Claro, la risa es señal de que no nos derrotaron.

Regresamos a Concepción después de haber compartido varias horas. Es seguro que el próximo año nos volveremos a encontrar y, sin duda, nuestros recuerdos no serán muy distintos, pero a lo mejor hablaremos algo más de ese exilio del cuál Esteban quiere saber.

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